QUESADA REPUBLICANA







El pasado 1 de marzo de 2019 se presentó en el Museo Zabaleta de Quesada la primera parte de la obra "Quesada Republicana". Prologó el acto Luis Garzón Cobo. Transcribo (con cierto rubor) sus palabras y a continuación mi intervención:


intervención de Luis Garzón:


Hace menos de dos años contacté por primera vez con Vicente, a quien solo había visto con anterioridad, y accidentalmente, en una ocasión en la que yo intentaba localizar la finca que mi padre tuvo arrendada en Lacra hace muchos años.
Yo estaba escribiendo un amplio artículo sobre la Quesada del siglo XIX a partir de los documentos encontrados en el Archivo Histórico Municipal, y solicité su autorización para incluir datos que ya figuraban en su blog sobre la historia de Quesada. Fue el comienzo de una serie de investigaciones en las que venimos colaborando, a través de las cuales estoy aprendiendo mucho de él, de su método de trabajo y de su rigor en el tratamiento de los datos, de los documentos y de las fuentes. Pero sobre todo fue el comienzo de una gran amistad.
Creo que nos unió nuestro interés común por la historia de Quesada, especialmente la referente a las épocas menos estudiadas -curiosamente las más recientes- como las correspondientes a la II República, la guerra civil y la posguerra, aún rodeadas de un intencionado olvido, de recelos y de tabúes; y tal vez por ello especialmente apasionantes.
El trabajo de historiadores aficionados como nosotros (al menos como yo) está repleto de momentos de agobio, desánimo y dudas; y supone un gran apoyo poder compartir con alguien interesado en los mismos temas pequeños descubrimientos, avances y planteamientos, ya que cuando nos ponemos a escribir nos hacemos siempre las mismas preguntas: ¿Tiene esto algún sentido? ¿Le podrá interesar a alguien? ¿Podrá malinterpretarse nuestro trabajo? ¿Provocará rechazos?
Es en este aspecto en el que creo haber aportado a Vicente mi modesta ayuda, pues su formación histórica y su dominio del método de investigación son muy superiores a los míos. He intentado siempre transmitirle mi apoyo y estimular su trabajo, lo que por otra parte él ha hecho también conmigo.
El método de investigación, documentación y análisis de datos que él practica es muy particular; quiero decir con ello que está alejado, tanto en el fondo como en la manera de exponer sus conclusiones –muy coloquial, muy cercana al lector-, de los protocolos académicos al uso. Pero nada de ello le resta un ápice de objetividad, de rigor  y de validez a su trabajo.
En este sentido, quiero resaltar que, sin renunciar al análisis de documentos de archivo y de hemeroteca, le concede siempre un gran valor a los recuerdos personales de testigos directos o indirectos de los hechos estudiados, a los testimonios de las personas entrevistadas, y al trabajo de campo realizado personalmente sobre el terreno.
Los recuerdos de toda persona, por sencilla que sea, son importantísimos para la historia y para los historiadores. Por ello, me atrevo a animar a nuestros conciudadanos a escribir sus recuerdos y los recuerdos de sus mayores, a superar ese pudor que nos lleva frecuentemente a pensar que lo vivido por cada uno de nosotros carece de importancia. Observando el trabajo de Vicente, se puede comprobar la importancia de la pequeña historia familiar que cada uno de nosotros conserva en su memoria.
Cuando el historiador entrevista a los testigos de los hechos que estudia, obtiene un rico testimonio que le permite entender con mucha más precisión los datos que aparecen en los documentos, darles vida y dotarlos de un contenido emotivo al que Vicente concede igualmente gran valor porque su trabajo huye conscientemente de la frialdad de los simples datos.
Cuando el tema de estudio es, como en el caso de este libro que hoy presentamos, la II República española en Quesada, los testimonios de los testigos suelen manifestar un gran recelo, un gran temor que les resulta difícil superar; y ese sentimiento es tan elocuente como lo que cuentan porque muestra claramente lo que aún no hemos conseguido superar tras largos años de dictadura y por qué nuestra historia más reciente se intenta mantener oculta y olvidada.
El trabajo de Vicente es una labor ardua a la que dedica muchísimas horas, a veces hasta el agotamiento. Y la realiza en solitario, sin apoyo de becarios que la alivien. Y sin otro interés que el de rescatar del olvido la verdadera historia del pueblo, la que tantos silencios y tantas versiones interesadas y sesgadas han ido enterrando.
Pocas localidades, especialmente las más pequeñas, tienen la suerte de contar con el esfuerzo desinteresado de historiadores como Vicente Ortiz. Su “Quesada Republicana” nos da a conocer con gran claridad lo sucedido en este pueblo en unos momentos especialmente difíciles de la historia de España y de la historia local. Y lo hace en profundidad, sin quedarse en lo puramente anecdótico, aunque en ocasiones incluya alguna anécdota que sirva para dar color a los hechos en su conjunto y aportar pinceladas de amenidad a un trabajo tan denso.
Pero de ese trabajo nos hablará él.




intervención de Vicente Ortiz:


Antes de comenzar quiero agradecer al Ayuntamiento de Quesada, a su alcalde y concejal de cultura, la oportunidad de presentar este trabajo.

Al Museo Zabaleta-Miguel Hernández que ha cedido el espacio y a sus trabajadoras que amablemente han colaborado en su organización.

A Luís Garzón, no sólo por prologar esta presentación, sino por su consejo y apoyo continuo durante la investigación.

Y por supuesto a todos vosotros por acudir y prestar atención a este acto.

Haré una reflexión general sobra la historia de Quesada, que se ha ocupado siempre de los siglos medievales y casi nada de los tiempos más cercanos.

Hablaré luego de cómo era el pueblo al final de la Monarquía y a continuación, un breve resumen de las principales etapas por las que atravesó la República en Quesada.

Finalmente me referiré a las fuentes documentales que he utilizado y al plan de trabajo seguido.

Quesada, como todos sabemos, es un pueblo con una larga historia. Cuenta con pinturas rupestres, yacimientos arqueológicos, castillos, atalayas y arcos de muralla. Además de estos restos materiales, ha dejado abundante huella en las fuentes escritas medievales, desde los geógrafos musulmanes a las crónicas castellanas. A lo dicho por historiadores y cronistas, se superpusieron las leyendas alrededor de la Virgen de Tíscar y se creó, mezclándolo todo, un relato del pasado medio fantástico y medio real, pero en cualquier caso importante y famoso.

Quesada tuvo además la suerte de que aquí se criara Juan de Mata Carriazo. Él fue quien hizo los primeros trabajos arqueológicos, Bruñel incluido, quien salvó de la destrucción el archivo municipal y quien lo estudió y publicó en su monumental "Colección Diplomática". Pocos pueblos tienen un archivo histórico semejante y muy pocos han tenido la suerte de contar con un arqueólogo y  medievalista como Carriazo.  Que yo estudiara historia medieval lo debo en buena parte a la impresión que me produjo la lectura de sus trabajos en los años de juventud.

La historia de Quesada ha sido muy bien estudiada y ha merecido muchos y buenos trabajos. Abundantes son los publicados en la Revista de Ferias, en la que no pasa un año sin que se añadan nuevas páginas a los estudios locales.

Estudios siempre referidos a los primeros tiempos de la historia, a las épocas antigua y medieval. Porque en 1492, cuando se conquistó Granada, desapareció la frontera y desde entonces Quesada perdió todo protagonismo. Pasó a ser un pueblo casi sin historia. Poco se ha escrito sobre ella posterior al siglo XVI. Poco del siglo XVII y XVIII. Muy poco del XIX y casi nada del XX.

El aparente desinterés por lo más próximo y cercano no se daba solo aquí. Las personas de una edad recordarán como en el bachiller, con la excusa de que se acababa el curso y no había tiempo, la historia que se explicaba apenas llegaba a las guerras de Napoleón. De esta manera incluso personas con un buen nivel de formación, tienen un amplio desconocimiento general de  los siglos XIX y XX. Es evidente que en todo esto hay un trasfondo político. En 1975, con la muerte de Franco, se empezó a corregir el olvido de la historia más reciente.

Pero en Quesada Franco no murió en 1975, sino que lo hizo algo después, porque aquí las novedades llegaban tarde, como lo hacía la prensa, que nunca era la del día sino la del anterior. Por eso, la recuperación de su historia más reciente comenzó con algo de retraso. Eran ya empezados los años ochenta cuando conocimos que un escritor valenciano, de la generación del 98, había escrito ciertas novelas inspiradas en este pueblo hacia 1910. Supimos entonces que Villavieja y La Romería fueron piezas de escándalo para la gente de orden de la época. Pero fue esta de Ciges una recuperación parcial, porque aunque se le puso una calle, se siguió sin leer ni conocer su obra. En cualquier caso no dejó de ser un primer acercamiento a la historia actual.

Mientras tanto, fuera, empezaron a ser más y más numerosos los historiadores que publicaban trabajos sobre la Restauración, la República y la Guerra Civil. Hoy, la historiografía disponible sobre estos periodos es abundantísima y buena. Referido, claro está, al marco general español.


Por aquellos años era yo un estudiante con mucha curiosidad por la
historia local. Solo podía satisfacerla en los escritos de Carriazo sobre tiempos medievales. De cosas más recientes apenas conocía las vagas noticias oídas a los viejos en la intimidad familiar. Eran esas cosas sobre la Virgen arrojada al río Guadiana por los rojos, sobre señoritos que iban obligados a coger aceituna, sobre la cosa dramática de los muertos y poco más.

En determinado momento, de forma azarosa y completamente inesperada, cayó en mis manos un par de hojas fechadas en Quesada en el año 1937. Eran la copia en papel de calco de un documento escrito a máquina, que contenía una relación de personas clasificadas por el Ayuntamiento como desafectos al Régimen. No se trataba del régimen de Franco, estos desafectos lo eran a la República. Estaba validado por el sello del Consejo Municipal republicano y lo firmaba su último alcalde presidente.

Fue aquel papel la primera evidencia material que tuve de la existencia de la República en Quesada. Con mucha lentitud me fueron llegando otros datos. Pero hasta bastante más tarde, con la aparición de Internet y la digitalización de documentos, no me encontré con abundantes noticias de la republica quesadeña. Acumulé gran cantidad de información, pero nunca pensé en serio en sistematizarla y mucho menos en escribirla y darla a conocer. Temía meterme en un asunto que sigue siendo espinoso por muchos motivos y, pensaba yo, que no había necesidad de meterse en semejantes aventuras.

Los que conocen mi blog "Historia de Quesada", pueden comprobar que no hay ninguna entrada dedicada a la República o a la Guerra Civil, y se debe a este temor. No recuerdo ya con exactitud cuando superé estas prevenciones y me puse a escribir. Creo recordar que Luís Garzón tuvo algo que ver.

Antes decía que la historia de Quesada parecía acabar con la conquista de Granada. Que después de unos siglos heroicos y gloriosos no había vuelto a pasar nada fuera de lo normal. Apenas la rutina del sucederse las generaciones, todas más o menos iguales y sin que ninguna de ellas destacase. Es cierto que desde el siglo XVII Quesada entró en una larga decadencia, en un periodo gris construido con años casi indistinguibles.
Pero eso no significa que no exista una historia interesante. Además de personajes famosos como el general y ministro Serrano Bedoya, su sobrino Manuel, también general y conquistador de las Carolinas Orientales en el Pacífico, del gramático Santiago Vicente, con cuyos libros estudiaban alumnos de toda España a mediados del siglo XIX, de otros como el cabecilla carlista Luís Moreno, o del propio Ciges Aparicio, la historia local ha tenido momentos nada vulgares e incluso sorprendentes. Me refiero especialmente a la etapa de la Segunda República y Guerra Civil.

El siglo XIX, tan novedoso en muchos aspectos, no trajo grandes cambios a Quesada. Las desamortizaciones cambiaron el paisaje urbano, pero empeoraron problemas antiguos como el de la propiedad de la tierra. Tras la Revolución de 1868 y la fugaz Primera República, que fue el último sueño colectivo del siglo, llegó la Restauración borbónica con el objetivo principal de evitar nuevas aventuras.

La de aquellos años de la Restauración era la Quesada de la que hablaba Ciges en Villavieja. Una sociedad estática en la que no se valoraba el esfuerzo personal ni el colectivo, porque se pensaba que el mundo era como era y que resultaba absurdo cambiarlo.

Políticamente, todo estaba controlado. Los dos partidos dinásticos, conservador y liberal, se turnaban en el mando mediante unas elecciones formalmente democráticas y realmente amañadas. Detrás de ellos no había ideología alguna. Sus diferencias no eran políticas sino personales y de casino. Más que partidos eran grupos rivales, como equipos de fútbol, que fuera de algunos matices veían las cosas de la misma manera y que tenían un mismo objetivo: procurar que la rueda del mundo siguiera rodando en la dirección en que siempre lo había hecho.

De todas formas, durante la Restauración habían cambiado para bien algunas cosas, pero no muchas. En la plaza de la Villa, que ahora se llamaba del general Serrano, se había plantado el Jardín. El mercado, que hasta entonces se instalaba delante de la casa del Ayuntamiento, se trasladó al claustro del antiguo convento dominico. Las comunicaciones eran algo mejores, pero seguían siendo difíciles. El ferrocarril se había quedado lejos, las carreteras eran malas y su construcción se eternizaba. La de Tíscar, por ejemplo, todavía no llegaba a Pozo Alcón.

Desde 1901 se disponía de electricidad procedente del pequeño salto de Béjar. Pero el alumbrado público era escaso y las noches seguían siendo bastante oscuras. No había aún teléfono y el telégrafo funcionaba regular.

Es verdad que la expansión del cultivo del olivar había aumentado la producción agrícola y por tanto el trabajo disponible. Pero los habitantes también habían aumentado y en mayor medida. Como apenas existía emigración, la presión sobre los escasos recursos aumentó. En 1930 la proporción de trabajadores agrícolas sin tierra y que dependían únicamente de los jornales, era la misma que en el siglo XVIII: más del cuarenta por ciento de las familias del pueblo.

La educación tampoco había mejorado prácticamente en nada y llevaba un enorme retraso respecto a la media del país. El analfabetismo rondaba el 80%, y este nivel se había mantenido estable y sin ninguna mejora durante décadas.

Volviendo al ámbito nacional, el fracaso de la Dictadura de Primo de Rivera obligó al rey a restablecer la Constitución. Seguidamente se convocaron elecciones municipales para el domingo 12 de abril de 1931. Se pensaron como un paso previo a las elecciones generales y a la reapertura del Congreso.

Mientras el país hervía, aquí no se esperaba ningún cambio. No parece que hubiera una campaña electoral muy reñida, ni que se viviera el momento político con especial tensión. Al último pleno municipal de la Monarquía, el primero de abril, apenas asistieron 8 de los 15 concejales. Despacharon pequeños asuntos rutinarios y  administrativos.

A las elecciones del día 12 solo se presentaron en Quesada los partidos conservador y liberal. Todos los concejales elegidos fueron monárquicos, 12 conservadores y 5 liberales. Parecía como si el atormentado siglo XX quisiera pasar de largo sin detenerse en Quesada, un pueblo aparentemente al margen de la historia.

Pero no fue así, y aquel mes de abril trajo grandes cambios. El triunfo de las candidaturas republicanas en las ciudades y zonas industriales fue incontestable. Aquí cerca, en Linares, importante centro industrial y minero, la victoria republicana fue aplastante. Dos días después, el martes 14 de abril,  desde el balcón de Gobernación en la Puerta del Sol, se proclamaba por segunda vez en la historia la República Española.

Las celebraciones se extendieron por todo el país. Esa noche hubo manifestaciones en Jaén, en Linares, en Úbeda y aquí cerca, en Cazorla, donde ya existía el partido socialista y los republicanos consiguieron vencer al histórico Foronda. Seguramente en Quesada, si es que las hubo, las expresiones de alegría fueron individuales y de poca cuantía. Sin embargo, en pocos días cambiaron las cosas como no lo habían hecho en siglos.

La corporación monárquica quesadeña elegida el 12 de abril, no llegó a constituirse y se formó una comisión gestora municipal que preparó nuevas elecciones para finales de mayo. Su resultado fue completamente distinto. En el nuevo Ayuntamiento entró gente que nadie hubiera soñado jamás ver por allí. Gente que nunca había contado para nada en la política municipal.

No existía entonces en Quesada actividad política, partidos ni organizaciones sindicales. Hubo que improvisarlo todo en pocos días. Tomó la iniciativa la parte sindical. UGT fue la primera porque se lo permitía su gran implantación y fuerte estructura en la provincia. En aquellos primeros movimientos sindicales, fue donde nació la candidatura que triunfó en las municipales. Una candidatura más sindical que política, hecho que dará origen a una de las muchas particularidades de la Quesada republicana, que las organizaciones sindicales fueron las protagonistas y que los partidos, en general, vivieron a su sombra.

No hay mucha información de como fueron aquellos días de la primavera del 31, pero debieron ser muy distintos a lo acostumbrado. El 3 de mayo se produjeron incidentes en la Traída de la Virgen. En la Cruz, además de sonar la Marcha Real, una bandera monárquica presidió la procesión. Hubo cierto escándalo y protesta pero sin mayores consecuencias. Sin embargo, el suceso llegó a las páginas de periódicos madrileños como La Libertad, que acusó directamente al párroco Ángel Morán de provocar los incidentes, y de ser un seguidor radical del radical cardenal Segura.

Como decía, los primeros pasos políticos los dio UGT y en mayo de aquel año se repartieron sus primeros carnés. Pero no se creó una organización propia sino una sociedad obrera, denominada El Progreso, que agrupaba a trabajadores de todas las tendencias y sensibilidades. Se integraron en ella afiliados de UGT, pero también  de la CNT y otros independientes no afiliados. La derecha quesadeña, excepto una minoría monárquica extremista, se refugió en el viejo Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux.

Los grupos que convivían dentro de la sociedad obrera El Progreso, tenían visiones muy distintas de la acción sindical y política. Por un lado la socialista UGT, que participaba en el entramado institucional y en el Gobierno, donde su secretario general, Largo Caballero, era ministro de trabajo. De otro la anarcosindicalista CNT, que mantenía una oposición extrema y radical a la que llamaba "república burguesa". Sus huelgas y acciones tenían un carácter revolucionario que, por encima de reivindicaciones concretas, buscaban el advenimiento del comunismo libertario.

Desde 1931 y hasta 1939 hubo una nítida diferenciación entre las organizaciones sindicales quesadeñas. UGT estaba formada mayoritariamente por gente de oficios, que solían tener las necesidades básicas cubiertas y que dentro de su pobreza no pasaban hambre. Su tendencia incluso en los momentos más dramáticos fue hacia una relativa moderación. Por el contrario, se afiliaron a CNT los que dependían exclusivamente de un jornal. Un jornal que era escaso y que no se conseguía todos los días. Sus acciones fueron radicales y extremistas por necesidad. Su base social era la más numerosa en el pueblo y le dio una mayoría contundente.

El enfrentamiento entre socialistas y anarquistas dentro de El Progreso comenzó de inmediato. Para finales de septiembre de 1931 se puede decir que la sociedad unitaria había desaparecido, y que las dos centrales sindicales tenían vida independiente. Ese otoño los choques alcanzaron niveles de auténtica ferocidad. CNT trató como enemigos a sus antiguos compañeros de UGT. Y fueron correspondidos.

No dudaron los anarcosindicalistas, en su enfrentamiento con los socialistas, en juntarse incluso con elementos de la extrema derecha local. Fue el caso ocurrido en abril de 1932, cuando tres diputados socialistas hicieron una gira por la comarca. Coincidieron en el boicot anarquistas y monárquicos, reventando los actos de Huesa, Quesada y Peal. Solo en Cazorla, de donde era el diputado Lozano y donde tenía fuerza el partido socialista, consiguieron hablar, aunque en un ambiente de gran tensión.

Ni que decir tiene que UGT respondía a estos ataques con la fuerza que le daba su control del Ayuntamiento y la buena relación con otras instituciones oficiales, que siempre favorecieron a UGT y recelaron de los anarcosindicalistas.

En la CNT quesadeña de aquellos años hay dos características que la hacen muy singular. Una es su carácter mayoritario, la otra su conexión directa con los núcleos centrales del movimiento anarcosindicalista español.

Dentro de Andalucía, el valle del Guadalquivir era cenetista. La provincia de Jaén fue excepción y UGT predominaba incluso entre los jornaleros. En consecuencia, su estructura y medios eran muy potentes. Hubiera sido lo normal que esta fuerza de UGT se hubiera repetido en Quesada, pero por las razones que fuese, no sucedió así y CNT se impuso. Esta circunstancia también se dio en Peal, pero mucho menos en Cazorla, donde UGT tenía tradición y fuerza.

La otra particularidad que llama la atención en un pueblo tan aislado y perdido, fue que los anarquistas quesadeños tuvieron  una relación directa y estrecha con el movimiento anarcosindicalista general. Mauro Bajatierra, conocidísimo periodista y anarquista madrileño, a menudo se refirió en sus artículos a los asuntos quesadeños. Estuvo personalmente en Quesada y en 1932 dio un sonado mitin en el patio del antiguo convento. El propio Mauro  lo contó en la primera página del diario "La Tierra".

Pero lo más llamativo fue la atención que el semanario anarquista barcelonés, El Luchador, dedicó a Quesada. Estaba dirigido por Federico Urales, padre de Federica Montseny y uno de los referentes anarquistas del momento. En Quesada tuvo un corresponsal que escribía frecuentemente sobre la situación y los sucesos locales. Se hizo eco, por ejemplo, de los graves enfrentamientos de diciembre de 1931, de la huelga revolucionaria de diciembre de 1932 y del avance del laicismo y los matrimonios civiles, regodeándose con el consiguiente disgusto del párroco Morán.


El anarquismo quesadeño no fue simplemente un  movimiento desesperado contra el hambre, sino que estuvo muy ideologizado, tanto por sus contactos exteriores como por la labor de sus propios dirigentes locales. Fueron sus ideólogos Manuel Salas y José Tíscar, quienes, según el Luchador, por las noches  daban charlas políticas y culturales en el local de la CNT, actual bar Tirol.

Gracias al enfrentamiento UGT-CNT y a las acciones y huelgas revolucionarias, el primer bienio de la República fue extraordinariamente movido en nuestro pueblo. Su nombre aparecía continuamente en la prensa nacional. Tan frecuente y conocido llegó a ser que cuando en el verano del 32 hubo disturbios en “Quesa”, provincia de Valencia, la prensa madrileña los atribuyó casi unánimemente a Quesada, nombre que les debía resultar más familiar. Esta fama fue otra particularidad de aquellos años. Nunca antes y nunca después tuvo tal protagonismo periodístico el pueblo.

La causa de este protagonismo estaba en la enorme conflictividad social. El paro obrero era un problema terrible. Gran cantidad de familias dependían exclusivamente de los pocos y mal pagados jornales. Bastantes meses al año las faenas del campo apenas daban trabajo. Las sequías que mermaban las cosechas y los temporales que interrumpían la aceituna, hacían que los jornales nunca fueran seguros y casi nunca suficientes.

Para aliviar la situación del campo andaluz se promulgaron los llamados "Decretos Agrarios", pensados para aumentar el número de jornales y repartirlos con equidad. También se fomentaron las obras públicas. En 1931 se dispuso que un 10% de lo recaudado por las contribuciones rústicas y urbanas, se destinase a obras municipales. Gracias a estas obras de “la décima”, cuando se ensanchaba  el Paseo de Santa María, se encontró la Estela Discoidea, hoy en día en el museo de Jaén. Con el mismo objetivo, el Ministerio de Fomento aceleró inversiones como la carretera de Cazorla, iniciada entonces, o la de Huesa, construida entre 1933 y 36.

Estas medidas aliviaban momentáneamente el problema pero no lo resolvían. Porque su origen estaba en la desequilibrada estructura de la propiedad de la tierra. Para atajarlo se había iniciado la reforma agraria, proyecto de gran complejidad técnica y social. El desfase entre los resultados a medio y largo plazo de la reforma  y la urgencia de las necesidades inmediatas, ocasionó una conflictividad social extrema en el campo andaluz... En Quesada especialmente.  En una entrevista al diario El Sol en enero de 1932, el gobernador civil de Jaén, Martín de Villodres, citó expresamente a Quesada, Peal y Arjona como los pueblos conflictivos de la provincia.

En el otoño de 1933 las derechas ganaron las elecciones. No sucedió porque votaran por primera vez las mujeres como dijeron algunos, sino porque el sistema electoral mayoritario castigó la desunión en  candidaturas independientes de republicanos y socialistas. En Quesada, donde también ganó la derecha, durante unos meses convivieron el Ayuntamiento, presidido por el socialista Antonio Serrano Linares, y los gobernadores civiles conservadores del Partido Radical. La convivencia duró poco porque, tras una dura campaña en contra, en el mes de mayo de 1934, el gobernador civil, alegando razones  administrativas, cesó al alcalde y concejales izquierdistas. Los sustituyó por personas que habían participado en los anteriores ayuntamientos monárquicos y por otros afines al Partido Radical.

Simultáneamente a estos cambios, se produjo un gran declive en el movimiento sindical, que sufrió especialmente CNT. Como consecuencia disminuyó mucho la conflictividad. Las causas no están muy claras. La decadencia sindical pudo originarse por los vientos conservadores traídos por el cambio político, pero también pudo deberse a la fuerte represión antisindical, que CNT sufría ya con anterioridad al cambio de mayoría parlamentaria.

Fuera como fuera, en 1934 parecía que habían vuelto los viejos tiempos. Pensarían algunos que todo lo vivido los tres años anteriores había sido una pesadilla de la que por fin estaban despertado. Pensarían otros que el sueño había sido nada más que eso, un sueño, y que el mundo había vuelto a ser lo que siempre había sido. Muchos olvidaron o rompieron su carné sindical y Quesada desapareció de la prensa. Nunca volvió a tener el protagonismo de estos años.

Desde la proclamación de la República se habían producido algunos avances en Quesada. En materia de comunicaciones se terminó el viaducto del Turrilla, en Hinojares, que completaba la carretera hasta Pozo Alcón. Además, y como antes he dicho, se construyó la carretera de Huesa y se inició la de Cazorla. En 1932 llegó el teléfono y también lo hizo la radio, en parte de la mano de la FEDA, que tenía la representación exclusiva para la comarca de los conocidos aparatos alemanes "Punto Azul".

Fuerzas Económicas de Andalucía S.A., la FEDA, fue creada en 1933 con sede social en Quesada, plaza de la República 22, debajo de la fonda La Moderna. En 1934 construyó la central hidroeléctrica del Barranco de la Canal que entró en servicio los primeros días de 1935. Esta obra, que hoy nos puede parecer poca cosa, tuvo en su momento un gran impacto en toda la comarca. Multiplicó y regularizó el suministro de energía, mejorando el alumbrado público y favoreciendo la electrificación de buena parte de los molinos de aceite, cuya producción aumentaba al tiempo que la expansión del olivar.

Los avances económicos, que existieron, no fueron sin embargo suficientes para resolver los gravísimos problemas sociales que se arrastraban puede decirse que desde siempre.

Más eficaz fue la política de mejora de la educación. Entre 1930 y 1940 el analfabetismo bajó 16 puntos, más del doble que en los sesenta años anteriores. Entre los hombres la reducción fue aún mayor y por primera vez bajó del 50%. En esta materia los avances sí fueron importantes y rápidos.

Desde 1931, la Inspección Provincial de Enseñanza presionó al Ayuntamiento para la creación de nuevas escuelas. La pésima situación financiera municipal dificultó la tarea que no se materializó, con timidez, hasta el curso 1932-33.

Fruto de la prioridad que ahora se daba a la educación pública, en 1936 se aprobó un amplio proyecto de construcción de escuelas. Consistía en dos grupos, uno en el solar de la antigua ermita y cementerio de Madre de Dios y otro en las Eras de la Tercia. En total constarían de 12 aulas, 2 bibliotecas, una cantina y una vivienda para conserje. Además, se construirían 12 viviendas para maestros en la plaza de Santa Catalina, donde bastante después se levantó el primer Museo Zabaleta. La subvención aprobada por el Ministerio fue de 252.000 ptas., seguramente la mayor inversión pública de la historia de Quesada. 6 días después de que la Gaceta de Madrid publicase la resolución del Ministerio de Instrucción Pública, se produjo el golpe militar que provocó la guerra. El proyecto se abandonó por fuerza mayor.

También por aquellos años Rafael Zabaleta, recién terminados sus estudios de Bellas Artes, expuso por primera vez su obra. Lo hizo  en la muestra colectiva del sindicato universitario republicano FUE, que se celebró en febrero de 1932 en el Museo de Arte Moderno de Madrid. Tres años después, en "El Adelantado de Cazorla", como ilustración de los capítulos correspondientes a Quesada, publicó un dibujo del jardín visto desde las ventanas de las escuelas, junto a la Torre del Reloj. Fue la primera versión conocida de la larga serie que dedicó al jardín y plaza.

El bienio 1934 y 35 fue relativamente tranquilo en Quesada. Pero bajo aquella calma aparente rugía un volcán social a punto de explotar. A las elecciones de febrero de 1936 se presentaron dos grandes bloques; uno el de la derecha agrupada en torno a la CEDA; otro el Frente Popular, la antigua coalición republicano-socialista en la que, por imposición  de Largo Caballero, se incluyó al pequeño Partido Comunista.

En  Quesada la campaña electoral fue intensa. Hubo una gran movilización, mítines de unos y otros, carteles y propaganda, también algún altercado. Las centrales sindicales resurgieron. Especialmente CNT. Muchos que habían abandonado el sindicato se afiliaron de nuevo y la organización volvió a ser la más fuerte y con mayor número de afiliados.  Con mucha diferencia. En el congreso de CNT de Zaragoza, en mayo de 1936, Quesada representaba a 1.130 afiliados, un porcentaje altísimo sobre el total de población. Por comparar, en ese mismo congreso los delegados de Linares representaban a 480 afiliados.

Las elecciones dieron protagonismo a dos nuevos grupos políticos de muy distinto signo. Uno es bien conocido, Falange, el equivalente español  de los fascismos europeos de la época. El otro Unión Republicana. Su origen estuvo en la escisión de sectores centristas del Partido Republicano Radical a los que se sumó parte del Radical Socialista. Nunca dejó de ser un pequeño grupo, siempre estuvo por detrás del gran partido republicano de Azaña. No obstante en Quesada, de nuevo otra particularidad, Izquierda Republicana no existió y fue Unión Republicana quien ocupó su lugar.

Unión Republicana no fue un partido de izquierdas pero sí decididamente republicano y democrático. Por su alianza con el partido de Azaña acabó formando parte del Frente Popular. Esta fue la razón por la cual algunas personas tan poco radicales como Juan Arroquia se vieron arrastrados al exilio. Arroquia fue presidente local y luego provincial de Unión Republicana. Nombrado en 1937 Director General de Correos, durante su mandato se creó la tarjeta postal de campaña, ampliamente utilizada en los frentes.

La tarde del 17 de julio de 1936 se escucharon en Melilla los primeros disparos de una sublevación militar que en pocos días se extendió por la Península. La comandancia de la Guardia Civil de Jaén, que tuvo una actuación bastante indecisa y ambigua, ordenó que los destacamentos de los pueblos se concentraran en las principales localidades. Obedeciendo la orden, la Guardia Civil de Quesada abandonó apresuradamente el cuartel, para dirigirse a Úbeda, al mediodía del domingo 19 de julio.

Por su parte, y siguiendo las instrucciones y consignas de sus direcciones nacionales y provinciales, la CNT quesadeña secundada por UGT, se lanzó a la calle con el objetivo de desarmar y detener a los posibles partidarios del golpe militar.

Sin fuerza pública que lo pudiera mantener, en cuestión de horas desapareció el orden republicano.

Aquel verano hubo vandalismo iconoclasta, odios de clase, venganzas y atropellos. Sin embargo y comparado con lo sucedido en la provincia y en otros lugares cercanos, el nivel de violencia fue  relativamente bajo. Pero no obstante se produjeron nueve asesinatos. Siete de ellos el 23 de septiembre y atribuibles no a la iniciativa local, sino a un grupo miliciano de paso.

Quesada quedó en la retaguardia, relativamente lejos de todos los frentes. La crisis del verano del 36 no se vivió aquí como el inicio de una guerra sino como el de una revolución. CNT y UGT se lanzaron a la colectivización completa, no solo de la tierra sino también del comercio, de las fábricas de aceite y de otras empresas como la FEDA.

Durante los primeros meses quien mandaba en Quesada fueron las milicias revolucionarias anarquistas. El Ayuntamiento quedó en un segundo plano, siendo sustituido en la práctica por el Comité del Frente Popular, controlado por los sindicatos y con mayoría de CNT.  

Duró poco la etapa revolucionaria. En enero de 1937 se crearon los consejos municipales que sustituían a los ayuntamientos. Su objetivo era reconducir la caótica proliferación de comités locales y recuperar para el Gobierno el control de la situación. En Quesada el primer Consejo Municipal de enero de 1937, estuvo integrado por  CNT, UGT y Unión Republicana. Fue presidido por el ugetista Ramón Segura Úbeda, veterano de los ayuntamientos republicanos desde 1931.

En la práctica, la creación del Consejo Municipal supuso el fin de la etapa revolucionaria, el lento regreso de las estructuras estatales y de una cierta normalidad republicana. Supuso también la pérdida de protagonismo de CNT y el ascenso de UGT. En la primavera de 1937 llegó a Quesada un destacamento de guardias de Asalto. Era la primera fuerza pública instalada en el pueblo desde julio del 36. Su presencia subrayaba la recuperación del control por el Gobierno. Más o menos por esas fechas se devolvieron a sus propietarios los comercios incautados y existen indicios de una marcha atrás en la colectivización de tierras mediante el reparto de parcelas para su cultivo individual.

A la vez que se recuperaba cierta normalidad y tranquilidad, comenzaron a sentirse los primeros efectos reales de la guerra, las dificultades de abastecimiento, los primeros muertos en el frente, la movilización forzosa de gente en edades cada vez más extremas.

Han desaparecido casi todos los protagonistas de aquellos años y se han llevado sus recuerdos con ellos. Para el historiador es una pérdida grande porque, como ya ha comentado Luis, la historia oral es fundamental. Sobre todo para la pequeña historia local y para la biografía de la gente sencilla, cuya vida rara vez llega a los documentos. Aún se está a tiempo de conservar algo y algo se debería hacer.

El tiempo, que perjudica a la memoria, ha traído también ventajas tecnológicas. Desde la aparición de internet se han digitalizado progresivamente miles de documentos de archivos públicos y privados. Especialmente destacable en esta materia es el trabajo que viene realizando el Instituto de Estudios Giennenses. Está  digitalizando buena parte de los fondos del Archivo Militar de Sevilla, que contienen los procesos sumarísimos de posguerra y mucha información sobre las personas afectadas y los hechos en los que participaron

Otros archivos como el Nacional o el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, también han dado acceso a parte de sus fondos en el portal de archivos españoles. Igualmente ha ocurrido con la aparición de hemerotecas virtuales, como la de  Biblioteca Nacional o la del Ministerio de Cultura.

La ventaja de poder acceder a los documentos sin salir de casa es enorme. Me hubiera sido imposible abordar esta investigación si hubiera tenido que desplazarme personalmente a Salamanca, a Sevilla o a la Biblioteca Nacional de Madrid.

He trabajado también con otras fuentes como son el Legado Carriazo de la Universidad de Sevilla o la documentación sobre FEDA que custodia la Fundación Endesa en Barcelona. Pero entre todas las fuentes hay que destacar el archivo municipal de Quesada.

Salvado de la destrucción en 1938 por Juan de Mata Carriazo y recientemente reorganizado, es un archivo extenso y completo. Cuenta con auténticas joyas que emociona tener en la mano, como es el caso del monumental cuaderno del Catastro de Ensenada, que describe, parcela a parcela, todo el término municipal a mediados del siglo XVIII.

Aunque el archivo municipal no está digitalizado, tenemos la ventaja de que para estudiarlo no hay que desplazarse y que siempre se cuenta con la amabilidad del Ayuntamiento y sus funcionarias.

Esta historia de la Segunda República en Quesada que hoy presento, abarca desde los últimos años del reinado de Alfonso XIII hasta la tarde del 17 de julio de 1936. Queda pendiente de publicar la Guerra Civil y la primera posguerra.

Un trabajo como este exige un proceso de investigación y exposición minucioso y lento. Por eso he preferido dividir y dar a conocer ya, la parte del trabajo realizado, referida a los años de la República anteriores a la Guerra Civil, que en Quesada fueron bien interesantes y, a veces, sorprendentes.

Finalmente, me gustaría añadir que un tema como este, que tiene tantas aristas, necesita un enfoque riguroso y atento. No existe la objetividad pero sí la documentación y el método.

He buscado los hechos y he procurado entenderlos y explicarlos. He intentado alejarme lo que he podido del chisme social. A menudo he evitado los nombres propios, siempre que he creído que no añadían mucho a la comprensión del proceso histórico. Tampoco he querido juzgar ni sentenciar a nada ni a nadie. Hubiera  sido tarea absurda e inútil 90 años después.

En Quesada, como en el resto del país, la República llegó agotada a su final. Marzo de 1939 fue un mes de carreteras llenas de soldados harapientos, que volvían derrotados a sus pueblos. El día 28 las tropas franquistas ocuparon Madrid, y esa misma noche dejó de existir, en la práctica, el Ayuntamiento republicano de Quesada.

Oficialmente la Guerra terminó el primero de abril. Pero  Quesada se mantuvo en tierra de nadie unos días hasta ser ocupado, el día 4, por el 6º batallón del Regimiento de Infantería de Granada. De inmediato comenzaron las detenciones y las tropas ocupantes habilitaron como cárcel la iglesia del Hospital. Todos los que habían servido, voluntarios o forzosos, en el Ejército Popular de la República, fueron enviados al campo de concentración de Higuera y Santiago de Calatrava. Aquel verano se pusieron en marcha los juicios militares sumarísimos. Las condiciones que vivían los presos en las cárceles fueron terribles y algunos no llegaron vivos al consejo de guerra. En septiembre de 1940 se fusiló al primer quesadeño en las tapias del cementerio de San Eufrasio de Jaén.

Desde los primeros días de la ocupación, los vencedores se dedicaron a borrar cualquier recuerdo y vestigio de la República. Arrancaron en los sellos de caucho del Ayuntamiento el escudo republicano, y con rayas enérgicas lo tacharon de los impresos oficiales. Quesada y toda España entraron en tiempos de Viernes Santo permanente. Desde entonces, el olvido público fue casi total y el resultado, que la República nunca existió.



Muchas gracias



INDICE GENERAL

PRIMERA PARTE: LA SEGUNDA REPÚBLICA EN QUESADA


  
0.-    INTRODUCCIÓN

1.-    QUESADA EN EL AÑO 30
1.1.- Saliendo de la Monarquía y de la Dictadura.
1.2.- Una situación explosiva. La sociedad de Villavieja.

2.-    PROCLAMACIÓN DE LA REPÚBLICA
2.1.- Las elecciones de abril.
2.2.- El ayuntamiento que abre una nueva época.
2.3.- Los primeros pasos del nuevo sindicalismo. La Verdad.

3.-    EL CONFLICTO SOCIAL. BIENIO 31-32
3.1.- Los meses de otoño y los primeros conflictos sociales.
3.2.- la campaña de la aceituna 31-32. Comité arbitral aceitunero.
3.3.- Los sucesos de diciembre.
3.4.- Mundos paralelos.
3.5.- La crisis social y política que no cesa.
3.6.- La primavera de 1932.
3.7.- Nuevo alcalde y huelga de segadores.
3.8.- El verano del año 32.
3.9.- Nueva campaña de la aceituna.

4.-    RESTAURACION BURGUESA
4.1.- Hacia las nuevas elecciones.
4.2.- El comunista Bullejos.
4.3.- La derecha al poder, convivencia en el ayuntamiento.
4.4.- El fin del ayuntamiento socialista.
4.5.- El Bienio Conservador: 1934.
4.6.- El Bienio Conservador: 1935.
4.7.- Quesada en 1935 vista por sus contemporáneos.
4.8.- Sindicatos y partidos.
4.9.- Unión Republicana.

5.-    1936
5.1.- Elecciones de febrero.
5.2.- Una nueva normalidad republicana.

6.- CRONOLOGÍA GENERAL.

7.- GLOSARIO DE PARTIDOS POLÍTICOS EN LA SEGUNDA         REPÚBLICA.

8.- BIBLIOGRAFÍA Y ENLACES.

9.- INDICE DE MICROBIOGRAFIAS.




4 comentarios:

  1. Es la primera vez que leo algo sobre historia de quesada, que llame mi atención. Siempre he pensado que los voz y pensamiento de Quesada la mantenía oculta, que los Quesadeños se acostumbraron a callar, que no le permitían abrir la boca aun, supuestamente, existiendo la libertad de expresión.. Parece o me lo parece a mí, qué la única historia que tiene Quesada, y que haya tenido, a sido, la aparición de la virgen en la Cueva del agua, las fiestas y los trajes de las señoras en dichos días. Pienso y creo que aun hay mucho miedo y poca valentía, mucha pandereta y poca historia. Perdoné mi atrevimiento, junto con mis faltas.

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    1. Muchas gracias Carmen, me halaga que le haya gustado y le sea útil

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  2. Enhorabuena, Vicente Ortiz. Conocía tu labor investigadora a través de este blog, así como mediante el amigo J. Antonio García-Márquez de la recientísma presentación del libro "Quesada Republicana". Aunque debo leerlo con atención, te felicito de antemano por este trabajo que saca a la luz una etapa amordazada durante décadas en nuestros pueblos.

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    1. Muchas gracias Juan. Todos los elogios se valoran pero quizás más la de "compañeros del gremio". Conozco tu blog. llegué a él a través de la entrada que dedicaste a los refugiados, que me interesó mucho para hacerme una idea de como funcionaba la cosa pues en Quesada de ese asunto concreto queda poca información, apenas testimonios orales. Muchas gracias

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