sábado, 11 de mayo de 2019

DESAPARICIÓN DE LA VIRGEN DE TÍSCAR. Julio de 1936





Esta entrada es un adelanto de la segunda parte de "Quesada Republicana" que tratará de la Guerra Civil en Quesada.

JULIO de 1936.

La tarde del 17 de julio de 1936 se inició en Melilla un golpe militar que desencadenó la Guerra Civil. Los días siguientes fueron caóticos. En la provincia de Jaén, que permaneció leal a la República, el hundimiento del gobierno y del poder del Estado fue absoluto. El 19 de julio la Guardia Civil de toda la provincia recibió la orden de abandonar sus pueblos para concentrarse en algunos puntos principales. Ese domingo al mediodía los guardias de Quesada,  con sus familias, salieron del cuartel camino de Úbeda. Quesada quedaba sin fuerza pública y los sindicatos y partidos del Frente Popular, encabezados por la anarcosindicalista CNT tomaron el control del pueblo. Siguiendo las instrucciones de sus dirigentes provinciales, de inmediato se lanzaron a detener a las personas sospechosas de unirse al levantamiento militar, localizando e incautando cualquier arma de la que dispusieran.

Desde abril de 1931 el párroco Ángel Morán se había distinguido por su abierto rechazo y oposición a la República. Se le tenía por cabeza de cualquier conspiración y circulaban fantasiosas noticias sobre reuniones nocturnas en las que se preparaba la rebelión repartiendo armas. Por este motivo, los días 21 y 22 de julio, se realizaron registros en la casa rectoral y en la parroquia que resultaron infructuosos. La mañana del día 22 y ante el cariz que tomaban los acontecimientos, con "medio pueblo" concentrado y gritando amenazas en la Lonja, el párroco Morán, su hermana Visitación y el coadjutor Antonio Ballesteros fueron conducidos a la fonda La Moderna, junto al Ayuntamiento. Dos días después ambos curas fueron detenidos e ingresados en el arresto municipal de donde saldrían el 2 de agosto camino de Jaén.

Hasta esa mañana del día 22 en que el párroco Morán fue conducido a la fonda, la parroquia y casa rectoral sufrieron registros a la búsqueda de armas pero no destrucciones ni daños. Lo confirma el propio Morán en una de las varias denuncias que en mayo de 1939 presentó a la policía militar de las tropas de ocupación.[1] Cuando la noche del 31 de julio el cura fue sacado de la cárcel para un nuevo registro de la casa parroquial, ya se había producido la destrucción de imágenes y otros destrozos.[2] Los objetos de valor, de culto u ornato de imágenes, fueron incautados por la “nueva autoridad” (Junta Administrativa) y recuperados en su totalidad en 1939.[3]

El “asalto” a la parroquia y la furia iconoclasta y anticlerical desatada durante esos días, que también afectó al santuario de Tíscar y ermita de San Sebastián, se produjo de forma más o menos simultanea a hechos parecidos en prácticamente todos los pueblos de la provincia y casi de toda la zona que quedó en poder del gobierno republicano. En general implicaron un elevado grado de violencia que, en Quesada, donde no hubo ningún daño personal durante estos primeros acontecimientos, puede considerarse menor.

Los daños artísticos sufridos, siempre dejando al margen el valor sentimental y religioso, no fueron importantes. Según informe del alcalde para la Causa General en 1942, las pérdidas artísticas en el pueblo durante la “dominación roja”, incluían “destrucción de imágenes, muebles y algunas bibliotecas particulares. Todo de escaso valor artístico”, también “algunos libros de pergamino del archivo parroquial”. Sólo destaca que en la iglesia del Hospital “existía un Cristo de la Expiración atribuido a Montañés” y en Tíscar una “tabla de la Virgen del siglo XV de autor anónimo”[4]

Juan de Mata Carriazo en "Don Lope de Sosa" sobre
la "Tabla de Tíscar"

Quizás la pérdida más significativa fue la destrucción del archivo parroquial. Estaba constituido por libros grandes y aparatosos en los que se anotaban bautizos, defunciones y matrimonios. Como las propias imágenes, eran símbolos un poco exotéricos del poder eclesiástico y sufrieron la misma furia que estas. Con su destrucción se perdió para siempre toda la información que contenían. La perdida resulta irreparable para años anteriores a la creación del registro Civil en 1870. No existe forma de conocer quién y cuándo nació o murió en Quesada con anterioridad a esa fecha. También habría que mencionar en el capítulo de desgracias que con la quema de pinturas en los templos seguramente se perdieron las de Isidoro Bello, pintor quesadeño de temas religiosos del siglo XIX. Al margen de su valor artístico, que no sería excepcional, fue en cualquier caso una perdida patrimonial indudable.

Otros edificios también sufrieron el arrebato iconoclasta. La iglesia del Hospital, según el citado informe de la alcaldía,  el día 28 de julio fue “saqueada y se destruyó todo cuanto en ella había relativo al culto católico”. La ermita de San Sebastián también sufrió ataques en aquellos primeros días. La imagen del Santo y el altar se destruyeron a golpe de hacha. Una vecina que vivía en un cortijo cercano fue acusada de utilizar los restos de la imagen para encender fuego y guisar.[5] La iglesia del convento dominico llevaba abandonada y en ruina desde finales de los años veinte. No obstante su retablo, que se había trasladado a la parroquia tras el desalojo de la iglesia, sí fue destruido aprovechando su madera como leña.[6]

El santuario de Tíscar fue asaltado a finales del mes de julio.[7] Por aquellos días milicianos de Belerda montaban guardia en la carretera por debajo del santuario. Como en Quesada, el control de la situación estaba en manos de CNT. Un día se presentaron montados en un cochecuatro individuos armados de escopetas”. Todos los testigos señalaron que procedían de Peal de Becerro. Actuando como agitadores convencieron a los milicianos, al Comité local del Frente Popular de Belerda, de que era necesario, al igual que se había hecho en Quesada y en tantos otros lugares, tomar posesión del santuario y proceder a la quema de imágenes y demás símbolos religiosos.

Se encendió una hoguera a la que se arrojaron las imágenes “quemándolas en el centro de la plaza «con gran gozo».” Además ardieron “libros y otras ropas”. Los libros eran los del registro parroquial. Entre los cuadros perdidos  seguramente estaba la talla de la Virgen, donación de Laureano Delgado, citada en el informe de la alcaldía para la Causa General. No se destruyó, al igual que en Quesada, el mobiliario.[8] Al menos parte de él fue subastado en Belerda por el Comité local. También se aprovecharon losas del santuario   que se reutilizaron para el suelo del local de CNT en Belerda.[9]

Seguramente llame la atención que hasta este momento no haya aparecido por ninguna parte la Virgen. En aquel mes de julio se encontraba como de costumbre en el altar mayor de la parroquia.

Foto I.E.G. Hacia 1900


La desaparición de la Virgen de Tíscar.

De boca en boca se ha transmitido la versión de que la imagen de la Virgen de Tíscar fue “arrojada por los rojos” al río Guadiana Menor. Concretamente desde el puente que lo cruza a la altura de la sierra de las Cabras, camino de los Propios y de la Estación de Quesada, a 18 km. del pueblo, por una carretera estrecha y tortuosa que hasta hace muy pocos años no estaba asfaltada. Es lo que todo el mundo ha oído y que da por bueno.

Al analizar los documentos relacionados con la Guerra Civil en Quesada, los procedentes de la Causa General, de procesos militares de posguerra, etc… llama la atención la falta de protagonismo de la Virgen cuando se tratan los sucesos ocurridos en la parroquia. No conozco ningún documento que se refiera expresamente a la desaparición de la Virgen de Tíscar. Ninguno explica cuándo ni qué fue lo que pasó, a ninguna persona se acusa de haber destruido o arrojado al río la imagen; es como si la Virgen no existiera. Se habla en los documentos de una genérica destrucción de imágenes, como si todos los “santos” fueran “iguales.”

A la mujer que usó para guisar los trozos de madera de San Sebastián se la procesó y condenó a pena de cárcel.[10] También se denunció y procesó, condenándolo a 15 años, a uno de los implicados en la destrucción “de la imagen de Nuestro Padre Jesús que existía en la iglesia Parroquial”, un santo completamente menor.[11] Por el contrario, no sabemos quién estuvo implicado en el asunto de la “Virgen”, y nadie (que yo sepa) fue condenado por ello. Apenas hay alguna referencia hecha como al paso, como algo de poca importancia.

El párroco Morán en sus denuncias de mayo del 39, al referirse a las tensiones políticas de los primeros años republicanos, sí le da a la Virgen el protagonismo esperable. Cuenta que “cuando la república iluminó su infancia con la quema de conventos (…) el pueblo de Quesada, aun no emponzoñado por el veneno marxista, organizó una guardia nocturna para su Virgen de Tíscar, su Iglesia y su Párroco”.[12] Pero al referirse en otras denuncias al verano de 1936, cuando los temores ya se habían confirmaron y el daño era real no la menciona. Podría decirse que no dice nada porque él estaba ya preso y no fue testigo de los sucesos. Pero esa no es la razón, en muchos otros casos no se privó de hablar “por referencias”, por lo que le habían contado, aunque eso colocara al acusado ante el pelotón.

Como sabe quien conozca algo Quesada, la Virgen de Tíscar no es cualquier cosa. No lo es ahora y mucho menos lo era en 1936. Sigue siendo, entonces mucho más, una fuerza telúrica, una especie de deidad ancestral muy por encima de la Iglesia, de sus sacerdotes y de los santos… La escena de su destrucción, si se hubiese dado como tal, podríamos imaginarla como bíblica, un ataque al mundo superior que dejaría, de por vida, marcada la memoria de sus autores y de quien hubiera sido testigo. Por eso es tan llamativo el silencio de la documentación, que se ignore el cómo, cuándo y quién de semejante suceso. Llegó un momento en que pensé que quizás nunca se produjo la destrucción de la imagen. En cualquier caso, como no existe "cadáver", uso desaparición y no destrucción.[13]

La versión del río Guadiana no es fácil de encontrar en las fuentes escritas. Jiménez Tíscar, en una especie de segunda versión de la Novela de Tíscar que escribió en 1962, dice: "Cual manada de crueles lobos con su presa en las rojas fauces, así, corren, descienden espoleados por su satánica locura a sepultar en las profundidades del río Guadiana la adorada Imagen, la Santísima Virgen de Tíscar".[14] Eloy Revueltas, en su biografía, también habla del río: “tiraron a la Virgen por el puente”[15] Y escrito y firmado, hay poca cosa más. Carriazo, en su hermoso prólogo a la segunda edición de “Pedro Hidalgo o el Castillo de Tíscar”, pasa de puntillas sobre el tema: "la imagen recientemente perdida".[16] Hay otras versiones que no hablan del Guadiana y que solo se refieren a su destrucción. En el programa de ferias de 1940 se habla de la destrucción “a hachazos en el otoño de 1936 (…) de la pura Virgencica morena..."[17]

Lo que se sabe cierto es que la actual imagen es obra de Jacinto Higueras, hecha en el año 1940. También sabemos que se conservaron coronas, alhajas, mantos, tronos... de manera que solo se perdió la imagen. El aspecto general de "la nueva" era muy similar y no obstante fue necesario darle un buen impulso “propagandístico” para traspasar la devoción de una a otra. Es con esa intención con la que se debe entender (en 1945, tiempos de tanta escasez) el lujo y gasto empleados en la reedición de la popularmente llamada “Novela de Tíscar”. Lo mismo cabe decir para los viajes por los pueblos de la comarca que se organizaron en 1949 e incluso la coronación canónica de los años cincuenta a la que incluso acudió el NODO. Se intentaba establecer un paralelismo entre moros y rojos, comparando la legendaria destrucción de la imagen por Mohamed Andón, alcalde de Tíscar y la destrucción de 1936, de manera que esta fuera la segunda milagrosa recuperación. En los primeros años cuarenta se imprimieron unos folios o papel de carta que tenían a modo de cabecera una foto de la Virgen antigua. El pie de la foto dice: "La sagrada imagen que trajera a nuestra tierra San Eufrasio en el año 35 de la Era cristiana, la que fue destrozada por los moros y arrojada a la “Cueva del Agua”, la que fue reconstruida por artífices cordobeses, fue totalmente destruida por las hordas rojas en el año 1936. El fervor del pueblo de Quesada y las manos de un insigne artista paisano nuestro, hicieron el milagro de volver al santuario cercano a la “Peña Negra”, la venerada imagen de la Virgen de Tíscar."

A pesar de la falta de testigos y documentación, creo que se puede elaborar un relato razonable y aproximado sobre lo que pudo suceder, un relato que además tendrá, como no podía ser menos en aquel verano de 1936, implicaciones políticas e ideológicas que ayudarán de paso a entender cómo fueron en Quesada aquellos días.

Hay dos puntos de partida necesarios para entender esta reconstrucción: las características físicas de la imagen y el hecho documentado de que no se perdieron ni alhajas ni ornamentos.

Según Juan de Mata Carriazo, que la vio completa, la imagen "antigua" era "una talla de los últimos tiempos de la Edad Media, o del siglo XVI... Siguiendo la moda de los siglos XVII y XVIII y como sucedió con tantas otras imágenes, la talla se mutiló para poder vestirla.”[18] Existe una impactante fotografía de la Virgen “desvestida” realizada por Carriazo en los años veinte. Tiene cercenados los brazos, sustituidos por extensiones postizas y flexibles pensadas para mostrar solo las manos. De cintura para abajo, aunque en la foto no se aprecian demasiado los detalles, recortes y mutilaciones. De la cabeza sobresale un tornillo para las coronas. Los pies, inexistentes, se sustituyen por una tosca peana de madera sin labrar que le da al conjunto la altura necesaria. Tiene la talla pechos y una cintura ajustada, no parece el torso de una virgen. Esta fotografía es fundamental: desvestida era completamente irreconocible y parecía cualquier cosa menos la Virgen de Tíscar. Quedaba reducida, en el mejor de los casos, a un santo cualquiera, otra imagen más.[19] 

Como hemos visto anteriormente, nada más producirse el golpe militar se sucedieron una serie de registros en la casa parroquial y en la propia iglesia. Culminaron con el traslado de párroco y coadjutor a la fonda del jardín la mañana del día 22 de julio. Hasta ese momento el templo solo había sufrido registros, no destrucciones ni daños, que hubiera mencionado Morán en sus denuncias. En una de ellas se adjunta un documento visto anteriormente, dirigido al "Sr Presidente del Frente Popular" por "el Comité de defensa del Sindicato de Oficios Varios La Verdad", es decir CNT. [20] Se informa al Presidente del Frente Popular que estando reunido en sesión permanente el comité de la Verdad "ha tenido a bien disponer" (entre otras cosas):

"2º Que todo lo que falta por recoger de la virgen como joyas o otras «alajas» que sean recogidas inmediatamente por ese Frente Popular y al mismo tiempo que se nombre una comisión para que intervenga en todo lo que afecta a la virgen."[21]

El documento, aunque no está fechado, debe ser del día 30 o 31 de julio, pues se mencionan los catálogos de munición encontrados al cura y se "ordena" trasladarlo a la parroquia a fin de continuar el registro. Y esto sucedió la noche del día 31. Para el tema que nos ocupa hay que fijarse primero en la importancia que, como cualquiera podría imaginar, tenía y se le dio a la Virgen. Era un tema especial y al efecto se creó una comisión específica.  Por otro lado, se ordenó a "ese Frente Popular" que se recogiera inmediatamente "lo que falta por recoger" de "joyas y otras «alajas»".

Principios de siglo XX. Fotógrafo ambulante

Y es que, efectivamente, ya se habían retirado anteriormente esos efectos de valor. Esto se hizo rápidamente una vez desalojado el cura y “ocupada” la parroquia. Se retiraron los objetos de valor por alguien de la recién creada Junta Administrativa, uno de los muchos comités que se crearon y cuya función era custodiar y administrar los bienes muebles e inmuebles que se fueran incautando durante el proceso. Se hizo cargo de ellas, en su calidad de presidente de la citada Junta, Juan de Mata Vílchez.[22] Estos enseres y ornamentos no se destruyeron ni mucho menos se robaron por nadie. La prueba es que se conservaron todos y que, en su consejo de guerra, se acusó a Juan de Mata de "hacerse cargo" de ellos, pero no de haberlos robado.[23] La Virgen fue desvestida antes de que se produjera la destrucción general de imágenes.

El comité del Frente Popular cumplió con diligencia lo dispuesto por el comité de defensa de la CNT. El 12 de agosto todas las alhajas, coronas, mantos, etc. fueron retirados de la casa del tesorero de la cofradía, donde por estatutos se custodiaban. Se hizo cargo de ellos el tesorero de la Junta Administrativa Emilio Pérez, que los depositó en "una habitación de la Casa del Pueblo” que se cerró y cuyas llaves quedaron en su poder.[24] Los primeros ornamentos que se retiraron, los que lucía puestos la Virgen, fueron unidos a estos formando en lo sucesivo un lote único.


Durante los días finales de julio, sin poder precisar la fecha exacta pero entre el 23 y el 31 de julio, se produjo la destrucción de imágenes en la parroquia. Fueron destrozadas las de yeso cuyos trozos quedaron esparcidos. Las de madera sufrieron igual suerte, y al menos parte de ellas fueron quemadas en una lumbre frente a la casa del cura junto al archivo parroquial y a la biblioteca particular de Morán. Se debieron vivir escenas de paroxismo iconoclasta.  Una especie de euforia salvaje invadió a los protagonistas. Uno de ellos declaró posteriormente ante el juez militar que al finalizar se encerraron en una habitación y “estuvieron bebiendo vino de una clase que el declarante nunca había bebido”[25] Alguno hubo que se apoderó de "vestiduras y ornamentos sagrados para aparejo de su caballería", usándolas hasta que las entregó a los militares franquistas en abril de 1939.[26]

Como ya se ha dicho, también se quemaron los libros del archivo parroquial y la biblioteca particular de Ángel Morán, como él mismo se encargó de denunciar en mayo de 1939: "varios sujetos penetraron en la iglesia parroquial y casa-curato, y sacando los libros del archivo parroquial, notable por sus numerosos pergaminos e infolios antiguos, lo quemaron delante de la puerta de la casa-curato en una inmensa hoguera. Allí mismo y simultáneamente quemaron mi biblioteca particular compuesta de un total aproximado de mil volúmenes (...) compuesta en su mayor parte de obras de estudio en castellano, latín, y otros idiomas principalmente italiano y francés".[27] Esta destrucción, por su propia naturaleza, afectó solo a los símbolos religiosos y eclesiásticos, no a las cosas de valor y "útiles". El mobiliario de la casa rectoral fue subastado posteriormente y las camas llevadas al hospital.[28]

¿Estaba entre las imágenes destruidas la de la Virgen de Tíscar? Parece lógico que fuera así, pero hay que recordar que ya estaba desvestida y, como tal, resultaba irreconocible. Era un santo más, no hubo escena de destrucción de la Virgen. Como decía antes, hubiera sido bíblica y recordada, descrita y "aliñada" con todo tipo de detalles reales o no. Si se hubiera producido, y aunque solo existieran sospechosos,  en la posguerra se hubieran pedido cuentas con la brutalidad judicial del momento. Y no fue así, ya lo hemos visto. Y es que seguramente no existió la escena. Nadie "puso la mano encima" de la Virgen ni la destruyó, a sabiendas de estar haciéndolo quiero decir.

Juan de Mata Vílchez, anarcosindicalista reconocido formado ideológicamente en el ambiente anarquista quesadeño de inicios de la República, seguramente no tenía creencias religiosas y sí una razonable, para la época y lugar, formación política. Él y quien lo acompañara, al retirar todo lo de valor que portaba la imagen, seguramente pensaban en evitar robos, pérdidas y daños de unos bienes que consideraban propiedad revolucionaria del pueblo. Su formación ideológica le (les) permitiría retirar las joyas sin ningún temor ni superstición, y seguramente sin saber que en ese momento "condenaban" sin remedio a la Virgen de Tíscar. Porque desvestida, la Virgen ya no existía, era un "santo" cualquiera que cualquiera podría destruir sin miedo. Creo que esta es la única explicación posible al silencio y la falta de recuerdo sobre el momento de la destrucción de la imagen.

Existe una versión de alguna manera similar en el concepto aunque no en el desarrollo concreto de los hechos. La escribió Cesáreo Rodríguez en su biografía de Zabaleta. Hablando de aquellos primeros días de la revolución dice que "se destruyeron las imágenes, pero el gran problema radicaba en la Virgen de Tíscar, la imagen local, el símbolo sagrado del pueblo (...) al que se tenía un respeto distinto, incluso por buena parte de quienes no participaban en la vida religiosa. Alguien acabó decidiéndose; rasgó sus vestiduras y partió, a golpes de hacha, la talla en madera. Algunos de los espectadores, entre el temor y el asombro, gritaron: "Es de madera, es de madera; no es de carne".[29] Evidentemente este no es un recuerdo personal de algo vivido en primera persona, sino que responde a lo que se decía en su momento con el aderezo propio de las historias que corren de boca en boca. Pero es interesante comprobar cómo coincide con la idea de que, desvestida la Virgen, quedaba desprovista de su poder mágico y simbólico y convertida en un simple "santo" de madera.

Pero seguimos sin saber de dónde viene la historia y cosa del río Guadiana. La pista está, como casi siempre, en una de las denuncias del ínclito Morán. Concretamente en aquella en la que acusa, de oídas,[30] a una serie de individuos de haber quemado su biblioteca particular, que valoraba en unas 8.000 ptas. A consecuencia de la denuncia el sargento Ciriaco Moya detuvo a todos los aludidos, a los pocos que todavía no lo estaban. Los interrogó y tramitó las diligencias que dieron lugar a varios procesos sumarísimos. En uno de ellos están las claves del misterio.[31] Es importante dejar constancia de que Morán, aunque alude a la destrucción de imágenes, no menciona en ningún momento a la Virgen de Tíscar como tal. Ninguno de los procesos militares se abrió con motivo de la Virgen, sino para buscar culpables de la quema de los libros de Morán, del archivo parroquial y de los daños genéricos en la iglesia.

Tras la destrucción de imágenes y altares sus restos quedaron esparcidos por el suelo. Todos los detenidos a los que interrogó el sargento Moya hablan de estos restos de imágenes y de "cenizas como de haber quemado papeles". Dado que se iba a usar el templo como almacén para el grano de las grandes fincas ocupadas en esos días, se barrieron y amontonaron los escombros en "un subterráneo". Estos trabajos fueron efectuados por los propios milicianos de CNT. A continuación se decidió sacarlos de allí para dejar el local expedito.

Por aquellos primeros días de fervor se incautaron y ocuparon las grandes fincas. Una de las primeras fue el cortijo de Los Propios, seguramente el mayor de los latifundios de la zona. Propiedad de una aristocrática familia madrileña absentista, estaba dirigida por su administrador, Tomás Garzón. Tras la ocupación por los obreros, Tomás quedó sin función y junto a su familia abandonó la vivienda en el cortijo y se dirigió a Quesada.[32] A los pocos días y a la vista de que la situación no se resolvería con rapidez, decidió traer a Quesada los muebles que había dejado en su casa de Los Propios. Al efecto contrató los servicios de un transportista local, Andrés Parra, propietario de un camión.

La noticia del viaje llegó a conocimiento del comité de CNT, el cual ordenó a Parra que antes de salir llevase el camión a la Lonja. Allí vio como los milicianos cargaban el camión con restos de imágenes y de grandes libros, sin duda los que aún quedaban del archivo parroquial. Seguramente la idea de tirar los restos tan lejos y no en cualquier muladar tenía como objeto hacerlos desaparecer de formar radical, sin dejar ni rastro de ellos.

A la vista de la inquietante situación y temeroso de lo que pudiera ocurrir, Andrés se hizo acompañar, además de por su ayudante de camión,  Rafael Robledillo, por su hijo Martín. En el camión, ya cargado con los escombros de la parroquia, se montaron también varios milicianos.  Al llegar al puente sobre el Guadiana Menor en la sierra de las Cabras, los milicianos mandaron parar. El conductor, su  hijo y el ayudante, se apartaron dejándoles hacer. Desde lejos vieron como tiraban al río los pedazos de imágenes y los libros. A continuación todos volvieron al camión, prosiguiendo a Los Propios donde recogieron los muebles y regresaron a Quesada.

Esta versión la confirman en los interrogatorios los milicianos protagonistas. Todos dicen que fue allí y que tiraron restos de imágenes y libros. Pero ninguno de los que vivieron aquello, milicianos o transportistas,  se refiere en ningún momento a la Virgen de Tíscar sino a imágenes, de forma genérica.  Solo el sacristán declaró en 1939 que "por referencias sabe" que tiraron los libros y "varias imágenes entre ellas la Patrona de esta ciudad". Pero es una mera suposición porque él no fue testigo y habla de oídas. Los jueces militares asumieron lo dicho por el sacristán y dieron por probado que entre las imágenes arrojadas "se encontraba la venerada imagen de la Patrona del pueblo".[33] Pero realmente nadie había visto a la Virgen.

Imagen impresa a modo de membrete en folios, Años cuarenta


A la vista de lo dicho ¿qué fue lo que pasó con la imagen de la Virgen? Parece evidente que, una vez desvestida y reducida a "santo de palo", seguramente siguió el destino de las otras imágenes. ¿Acabó troceada en el río Guadiana? Es fácil, pero también pudiera ser que en el camión solo se cargaran los restos de escayola y yeso y que los trozos de las imágenes de madera fueran todos quemados. También que esa madera fuera usada para hacer lumbre y guisar, como se ha visto que sucedió con la imagen de San Sebastián. Y, ¿por qué no?, que dada su escasa apariencia religiosa no fuera destruida y que esté ahora irreconocible en cualquier lugar insospechado, incluso vendida de contrabando en el extranjero como sucedió a otros objetos artísticos a pesar de lo perseguida que fue esa práctica. Quién sabe.

Las alhajas, coronas y ornamentos de valor, como se dijo arriba, se custodiaron bajo llave en una habitación de la Casa del Pueblo. El 18 de enero de 1938, siguiendo instrucciones del gobernador civil, fueron trasladadas a Jaén y se hizo cargo de ellas la Junta Delegada del Tesoro Artístico en el almacén que al efecto tenía habilitado en la catedral. En 1939 se recuperaron en su totalidad, como declararon ante el juzgado militar el secretario y tesorero de la cofradía, según los cuales lo "poco y de escaso valor" que no se recuperó se perdería en Jaén puesto que “de Quesada se las llevaron todas”.[34] No es descabellado pensar que en este traslado a Jaén con la intención de proteger y salvaguardar tuviera algún papel, cuando menos advirtiendo de la presencia de las joyas, Juan de Mata Carriazo, que por aquel entonces pertenecía a la Junta del Tesoro Artístico de Valencia, de la que dependía la Junta Delegada de Jaén. O también pudieron intervenir Juan Arroquia, que era vocal de dicha Junta, o incluso Rafael Zabaleta, que acababa de pasar por Quesada llevando en el bolsillo su flamante nombramiento como delegado en Guadix de la Junta del Tesoro.[35]

 
Otra imagen de fotógrafo ambulante con
el clásico decorado telonero detrás


[1]“registro del que no se libraron los vasos sagrados e imágenes veneradas , sin excluir la de la Patrona Virgen Santísima de Tíscar, todo hecho en mi presencia.” Morán no menciona ningún tipo de daño. Expediente IEG l_0403_15166.
[2]Expediente IEG l_0458_16529. Según el delegado local de investigación de Falange, uno de los milicianos que participaba en el registro le dijo al párroco Morán a la vista de los daños en la parroquia: “No decían que había Dios, pues mire VD lo que hemos hecho con todos los Santos, y aquí estamos, que nos castigue ahora.”
[3]No concozco ningún caso de procesado durante la posguerra que fuera acusado de robar o de apropiarse, a título individual, de bienes de la parroquia.
[4]Causa General de Jaén. Pieza 71, Quesada. Doc. 15. La tabla de la Virgen seguramente es la donada a la cofradía por Laureano Delgado y estudiada por Carriazo en la revista “Don Lope de Sosa” abril de 1925.
[5]Expediente IEG I_203 8619.
[6]Expediente IEG l_289 11753.
[7]Expediente IEG l_131_5525.
[8]Se conserva en la sacristía un escaño de taracea en regular estado, así como un gran armario bajo en similar estado. La imponente puerta de la sacristía, también de taracea, sigue en su lugar prácticamente intacta.
[9]Expediente  IEG l_0435_15949. 
[10]Expediente I.E.G. l_203 8619 contra Ramona Muñoz Guirado.
[11]Expediente I.E.G. l_0400_15086 contra Juan Gómez Marín.
[12]Expediente I.E.G. l_113_4732
[13]Corren historias al respecto un poco extravagantes. Algunos creen que la Virgen antigua es la que hoy en día existe en el cortijo de Caniles, en Huesa.
[14]Jiménez Tíscar, F. (1962): Nuestra Señora de Tíscar. Historia, leyendas y crónicas. Quesada. Pág. 179.
[15]Revueltas Cruz, Eloy. "En la cuna del hambre. Recuerdos de un Quesadeño". Ayuntamiento de Quesada y Diputación de Jaén. 2009. Pág. 100
[16]Ángel Alcalá Menezo “Pedro Hidalgo o el Castillo de Tíscar". 2ª edición. Sevilla 1945. Prólogo de Juan de Mata Carriazo. Pág. XVIII. No estaban los tiempos para mayores precisiones. Y él, por sus antecedentes, mucho menos. Por eso, y tras una fugaz mención a "la Romería" de Ciges Aparicio como "pieza de escándalo", cambia de tercio de una forma bastante expresiva: "Más vale que pasemos a la poesía", y lo hace.
[17]El artículo está firmado con las iniciales C.R.A.
[18]“Pedro Hidalgo…” Op. cit.
[19]Por “extraño pudor” ajeno a mis propias opiniones y para evitar, por mi parte, una absurda difusión en redes, no reproduzco la fotografía. Verla no añade más a lo arriba escrito.
[20]Expediente I.E.G. l_0403_15166.
[21]Este documento que Morán presenta, sin decir de dónde lo había sacado, como prueba de que intentaron asesinarlo la noche del 31 de julio, fue reconocido como auténtico por Clemente Cifuentes a quien Morán acusaba. Atribuir su autoría a Clemente parece fruto de un "hábil interrogatorio" pero creo que el documento, como fruto colectivo del sindicato La Verdad, sí es auténtico.
[22] Archivo IEG l_130_5501 contra Juan de Mata Viches Sánchez.
[23]Ibíd.
[24]Expediente I.E.G. l_0434_15923 contra Emilio Pérez Martos.
[25]Expediente I.E.G. l_0400_15086 contra Juan Gómez Marín.
[26]Expediente I.E.G. l_30 1152 contra Juan Ruiz Palomeque. 
[27]Expediente I.E.G. l_0403_15166. Denuncia de 24 de mayo de 1939.
[28]Ibíd.
[29]Rodríguez Aguilera, C. Op. Cit. Pág. 103.
[30]"según el testimonio de varios vecinos y personas que lo vieron, intervinieron, me han dado los nombres de..."
[31] Expediente IEG l_290 11844 contra Francisco Carruana Piñero.
[32]Originario de La Zubia había sido contratado como experto en riegos, llegando a ser el administrador de la finca. En Quesada conocía a Carlos Sánchez que lo acogió a su llegada.
[33]Expediente IEG l_290 11844 contra Francisco Carruana Piñero.
[34]Vicente Pérez Herreros como secretario y Enrique Bedoya Serrano, tesorero, avalaron a Emilio Pérez Martos en el sentido de que se había limitado a custodiar el "tesoro" de la Virgen. Posteriormente se ratificaron ante el juzgado militar (Expediente I.E.G. l_0434_15923 contra Emilio Pérez Martos).
[35]La Gaceta de la República de 12 de junio de 1937 publica el nombramiento de Juan Arroquia como vocal de la Junta Delegada de Protección, Incautación y Salvamento del tesoro Artístico de Jaén y su provincia.

martes, 30 de abril de 2019

JUAN ARROQUIA HERRERA


"La humanidad, al soplo
de la otoñada, tiembla, 
cual si temiera algo 
que le acechase cerca."
                                                                                   
Juan Arroquia[1]

En el número 1 de la Revista Sueños de Quesada, editada a primeros de 2019 por la Asociación de Amigos de Rafael Zabaleta, publiqué una semblanza de Juan Arroquia Herrera. Arroquia había sido un importante personaje de la vida social, cultural y política quesadeña de los años veinte y treinta. Durante la guerra  fue Director General de Correos y a su final marchó al exilio en Francia, donde vivió casi todo el resto de su vida.

Estando ya en imprenta el artículo, conseguí en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca una copia de su expediente de depuración político-social como funcionario de Correos. Contiene amplia información sobre su vida y en especial sobre los meses iniciales de la guerra civil, cuando desempeñaba el cargo de Administrador Principal de Correos de Jaén. Si ya de por sí la figura de Juan Herrera se mostraba como uno de los personajes más importantes de la vida quesadeña de aquel momento, los papeles de Salamanca dibujan el retrato de un funcionario honesto y leal en todo momento a la República, que al tiempo favoreció, y a menudo salvó la vida, a numerosas personas, muchas de ellas simpatizantes de los sublevados.

En Quesada, sin embargo, se ha perdido casi por completo su memoria. Con la intención de paliar este olvido, y a la vez como homenaje, escribo estas nuevas líneas  que recogen lo fundamental de la revista Sueños de Quesada y la información obtenida en Salamanca.

Juan Arroquia Herrera nació en Jódar en 1899 y murió en Madrid el 25 de abril de 1971. A poco de aprobar en 1918[1] las oposiciones al cuerpo técnico de Correos, fue nombrado administrador de la estafeta de Quesada. En la elección de esta plaza sin duda pesó que allí tuviera familia, pues era el pueblo donde se había casado su tía Ángeles Arroquia y donde vivían sus primos Juan de Mata y Ángel Carriazo Arroquia. La integración de Juan en la vida quesadeña, seguramente de la mano de sus primos, fue rápida. En agosto de 1923 formaba parte del grupo que fundó el “Colegio Moderno”, del que era, según el folleto que se publicó como presentación del colegio, administrador y profesor de Geografía y Literatura. En 1926, con ocasión del VI Certamen Nacional del Ahorro de Coruña, fue premiado con 250 ptas. por el Consejo de Administración de la Caja Postal de Ahorros. El motivo del premio fue estar la estafeta de Quesada entre las oficinas que habían celebrado "fiestas de ahorro con reparto de libretas" durante 1925.[2]

El desempeño de su puesto de trabajo en la oficina de Correos, así como el protagonismo en actividades de carácter cultural y social hicieron rápidamente de él un personaje local notorio. Fue escritor y poeta; publicó en varias revistas, una de ellas  Cosmópolis, donde en 1929 aparecía su poema "Otoño", anunciado como "versos de Juan Arroquia Herrera, ilustrados por Olivas".[3] Arroquia en este apartado rincón seguía al día la actualidad literaria del país. Se puede comprobar en un tarjetón que envió a Rafael Láinez: "Me ha quedado el recuerdo de esa tarde de Romancero a lo García Lorca"[4]


"Guía sentimental" Don Lope de Sosa, 1930

En mayo y junio de 1930 publicó en la revista provincial Don Lope de Sosa, una "Guía sentimental" de Quesada y Tíscar.[5] Algunos meses antes se había anunciado su publicación como "un opúsculo que será contribución espiritual para dar a conocer las bellezas de Quesada, del Santuario de Tíscar y de las maravillas naturales que en aquellos lugares pueden ser admiradas." La primera parte de la "Guía sentimental" está dedicada al pueblo y a su casco urbano. La segunda es un itinerario imaginario que parte de Quesada y, tras un recorrido por la sierra, remata en Tíscar. Se ilustra con fotografías de Cano, Valdivieso y, por supuesto, de su primo Juan de Mata Carriazo.[6]

De esa primera parte, la del pueblo, transcribo estos fragmentos con menciones a la calle Nueva "asfaltada" y a la Explanada "donde alienta lo moderno". Dice así: "Aparece la calle Nueva, con hervores de zoco y anuncios de trafico. Espléndidamente asfaltada, gana el corazón del pueblo -explanada y jardín- donde alienta lo moderno. (...) Apenas se salvan los arcos conventuales, y los perfiles renacentistas de la casa consistorial. Todo a la sombra de los olmos, los olmos amigos, los olmos ya viejos. Saben de las fiestas populares y lejanas, con alcandoras brillantes y cohetes bulliciosos. (...) Protegen, ahora, ese ir y venir de las veladas estivales; ese ir y venir de las parejas enceladas; ese eterno fluir y ese grave pasar de la vida pueblerina. Tiemblan, acaso, al redoble de tambores, al juego de banderas que circundan al Santo, ese viejo patrón de las clases trabajadoras." Destacable en esta descripción es la referencia a los viejos olmos del Jardín, de los que apenas quedan algunos en la parte más umbría presididos por el muy venerable de la esquina del Marisol. Hay además un detalle que no debe pasar desapercibido a un buen aprendiz de historiador: seguramente es la primera vez que aparece escrita la expresión "clases trabajadoras" referida a Quesada.

Fue presidente del comité local de la Cruz Roja, institución para la que compuso un himno local con música del maestro Juan José Trujillo del Barco. Valentín de las Marinas, en un artículo publicado en junio de 1930 en “El Pueblo Católico”, dice refiriéndose esta composición: “Sabemos que para coronar el éxito pro-Cruz Roja, la letra del himno y su música, piensan sus distinguidos autores ofrendársela a S.M. la Reina (…) nuestra caritativa Soberana”


Tarjeta de Juan Arroquia a Rafael Láinez

También destacó como organizador de saraos teatrales montados con la excusa de la beneficencia y la caridad. Poco después del himno de la Cruz Roja, el propio Valentín de las Marinas, otra figura de relieve social y cultural de aquel momento, volvía a referirse a las actividades artísticas de Juan Arroquia: “merece destacarse el cuadro artístico formado por distinguidos jóvenes de la localidad, bien orientados y dirigidos por el “amateur” Juanito Arroquia, ofreciendo recreativas veladas con un éxito singular, máxime cuando su producto íntegro se destinaba a obras benéficas, como Cruz Roja, Gota de Leche, etc.”[7] Lógicamente, ha desaparecido toda referencia a la "caritativa" ex reina pues estamos en 1935, ya en plena República.

En la obra colectiva “El Adelantado de Cazorla”, fue el encargado de desarrollar uno de los tres capítulos dedicados a Quesada. Firma como “Juan Arroquia. Técnico de Correos” y lo titula “¡Tíscar!” Está dedicado a la historia y al paisaje de Quesada y sigue la misma línea y contenido ya vistos en la “Guía sentimental”.[8] Que fuera uno de los tres seleccionados para describir al pueblo acredita, de nuevo, su protagonismo en la sociedad y cultura quesadeña. El matrimonio con la quesadeña Pilar Rodríguez Aguilera profundizó su integración en la vida local.

Durante estos primeros años su perfil político fue bastante convencional. No se descubren todavía en él veleidades republicanas como lo acredita la dedicatoria a "nuestra caritativa soberana" antes citada. Pero sus orígenes conservadores[9] no fueron obstáculo para que participara activamente en el Sindicato de Correos. Los compañeros que testificaron en el expediente de depuración, lo recordaban como "un elemento destacado en el sentido de tomar parte en todas las discusiones que se suscitaban". Participaba también con artículos y versos en las publicaciones sindicales.[10] De estos primeros años hace en 1969, durante la revisión del expediente de expulsión, un emotivo resumen el que fuera administrador de Correos de Cazorla, Juan Manuel Moreno Linares: "Que conozco a dicho señor desde el año 1.923 en que ambos fuimos destinados a prestar nuestros servicios como Administradores en las Estafetas de Quesada y Cazorla, localidades muy próximas por cuya circunstancia establecimos una leal y sincera amistad, que con el tiempo se hizo fraterna. (...) Juan Arroquia ha sido siempre un hombre de una infinita bondad, amante del orden y de la familia, de un profundo y practicante espíritu religioso, patentizado en una profusa producción literaria, en prosa y verso, en honor de la Santísima Virgen de Tíscar, Patrona de Quesada"[11]

Al proclamarse la República formó parte del grupo de jóvenes quesadeños, de carácter democrático y liberal, que al advenimiento de la República apoyaron convencidamente al nuevo régimen. Inicialmente miembro del conservador pero republicano Partido Radical de Alejandro Lerroux, participó en la escisión que de su sector más centrista encabezó Diego Martínez Barrio. Por ello fue uno de los fundadores en Quesada de Unión Republicana, partido en el que también militaron otros conocidos quesadeños como Pedro Villar, su primo Ángel Carriazo, Francisco Ortiz, Carlos Sánchez, Emilio Magaña o Francisco Morata.

Revista Cosmópolis. "Otoño" de Juan Arroquia
Las elecciones de febrero de 1936 las ganó el Frente Popular. Unión Republicana había llegado a un entendimiento con Izquierda Republicana y a su vez ambos se habían coaligado con los socialistas. Para aceptar el acuerdo, un sector del PSOE exigió que también formara parte de la candidatura el PCE y otros pequeños grupos de extrema izquierda. De esta forma surgió el Frente Popular en el que quedaron integrados muchos republicanos centristas como Juan Arroquia.

Pocas semanas después, siendo ministro de Comunicaciones Manuel Blasco, de Unión Republicana, Juan Arroquia fue nombrado administrador principal de Correos de Jaén.[12] Según escribió él mismo muchos años después, en 1969 durante la revisión de su expediente, recibió la noticia en la inauguración del nuevo edificio de Correos de Jaén. El acto fue presidido por los directores generales de Correos y Telégrafos y contó con la asistencia de los diputados Peris, socialista, Acuña, mesócrata y Giner de los Ríos, de Unión Republicana. Giner será en lo sucesivo buen amigo y prescriptor de Arroquia. El periódico socialista de Jaén "Democracia" publicó que en el acto hablaron  "el señor Arroquia, administrador de Correos de Jaén" y el resto de las autoridades presentes, concluyendo el acto con vivas a la República y "a los hombres honrados".[13]

En 1969 Arroquia declaró al juez instructor[14] que, "invitado para la inauguración de la Casa de Comunicaciones de Jaén, acudió entre los restantes compañeros de la provincia, encontrándose con la sorpresa, a la llegada del entonces Director General y Subsecretario de Comunicaciones, con la entrega de un pliego cerrado" El sobre contenía su nombramiento y al conocerlo intentó rehusar porque estaba a punto de conseguir el traslado a Madrid, que era su objetivo, y porque era uno de los jefes de negociado con menos antigüedad. El director general rebatió las excusas alegando sus muchos méritos, "Mención Honorífica especial, Cartilla Premio del VI Certamen del Ahorro y la Medalla de Plata del Cuerpo". Le recordaron, además, que había sido elegido unánimemente como delegado por Jaén en el Primer Congreso Sindical de Madrid. Y esa capacidad de unir a la plantilla era especialmente valorada dado el mal ambiente y "las disensiones entre el Personal de la Principal".

Todavía se preocupó, dice, antes de aceptar de "dejar a cubierto al discutido Admor. Pal. Don Luis González López, aceptando que pudiera quedar como Interventor. En el momento del banquete hasta cambió su tarjeta por la del citado compañero, para que pudiese figurar entre Autoridades de la Provincia, junto al Director y Subsecretario". Arroquia se lamentaba de no poder recurrir al testimonio de este compañero: "Lástima que haya fallecido, recientemente, el citado González López, al que arrancó (el que suscribe) posteriormente de la cárcel más de una vez, logrando salvarle la vida". La suerte fue que Juan no llegara a conocer que "el citado González" fuera quizá el único compañero que no le benefició en su expediente de posguerra.

A los pocos días de su nombramiento le sustituyó en la estafeta de Quesada el funcionario Enrique Prats Preval, falangista y posteriormente presidente de la gestora municipal implantada por las tropas ocupantes al final de la Guerra.[15] Arroquia dejó Quesada y se trasladó a Jaén para desempeñar su nuevo cargo. A las pocas semanas le sorprendió allí el golpe militar y el inicio de la guerra civil. Siguieron meses trágicos y sangrientos que para Juan abrían una etapa de su vida sorprendente, a menudo heroica y por desgracia desconocida.

Durante aquellos primeros meses de guerra fue nombrado presidente del Comité Provincial de Unión Republicana y vicepresidente de la Asociación de la Prensa  de Jaén.[16] La policía franquista decía años después que era "uno de los dirigentes marxistas que más frecuentaban el Gobierno Civil” como miembro del Frente Popular."[17] Calificar a Juan Arroquia de marxista solo se explica por la sordidez ideológica del franquismo pero, indudablemente, fue una personalidad política de relieve en el Jaén de aquellos dramáticos meses. Participó en emisiones de radio desde la emisora de Jaén teniendo enfrente, en Radio Sevilla, al siniestro Queipo de Llano. Según cuenta FOG en sus memorias inéditas, su padre contaba cómo en cierta ocasión Queipo dijo por la radio que tenía que forrarse los botones de la guerrera con la piel de Arroquia. Aunque no queden muchas grabaciones sonoras de aquel tiempo y no se pueda documentar el comentario, cuadra perfectamente con el perfil del sanguinario general. Sin duda fue Juan, desde su buena posición política, quien facilitó a Rafael Zabaleta el carné de afiliado expedido el 22 de noviembre de 1936, documentación que le permitió viajar a Valencia desde Jaén.

Hasta aquí lo sabido de la vida de Juan Arroquia en Jaén durante la guerra. Pero, como dije antes, hace poco recibí desde el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca copia de su expediente político-social, que concluyó con su expulsión  como funcionario. Fue instruido en el invierno 1940-41 por el juzgado especial creado al efecto en Correos para depurar a la plantilla. La documentación incluye la revisión del caso que solicitó el interesado en 1969, a punto de alcanzar la edad de jubilación y al objeto de conseguir la correspondiente pensión. Ya en la primera lectura rápida que hice de los papeles recibidos quedé sorprendido. Contenían numerosos testimonios de funcionarios de Correos, todos elogiosos, favorables y agradecidos a su antiguo compañero. Bien está que así fuera en 1969 tras los años transcurridos.  Pero es sorprendente que en 1941, compañeros en activo hablen bien y defiendan a "un rojo" exiliado en Francia que había sido alto funcionario de la República. Para colmo, es  Falange de Jaén y la policía franquista, también la de Jaén, quienes emiten informes favorables. Solo cuando estos informes se alejan de los hechos y del conocimiento de la persona, el caso de la policía y guardia civil de Madrid, empiezan a ser desfavorables aunque no contienen acusaciones concretas, solo las vaguedades habituales de marxista y masón...


Informe policial 1941 (CDMH-Salamanca)

Viene a la cabeza de inmediato la figura de Melchor Rodríguez García, el llamado "ángel rojo", dirigente de la CNT que detuvo las matanzas de Paracuellos y quien, por hablar de algo cercano, evitó el asalto a la cárcel de Alcalá de Henares en diciembre de 1936, salvando de este modo la vida de los veinte presos quesadeños allí recluidos. Melchor llegó a despertar sospechas de connivencia con el enemigo entre algunos sectores frentepopulistas. ¿Ocurre algo parecido con Arroquia? ¿esta "afición" a salvar vidas y a favorecer a los que en su zona estaban perseguidos, "los otros", no será indicio de que en realidad fue un emboscado, un quintacolumnista? Para no darle más vueltas adelanto que la respuesta es no. Juan Arroquia Herrera fue leal a la República hasta el final. Y hay una prueba irrefutable: las penalidades de su exilio. Algún otro, supuesto, republicano quesadeño, que sí actuó de forma encubierta al servicio del SIPM franquista, pudo vivir como premio en Quesada sin problema alguno. Juan Arroquia no, cruzó la frontera en 1939 y vivió en Francia casi hasta su muerte.

Existen otras numerosas evidencias que se irán viendo, pero es significativo el testimonio de su antecesor en el cargo de Jaén, Luis González, quien queriendo acusarlo y descalificarlo dice que Arroquia temía la derrota de la República pero que no obstante, "apostillaba sus conversaciones siempre o casi siempre con el presentimiento de qué otras naciones - preferentemente, Norteamérica -, vendrían en ayuda póstuma de las fuerzas a qué el Sr. Arroquia Herrera figuraba fatalmente adscrito." Según González cuando se le intentaba demostrar "el error que padecía, llamémosle así", reaccionaba con "la afirmación vertical de su republicanismo". La acusación es buena y clara.

Su decisión de favorecer incluso a personas de contrarias ideas políticas tenía raíces éticas. Según su compañero Emilio Pérez Esteve "en alguna ocasión mostraba en su despacho a los compañeros un gran legajo de cartas sobre las que decía que en todas ellas se le mostraba la gratitud por haber hecho un favor más o menos importante, librando a unos de la cárcel y a otros de una muerte cierta y que era el testamento que legaba a sus hijos para la buena memoria de su padre."[18]

Durante los meses que vivió en Jaén, hasta finales de 1937, desarrolló una intensa actividad. Sus gestiones para proteger a personas perseguidas fueron numerosas y a menudo no exentas de riesgo. Hay que valorar que pertenecía a Unión República, un partido burgués y centrista que había caído del lado del Frente Popular casi por azares políticos. Sus miembros a menudo despertaban alguna sospecha. Cuando a las pocas horas del golpe militar el presidente Azaña encargó formar gobierno a Diego Martínez Barrio, las masas en Madrid reaccionaron al grito de ¡traición! En 1941 la propia policía franquista de Jaén informaba que Arroquia era “uno de los  (dirigentes «marxistas») que más frenaba a los exaltados” Que actuaba en favor de las “personas de orden” hasta el punto que "estos favores le generaban «grandes disgustos» por las discusiones con otros dirigentes"[19]

Tras el golpe militar y el derrumbe del orden republicano, una explosión caótica de violencia revolucionaria se extendió por todos los pueblos de la provincia. Se multiplicaron las detenciones y se produjeron numerosos asesinatos. Juan Arroquia, que como se ha visto destacó por su actuación en el sindicato de Correos, se aprestó, ahora en su condición de Administrador Principal de Jaén y valiéndose de su condición de dirigente de Unión Republicana, a proteger a los funcionarios a su cargo que, tanto en la capital como en los pueblos, se vieron en problemas. A muchos administradores de estafetas locales los trasladó a Jaén sacándolos de los pueblos cuando allí corrían peligro. Las declaraciones de sus compañeros son concluyentes: "Protegió con toda valentía a todos los compañeros, fueran de la ideología que fueran" (Emilio Pérez); "observó a los pocos días de la llegada del declarante a Jaén que la mayor parte de los compañeros de la principal habían sido trasladados de las Estafetas de la provincia, debido a que siendo de significación derechista, eran perseguidos en los pueblos por los elementos marxistas y el Sr. Arroquia tenía por norma proteger a todos los compañeros que se encontraban en este caso" (José Alcaraz Nieto); "No solo no persiguió ni molestó siquiera a ningún funcionario considerado como desafecto, sino que contribuyó por el contrario de manera eficaz a hacer mas llevadera la situación a cuantos compañeros de la expresada provincia precisaban ayuda." (Alfredo García Jauret) ...[20]

Además de proteger a compañeros trasladándolos a Jaén, a otros les facilitó salvoconductos como al administrador de Martos. En otros casos y ante alguna detención inevitable, acompañó al compañero detenido hasta la cárcel provincial para evitar paseos y acciones incontroladas.[21] También intervino en defensa de los familiares de compañeros como ocurrió con el padre del administrador de la estafeta de Arjona. Su hijo, Juan Muñoz-Cobo, dijo al juez instructor en 1969: "Tengo que declarar por tanto que D. JUAN ARROQUIA HERRERA salvó la vida de mi padre." Para dar más fuerza al testimonio añade que "por lo que pueda suponer mi testimonio a favor del Sr. ARROQUIA HERRERA, lo expongo en mi calidad de Militante con Medalla de la Vieja Guardia de Falange, consideración de excombatiente de la Cruzada, ex-Subjefe Provincial del Movimiento de Jaén y ex-Procurador en Cortes por dicha Provincia."

Las acciones "protectoras" de Arroquia no se limitaron a los compañeros y familias. Antonio Pipó, también de Correos, declaró que "el que informa recuerda perfectamente que a diario se presentaban en su despacho infinidad de personas de derechas de la Capital y pueblos de la provincia en demanda de protección, la cual les otorgaba, recordando entre ellos a algunos sacerdotes, como el párroco de San Isidoro de Úbeda, Sr. Ramos, el cual albergó en su domicilio particular durante algún tiempo"[22] Tampoco proceden los testimonios solo de sus compañeros. En los expedientes de los juicios sumarísimos a los que sometieron a numerosos vencidos tras la derrota de 1939 y que está digitalizando el Instituto de Estudios Giennenses, también figura Juan Arroquia. No lo hace como procesado pues vivía exiliado en Francia, lo hace casi siempre por haber intervenido en favor de alguien. Valgan un par de ejemplos:

Cuando el médico de Villanueva del Arzobispo Manuel Arenas fue detenido en Jaén, los dirigentes locales de Izquierda Republicana enviaron una carta a Juan Arroquia solicitando su intervención. Lo cuenta así el propio detenido: "el Sr. Linares (IR de Villanueva) entregó a mi hermano una carta para un tal Sr. Arroquia, Presidente del Comité Provincial de Unión Republicana recomendándome, con tal feliz éxito que inmediatamente me sacaron de la cárcel, mandándome en calidad de desterrado para ejercer mi profesión de Médico, al pueblo de Begíjar" [23]

El presidente del comité local de Unión Republicana de Peal, Cástor Alcalá del Real, fue detenido en su pueblo el 26 de julio de 1936 por los milicianos locales. Junto al resto de los detenidos de Peal el día 4 de agosto se le condujo a la catedral de Jaén, habilitada como prisión. Conocida por Arroquia la circunstancia, intervino para conseguir su liberación. El resto de presos de Peal, junto a los de Cazorla y otros pueblos, fueron conducidos en tren a la cárcel de Alcalá de Henares, donde no llegaron pues fueron asesinados el día 12 al paso del convoy por las cercanías de Vallecas.[24] Cástor sobrevivió a la guerra.

No solo actuaba por propia iniciativa. Su primo Ángel Carriazo, también de Unión Republicana y que fue procesado por participar como oficial en el EPR, se aprovechaba de su influencia. Según uno de los testigos de su proceso “debido a que tenía un pariente que era Jefe Provincial de dicho Partido se valía del mismo para hacer cuantos favores podía a perseguidos de derechas.”[25]

Todos los compañeros que convivieron con él testificaron a favor de Juan como hemos visto. Incluso Falange de Jaén informó favorablemente. Conforme los informes eran más lejanos y firmados por personas que no habían tenido relación con él, empeoraba el tono y se recurría a las tópicas acusaciones aplicables a cualquier "rojo". Resultan trágicamente cómicas acusaciones como las siguientes: “Aun cuando no ha podido comprobarse, parece ser que el mismo pertenecía a una secta masónica” (en la guerra) “siguió su campaña con más intensidad a favor del marxismo jactándose constantemente con el triunfo de los mismos”; "Perteneció al FP no conociéndose su participación en hechos delictivos. Considerado de mala conducta debido a su ideal rojo"; “hizo mucha propaganda marxista” (...) “está considerado como elemento «Mazón» (sic) y desafecto a nuestra Santa Causa”; “Cúmpleme manifestarle que dicho informado es de pésimos antecedentes, siendo un gran propagandista de izquierdas antes del GMN y llegado este, su actuación fue desastrosa. (...) Es individuo peligroso, masón indeseable y contrario en todo al GMN”[26]


Expulsión de Juan Arroquia del cuerpo de Correos

El juez especial encargado de la depuración citó a declarar a Juan Arroquia, publicando al efecto un edicto en el Boletín Oficial de la Provincia de Jaén  de 7 de julio de 1941. Se cerró la instrucción el 7 de octubre "no habiéndose podido pasar pliego de cargos al encartado por encontrarse en ignorado paradero (el exilio)". El resultado fue "la sanción máxima de SEPARACIÓN DEFINITIVA DEL SERVICIO.” En 1969, tras de  treinta años viviendo en Francia, solicitó la revisión y su readmisión en el cuerpo de Correos "a efectos de jubilación, pues el que suscribe cumple los 70 años el día 28 del próximo mes de Julio" Esta vez los testimonios, casi súplicas, de sus antiguos compañeros fueron atendidos y el Consejo de Ministros, a propuesta del ministro de la Gobernación, aprobó su readmisión el 6 de junio de 1969."[27]

Antes de salir de Jaén, en junio de 1937, fue nombrado vocal de la Junta Delegada de Protección, Incautación y Salvamento del Tesoro Artístico de Jaén[28] Pocos meses después, en plena mudanza del Gobierno desde Valencia a Barcelona y a propuesta del ministro de Comunicaciones, su amigo y correligionario Giner de los Ríos, fue nombrado director general de Correos.[29] Lo cuenta así en su pliego de descargo de 1969: "Requerido por el Ministro, tuvo (el declarante) que presentarse, al día siguiente en Barcelona, por fallecimiento del anterior Director y haber sido nombrado para sustituirle, a lo que renunció formalmente, pero el nombramiento ya estaba en la Gaceta y sólo pudo recabar una Carta en blanco, para salir al paso de las intromisiones sindicales, no obstante advertirle que los compañeros, ya en las Ejecutivas de la UGT y la CNT habían coincidido en la proposición del Admor. Pral. de Jaén, reconociendo su independencia y rectitud." La toma de posesión  se efectuó en "la Sala de batalla de la Principal de Barcelona, para dejar sentado, ante el personal, la oposición a toda ingerencia de los Sindicatos en la vida corporativa, donde no admitía manifestación política alguna, si bien abriendo las puertas de la Dirección a todas la sugerencias en beneficio de los Servicios" (...) "de como ganara la confianza de todo el mundo, son exponente los periódicos profesionales de la época, apoyándole sinceramente" [30]

A finales de diciembre de 1938 fue nombrado Presidente de Honor de Solidaridad Postal Internacional, organismo dedicado  "a recabar ayuda para los funcionarios represaliados o muertos y ayudar a sus familias."[31] Pero por entonces el final de la República estaba próximo. A la caída de Cataluña “evacuó a Francia con 8 familiares”[32] Quien lo había sustituido al frente de la Administración Principal de Jaén, Juan Antonio Sánchez Valladar, fue fusilado en Jaén el  15-12-1939. De su salida de España habla en su pliego de descargo: "Cuando tuvo (el declarante) que pasar a Francia, con el pavoroso problema de la subsistencia, después de la afectación forzosa a las Compañías de Trabajo, logró el contacto con todos los compañeros, que no habían podido salir hacia otros países, ni regresar a España (...) Se logró reunir a las familias dislocadas y que encontrasen trabajo, mientras resolvían el problema de la vuelta definitiva, falleciendo, por los sufrimientos, una parte de ellos"[33] Dice también que "en la salida de Barcelona" perdió su archivo por lo que no podía aportar documentos acreditativos de su actuación en la Guerra. Como hemos visto antes, las pruebas las aportaron sus propios compañeros.

A los pocos meses comenzó la guerra mundial. En junio de 1940 los alemanes ocuparon Francia. La vida para los republicanos españoles se complicó extraordinariamente. Ignoro las circunstancias de Arroquia durante esta etapa. Sólo he encontrado en el archivo Carriazo de la Universidad de Sevilla una carta que le envía a su primo Juan de Mata. Su fecha es el 3 de julio de 1942, no aparece lugar de remite. Está escrita en un tono familiar, cariñoso pero aséptico pues tenía que pasar la censura militar alemana y después la franquista. Tras los saludos y comentarios familiares se refiere a la muerte de un conocido común, Fermín Vergara, "meses antes en Carcassone". [34]

Los primeros años del exilio, agravados por la guerra y sus consecuencias, fueron especialmente duros. Juan Arroquia continuó en Francia ayudando a sus compañeros expatriados. Con el apoyo de los sindicatos franceses negoció con el Ministerio de Comunicaciones francés la contratación de funcionarios españoles exiliados. El 24 junio de 1945, en Toulouse, fue nombrado presidente del llamado Bloque Postal, organización que tenía como finalidad la ayuda a los funcionarios de Correos represaliados por los franquistas. Tras aceptar el cargo, se dirigió a la asamblea recordando a los compañeros que habían quedado en el camino: "que como Presidencia de honor (del Bloque Postal) figuren todos nuestros compañeros víctimas del fascismo, muertos en los campos de batalla, cárceles o exilio (...) Y que sus nombres deben figurar a la cabeza del primer escalafón que rehaga la República (...) para perpetuar eternamente su memoria" [35]

En Francia Juan Arroquia se dedicó profesionalmente a la enseñanza del español. En su declaración de 1969 resume su curriculum profesional en Francia: "Con la Delegación del Rector de la Sorbona, pudo (el declarante) ser nombrado Profesor del Instituto Henri IV y posteriormente ser autorizado para la enseñanza en la Institución privada que representaban varios Colegios: FIDES, Dieterlen, Instituto Lamartine etc., prosiguiendo la obra de españolismo, que ha llevado a nuestra patria tantísimas familias de alumnos y dado lugar a que la Editorial Casterman belga, con grandes Sucursales, le pidiese la elaboración de un Método rápido para aprender el español, en aquel País, Francia y Suiza, habiéndose vendido ya Diez y seis ediciones del mismo, con los discos Supradidac correspondientes."[36]

Su actividad radiofónica fue destacable; la desarrolló desde 1951 en la ORTF, aquí conocida como Radio París. Trabajó a las órdenes directas de André Camp, director de las emisiones en español. Sus charlas trataban de temas costumbristas y culturales españoles aunque no estaban exentas de un fondo político. En 1959 se unió a la celebración del XX aniversario de la muerte de Machado cuando se celebraron sonados y comprometidos homenajes en Colliure y Segovia, leyéndose en la emisora "unos versos suyos escritos «hace años» al visitar su tumba en Colliure."[37]  En alguna de estas charlas, como la de Viernes Santo de 1959, participó la locutora estrella de Radio París y voz referente en las audiciones semiclandestinas de las noches españolas, Adelita del Campo.


Fragmento del guión de un programa de Juan Arroquia en Radio París-ORTF

En 1961, según le cuenta por carta a su primo Juan de Mata Carriazo, pasó a la plantilla de ORTF: “Aprobado el nuevo Estatuto de la Radio, me han admitido ya, en principio, como funcionario permanente, esperando la confirmación de un momento a otro. Me supondrá un sueldo estimable y la consiguiente garantía, pues me reconocen los diez años de servicios”[38] Se jubiló por edad en esta institución en septiembre de 1964. Con la coquetería de viejo que se siente joven, presume de salud al contárselo a su primo Juan de Mata: “No creeréis que no estuve en la cama un solo día desde que salí de nuestro país, pese a las terribles pruebas atravesadas”[39]

La frecuente correspondencia que durante estos años mantiene Arroquia con su primo Juan de Mata Carriazo y que conserva la Universidad de Sevilla es de carácter íntimo y familiar. Los comentarios políticos se evitan o mejor, las pocas veces que se hacen adquieren la forma críptica de un juego de sobreentendidos. Pero no puede evitar que de cuando en cuando aflore la pena del exilio, el sentimiento de pérdida y ausencia: “el aire pirenaico, cargado como siempre para mi, de ansiedades y esperanzas”, escribe desde Biarritz en 1967; las reticencias de algunos: “hemos tenido algunas sorpresas como las primeras noticias directas de (algunos) familiares” (1957); en algún caso el miedo de algún amigo por que se le relacione con el "rojo exiliado", tal como le comenta con sorna a su primo en 1960: “P.D. Olvidaba deciros mi satisfacción porque el buen (Juanito V.) descanse. Su «prudencia» le ha llevado hasta aconsejar a más de un amigo que no me viera al paso por esta. Claro es que ninguno le ha escuchando, gracias a Dios”

La referencia política más relevante en esta correspondencia se refiere a la muerte en París, enero de 1960, de Diego Martínez Barrio, fundador de Unión Republicana, presidente de las Cortes y de la República en el exilio: “El año nos trajo la dolorosa sorpresa de ver partir al amigo que más queríamos y que fue para mi como un hermano mayor. Me lo ha probado, hasta en el legado de cuanto constituye su relicario íntimo, de un valor extraordinario para restablecer la verdad de los hechos y que cuente la experiencia vivida. Ya tendremos ocasión de hablar de ello, incluso de que me ayudéis a prestar ese gran servicio al mañana”[40] Obsérvese que los dos saben de lo que están hablando sin que para nada figure el nombre del difunto. Se refiere al archivo personal de Martínez Barrio que años después los herederos de Arroquia depositaron en el Archivo Histórico Nacional.[41]

En Francia y en la medida que lo permitieron las circunstancias, Juan Arroquia conservó su relación con Quesada. Ya en el viaje a Paris de Rafael Zabaleta, en 1949, los dos amigos mantuvieron un contacto continuo. En el diario de viaje que llevaba Zabaleta son frecuentes las anotaciones de “como con Arroquia” o  “ceno con Arroquia”. 

En sus charlas en Radio París y en el programa "Correo del Oyente" a menudo se refería a temas quesadeños, a Zabaleta, a Tíscar... A veces, y como buen quesadeño, se quejaba de la apatía imperante en el pueblo. En 1959, cuando Juan de Mata Carriazo ingresó en la Academia de la Historia, al acto no acudió nadie de Quesada y Juan se lamenta por carta: “me extraña que siendo Quesada el pueblo de adopción no haya tenido representante. Claro que la atonía del ambiente aquel tiene como aletargadas a las gentes, por cuya piel resbala hasta cuanto les afecta directamente. El 8 de septiembre se me ocurrió comentar la fiesta del Santuario y el homenaje a H. de Caviedes y el conjunto del pueblo. Y salvo Cesáreo Rodríguez, que me envió unas líneas de Barcelona, nadie se ha dado por aludido, si bien me han llegado impresiones de que les emocionara un poco”

He escrito antes "quesadeño" y es que así, de adopción, debía sentirse él. En la intimidad familiar de las cartas a su primo en 1959 le cuenta como en su programa se ha referido a una exposición de Zabaleta en Madrid  y a los pocos días al "Salón de Mayo, que Cesáreo Rodríguez dirige en Barcelona". A la vista de estas novedades exclama: "Ya veis que el pueblo está «en vedette de la actualidad»”. Para ambos primos "el pueblo" era Quesada.[42]

En junio de 1961 el presidente del Consejo de Ministros de la República Española en el exilio, general Emilio Herrera, lo nombró miembro de la maestranza de la Orden de la Lealtad a la República. Su vuelta a España fue paulatina. La familia vivía en Madrid mientras él continuaba trabajando en París haciendo escapadas para reunirse con la familia, para descansar o para  administrar las olivas que había heredado en Jódar. Su vida durante estos años fue investigada por la policía franquista según informe remitido por la D.G.S. al juez instructor en 1969: "En contestación al escrito de 17 de abril pasado, se participa que el arriba citado, con domicilio en la calle (...) durante el periodo que permanece en esta Capital, observa buena conducta en todos los aspectos. Actualmente se encuentra en Paris, donde trabaja como profesor de español en el Instituto Dieterlent. En el domicilio citado anteriormente vive su esposa y cuatro hijas solteras y a él acude el informado durante las vacaciones y siempre que se lo permite su trabajo. Durante su permanencia en esta Capital se dedica solamente a su familia no teniéndose conocimiento que haga propaganda política contraria al Régimen."[43]

El juez instructor propuso la readmisión en el Cuerpo Técnico de Correos haciendo constar que su jubilación forzosa era inminente. Y ese era el objetivo de Arroquia, conseguir la jubilación para poder retirarse en su país. Estaba satisfecho de haberlo conseguido y de la ayuda prestada por sus compañeros: “la jubilación que me acordaron fácil y hasta rápidamente por la excelente colaboración de mis compañeros, acreditándome los servicios prestados”[44]

Juan Arroquia Herrera murió en Madrid el 25 de abril de 1971. En febrero de 1941, en lo más crudo de la posguerra (ese mes se fusiló a 15 quesadeños en la cárcel de Jaén) el funcionario de Correos Antonio Pipó Aragón tuvo el valor de pronunciarse a favor de un "marxista", y declarar al juez instructor que el que había sido compañero y luego jefe "era un buen amigo, buena persona y buen funcionario." A esto habría en que añadir que fue un buen republicano que pagó con años de exilio su lealtad a la Republica y que trató con humanidad también a sus contrarios, debiéndole unos cuantos incluso la vida. Y por supuesto fue un buen quesadeño. De adopción, pero aguantando con ventaja la comparación con otros de nacimiento.


ANEXO
Relación de personas que fueron favorecidas y ayudadas (en bastantes ocasiones salvando la vida) por Juan Arroquia Herrera.


Rafael Villergas Zuloaga, inspector provincial de Trabajo de Jaén.
Andrés Garrido Tornero, administrador de Correos de Jimena.
Juan Arroquia Torres, administrador de Correos de Jódar.
Antonio Gutiérrez Rodríguez, administrador de Correos de Mancha Real.
Antonio Martínez Malo, administrador de Correos de Torreperogil.
Juan Manuel Moreno Linares, administrador de Correos de Cazorla.
Eusebio Santiago Sola, administrador de Correos de Martos.
Juan Vicente Mesa Revilla, funcionario de la Admón. Principal de Correos.
Antonio Castellanos Vallejos, administrador de Correos de Porcuna.
Francisco Perales Padilla, funcionario de la Admón. Principal de Correos.
Juan Muñoz-Cobo y Fresco, administrador de Correos de Arjona.
Luis Muñoz-Cobo Jiménez, Arjonilla, padre Juan Muñoz-Cobo.
José Barraca, administrador de Correos de Torres.
Andrés Garrido, administrador de Correos de Jimena.
Andrés Garrido, padre del administrador de Jimena y administrador de las fincas del Marques de Viana.
Sr. Sánchez Conejero, administrador de Correos de Marmolejo.
Tomás Sancho Artola, administrador de Correos de Jódar desde 1937.
José María Ledesma Ramos.
Luis González López, ex-administrador Principal de Correos de Jaén.
Sr. Ramos, párroco de San Isidoro de Úbeda.
José Labrador, sacerdote de Huelma.
Cástor Alcalá del Real, Peal de Becerro, Unión Republicana.
Ángel Alcalá Cruz, comerciante de Jaén.
Rafael Zabaleta Fuentes, Quesada.
Manuel Arenas Moreno, médico de Villanueva del Arzobispo.
Lorenzo Polaino Ortega, Cazorla.
Rodrigo Madrid, canónigo de Córdoba.
José Ortiz, canónigo de Córdoba.
Alfredo García Jauret, funcionario técnico de Correos.
Antonio Castellanos, jubilado de Correos.
Administrador de Correos de Lopera.
Cartero de Cabra de Santo Cristo.

Esta relación no es exhaustiva. Se cita sólo a los que aparecen en la documentación consultada. Por las referencias de los testigos el número debe ser mucho mayor, aunque o no dejaron rastro en documento alguno o lo hicieron en documentación no consultada.





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[1] 1918-5-14 La Correspondencia de España. 14 de mayo de 1918.
[2] El Orzán. Diario independiente 23-2-1926.
[3] Heraldo de Madrid, 9-11-1929.
[4] Fondo Rafael Láinez-Alcalá del Instituto de Estudios Giennenses. La tarjeta no tiene fecha pero es anterior a 1931 pues en el escudo de Correos del membrete figura la corona borbónica.
[5] En Don Lope de Sosa, revista provincial dirigida por Alfredo Cazabán. Reproducción digital en Biblioteca Virtual de Andalucía.
[6] Una de ellas, la conocidísima del Arco de los Santos con la vieja torre de la Alcaidía de fondo y que se popularizó en la segunda edición de "Pedro Hidalgo o el Castillo de Tíscar", donde aparece atribuida a "Marin" (?).
[7]Quesada. Religión, Ciencia, Arte”. Valentín de las Marinas,  El Adelantado de Cazorla”, 1935
[8] El Adelantado de Cazorla, cap. 24,  pp. 279-288.
[9] Uno de sus compañeros, Emilio Pérez Esteve, testificó en su expediente de depuración, seguramente exagerando para beneficiar a Juan ante el juez instructor franquista, que "En un principio conoció al Sr. Arroquia Herrera como acérrimo derechista, Había cursado estudios eclesiásticos en un Seminario (...) y defendía los ideales de la disciplina y de todo aquello que podía considerarse como interés de las derechas" CDMH_INCORPORADOS_EXP0491 Doc.37.
[10] Ibíd.
[11] Ibíd. doc. 60. En estos testimonios se acentúa o destaca todo lo que pueda ser próximo a la Iglesia y al conservadurismo pues están hechos para impresionar a un juez instructor franquista.
[12] Gaceta de Madrid 25 de abril de 1936.
[13] Democracia, 8-5-1936.
[14] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491. doc. 55.
[15] Enrique Prats fue también uno de los primeros que "avalaron" a Rafael Zabaleta durante su detención de diciembre de 1939.
[16] La Asociación de la Prensa de Jaén 1911-2011”, Manuel López Pérez
[17] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491, doc. 15. Informe del comisario jefe de investigación y vigilancia de Jaén.
[18] Ibíd. doc.37
[19] Ibíd. doc. 15. El informe concluye que “aun tratándose de hombre de izquierdas, era muy moderado y enemigo de la violencia y atropellos”.
[20] Ibíd.
[21] Ibíd. doc. 65. Detención del anciano funcionario Francisco Perales.
[22] Ibíd. doc. 37.
[23] Expediente l_141_6061. digitalizado por el IEG. Diputación Provincial.
[24] Expediente l_97_3929. digitalizado por el IEG. Diputación Provincial.
[25] Expediente l_309 12563. digitalizado por el IEG. Diputación Provincial.
[26] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491. doc. 28, 33 y 34. Informes, respectivamente de Guardia Civil de Jaén y Madrid y Jefatura Superior de Policía de Madrid.
[27] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491, docs. 67 y 71.
[28] Gaceta de la República de 12 de junio de 1937.
[29] Gaceta de la República de 28 de diciembre de 1937.
[30] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491, doc. 55.
[31] Ibíd. docs. 7 y 8.
[32] Ibíd. doc. 5.
[33] Ibíd. doc. 55.
[34] Legado Carriazo. Caja 010 doc. 296.
[35] El exilio postal de 1939” Juan Carlos Bordes Muñoz. En Migraciones & Exilios 3-2002, pp. 97-116.
[36] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491, doc. 55
[37] Legado Carriazo. Caja 010. doc. 276
[38] Ibíd. doc. 226.
[39] Ibíd. doc. 233.
[40] Ibíd. doc. 252. Carta fechada en París el 29 de enero de 1960.
[41] ES.28079.AHN/4.2.8. En la descripción del archivo, la ficha del AHN dice sobre su origen: "Es depositado desde 1981 por los descendientes de Juan Arroquia, a quien Diego Martínez se lo había entregado en 1957".
[42] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491, doc. 273.
[43] Ibíd. 264.
[44] Legado Carriazo. Caja 010. doc. 239.