viernes, 23 de mayo de 2014

QUESADA, 1914

El centenario de la publicación de "Villavieja" por Ciges Aparicio y el centenario de la publicación en la revista Don Lope de  Sosa de "Breves noticias de la Virgen y Castillo de Tíscar"



(PARA VER LAS IMÁGENES PEQUEÑAS A TAMAÑO REAL, PINCHAR EN ELLAS)



Hace ahora cien años. Poco se sabe y menos se ha estudiado de la historia contemporánea de Quesada.  Es más fácil encontrar información del siglo XIII que del XX. Desaparecerán las ya pocas personas que pueden aportar sus  recuerdos personales y el siglo XX quesadeño entrará en una oscuridad irremediable. Nada sabremos de nuestro pasado inmediato, del ayer que es padre directo del hoy, pero todos habremos oído hablar de Mahomad Andón, "alcaide" de Tíscar cuando aquello del infante don Pedro.

Liberales y conservadores
Hace cien años, en 1914, los partidos Liberal y Conservador  se turnaban en el poder. En las elecciones generales del 8 de marzo de aquel año Mariano Foronda, madrileño casado con cazorleña, del partido Conservador, resultó elegido diputado por el distrito de Cazorla. Sustituía en el puesto a Pedro Villar, cazorleño casado con quesadeña,  del partido Liberal Fusionista. Eran los partidos turnantes dinásticos,  las dos caras de la Restauración que bajo una apariencia liberal-democrática ejercían un caciquismo feroz.



Datos provenientes de censos de población 
Hace cien años, en el verano de 1914, comenzaba la Gran Guerra. Posteriormente se la conocería como 1ª Guerra Mundial. Fuera del alza que provocó en los precios del aceite de oliva, poca repercusión tuvo en Quesada este cataclismo. Y pocas noticias se tendrían del conflicto pues la escasa prensa que se recibiera se destinaba a pocos lectores, a poquísimos. Y es que según el censo de población de 1910, en Quesada  un 79,77% de los hombres y un 88,16% de las mujeres NO SABÍAN LEER. Pero con ser un dato demoledor no fue lo peor del caso. Lo peor fue que ese porcentaje se mantuvo casi inalterable desde 1877 a 1930. Poco o nada preocupó al régimen de los alfonsos, XII y XIII, la instrucción pública.


Distribución de cultivos según
hoja del IGN 1/50.000 de 1902
Hace cien años, en 1914, el paisaje de Quesada y el de toda la comarca era bastante diferente al actual. Mucho más pelado, dominado por la tierra calma dedicada al cereal alternando siembras y barbechos. Porque el actual "mar de olivos" no ha existido siempre. Alrededor del pueblo, en lo que las ordenanzas viejas llamaban "Sitio de Viñas y Olivar",  se disponían las huertas y en sus lindes, casi como cualquier otro frutal, las olivas. Bordeando esa zona circundante al pueblo empezaba a desarrollarse el olivar, muy a menudo mezclado con viña para rentabilizar los primeros años de las plantaciones. Pero la auténtica expansión del cultivo, en paralelo al resto de la provincia (aunque con  retraso respecto a las zonas de campiña), se estaba produciendo en las grandes fincas y en los terrenos pedregosos y empinados próximos a la sierra y no aptos para el cereal.

Además de muchas olivas faltaban pinares en el paisaje. Las grandes repoblaciones de pino carrasco se hicieron desde los años cuarenta. En 1914 la presión ganadera y la sobreexplotación del monte, para obtener leña de uso doméstico, dificultaban la regeneración natural. Tampoco existían las pequeñas manchas de pinos en los bordes del casco urbano y en otros lugares emblemáticos como Tíscar. El resultado de todo ello era un paisaje mucho más pelado, más seco y duro, de apariencia más pobre e improductiva que el actual. 

El trasbordo entre las
estaciones de Larva y Quesada
Hace cien años las comunicaciones nada tenían que ver con las actuales. La única carretera existente era la de Peal que se interrumpía abruptamente en Tíscar. No era una carretera de paso sino que moría en el pueblo y por supuesto, no estaba asfaltada. Fuera de ella sólo existían los viejos caminos empedrados. Además, al otro lado del Guadiana Menor la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España, posteriormente absorbida por la de Ferrocarriles Andaluces, había construido una línea entre Linares y Almería con un ramal a Granada. Se concibió para uso minero (Alquife) lo que unido a los efectos retardados de la frontera medieval (pueblos que siempre están en alto, casi nunca en llano) hizo que tuviera poca relevancia para nuestra comarca. Existía una estación de Quesada pero lejana y aislada. En un articulo que publicó Ciges Aparicio el  5 de agosto de 1909 en la revista Nuevo Mundo y titulado "El Desamor a la Tierra", describe el dificultoso viaje en caballería desde la estación hasta el pueblo, incluyendo el vadeo en barca del Guadiana Menor. Para más inconvenientes, hasta que en 1899 se inauguró el puente de Arroyo Salado, el viaje se interrumpía entre las estaciones de Larva y Quesada. El enlace entre ambas lo hacían los viajeros en caballerías. 

No hace falta decir que la radio y el teléfono no existían y que apenas el telégrafo permitía un atisbo de telecomunicación con el exterior. Era un pueblo aislado.

Plaza de abastos y torre del reloj
Aparte del paisaje también el pueblo era distinto. No ya porque las calles estuvieran mal o nada empedradas, que en ellas merodearan animales domésticos y ganado o que sólo los peatones y las caballerías compusieran el tráfico. Era distinto porque algunos espacios urbanos lo eran radicalmente. Por ejemplo, no existía el llamado Jardín Chico. Su espacio lo ocupaba el antiguo convento de dominicos de San Juan (de ahí el nombre de cuesta de San Juan). Desde las desamortizaciones (no sé exactamente en cual de ellas), estaba deshabitado de frailes. La antigua capilla se utilizaba como ayuda de parroquia y en el claustro se instaló la plaza de abastos. Todo el edificio estaba adelantado respecto al actual Jardín Chico, de manera que la torre del reloj quedaría no en la actual esquina del Jardinillo sino más hacia la explanada, casi sobre el paso de vehículos actual delante del semáforo.  En la foto de Juan de Mata Carriazo que se reproduce, se puede observar bien la torre y el portalón de entrada al mercado. Está hecha desde la zona que ocupan las actuales fuentes de piedra entre el Jardín y la Explanada. Existía allí una fuente de hierro, se aprecia parcialmente, destinada al abastecimiento público y que era la principal de las pocas fuentes y pilares que daban servicio a personas y animales.

Un año antes del que nos ocupa, en enero de 1913, se publicaba por primera vez la revista "DON LOPE DE SOSA. Crónica mensual de la provincia de Jaén" dirigida por Alfredo Cazabán. Sus reportajes y artículos hablan de  la historia de las distintas localidades, de sus monumentos, de las crónicas que cuentan su historia,  de sus yacimientos arqueológicos. También de los personajes "ilustres" provinciales de la época y de la vida social del momento. Siempre dentro del buen tono y sin referencia ninguna al entorno social y político (salvo que fuese para aplaudir a un nuevo gobernador civil, felicitar a un alcalde o alabar al cacique comarcal de turno) La revista es la versión amable y ciega a la realidad social de  la vida provincial.



Así las cosas, en el número de octubre de 1914 publica Don Lope de Sosa un reportaje ilustrado que titula "BREVES NOTICIAS DE LA VIRGEN Y CASTILLO DE TISCAR" y del que es autor Manuel Muro García, Cronista de Úbeda. Con el estilo floreado del momento recoge las viejas historias, tradiciones y leyendas sobre la Virgen y sobre la conquista de Tíscar que se inventaron en la época de los Falsos Cronicones. Hasta que Juan de Mata Carriazo, que por entonces aún andaba en sus estudios, no puso un poco de orden y rigor en el asunto, estas versiones fantasiosas fueron las difundidas como únicas y verdaderas.  Las carencias historiográficas eran tales que el propio autor del reportaje se ve obligado a confesar  "Así se cree por tradición". 





Son interesantes las fotografías que ilustran el texto: vistas de Tíscar desde un lado y otro y especialmente una de la plaza del Santuario repleta de caballerías; en ella se aprecia como falta media Casa de la Virgen, la parte del actual arco de entrada. Interesante es también la cita y descripción que el autor hace  de un folleto de 1803, que dice que tiene a la vista, que se intitula “Descripción de la célebre y milagrosa imagen de Nuestra Señora de Tíscar, de la villa de Quesada, á solicitud de su actual Mayordomo, devoto de esta celestial reina” Y es interesante no por su valor científico e historiográfico que no existe sino porque recoge  las historias que muchos de nosotros y muchos antes que nosotros hemos oído casi desde la cuna: "Todo ello según fidedignas historias y constante tradición de esta tierra.”

Y son estas "fidedignas historias" el milagro de la destrucción a golpe de alfanje de la imagen de la Virgen por Mahomad Andón;  el relato de como la tiraron a la cueva y de como volvió ella sola a su altar; de como el arzobispo de Toledo juntó los cachos y recompuso la imagen... Pura emoción, tradición y leyenda sin casi mezcla alguna de verdad histórica. 
























También hace cien años, en la primavera de 1914, el escritor valenciano Manuel Ciges Aparicio publicó la novela "Villavieja" inspirada en el pueblo de Quesada, en sus gentes y en su vida social. Ciges, escritor comprometido, crítico con  la situación social del país y con las guerras de Marruecos y Cuba (donde a punto estuvo de ser condenado a muerte por defender a los independentistas y oponerse al general Weyler). Murió asesinado en 1936 siendo gobernador civil de Ávila. De la confianza de don Manuel Azaña y afiliado a Izquierda Republicana desde 1931, desempeñó diversos cargos entre ellos el de gobernador civil de Baleares, donde coincidió con Franco, gobernador militar. En 1908 y 1909 pasó varias temporadas en Quesada, tenía familia,  al objeto de recuperarse de unos problemas de salud. Estas visitas le permitieron conocer bien la triste realidad quesadeña de principios de siglo. Su paso por Quesada dejó una amplia producción literaria, como los artículos: "Vivir muriendo", (El liberal, 4 de septiembre 1909) y  "El Desamor a la Tierra", (Nuevo Mundo, 5 de agosto de 1909). Y sobre todo dejó novelas.  La primera y menos conocida "La Venganza" de 1909. Posteriormente en 1910 "La Romería", inspirada en la Fiesta de Tíscar y con un enfoque realista y costumbrista que nada tiene que ver con las piadosas ensoñaciones tradicionales. Es una gran novela lógicamente ignorada.

La tercera de las novelas, nacida en 1914, es "Villavieja" que se anunciada en el Heraldo de Madrid como "preciosa novela de CIGES APARICIO, publicada con éxito excelente; 3 pesetas en las principales librerías"  



"Villavieja" es un feroz retrato de la sociedad quesadeña del momento, que de por sí era realmente feroz. En ella se habla del cacique local, don Dámaso Espino y de las cuitas familiares mediante las cuales Lorenzo Delmás  consigue convertirse en su yerno y heredar el poder político caciquil de la rama Liberal. Se describe en sus páginas, con un tono duro y sin concesiones, la vacía vida de casino que arrastraban las clases ociosas y la contrapone a la mísera existencia ("Vivir Muriendo") de la mayoría de la población. Describe una sociedad brutal y sobre todo cruel,  en la que malviven, penan y sufren gentes cuya (pésima) suerte a nadie del orden establecido interesa. No hay lugar en estas páginas para milagros o piadosas tradiciones.

El carácter de crítica social ya fue destacado y valorado por sus contemporáneos. Así, el 23 y 24 de abril en "La Correspondencia de España", se reseña la publicación de Villavieja y se hace su crítica. Dice el autor, que firma solo con la inicial V, que se trata de  "una novela política, cuya acción se desarrolla y desenlaza en una de esas ciudades españolas, dormidas y silentes, contrarias á todo progreso, anquilosadas en el ayer, donde generaciones de ricos sin más placer que la murmuración, los toros y el Casino en que se juega y se bebe y de pobres resignados con su miseria, vegetan sin ambiciones nobles ni esperanzas de mejora, en una aparente calma que encubre hervores de pasioncillas ocultas (...) En su novela, Ciges Aparicio cuenta unas  elecciones de diputados á Cortes, unas elecciones típicas, de esas donde el mohatrerismo apicarado de caciques y políticos rurales se alía con la brutalidad selvática de los impulsivos y de los alcohólicos buscados como instrumento." Y añade: "La pintura del Casino de Villavieja, reunión  de borrachos aseñoritados, de abogaduelos olvidados de los códigos, de usureros que hablan a todas horas de su honradez, de jaques bien vestidos, prontos á esgrimir la faca ó á empuñar el revólver, es magnifica." 

La publicación de Villavieja en ABC
Desde la pasión política  actual se podría tener la tentación de considerar que tratándose de un escritor "comprometido" exageró la narración intentando reforzar sus posiciones políticas y que el estado de cosas no era tan brutal y duro como lo pintó Ciges. No hace falta entrar en polémicas. Basta mirar lo que dijo el muy monárquico, conservador y nada sospechoso diario ABC en su edición de  5 de mayo de 1914,  bajo el encabezamiento "LOS LIBROS DE LA SEMANA". Dice el autor (no hay firma) que Ciges es escritor sombrío y pesimista, de un pesimismo que no es producto de pose alguna sino que responde su temperamento y que es por tanto consecuente y sincero. ¿Será este pesimismo el que explica la negrura de retrato social de Villavieja? El crítico de ABC cree que no: "Villavieja se titula la última novela que acaba de publicar el Sr. Ciges. Es una impresión descarnada y brutal del caciquismo político en los pueblos de Andalucía; pero, aun con ser brutal y descarnada, la sensación de realidad es tan intensa, que desde luego se admira que esta vez no ha tenido necesidad el Sr. Ciges de recargar muy exageradamente las tintas. La dureza no es culpa del retrato, sino de los modelos. (...) Villavieja es una de las mejores novelas que ha publicado Ciges Aparicio".


Hace ahora 100 años.

Después de su asesinato en agosto de 1936, la memoria y obra de Ciges desaparecieron de la vida pública. No fue hasta 1986 que la Generalitat Valencia recuperó sus novelas en tres tomos editados por Cecilio Alonso, el gran especialista en su obra. Mas tarde, en 1991, volvió a salir La Romería con estudio introductorio de José Carlos Mainer.

En Quesada el recuerdo de Ciges osciló entre el desconocimiento de una mayoría incapaz de leer sus obras y la enemiga de la minoría que sí podía hacerlo y que se dio evidentemente por aludida, como clase y en bastantes casos como individuos. La dictadura acabó, casi, definitivamente con su recuerdo pues al principio era tabú y luego algo sencillamente inexistente. De milagro pudo Cecilio Alonso contar para su trabajo con los comentarios manuscritos que le remitió Salvador Rodríguez sobre los personajes de la época. Y fue por aquellos años ochenta que se empezaron a hacer las primeras menciones del escritor en la Revista de Ferias. 

Ciges fue doblemente asesinado. Primero lo fue su cuerpo y posteriormente su memoria. En Quesada me temo que sigue siendo poco o nada leído y casi desconocido su nombre. El centenario de la publicación de Villavieja pasará desapercibido. Es cierto que se le ha dedicado una calle en el pueblo, pero este a la vez tardío y merecido homenaje se ha visto ensombrecido  por un giro de la historia  irónico y de regusto amargo: se ha dado a una calle el nombre de Lorenzo Delmás y se ha hecho despojándola de su nombre más que tricentenario. En fin...

1914 conoció dos publicaciones que pintaron imágenes muy distintas de Quesada. La tradición amable, piadosa y romántica del reportaje aparecido en Don Lope de Sosa y la narración social, de áspero realismo, que escribió Ciges Aparicio. Su valor no es comparable. Y tengo la impresión de que en el siglo XXI seguimos prefiriendo la historia del siglo XIV a la del XX y que sigue triunfando la visión piadosa, fantasiosa e irreal del pasado como leyenda. 

Personalmente cada vez me interesan menos los alcaides moros, los arzobispos de Toledo y los infantes de Castilla y cada día me interesan más las personas que vivieron, murieron  y sufrieron en el siglo XX quesadeño.


N.B. Manuel Ciges Aparicio fue el padre del actor  Luis Ciges, recordado por tantas películas de Berlanga, por  "Amanece que no es poco" , "El milagro de P. Tinto" y muchas otras de una larga carrera.

Pongo aquí la transcripción del reportaje de Don Lope de Sosa. Respecto a Villavieja, se puede conseguir en Google Books la reimpresión de la edición original que vende la Universidad de Michigan (¡!)



BREVES NOTICIAS DE LA VIRGEN Y CASTILLO DE TISCAR

DON LOPE DE SOSA, octubre1914,

Pág. 302

En fragoso lugar serrano ge nuestra provincia, próximo a Quesada, ríndese culto á la Santísima Virgen desde los primeros años del Cristianismo. Lugar abrupto, viscoso y elevado, en el que se asienta el famoso Santuario de la Virgen de Riscar, donde el alma se extasía pensando con el poeta:

"Muy alta está la cumbre,
la cruz muy alta.
Para llegar al cielo,
¡cuán poco falta!...

Después del glorioso martirio de San Esteban, el primer mártir de la fé, acaecido en Jerusalem, fueron desterrados gran número de cristianos que, abandonando los Santos Lugares, se extendieron por diversos puntos de la Tierra; y habiendo desembarcado en Cartagena quinientos de aquellos dichosos mortales que tuvieron la fortuna de ver y admirar de cerca  á nuestro Divino Redentor, fueron los primeros que trajeron noticias de la muerte del Mesías y de la vida de su Madre, á quien  muchos  conocieron  antes de su gloriosa Ascensión.

Los discípulos del apóstol Santiago, imitando su ejemplo dado en Zaragoza, levantaron diversos templos á la Virgen, á quien tomaron por patrona, siendo España la primera donde se esparcieron las claras luces del Evangelio.   Así, San Isicio, obispo de la antigua Carcesa, hoy Cazorla, dos años después de la muerte del Salvador, trajo á su diócesis, por el año 35 del nacimiento de Cristo, las sagradas imágenes de Tíscar y de la Fuensanta. Así se cree por tradición. Invadida, después, España por los árabes, los cristianos se retiraron

Pág. 303

á las fortalezas de Tiscar é lznatoraf, en las que, andando el tiempo,  adquirieron gran celebridad aquellas imágenes por la fama de sus muchos milagros, que movieron á algún historiador á anteponerlas a las muy veneradas del Pilar, de Zaragoza y de Atocha, de Madrid.

La conquista del castillo de Tiscar está, y no podía menos de ser así, relacionada con la de la villa de Quesada, á la que conquistó en el  año 1232 el arzobispo de Toledo, D. Rodrigo Jiménez de Rada, perdiéndola su alcaide Pedro Díaz de Toledo y poseyéndola los moros hasta 1309, que la entregaron á D. Fernando IV, en el día de San Pedro y  San Pablo. Entonces comenzó el Emplazado la conquista del castillo de Tiscar, que consumó el infante D. Pedro, el cual, en 1319, hizo, desde Úbeda una entrada en la frontera e los moros con un grueso ejército,, compuesto de su gente y la que aportaron el arzobispo de Toledo y los  Maestres de las Ordenes militares, con los concejos del Adelantamiento. Dice Argote de Molina: “El lnfante puso cerco al castillo de Tiscar que era la mayor fuerza que los moros tenían en España, y era señor de ella Mahomad-Andon. Y desque a ella llegó fue admirado de su fortaleza, y cercóla, y aunque os caballeros la combatían cada día á pie, no la podía conquistar hasta que fué Dios servido que un hombre de muy pequeño cuerpo, llamado Pero Hidalgo, que era Escudero del Maestre  de Calatrava, subió de noche, por mandado del infante, en una peña muy alta que decían la Peña Negra, que estaba sobre la villa, cerca del  castillo, en la cual estaban diez moros que la velaban, y matólos, y tomó la Peña y apoderose de ella. Por cuya hazaña los descendientes de este escudero se llamaron de los Diez, por los diez moros muertos, y porque este suceso fué  de noche, le dió el infante por armas un lucero de oro en campo azul. Y siguiendo el lnfante este buen suceso, mandó toda su gente  é hizo combatir toda la villa y entróla por fuerza de armas. Y el señor de ella entregó el castillo con salvo conducto de 4.500 personas que en el había, las cuales el infante hizo poner en salvo. De este castillo de Tiscar

Pág. 304

hicieron particular memoria los tres árabes Rasis, Mahomad y el alto Búcar en la descripción de este reino, encareciendo la extrañeza de su sitio, teniéndola en aquel tiempo por inexpugnable.

En un curioso folleto de autor desconocido, que tengo á la vista, publicado en 1803, é intitulado “Descripción de la célebre y milagrosa imagen de Nuestra Señora de Tiscar, de la villa de Quesada, á solicitud de su actual Mayordomo, devoto de esta celestial reina”, dícese que duró muchos días el combate entre sitiadores y sitiados, y éstos, creyendo que la valerosa porfía de los cristianos estribaba en rescatar de su poder la imagen de Maria Santísima, la arrojaron á la cerrada del río desde unas altísimas peñas (donde hoy está fundada su Casa), sobre la admirable cueva de agua que allí hay. Pero la señora, burlando el pérfido atrevimiento, muchas veces repetido, volvióse á lo  alto no queriendo desamparar el sitio en que tantos siglos había sido venerada. A muchos moros atemorizó este prodigioso suceso; pero el endurecido Mahomad - Andon,  sacrílegamente irritado,  con los infieles golpes de su alfange, desarmó la hermosura de esta sagrada imagen, tirando los pedazos al río por la misma peña. Hecha la conquista, el lnfante y el Arzobispo buscaban el precioso tesoro de esta imagen para darle las debidas gracias como autora de su dicha. lnformóles un moro (que movido de tantas maravillas pedía el bautismo) del loco atrevimiento de Mahomad-Andon. Bajaron el Arzobispo, el Infante, los Maestres y Capitanes al sitio donde estaban las sagradas reliquias y enternecidos viendo el sacrílego destrozo, enriquecieron con lágrimas el pobre caudal del río. Solicitóse un artífice que uniese los celestiales despojos, y el Arzobispo los compuso hasta formar perfectamente su entereza". Añade el cronista que “el lnfante y el Arzobispo determinaron llevarse esta celestial prenda á Toledo, para que allí tuviese mayor culto; mas  al tiempo de su partida se volvió milagrosamente á hallar en su antigua capilla; lo cual visto con admiración de todos, se conoció ser

Pág. 305

su voluntad de permanecer donde tantos años había sido venerada. Todo ello según fidedignas historias y constante tradición de esta tierra.”

Describiendo el templo, dice que lo adornan muchos trofeos que son lenguas que publican los multiplicados milagros. Alumbran cinco lámparas de plata. Tiene del mismo metal cumplido servicio para el altar, con ricos ornamentos de brocado y seda. La imagen tiene gran numero de vestidos, asi bordados, como de riquísimas telas, preciosísimas joyas con que han agradecido muchos su salud y felicidad en los
sucesos. Es antiquísima la escultura de la imagen; su materia dícese ser de incorruptible cedro; su altura es de una vara; su postura manifiesta haber estado sentada en un trono, por lo que su rostro corresponde á la proporción de cinco cuartas, que es lo que manifiesta vestida. Su rostro es hermoso, y de tanta alegría, que con su  mirar agradable infunde celestial consuelo á quien le atiende. Se reconoce todo compuesto de muchas astillas  con grandes cuchilladas, que se notan en su talla, efecto del pérfido desacato de los moros. Se nota la cabeza dividida en tres pedazos; pero todo lo unió la curiosidad de la industria, si  bien faltan algunos pedazos del cuerpo, no obstante que está todo tan recatado que no se permite al examen de la vista. En una visita que hizo al Santuario D. Gregorio Malo de Molina, Vicario y Visitador de Cazorla y su partido, decretó se hiciese á esta Señora un vestido de hoja de plata de martillo, que no impidiese las demás ropas, para ocultar del todo el desacato de los infieles.”

 La fiesta principal se celebraba antiguamente el 25 de Marzo, en memoria de haberse ganado este día la Villa de Tiscar y de haber venido tan sagrada imagen á poder de los Cristianos, pero atendiendo á que muchos devotos no podían concurrir por las inclemencias del tiempo, determino su cofradía en 1560 que se hiciese otra fiesta a 8 de Septiembre, día de la Natividad de Nuestra Señora, habiendo concedido muchas indulgencias, según bula dada en 3 de Marzo de 1603, S. S. Clemente VIII.

En el Pág. 306

En el folleto referido se hace alusión á una Historia de Cazorla y de Quesada, escrita por Luis Valera de Mendoza, de la cual no teníamos noticia, y celebraríamos conocer algún ejemplar,  que sin duda debe arrojar gran luz sobre la historia del famoso Adelantamiento.
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El reputado escritor de Quesada D. Angel Alcalá y Menezo, ya muerto para desgracia de las letras provinciales, publicó en 1884 una interesante y bien escrita novela histórica, en dos tomos, titulada Pedro de Hidalgo o el Castillo de Tíscar. Como se trata de obra más conocida y divulgada, en mi sentir, que el folleto de 1803, hemos dedicado á éste casi todas las presentes notas que ligeramente lo_ extractan y compendian.

Manuel Muro García
Cronista de Úbeda.

Fot. J. Alcalá







viernes, 3 de enero de 2014

Evolución (y mengua) del término de Quesada




El término municipal de Quesada es fruto de los avatares guerreros de los siglos XIII-XV: conquista por Fernando III-Jiménez de Rada, reconquista granadina y refugio del señorío en Cazorla, toma de Tíscar y fin de la Guerra de Granada.

Ocupaba toda la zona sur de la actual comarca Sierra de Cazorla (actuales términos de Quesada, Pozo Alcón, Hinojares, Huesa y Larva). Confinaba con Úbeda y Cazorla al norte, Baza al oeste, Baza y Guadix al sur y Huelma y Úbeda al este.

Desde la definitiva conquista cristiana fue separada del señorío eclesiástico toledano y pasó al señorío de la ciudad de Úbeda hasta que en 1.564 se liberó del mismo mediante el pago de una cantidad a Felipe II.




Hasta el final de la Guerra de Granada el territorio útil se circunscribía a la zona más protegida, "los puertos adentro" (hasta el Puerto de Tíscar y Puerto Ausín) El territorio exterior estaba formado por baldíos pertenecientes a los bienes de propios del concejo y estaban dedicados a la ganadería extensiva. Como excepción algunas zonas aisladas de poblamiento antiguo (Belerda-Tíscar, Lacra, Cuenca...) En 1568-71 la rebelión morisca devolvió la antigua inseguridad como bien se narra en las actas capitulares del Concejo (vid. J.M. Carriazo). Fuera de este pequeño paréntesis, 1492 dio inicio a una expansión por las tierras que, ya sin guerra, eran ahora seguras, una especie de "marcha hacia el sur". De esta manera antiguas cortijadas que en las viejas épocas de inseguridad languidecían, tuvieron una fuerte expansión agrícola y un consecuente crecimiento de población. Fue el caso de Pozo Alcón. En 1648, mediante un pago a la hacienda real como hizo Quesada cien años antes, obtuvo la condición de villa exenta e independiente. Esta secesión incluyó en un primer momento a Hinojares y la aldea de Cuenca que a su vez en 1690 se separaron de Pozo Alcón formando concejo independiente. 


Durante casi doscientos años el termino de Quesada no sufrió alteraciones. Fue en 1836 cuando los vecinos de Larva solicitaron y obtuvieron el cambio de municipio pasando a formar parte de Cabra del Santo Cristo. Las dificultades de comunicación y especialmente el cruce siempre dificultoso del río Guadiana Menor (no existían puentes, apenas una frágil barca de cable en Collejares) sin duda influyeron en esta decisión. No debía de todas formas existir mucha afinidad cuando incluso y a pesar de ser un único municipio, eclesiasticamente pertenecían a distintos obispados (Larva a Jáen y Quesada-Huesa a Toledo).

En 1924 Larva pasó a ser entidad local menor y en julio de 1936 obtuvo la separación completa de Cabra.



La última modificación territorial se produjo en 1847.  La población que se había desarrollado en la Venta de Poyatos, ahora llamada Huesa, junto a las antiguas aldeas de Ceal y Arroyo Molinos, se segregaron para formar el nuevo municipio de Huesa. 


sábado, 28 de septiembre de 2013

La decadencia de la Inquisición a través de una pelea de clérigos en Quesada. 1757.


"Arzipreste de las Yglesias del adelantamiento de Cazorla y partido de Quesada y también es notario deel Santo Oficio"


En la segunda mitad  del siglo XVIII el Santo Oficio ya no era lo que había sido. Ni tenía el poder que tuvo ni inspiraba el terror que inspiró ni sus actividades eran las que fueron. De la persecución de herejes y judaizantes había pasado a dedicarse a la censura de libros y a la defensa de los fueros de sus muchos familiares y colaboradores.

En el portal de archivos PARES, están disponibles dos expedientes relacionados con actuaciones de la Inquisición en Quesada. Ambos están exentos de dramatismo, quizás por esa consideración que se hacía en el párrafo de arriba. Y en ambos se refleja la vida en Quesada y su entorno durante la segunda mitad del siglo XVIII. Una vida pobre y rural,  donde apenas sucedía otra cosa que las continuas disputas entre facciones para conseguir el control  del concejo y de los cargos municipales. Disputas y querellas en una comunidad pequeña y cerrada donde no hay otra forma de progreso y mejora que el uso de las instituciones locales y donde el futuro no está en crear algo sino en apropiarse de las cosas ya creadas.

Queda el segundo caso para próxima ocasión. Ahora toca el primero de ellos que trata de un pleito originado, aparentemente, por la pelea entre un herrero y el arcipreste de la villa de Quesada pero que en realidad tiene como trasfondo la enemistad que a este le tienen el vicario de Cazorla y el párroco de Quesada. Es una pelea entre eclesiásticos, son enemistades  y enfrentamientos entre clérigos. Excepto algunos secundarios, todos los intervinientes son curas. Porque al igual que los civiles se enfrentan y pelean por los cargos municipales, los clérigos hacen lo mismo por los cargos y poderes eclesiásticos. Y de fondo está esa Inquisición que ya apenas asusta, a la defensiva casi,  que tiene que esforzarse para que otros ministros de la Iglesia no pasen por encima de los fueros y derechos de sus miembros.

Los sucesos ocurren en 1757, en los últimos años del rey Fernando VI, recién  caídos Ensenada y Carvajal que son sustituidos en el ministerio por Ricardo Wall. Las incipientes reformas ilustradas no han cambiado en nada la vida de estas  villas rurales. La Iglesia tiene un poder político y económico determinante, con un número elevadísimo de eclesiásticos. En Quesada, cinco 5 años antes de estos sucesos, había según el catastro de Ensenada once clérigos mayores y tres clérigos menores, un convento dominico con ocho frailes sacerdotes y tres legos y otro convento de dominicas con diez monjas. Un pequeño ejército que sumado a los de Cazorla y demás villas de la comarca constituían una numerosa corporación dentro de la que el afán de poder, las enemistades y las conspiraciones eran frecuentes como entre sus vecinos laicos. Su  jerarquía y organización interna era amplia y complicada. El vicario de Cazorla representaba al arzobispo mandando en su representación sobre todos los asuntos que fueran competencia del mismo. A su alrededor tenía una curia de clérigos auxiliares, escribanos etc. Por debajo de él pero con facultades no exactamente delimitadas estaba el arcipreste, nombrado por el arzobispo  y con facultades sobre las iglesias y parroquias del adelantamiento y del partido de Quesada (que no eran la misma cosa). Por debajo de ellos en cada villa había un cura propio y párroco con sus clérigos auxiliares. Esto fue lo que sucedió:



JUAN FRANCISCO ESMENOTA. 1757

Juan Francisco Esmenota era clérigo de menores y "Arzipreste de las Iglesias del adelantamiento de Cazorla y partido de Quesada". Era, además, notario de la Inquisición y tenía "su Casa y avitación en la dicha villa de Quesada". Al parecer Esmenota tuvo unas diferencias con un  albéitar y herrero llamado Pedro Candial que terminaron con un garrotazo de este al primero. A causa del enfrentamiento se abrieron diligencias por la justicia real y posteriormente por el tribunal eclesiástico del vicario de Cazorla. Pero al ser el arcipreste miembro del Santo Oficio tenía condición de aforado y derecho a que su causa se viese por tribunal de la Inquisición y no por otro.  El expediente publicado en el portal de archivos trata del recurso que el arcipreste hace en este sentido al tribunal inquisitorial de Córdoba y de las averiguaciones que se hicieron  sobre el terreno.


El término de Quesada a mediados del siglo XVIII
(clic para ampliar)


La denuncia se había presentado contra el herrero y autor de la agresión pero también contra el párroco de Quesada don Lucas Martín del Aguila y contra dos notarios de la curia eclesiástica de Cazorla. El tribunal de Córdoba mandó a Quesada a un tal  Nicolás Tauste que era comisario de la Inquisición. El 31 de agosto tomó declaración a los testigos: Una tal Juana de Atencia, soltera de 53 años y vecina del denunciante, dijo que sólo había oído como "avía este tenido cierta desazón con el Albeytar Candial" pero no añadió mayor precisión.  El médico Joseph Tortosa dijo que se limitó a examinar el brazo izquierdo del arcipreste comprobando "por su oficio que avía señales de compresión estrema". Otros ocho testigos interrogados confirmaron que  hubo "desazón" pero nada dijeron sobre el "palo que este (el herrero) le dio". Nadie se quería comprometer declarando abiertamente contra el herrero lo que no deja de sorprender pues a un  arcipreste se le supone mucho más poder en la vida local que a semejante oficial. La razón era que detrás del herrero había, como  enseguida se confirmará, gente principal.  También es interesante comprobar como los testigos a pesar de toparse con la Inquisición, no muestran espanto,mostrándose poco colaborativos con su comisionado.

El origen de las diferencias se conoce por la declaración de Antonio Cozar, de 18 años natural de Baeza y criado del arcipreste. Pero solo declara sobre el incidente inicial y nada sobre la pelea y estacazo que al parecer no presenció.

Según Cozar, cierto día llevó a herrar el caballo de su amo a casa de Francisco Moreno que era su herrero habitual, pero se encontró con que  no estaba. No obstante y como era preciso el arreglo porque su amo tenía que salir, se acercó a casa del albéitar Pedro Candial quien reconoció al caballo y presupuestó el trabajo necesario en cuatro cuartos. Le preguntó Candial al criado si llevaba el dinero encima contestándole este que no, que no lo llevaba porque no sabía cuanto iba a necesitar. Es entonces cuando el herrero le dice que se vaya y que vuelva con el dinero si quiere que le haga el arreglo. No le fiaba. Al replicarle que su amo era persona de crédito, el albéitar le contestó: "anda que no conozco yo al Rey sino por la moneda". Cozar tuvo que volver a casa del amo, contarle lo sucedido y regresar con el caballo y los cuatro cuartos. Por el momento acabó la cosa.

Era previsible que al arcipreste Esmenota no le sentara bien que el albeitar le exigiera el pago por adelantado, lo que era un desprecio público y más en persona de su cargo y dignidad. En algún momento se encontró con el herrero y debieron discutir.  En la refriega subsiguiente  Candial le asestó un estacazo en el brazo izquierdo.

Terminó la ronda de declaraciones sin que ningún testigo declarase expresamente la agresión. Sin embargo Juana, la vecina soltera, debió darle cosa quedar mal con el arcipreste, de manera que le contó que ella había testificado anteriormente, como todos los demás testigos, al juez civil y que su testimonio había sido "mas cercano a la verdad" por no haberse perjudicado "por el transcurso del tiempo". Tardó poco el arcipreste en dar cuenta al comisario Tauste de la existencia de esas diligencias de la  justicia ordinaria, tomando el comisario dos decisiones. De una parte remitir al Tribunal de  Córdoba las declaraciones que había recogido en Quesada y de otra requerir al Corregidor de Cazorla, Don Andrés Donoso, en quien  paraban dichas diligencias, para que se las entregase bajo pena de excomunión y multa. Además, requería que la justicia ordinaria se inhibiese del caso por afectar a persona aforada del Santo Oficio.

El corregidor Donoso contestó que no le constaba que en la causa hubiera aforado del Santo oficio pero que en cualquier caso estaba dispuesto a que, sin entregar las diligencias,  se sacase copia de los testimonios para que así ninguna jurisdicción se viera mermada. Por el mismo corregidor conoce Tauste que el vicario de Cazorla ha iniciado por la parte eclesiástica otro proceso para el mismo asunto. En consecuencia manda a su ayudante el comisario Oliz para que vaya e inste al notario Joseph Fernández, “de la curia eclesiástica de Cazorla”, que entregue las diligencias que se hubieran abierto. En los clérigos del arzobispo de Toledo ya no encontraron la postura conciliadora del corregidor. El citado Joseph le contestó que sólo las entregaría si se lo mandase su juez y que en cualquier caso él no las tenía por estar en poder del vicario don Antonio Macarulla. El vicario a su vez se niega a entregar las diligencias porque no le constaba que afectasen a ningún  ministro del Santo oficio como  no le constaba que Esmenota fuera tal.

Mientras tanto en Quesada, los acontecimientos se precipitaron. El herrero Candial había estado provocando al arcipreste "poniéndosele delante con risas" y haciéndole “menciones injuriosas” sobre su negativa a trabajarle si no pagaba por adelantado. Pero no sólo él. El prior y párroco de Quesada, don Lucas Martín del Águila junto a los demás clérigos de la villa, también le provocaron haciendo burlas diciéndose entre ellos frases del tipo ¿cuando nos vamos para Córdoba (al Tribunal de la Inquisición)? ¿cuantos sambenitos harán falta?, burlas y gracias “en manifiesto desprecio del Santo Oficio”. El acoso llegó a tal grado que el párroco y sus partidarios corrieron por las calles al arcipreste con ánimo de apresarlo de manera que no tuvo mas remedio que huir a caballo camino de Baeza. Al cruzar Toya todavía lo perseguían los parciales del párroco.  Todo esto sucedió el día primero de septiembre por la tarde. Al otro día, de mañana, el sacristán Agustín Ramírez entregó a una criada del arcipreste la notificación de que había sido excomulgado en virtud del proceso eclesiástico que se seguía contra él en Cazorla. El párroco hizo pública la excomunión comunicándola al pueblo durante la misa.

Cuando llegaron a Córdoba noticias de cómo no se respetaba la jurisdicción del Santo Oficio, “mandaron librar letras” contra el vicario para que antes de veinte días entregase el proceso y se inhibiese del mismo y después absolviese de la excomunión a Esmenota. En caso contrario sería excomulgado y multado con doscientos ducados. Vuelve Tauste a  Cazorla con este encargo. Lo hizo sobre las nueve de la noche del día cuatro de octubre. Nada más llegar preguntó si estaba el vicario en la villa y le contestaron que si.  Pero el vicario, sabedor de esta nueva comisión, al día siguiente muy de mañana se ausentó de la villa dejando como teniente (sustituto) a don Francisco Almansa. El teniente Almansa requerido por el comisario Tauste siguió una táctica dilatoria diciendo que el no era abogado y que necesitaba consultar a uno. Luego que el propio requerimiento del tribunal de Córdoba le daba veinte días de plazo, etc.  Igualmente que él no podía absolver al arcipreste por que según el literal del requerimiento la absolución sería subsiguiente a la inhibición y esta no se daría hasta el citado plazo, etc… Tauste comunicó al tribunal el “desprecio con que el Vicario, su theniente y otros trataban la jurisdicción del Santo Officio” y “que le parecia no tenian allí sujeccion al tribunal por ser gentes indomitas”

En Córdoba, a la vista de estas actitudes volvieron a librar “nuevas letras” para que el vicario en  un nuevo y menor plazo, con multa de cuatrocientos escudos y otras penas “al arbitrio del Tribunal” absolviese a Esmenota y se inhibiese del caso.  Esta vez el encargado de la comunicación fue fray Luis de Molina, trinitario de la ciudad de Baeza,   quien “paso a Cazorla y en 29 de octubre entre 10 y 11 de la mañana hizo saber al Vicario Macarulla el despacho, estando los dos solos y el respondio bastante ayrado” Desobedecer una tercera vez al Santo Oficio hubiera sido demasiado incluso en esos tiempos de manifiesta decadencia.

De manera que el arcipreste de Quesada estaba enfrentado al párroco, supuesto subordinado, que eran también “beneficiado” de los bienes de la parroquia y era el “jefe natural” del resto de clérigos de la villa. Al párroco lo apoyaba el vicario de Cazorla representante máximo del arzobispo de Toledo en todas las villas de la vicaría. Una querella de clérigos en la que no intervienen las autoridades civiles siendo la actitud de la única implicada, el Corregidor, conciliadora y neutral. Las razones de la enemistad no se tratan en el expediente judicial pero es de imaginar que no fueran de índole teológico sino de poder y de bienes.

Por otra parte es destacable el poco respeto que inspira la pertenencia del arcipreste Esmenota al Santo Oficio. El temor reverencial, el terror, que inspiró el Tribunal en su momento en poco había quedado. En su lugar chanzas y dilaciones.


referencia  del documento


domingo, 8 de septiembre de 2013

1845. Modificación del escudo de Quesada




Sello con el escudo histórico de Quesada




En 1876, a iniciativa del director del Archivo Histórico Nacional, se inicia dentro del mismo la formación de la Sección de Sigilografía con el objeto de reunir los sellos de instituciones civiles y religiosas. Se quería completar así la colección de sellos medievales existentes en el Archivo. Por lo que respecta a los ayuntamientos, la R.O de 30 de agosto les manda remitir a su gobierno provincial una impresión en tinta de los sellos utilizados por la respectiva alcaldía y ayuntamiento. Igualmente y en su caso,  otros sellos utilizados anteriormente y que se conservasen.

En el caso de Quesada se cumple la R.O mediante escrito sin fecha ni firma y con membrete “Alcaldía constitucional de Quesada”. Contiene la copia en tinta de los dos sellos vigentes en 1876 y  que son el escudo borbónico con la leyenda ALCALDIA CONSTITUCIONAL DE QUESADA y el escudo de Quesada (con una sola torre) y la leyenda AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE QUESADA.

Hay un tercer sello que se describe como “Copia del sello usado por el Ayuntamiento de Quesada hasta el año de 1.845” que tiene dos torres, espada, llave y cruz con la leyenda LA VILLA DE QUESADA.

¿Por qué se modifica en 1845 el escudo perdiendo una torre? Lo ignoro. Para averiguarlo habría que mirar en el archivo municipal si se conserva esa información. No obstante parece lógico pensar que el cambio se hace coincidiendo con la promulgación de la Constitución moderada de 1845 durante el gobierno del general Narváez, alias Espadón de Loja. Hoy en día el cambio parece que esta deshecho y se usa de nuevo el escudo histórico con las dos torres. También ignoro cuando se deshizo la modificación de 1845.

En el escrito remitido al  Archivo Histórico Nacional se hace una  reseña explicativa del origen del escudo. Se explica  que a la conquista de Quesada en el reinado de Fernando el Santo, se concede a la villa un escudo compuesto de campo azul, torre, espada y cruz:

Después de las capitulaciones hechas en Guadalimar entre los embajadores de Mahomed rey de Baeza y los encargados de D. Fernando el Santo, este rey puso cerco a la Villa de Quesada, principal población del Adelantamiento de Cazorla, como dice el P. Mariana en su Historia de España, tomo 1º, Capítulo 11. Ganó el santo rey esta fortaleza de Quesada no sin gran trabajo, pasando á cuchillo á todos los habitantes que podían tomar armas, haciendo a los demás esclavos en número de siete mil. Nombró Alcaide de esta Fortaleza y Villa a D. Pedro Díaz de Toledo, y entre otras mercedes que concedió a la Villa fue el usar por armas en campo azul, castillo almenado con espada y cruz por cimera.
                                                                                                                        
Posteriormente se conquista Tíscar y el escudo pasa a tener una segunda torre con una llave cimera. Según esta explicación una torre corresponde a la fortaleza de Quesada y la otra a la de Tíscar. Será verdad esta explicación que tampoco tiene mayor importancia que la mera curiosidad, pero como algún disparate en la explicación (hacer participar a Jiménez de Rada en la conquista de Tíscar) alguna duda se crea  sobre los conocimientos del informador. Esto dice el escrito referido a Tíscar:

En tiempo de Don Alfonso XI el Justiciero hijo de Don Fernando IV el Emplazado y siendo ya definitivamente regentes del reino sus dos tios los Ynfantes Don Juan Señor de Vizcaya y Don Pedro y deseando estos Ynfantes conquistar las principales fortalezas del terreno Granadino, vinieron a Quesada con grueso ejército acompañados de Don Rodrigo Gimenez, Arzobispo de Toledo, con el fin de apoderarse de Tíscar, fortaleza árabe y por demás inexpugnable frontera por aquella parte del Reino de Granadino. Se consideraba a Tíscar como la llave del terreno enemigo por ser el único paso para entrar en los ya reducidos dominios árabes. Ganó la fortaleza de Tíscar después de tres cercos y derramar copiosa sangre castellana. Esta fortaleza se unió a la alcaidía de Quesada siendo nombrado Alcaide don Alfonso de la Peñuela y desde entonces y en memoria de este importante suceso uso Quesada en cuartel dividido sus antiguas armas de castillo y espada y concedidas en Tíscar de castillo y llave poniendo la cruz en medio de ambas cimeras a guisa de emblema.

Sellos vigentes en 1876


En la citada colección de sellos de tinta también se conservan los correspondientes a las localidades que formaron parte del partido de Quesada en tiempos anteriores, Pozo Alcón, Hinojares y Huesa.

Así en el caso de Pozo Alcón se manda la impresión de los dos sellos que en ambos casos es el escudo borbónico con la leyenda de ALCALDIA/AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE POZO-HALCON y un breve escrito que dice:

Son los sellos que desde 1.848 en que esta Villa se emancipó de la de Quesada para formar por sí Municipalidad vienen usándose por esta Alcaldía y Corporación sin que conste hayan sido modificados ni suspendidos a pesar de las fases políticas conocidas de diferentes matices. Pozo Alcón y Octubre 4 del 1876. El Alcalde Simón Carmona.



En el caso de Hinojares se remitió una hoja con la impresión de ambos escudos y sin explicación alguna. El escudo borbónico para la ALCALDIA CONSTITUCIONAL  y un escudo borroso, distinto del actual, en el que se aprecian dos árboles de fondo con una especie de arbusto en primer plano para el AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL.



Huesa remitió un solo sello, el borbónico con la leyenda AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE HUESA y una breve nota que dice:

“Sello que usa el Ayuntamiento Constitucional de esta Villa de Huesa desde el año de 1847en que se segregó de con su matriz Quesada.”



El resto de localidades de la comarca también remiten sus sellos. Así Cazorla envía  con fecha 28 de marzo de 1878, tres sellos correspondientes al ayuntamiento, alcaldía y sello de beneficencia. En los tres se indica que el uso del sello es reciente, 1846-47 estando con fecha anterior los documentos encabezados por epígrafe o lema pero sin sello de ninguna clase (se refieren a la modernidad de los sellos, no del escudo) (clic para ampliar imágenes)





La Iruela remite tres sellos, todos con el escudo de la villa. Uno antiguo del que se dice que "no se conoce el tiempo en que se usó" por no existir en el archivo "documentos con su estampa ni antecedentes a que referirse" Son los otros dos "moderno o sea contemporaneo" y se componen de escudo de la villa y lema consabido de AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL YRUELA y ALCALDIA CONSTIRUCIONAL  LA YRUELA. No hay otras noticias sobre el escudo o su origen.


La iruela


Santo Tomé remite los sellos de alcaldía y ayuntamiento conteniendo ambos el escudo borbónico. En el caso de Peal con el escudo borbónico el de la alcaldía y con escudo diferente pero no muy visible el del ayuntamiento.


Santo Tomé
Peal de Becerro











La colección de sellos de tinta está disponible en el PORTAL DE ARCHIVOS ESPAÑOLES-PARES http://pares.mcu.es/