miércoles, 1 de julio de 2026

El guerrillero quesadeño JERÓNIMO MORENO y LA DUQUESA DE BENAMEJÍ.

 


La Duquesa de Benamejí es una pieza teatral de Manuel y Antonio Machado estrenada en 1932. Trata de los amores entre un bandolero y la duquesa de Benamejí y su trágico final. La relación de esta obra con Quesada es conocida. Francisco Lapuerta la explicó en dos artículos publicados en la Revista de Ferias: La Sierra de Quesada y «La Duquesa de Benamejí» (1974) y Los hermanos Machado y Quesada (1989).[1] Con estas palabras resume su argumento:

Lorenzo Gallardo es un bandido romántico de tiempos de Fernando VII, que, desde joven, está enamorado de la Duquesa de Benamejí, a la que conoció ocasionalmente cuando ella era una niña. Perseguido ahora por los soldados del Rey, mandados por un primo y pretendiente de la Duquesa, Lorenzo se defiende en la sierra con sus hombres y en una de sus correrías penetra, a escondidas, en la habitación de la Duquesa, se da a conocer y le cuenta su historia y su amor. La Duquesa se enamora de él y no sólo impide que lo capturen, sino que otro día se adentra en la sierra en busca suya y consigue llegar hasta su escondite. Al final, Lorenzo es apresado. La Duquesa intenta liberarlo con un salvoconducto real que ha logrado obtener, pero cuando está a punto de conseguirlo, muere asesinada por una gitanilla, también enamorada del bandido. Este, entonces, renuncia al salvoconducto en favor de sus hombres y se dispone a morir fusilado.

            La relación con Quesada no precisa de mayor argumento ya que los autores la dejaron expresa en el texto. El protagonista, Lorenzo Gallardo, es hijo de una familia de “honrados y humildes labradores de Quesada”. Otro personaje, el pastor Bernardo, es a su vez “hijo de Antón el Rojo, nacido en Belerda, a la baja de Tíscar”. Bernardo tiene en la sierra un encuentro casual con el bandolero, que le da una moneda de oro para que lo encomiende a su Virgen, “si vuelves a Tíscar”. Ya avanzada la obra, cuando la duquesa se interna en la sierra en busca de su amado, los hombres del bandolero le dan el alto “cerca del Chorro de Quesada”. Como los soldados andan cerca para “rescatar” a la duquesa, Gallardo dispone que los distraigan haciéndoles tiroteos por la parte de La Nava. Gallardo había estudiado de joven latines en Baeza y estuvo preso en la cárcel de Úbeda, de la que consiguió fugarse.

            No tiene nada de extraño este protagonismo quesadeño. Durante su estancia en Baeza Antonio Machado visitó dos veces Quesada, en 1915 y 1917, dejando versos de sobra conocidos. El paisaje serrano, Tíscar y Belerda, quedaron en su recuerdo. Cuando necesitó ambientar esta historia es evidente que le vinieron a la memoria sus visitas  y excursiones. Los paisajes de Quesada eran y siguen siendo muy adecuados como escenario para las andanzas de un bandolero romántico. Pero además de la paisajística, es posible que haya otra relación de Quesada con esta obra. Durante la Guerra de la Independencia hubo aquí un guerrillero que formó partida propia y alcanzó notoriedad. Se llamó Jerónimo Moreno y alcanzó celebridad en su momento por su resistencia al invasor francés. Yo no había unido ni vinculado la historia del guerrillero con la pieza teatral de los Machado. Fue Manuel Vallejo quien al leer uno de mis artículos sobre la familia Moreno y los tiempos de la guerras napoleónicas  me envió el siguiente mensaje: “¿Pudo ser Jerónimo Moreno el protagonista de la obra de teatro de Antonio Machado «La Duquesa de Benamejí»? Y la verdad es que la acumulación de coincidencias y las muchas casualidades impiden rechazar de primeras esta hipótesis.

La acción de La Duquesa transcurre con posterioridad a las acciones de Moreno, durante la segunda invasión francesa de los Cien mil hijos de San Luis y Lorenzo Gallardo era bandolero, no guerrillero como Moreno. Pero además de estas diferencias hay similitudes, cercanías argumentales que, junto con las referencias textuales antes vistas, hacen que la música de esta obra resulte localmente familiar. Jerónimo Moreno hoy está olvidado y su figura es desconocida. Hace cien años, cuando la visita de don Antonio, es fácil que quedara algún recuerdo, porque en su momento fue un personaje célebre y entonces los tiempos eran menos acelerados y las historias y los sucesos sonados envejecían lentamente. Nada de raro tendría que Machado oyera la historia del guerrillero quesadeño y que sus peripecias, junto con el paisaje, le inspirara el argumento de la obra. Porque al escribirla en los años treinta, de eso no hay duda, le vinieron a la memoria sus excursiones por Quesada de principios del siglo pasado.

            Jerónimo Moreno, guerrillero quesadeño.

Jerónimo Moreno fue el segundo hijo varón de don Luis Moreno el mayor, y de su esposa doña Juana Candeal, sobrina de un rico presbítero hacendado de Baza. Don Luis fue alguacil mayor del campo y sierra, cargo que llevaba aparejado el de regidor y que le permitía controlar la vigilancia de las ordenanzas municipales, nombrar guardas, imponer sanciones y cobrarlas.  Este título de alguacil mayor lo obtuvo por herencia familiar indirecta y le costó un largo pleito con otro aspirante al mismo, un Serrano, entonces importantísima familia. Luis Moreno el mayor murió hacia 1813, rodeado de problemas económicos pues a su muerte había consumido la dote de su mujer “por los contratiempos y enfermedades que durante su matrimonio tuvieron”.[2] Estos contratiempos bien pudieran ser los gastos del citado pleito, aunque parece que su relación con el resto de regidores siempre fue algo complicada, dando lugar a frecuentes roces y enemistades, algo que heredaron sus hijos. No hay información sobre la fecha de nacimiento de Jerónimo Moreno y tampoco de su fallecimiento, datos imposibles de localizar a causa de la destrucción de los libros parroquiales en 1936.

Cuando se produjo la invasión napoleónica, el padre don Luis ya era bastante viejo y fueron  sus hijos los que participaron activamente en la resistencia a los franceses, especialmente Jerónimo. Durante los dos primeros años de guerra, 1808 y 1809, los franceses se retiraron de Andalucía tras ser derrotados en Bailén. No obstante, se produjo una movilización general, se formó un ejército en la Carolina para bloquear Despeñaperros y se crearon las Milicias Honradas, cuerpo armado de voluntarios que se constituyó en cada pueblo en prevención de la llegada del invasor. También se formaron estas milicias en Quesada  y Jerónimo Moreno, mostrando un temprano interés por participar en la lucha, se integró en ellas con el grado de subteniente.[3] No llegaron a entrar en combate, porque el 20 de enero de 1810 los franceses rompieron las defensas de Sierra Morena cruzando con facilidad pasos que se creían inexpugnables, como el de Despeñaperros. En pocas semanas ocuparon toda Andalucía. El general Horace Sebastiani tomó Úbeda el día 22 y el 23 Jaén, una semana más tarde Granada y a la otra Málaga. Fue un paseo militar y las unidades españolas quedaron completamente desbordadas. Con el desastre de Sierra Morena las unidades militares españolas quedaron desarticuladas y cientos de oficiales y soldados emprendieron una desordenada huida. Casi en paralelo a la derrota del Ejército regular se levantaron partidas guerrilleras que atacaban al Ejército Imperial con rápidas acciones, al abrigo de la sorpresa y del conocimiento del terreno.

En el reino de Jaén el comandante Hermenegildo Bielsa se dedicó a reunir a los soldados y oficiales dispersos con los que formó, junto a paisanos de los pueblos, partidas irregulares de guerrilleros.[4] La gente de Bielsa se presentó pronto en Quesada, el 19 de marzo,  para retirar la mitad de la plata que poseía el convento de los frailes con vistas a financiar la causa.[5] A Quesada no llegaron los franceses hasta el mes de junio y durante este tiempo el pueblo quedó en una especie de tierra de nadie, desconectado de todo gobierno, porque las autoridades españolas de la provincia habían dejado de existir y los franceses todavía no se habían presentado. Durante estas semanas de tensa espera Jerónimo Moreno decidió actuar por su cuenta. En el mes de mayo formó un grupo armado que entró inmediatamente en acción bajo la supervisión de Bielsa.[6] La partida de Moreno llegó a reunir, según Díaz Torrejón, unos cien integrantes de infantería y de caballería, procedentes de “los vecindarios de los pueblos giennenses”.[7] Parece lógico que estos vecinos fueran más bien comarcanos y que al menos una parte de ellos procediera de Quesada. Además de algún otro que veremos, hay constancia de al menos uno de estos quesadeños: su hermano menor Luis Moreno. Luis se hizo años después muy famoso por sus andanzas como rebelde carlista y fue fusilado en la Plaza de Quesada en febrero de 1835.[8] Jerónimo Moreno actuó a menudo en conjunción con la partida del famoso Pedro Alcalde, guerrillero de los Villares. Su zona de actuación fue sorprendentemente amplia, pues además de la comarca y la provincia se extendió a las de Granada, Córdoba y Málaga. Dice Diaz Torrejón que la partida de Moreno “dotada de gran versatilidad (…) practica todo el amplio repertorio de actuaciones guerrilleras. Se emplea con igual empeño en el ataque a guarniciones y destacamentos imperiales, el asalto a convoyes, la interceptación de correos y la sustracción de caballerías”.[9]

La primera acción importante de Jerónimo Moreno y su partida ocurrió el 1 de julio de 1810, protagonizando un sonado golpe en Úbeda, que los franceses habían constituido como cabeza de subprefectura y base de operaciones en esta parte de la provincia. Diez hombres de la partida de Moreno, “que habían entrado disfrazados en Úbeda”, consiguieron entrar en el cuartel francés de caballería, sorprendiendo a los que cuidaban los caballos, “pusieron a 10 de estos las sillas, tomaron 10 espadas, y montando sin detención, salieron a todo escape a presentarse a su comandante”. Esta seguramente no fue la primera acción de la partida, pero sí la primera que trascendió fuera de la provincia, siendo celebrada por La Gaceta de la Regencia de España e Indias, publicada en Cádiz y órgano oficial de la resistencia a Napoleón.[10]

Más importante y sonada fue otra sucedida a los pocos días en Martos y en la que actuaron conjuntamente Moreno y Pedro Alcalde, el guerrillero de los Villares con el que formará tándem hasta el final. Según La Gaceta de la Regencia a mediados de julio ambas partidas, compuestas por un total de 210 hombres de infantería y caballería, se dirigieron a Martos siguiendo órdenes de Hermenegildo Bielsa. Allí tenían los franceses un depósito de caballería que debían asaltar con el objetivo de capturar el máximo de caballos y conducirlos a la retaguardia guerrillera en Segura. Sobra incidir en la importancia que entonces tenían las monturas como “maquinas” de guerra. Moreno y Alcalde cayeron por sorpresa sobre la guarnición enemiga y lograron hacerse con sesenta potros. Inmediatamente huyeron con el botín animal en dirección a Valdepeñas de Jaén. Pasado este pueblo supieron que un destacamento enemigo de 83 hombres, procedente de Carchelejo, se dirigía a Pegalajar para interceptarlos. Dispusieron Moreno y Alcalde que el convoy de potros no se detuviese y siguiese adelante escoltado por 50 hombres. Mientras tanto ellos acometieron a los franceses entablando un combate “largo y sangriento”. Según la Gaceta Moreno mató “por su mano” al comandante contrario hiriendo Alcalde a su ayudante. Los franceses perdieron 68 hombres, apoderándose los guerrilleros de “todas las armas, mochilas, equipajes de los oficiales y una caja de guerra; por nuestra parte tuvimos un muerto y 4 heridos”. Entre los soldados se distinguió especialmente José Bello, apellido muy quesadeño por entonces. Moreno y Alcalde prosiguieron la marcha siempre perseguidos por los franceses y con el convoy de potros por delante. Tras atravesar la Dehesa de Guadiana llegaron a Quesada el 22 de julio. Allí fueron alcanzados nuevamente por sus perseguidores y se entabló un feroz tiroteo que duró seis horas, “al cabo de las cuales el enemigo se retiró abandonando el campo, donde encontramos 5 cadáveres de los suyos (…) un muerto y un herido fueron nuestra pérdida”. El convoy de potros y la tropa salieron de Quesada al día siguiente y alcanzaron Segura de la Sierra sin novedad el 25. Según la Gaceta se distinguieron en estos enfrentamientos de Quesada Luis Moreno, hermano de Jerónimo, y un soldado apodado Peseta, seguramente el belerdeño Francisco Guerrero.[11]

La actividad de Jerónimo Moreno, siempre unido a Pedro Alcalde, era incesante. Pocos días después, a primeros de agosto, Moreno y Alcalde vuelven a destacar durante los violentos combates que en los alrededores de Iznatoraf entablaron las guerrillas de Hermenegildo Bielsa contra los franceses.[12] En septiembre, según Sanjuán, estaban en la parte de Montesión, desde donde bajaron a Cazorla para expulsar a un contingente invasor.[13] A finales de ese mes se produjo la sustitución de Bielsa por el brigadier Antonio Osorio Calvache.[14] El cese de Bielsa se inscribe en la tensión que había entre las partidas irregulares, de las que Bielsa era partidario, y las unidades militares regulares, que defendía el mando del III Ejército. Pero esta tensión y este cambio no afectaron a Jerónimo Moreno, al contrario. El 19 de octubre, iniciada la reorganización de las guerrillas para dotarlas de estructura militar, se propuso al general Blake, que ascendiera a algunos “oficiales” de las partidas, “que se han distinguido y batido con mucho valor repetidas veces con el enemigo (pero que) se hallan sin ninguna recompensa militar”. Entre ellos a Jerónimo Moreno, al mando de una “compañía de caballería” y Pedro Alcalde, de infantería. Para ambos se propone el “empleo de teniente de sus respectivas armas”.[15] No hay noticia de si Blake les concedió el grado militar, pero en cualquier caso ambos continuaron su actividad guerrillera.

El 17 de octubre el oficial Paul Marie Rapatel, comandante del regimiento Jaén n.º 8, formado por voluntarios españoles en el bando napoleónico, sorprendió a Pedro Alcalde y su partida cerca de Quesada. Los acometió causándoles 20 muertos y muchos heridos. Alcalde y su gente se refugiaron en Quesada, donde estaba Jerónimo Moreno con sus hombres. Rapatel los persiguió hasta dentro del pueblo entre un fortísimo tiroteo. Moreno y Alcalde consiguieron escapar, pero dejándose “cinco o seis muertos” en las calles. Esta noticia procede de La Gaceta de Granada, que reproduce informaciones del gobierno militar francés de Córdoba y Jaén. El uso de los periódicos con fines propagandísticos por ambos bandos fue habitual en esta guerra. Por eso tanto este resonante éxito de Rapatel —como a la inversa el de Moreno y Alcalde con los potros de Martos— hay que tomarlo cautelosamente, como la propaganda bélica que son. En este caso de octubre el bando patriótico, la gaditana Gaceta de la Regencia, se limitó a informar que “las gacetas de Córdoba” daban noticias de los encuentros de Moreno y Alcalde con los franceses en las inmediaciones de Quesada y Jódar.[16]

Pero siguiendo con la noticia de la Gaceta de Granada sobre lo sucedido en Quesada aquel octubre. Al día siguiente de ocupar el pueblo el capitán Rapatel salió en dirección a Jódar, pero en el camino tuvo noticia de que, tras su salida, los guerrilleros habían vuelto a entrar en Quesada. Volvió para expulsarlos pero, al tiempo que los acometía, dispuso que parte de su fuerza rodeara por Santa Cruz y Rotalaya para cortarles la retirada a la sierra. Moreno y Alcalde emprendieron la huida por el camino de Cazorla y cayeron en la emboscada. Según la Gaceta de Granada, ambos jefes guerrilleros lograron escapar, pero tuvieron más de 40 muertos y perdieron gran cantidad de armas y caballos.[17] Al día siguiente, 19 de octubre, —noticia ahora procedente de fuente española— una importante columna imperial compuesta por 300 infantes y 100 caballos, que había pernoctado en Peal, avanzó de madrugada hacia Quesada, donde les salió al paso el brigadier Calvache, sustituto de Bielsa. Se mantuvo “un terrible fuego por todos los puntos, desde las 11 del día hasta anochecido”. Calvache tuvo finalmente que retirarse a la sierra por su clara inferioridad. El pueblo quedó en manos francesas hasta que se retiraron al día siguiente, después de descansar y sin “romper una sola puerta, ni hacer daño alguno”.[18]

Auge y perdición de Jerónimo Moreno en Benamejí.

Los meses de la primera mitad del año 1811, son los del apogeo de la partida de Moreno y también de su abrupto final. Sus acciones no solo aumentaron en importancia sino que desbordaron el marco comarcal y provincial extendiéndose a zonas de Granada, del interior de Málaga y sur de Córdoba. La primera noticia de la ampliación de su ámbito de actuación y de la repercusión e importancia de sus acciones procede de la Gaceta de Madrid y por tanto de la parte francesa de José I. Dice el periódico madrileño, recogiendo un parte del día 13 de febrero desde Córdoba, que una compañía de “indultados” —españoles renegados y pasados al lado francés— al mando de un tal Ariza y “bajo la dirección del comandante Robin”, había capturado en la campiña cordobesa a “seis malhechores de la cuadrilla de Moreno”. La noticia, que hasta aquí pudiera ser cierta, se remata de manera manifiestamente falsa: “Esta derrota ha producido la disolución de la cuadrilla de Moreno, el cual se ha presentado a Ariza suplicando ser incorporado en la partida de este”.[19] Pero esto es pura propaganda, Moreno no se entregó ni fue capturado. El 30 de marzo, de nuevo en la comarca, Moreno y Alcalde acometieron a los franceses en Cazorla ocasionándole, según la Gaceta de la Regencia, una pérdida de “12 o 14 soldados”, que ya sería alguno menos por las razones propagandísticas que van dichas. [20] Poco después la pareja de guerrilleros volvía a actuar fuera de la provincia. El día 11 de mayo asaltaron un convoy en Cuesta Blanca, pasado Loja en el camino de Archidona y Antequera. Capturaron 400 caballerías cargadas de paja y grano, mataron a “cuatro o cinco dragones” e hicieron huir a la infantería de escolta, que abandonó armas y mochilas.[21] Dos semanas después se produjo la acción más importante protagonizada por Jerónimo Moreno y Pedro Alcalde. La tarde del día 31 de mayo Moreno y Alcalde entraron en Baena. Por sorpresa se apoderaron del pueblo aprovechando la debilidad de las defensas y liberaron a los presos de la cárcel, incorporando a algunos de ellos a la guerrilla. Según Diaz Torrejón “mediante métodos no exentos de violencia”, consiguieron un importante botín “de caballerías, armas y demás”.[22]

La importancia del golpe puso en alerta extrema a los franceses. Una importante columna, con base en Lucena y comandada por Frederic Robin, emprendió inmediatamente la persecución de los guerrilleros. La tarde del 2 de junio fueron sorprendidos en las inmediaciones de Benamejí. Se inició un fortísimo tiroteo que duró varias horas. Según la bonapartista Gazeta de Sevilla, reproduciendo noticias de Córdoba,[23] el desastre fue total con unos trescientos guerrilleros muertos, entre los que estaba Jerónimo Moreno. Pedro Alcalde fue capturado y por Robín consiguió liberar a un oficial y 24 soldados polacos que los guerrilleros llevaban presos. Diaz Torrejón, citando información del Archivo Parroquial de Benamejí, rebaja la cifra de muertos a 130, de los que se desconocía su nombre y que fueron enterrados en las inmediaciones del pueblo. Continúa Díaz Torrejón afirmando que numerosos españoles quedaron heridos en el campo, “muchos de los cuales son auxiliados por diversos vecinos de Benamejí y escondidos en la ermita de Jesús del Alto, situada a un cuarto de legua al oeste de dicho pueblo, para evitar que Robin «exercitase en ellos la inhumanidad con que había tratado a otros». Pedro Alcalde fue conducido a Jaén, donde al poco fue ahorcado. Sobre Jerónimo Moreno dice Diaz Torrejón que la noticia hay que tomarla como cierta, “pese a los recelos por razones propagandísticas”, pues desde ese momento no hay referencias documentales a Moreno y su partida, por lo que hay que pensar que, al quedar acéfalo, el grupo guerrillero se disolvió.[24]

Es cierto que no hay más noticias de la actividad guerrillera de Moreno y su partida. Pero Jerónimo no murió en Benamejí y hay prueba documental de ello. En noviembre de 1813 el cabildo municipal lo cita como único oficial que hay en la villa, donde vive no sabemos en que estado de salud. En 1814 vuelven las actas a referirse a él como importante contribuyente para que adelante cantidades —a lo que se niega— necesarias para levantar el apremio militar que sufría el pueblo por retrasos en contribuciones.[25] En 1816, 27 de febrero, la corporación acordó citarlo para atender la orden del capitán general de informar sobre los “oficiales de cuerpos francos o partidas de guerrilla”, siendo “uno de esta clase Don Gerónimo Moreno”. La última noticia disponible es de 1817, sobre asuntos relativos a sus ganados afectados por la sequía. Con posterioridad no hay mas referencias. Durante la segunda invasión francesa de 1823, para reponer el absolutismo y acabar con la Constitución, No hay noticia de Jerónimo Moreno, a pesar de que el protagonista absoluto de la reacción realista en la comarca fue su hermano Luis Moreno y su sobrino José. Es posible que para este año ya hubiera fallecido, o que estuviera tan mayor y con salud tan quebrantada que no pudiese participar en la revuelta realista, o que fuera el único de su familia que no fue partidario del extremismo absolutista, o simplemente que le repugnara actuar esta vez como aliado de los viejos enemigos franceses.

Como se ha dicho antes por cita de Diaz Torrejón, algunos vecinos de Benamejí ayudaron a los heridos refugiándolos en una ermita. Es muy posible que Moreno fuera herido de mayor o menor gravedad y que consiguiera escapar in extremis de los imperiales y que fuera uno de los ayudados o escondidos en Benamejí. En cualquier caso quedó solo y lejos de su refugio quesadeño. Los franceses se mantuvieron en Andalucía un año más, hasta la primavera de 1812. Durante este tiempo, y hasta que regresó a Quesada ya libre de franceses, tuvo que permanecer oculto a sus perseguidores. Solo y aislado, sin compañeros que le pudieran ayudar, seguramente herido, necesariamente alguien lo tuvo que proteger, seguramente curar, y esconder de los gabachos. ¿Quién y dónde ayudó a Jerónimo? Me temo que va a ser imposible saberlo, pero hay que suponer que fue alguien que podía hacerlo y, desde luego, la respuesta más simple y directa es que lo hizo alguien del propio Benamejí o de sus cercanías.

Para ambientar La Duquesa de Benamejí los autores recurrieron a los recuerdos de las visitas de Antonio Machado a Quesada en 1915 y 1917. El paisaje es de Quesada y de Quesada era Julián Gallardo, su protagonista. ¿De dónde surgiría la idea de localizar la acción en Benamejí? Además de la rotundidad sonora del nombre, ideal para una historia romántica de bandoleros, bien pudiera venir de algo que Machado escuchara en Quesada. Su anfitrión fue Serapio Corral que vivía por entonces en Baeza, adonde se había trasladado para que sus hijos estudiasen. Su padre, Martín Corral el viejo, fue persona muy longeva nacido en la primera mitad del siglo XIX, cuando las hazañas de los Moreno estaban todavía recientes. No hubiera sido extraño que Serapio escuchara a su padre esas viejas historias y que durante la estancia del poeta en Quesada se las contara a Machado para entretener y adornar la visita. Si esto fuera así, don Antonio aprovechó como protagonista al guerrillero quesadeño y lo convirtió en bandolero para mayor romanticismo. Aunque nunca lo sabremos con certeza no es descabellado pensar que así fue. Queda en cualquier caso, con duquesa o sin duquesa, la figura del guerrillero quesadeño, que se enfrentó al invasor francés jugándose la vida en numerosas ocasiones y que hoy está completamente olvidado siguiendo la antigua tradición local de derribar los muros viejos y borrar de la memoria los recuerdos antiguos.

 

 

 



 

[2] Título de alguacil mayor presentado por su hijo Juan Moreno en acta del pleno municipal de 3 de julio de 1817

[3] Según el expediente militar de Hermenegildo Bielsa citado por Francisco Luis Díaz Torrejón. GUERRILLA, CONTRAGUERRILLA Y DELINCUENCIA EN LA ANDALUCÍA NAPOLEÓNICA (1810-1812) Tomo II. Fundación para el desarrollo de los pueblos de la Ruta del Tempranillo. Lucena 2005.

[4] Ramón Rubiales García del Valle. ACTUACIONES DE LA GUERRILLA Y EL EJÉRCITO EN LA COMARCA DE LAS VILLAS DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA (1810-1812). ARGENTARIA Revista Histórica, Cultural y Costumbrista de las Cuatro Villas. 2013.

[5] AHN DIVERSOS-COLECCIONES,111,N.27.

[6] Francisco Luis Díaz Torrejón. Op. cít.

[7] Díaz Torrejón. Pág. 110.

[8] Ver artículo especialmente dedicado a él: PERSECUCIÓN, CAPTURA y MUERTE de LUIS MORENO y de su sobrino JOSÉ.

[9] Díaz Torrejón. Pág. 110.

[10]Gaceta de la Regencia de España e Indias. Viernes 24 de agosto de 1810 N.º 59 pág. 563

[11] Ibid.

[12] Ramón Rubiales. Op. cit.

[13] Sanjuán. Op. cit.

[14] ANH DIVERSOS-COLECCIONES,94,N.90

[15] DIVERSOS-COLECCIONES,111,N.31

[16] Gaceta de la Regencia de España e Indias. 3 de enero de 1811

[17]Gaceta de Granada. Viernes 30 de noviembre de 1810. N.º 99 pág. 421 y siguiente.

[18] ANH DIVERSOS-COLECCIONES,108,N.30

[19] Gazeta de Madrid. 2 de marzo de 1811.

[20] Gaceta de la Regencia de España e Indias. 18 de mayo de 1811.

[21] Ibid.

[22] Díaz Torrejón Op. cit.

[23] Gazeta de Sevilla de 14 de junio de 1811.

[24] Díaz Torrejón op. cit. Pág. 112 y 113

[25] En este episodio se observa la enemistad que le tenían algunos miembros de la corporación, sin duda herencia de las malas relaciones de su padre con los regidores.


domingo, 21 de junio de 2026

SANTIAGO VICENTE GARCÍA, escritor y traidor quesadeño.

 






          El 18 del actual falleció, a la edad de 74 años, en su pueblo, la villa de Quesada, provincia de Jaen, nuestro apreciable amigo el Sr. D. Santiago Vicente García, escritor aventajado, humanista y filósofo distinguido. Su muerte ha sido una pérdida para la literatura española.

 

Así recogía La Esperanza, periódico católico integrista próximo al carlismo el 30 de junio de 1856 la noticia de la muerte de Santiago Vicente. Vecino de Quesada, fue abogado, comentarista de la política internacional en artículos de prensa  y sobre todo autor de manuales utilizados en la enseñanza primaria y secundaria, que le dieron fama al final de sus días. Lo que no dice La Esperanza en su obituario es que fue también un gran traidor, que delató a sus compañeros de conspiración liberal llevando a la horca al coronel Bernardo Márquez y al librero madrileño Antonio Miyar. Santiago Vicente fue un personaje que se salía la norma en aquel vetusto y aislado pueblo del interior rural. Fue desde luego uno de los personajes quesadeños más singulares del siglo XIX, uno de los pocos que llegó a tener una calle a su nombre. Aunque vivió en Quesada al menos la segunda mitad de su vida, no conocemos su lugar de nacimiento. La tantas veces lamentada destrucción de los libros parroquiales en 1936 hace casi imposible conocer su naturaleza y origen, si es que estuvieron en Quesada. Estaba casado, pero no dejó descendencia conocida, lo que aumenta más el misterio en torno a su persona y lo convierte en especie de ave de paso: apareció de improviso, tuvo sus momentos de gloria en el pueblo y desapareció casi sin dejar rastro.

El apellido Vicente es poco usual y en Quesada era completamente inexistente. La primera persona conocida así apellidada fue el abogado Manuel Vicente Moreno, natural de Villanueva de Cameros (Rioja), que  llegó en el otoño de 1823 como alcalde mayor interino nombrado por la Chancillería de Granada. Hacía pocos meses que la intervención militar francesa había acabado con el llamado Trienio Liberal y el gobierno absolutista de Fernando VII buscaba funcionarios que no hubieran colaborado con el régimen constitucional. Manuel Vicente estaba libre de esta culpa y, según la Chancillería, no había desmerecido "la confianza del Rey Nuestro Señor durante el pretendido Régimen Constitucional tanto en su conducta pública como privada”.[1] Ejerció la alcaldía mayor hasta abril de 1825, gozando de la confianza de las autoridades superiores pues se le encomendaron misiones delicadas, como la depuración política, en 1824, de los cabildos de Cazorla y Cabra de Santo Cristo, cuyos regidores al parecer despertaban sospechas del capitán general de Granada, jefe del orden público. Además de Manuel Vicente, y por aquello de la rareza del apellido, hay que mencionar al que fue párroco de Pozo Alcón Bernardino Vicente Moreno, delegado electo por la asamblea parroquial de Pozo Alcón en las elecciones a Cortes ordinarias de 1813. La coincidencia de apellidos pone en inmediata relación a Manuel y a Bernardino pues la simple coincidencia parece poco probable.

Manuel Vicente Moreno era alcalde mayor “profesional”. Lo fue de Fiñana, de Quesada y más tarde de Algeciras. Nada de extraño tendría que solicitase en 1823 la plaza vacante de Quesada de la que tuviese noticia por el párroco de Pozo Alcón, con el que tuviera algún parentesco, incluso que fueran hermanos. La siguiente pregunta por contestar sería si estos señores, Manuel y Bernardino, tenían relación con Santiago Vicente y sus hermanos. Porque en Quesada, con posterioridad al paso de Manuel Vicente Moreno, hubo tres hermanos Vicente García: Santiago, que debía ser el mayor y que al menos desde 1831 estaba avecindado en Quesada; Manuel, que fue abogado ejerciente en Quesada, y Ángela que se casó con el rico propietario Juan Antonio Conde, al que sobrevivió bastantes años pero del que no tuvo descendencia conocida. Creo que hay relación entre los Vicente Moreno y los Vicente García. Posiblemente un origen familiar común en Cameros que facilitara que unos tiraran de los otros hacia Quesada, como pocas décadas después está documentado que ocurrió con varias familias cameranas. Otra posibilidad sería que Manuel Vicente Moreno fuera padre de los hermanos Vicente García y que estos se hubieran establecido en el pueblo permaneciendo en él incluso con posterioridad a la marcha del padre. No hubiera sido la primera vez que ocurría con familias de corregidores y alcaldes mayores.[2] Pero no cuadran demasiado las fechas, porque en 1825 Santiago Vicente tenía unos 45 años y si Manuel fuera su padre tendría que tener al menos 65, lo que parece una edad elevada (entonces) y más lo sería para continuar después su carrera en una localidad importante como Algeciras.

Fuera la que fuera la relación familiar, que la tuvo que haber y que explicaría la “aparición” en Quesada de Santiago Vicente, las primeras noticias ciertas sitúan a Santiago en Jaén durante el Trienio Liberal. Aunque hay alguna referencia a que fue afrancesado,[3] lo cierto es que en 1821 era secretario del Ayuntamiento constitucional de Jaén.[4] Fue por este cargo por el que ocupó otros como el de secretario de la Junta de partícipes seculares de diezmos del Obispado de Jaén.[5] Su presencia en Jaén lo sitúan ya cerca de Quesada con anterioridad a la llegada de Manuel Vicente Moreno. Lo acercan además a  otro protagonista, trágico, de esta historia, el coronel Bernando Márquez de la Vega, también muy relacionado con este pueblo. Según su abogado, al hacer en 1831 la relación de méritos de su defendido, Márquez empezó su carrera militar con 15 años, luchando en los Pirineos contra la República Francesa. En 1810, en plena guerra de la Independencia, entró en Jaén desde Baza con un solo asistente y levantó una partida que llegó a tener 1.500 infantes y 700 caballos.[6] Y efectivamente, el entonces capitán Márquez se hizo famoso durante la Guerra de la Independencia por su actuación en el reino de Jaén. Tras el desastre de Despeñaperros, enero de 1810, y la desaparición del Ejército del Centro que lo defendía, se integró en las guerrillas desplegando una gran actividad. Alcanzó notoriedad con algunas acciones muy sonadas, como el intento de captura del general Sebastiani en la primavera de 1811 o la liberación y definitiva expulsión de los franceses de Jaén a mediados de 1812. Márquez mandó la caballería de las fuerzas que se enfrentaron en Quesada a las tropas del general Godinot en el verano de 1811. Tenía sus caballos acampados en la calle don Pedro y cuando los imperiales forzaron las defensas continuó hostigándolos desde puerto Ausín y Fique. No hay noticia de Márquez una vez finalizada la guerra ni de cuál fue su actuación durante el Trienio Liberal, pero al menos desde 1829 estaba retirado en Sevilla como pensionista de guerra con el grado de coronel. Aunque oficialmente avecindado en Quesada, también vivía en Sevilla Santiago Vicente García, procedente de Jaén, donde por su implicación activa en el gobierno municipal del Trienio Liberal no pudo seguir ejerciendo. Ambos pertenecían a los círculos liberales opuestos al absolutismo de Fernando VII, eran de una edad parecida y posiblemente se conocían de sus tiempos por Jaén.

Conspiración, proceso y muerte del coronel Márquez

En el mes de Junio de 1829, se presentó en Sevilla D. Juan López Ochoa, veterano liberal, que en nombre de una denominada Junta de Cádiz se proponía establecer otra en Sevilla, “a fin de que con las demás instaladas en casi todas las provincias, cooperasen al plan concertado por una Junta general de Españoles emigrados reunida en Londres, para dar a la Nación un Gobierno liberal”.[7] Quedó constituida la junta con Bernardo Marquez a su frente  como jefe y Santiago Vicente García como secretario y encargado de las relaciones con otras juntas provinciales, como la de Madrid, y con destacados exiliados que desde el extranjero participaban en el movimiento. En estos contactos clandestinos, Santiago Vicente utilizaba el nombre de guerra de Francisco Vázquez y recibía las cartas y mensajes secretamente a nombre de Dª Francisca Santa María, viuda de D. Pedro Verdugo, que fue Intendente de Marina del Ferrol. Esta señora, a la que Santiago Vicente llama “mi amiga y bienhechora” y que vivía entonces en Sevilla, procedía de Las Palmas, de donde era natural su fallecido marido, hermano del obispo de Canarias y miembro de una importante familia de las islas. No hay más noticia, por el momento, sobre la relación de esta mujer y Santiago, que debía ser, en el sentido que fuera, tan fuerte como para que Francisca se atreviese a prestar su nombre y casa en peligrosas tareas clandestinas.

 

La Junta sevillana no tuvo mucha actividad hasta que en septiembre de 1830 llegó a Gibraltar el general Torrijos, que junto al exiliado Espoz y Mina encabezaba todas las conspiraciones contra la tiranía de Fernando VII. Alentados por la cercanía del general se activaron los contactos con otras juntas, especialmente con la de Madrid. Pero la policía estaba tras la pista y a principios de 1831 fueron interceptadas “varias cartas dirigidas a D. Santiago Vicente García, aunque bajo otro nombre (Vázquez), el cual se suponía ser uno de los principales agentes de la conspiración en Sevilla”.[8] A la vista de estas informaciones, el siniestro ministro Calomarde ordenó una redada en la que fueron detenidos, entre otros muchos, el coronel Bernardo Márquez y Santiago Vicente García. La información sobre estos sucesos procede del proceso judicial que se siguió a continuación. En él hay noticias de Santiago Vicente a través de sus propias declaraciones y de los alegatos del abogado defensor de Bernardo Márquez.[9]

 

Cuando Santiago Vicente fue detenido se mantuvo firme al principio, sin descubrir a ninguno de sus compañeros. Pero debió de comprender que esa actitud le llevaría a la horca y acabó cediendo. Ofreció “descubrir los autores, cómplices y ramificaciones de la conspiración si se le indultaba”. Prometido el indulto, hizo “una minuciosa declaración, en la cual revelaba la existencia de la conspiración, y los nombres de cuantos aseguró que habían tomado parte en el plan”.[10] En su confesión o delación dio los nombres de los integrantes de la junta de Sevilla y de otras, como la de Madrid, con las que mantenía contacto en nombre de la sevillana. No ahorró detalles, hasta el punto de incluir la composición de las tintas simpáticas utilizadas en la correspondencia clandestina, así como las claves y equivalencias con las que se encriptaban los textos. Se iniciaron sus declaraciones el 14 de abril de 1831 y continuaron durante varios días, pero a pesar de las promesas el indulto continuaba detenido —aunque se le mantenía en condiciones favorables y cómodas—, siendo al poco conducido a Madrid, donde continuó sus delaciones que afectaron, entre otros, al librero Antonio Miyar. Como resultado de sus denuncias —no fue el único traidor, hubo otros como un tal Vicente Ramírez— el coronel Bernardo Márquez fue condenado a muerte y  ahorcado en la plaza de San Francisco de Sevilla el 9 de marzo de 1832. Al ser militar le correspondía morir fusilado por un pelotón de soldados, pero no se le respetó su derecho y el fiscal, al solicitar la pena de muerte, pidió que “ejecutada se ponga pendiente del cuello del cadáver alguna señal que manifieste al público su aleve crimen de traición”. La ejecución fue un acontecimiento sonado en la ciudad por su injusticia y crueldad. También se hizo notoria la traición cometida por Santigo, que quedó socialmente marcado y arrastró fama de traidor. Al año siguiente murió Fernando VII, los carlistas se sublevaron contra Isabel II y comenzó la guerra civil. La memoria del coronel Márquez fue rehabilitada, convirtiéndose en mártir de la libertad.[11]

Al menos desde 1829, cuando se creó la junta en la que se integró como secretario, Santiago debía vivir en Sevilla o tener una prologada relación con la ciudad. No obstante, en mayo de 1831, al dar sus datos de filiación en uno de los interrogatorios, dice: “que se llama como antes tiene declarado S. V. G., vecino de Quesada, de estado casado y de edad de cuarenta y cuatro años”. Evidentemente no podía residir en Quesada y mantener en Sevilla una intensa actividad conspirativa. Debe entenderse que Quesada era su residencia legal, el lugar donde se había refugiado al amparo de Manuel Vicente, el alcalde mayor, cuando en 1823, tras el final del Trienio Liberal y habiendo sido secretario constitucional, su permanencia en Jaén se hizo imposible. Serenados un poco los tiempos, salió del pueblo para buscar nuevos horizontes en Sevilla más acordes con su ambición y formación.

 

Tras la traición y la muerte de Márquez Santiago siguió viviendo en Sevilla una vez obtenido el indulto, pero los cambios políticos y sobre todo la guerra civil truncaron sus planes. Ya no solamente era un traidor sino que se podía sospechar de él connivencia con el bando carlista sublevado. Sevilla vivía la resaca del movimiento revolucionario juntero, que culminó con la formación en septiembre de 1835 de la Junta Central de Andalucía en Andújar, opuesta al Gobierno de Madrid y a la Reina Gobernadora. En aquella efervescencia, a principios de 1836 Santiago fue detenido según noticias de la prensa liberal sevillana:

Parece que en la noche del 5 del actual ha sido conducido a la cárcel de la real audiencia de Sevilla por los celadores de la 1ª y 2ª demarcación de la Magdalena, D. Santiago Vicente García, delator que fue del malogrado coronel don Bernardo Márquez, ha sido arrestado por orden de la policía y a disposición del Excmo. Sr. capitán general.[12]

Dos días después fue conducido por la policía a Cádiz, a disposición del gobernador militar.[13] No hay más informaciones de lo que ocurrió con él, pero evidentemente ya no pudo seguir viviendo en Sevilla y optó por regresar a Quesada,  donde volvemos a saber de él a principios de 1838, con las facciones rebeldes carlistas a punto de entrar en el pueblo.

En enero de 1838 dos columnas carlistas, la de  Basilio García (Don Basilio el de Logroño) y Antonio Tallada, asolaban la Mancha, Alicante y Murcia. Aquella guerra fue brutal. Las columnas carlistas emprendían marchas un tanto erráticas moviéndose con rapidez de un punto a otro, intentando levantar a las poblaciones por las que pasaban y viviendo sobre el terreno del saqueo. Cometían toda clase de atrocidades, que eran respondidas en similar forma por las tropas isabelinas. Ambas columnas se reunieron en Alcaraz y penetraron en Jaén. El 4 de febrero consiguieron entrar en Úbeda y Baeza. Al día siguiente fueron desalojadas por el general Laureano Sanz, que las obligó a cruzar el Guadalquivir.[14] La irrupción de los rebeldes provocó alarma y miedo en toda la comarca. Aquel mismo día, 5 de febrero, el Ayuntamiento de Quesada decidió poner en ejecución las instrucciones que tenía para el caso de que los facciosos invadieran el pueblo. Debían evacuarlo todos los regidores y llevar consigo los fondos que hubiese en las arcas municipales, para evitar que cayesen en manos de los rebeldes. Ya con Don Basilio y Tallada en los alrededores emprendieron la marcha, pero “no pudiendo dejar el pueblo abandonado sin que haya personas que con alguna representación estén a la mira de esta población y lo que pueda ocurrir”, resolvieron crear una “junta auxiliar interina”, que recibiese a los invasores y procurase salvaguardar en lo posible a los vecinos y sus bienes. Para esta junta se nombraron personas que no fueran vistas como enemigos por los invasores: el párroco don Cesáreo Aguilera y un grupo de hacendados de cierta edad y de mentalidad próxima al carlismo, entre los que destacaba don Manuel Antonio de Alcalá Conde.[15] En un lugar destacado, inmediatamente después del párroco, se nombró a Santiago Vicente García.

Don Basilio entró en Quesada al día siguiente y esa misma tarde lo abandonó ante la llegada del mariscal Laureano Sanz, que venía persiguiéndolo desde Úbeda. Estuvo moviéndose por toda la comarca, desde Pozo Alcón a Cazorla, entrando de nuevo en Quesada el día 19,[16] siempre perseguido por las tropas gubernamentales. No hay noticias de lo sucedido durante estas entradas ni de cuál fue la actuación de la junta interina. Solo hay una referencia en la crónica que de los sucesos hizo el corresponsal en Úbeda de un periódico madrileño, en la que decía que los pueblos de Villacarrillo, Quesada y Cazorla habían “sufrido mucho”.[17] Este episodio, ocurrido en los momentos álgidos de la guerra civil en la comarca, ilustra perfectamente el cambio radical que se había producido en la vida de Santiago Vicente. El viejo revolucionario liberal, funcionario constitucional en el Jaén del Trienio Liberal y activo conspirador en Sevilla contra la tiranía absolutista de Fernando VII, había mudado radicalmente desde su traición de 1831. Ahora Santiago era un personaje cincuentón, católico integrista y radicalmente conservador y próximo al absolutismo carlista, tanto como para servir de escudo protector del pueblo ante el feroz Don Basilio. Ya no volvió a cambiar de postura; mantuvo su conservadurismo hasta la muerte. También hasta la muerte continuó viviendo en Quesada, donde pasó su vejez. Pero antes de abordar al Santiago Vicente literato hay que mencionar una noticia que, como casi todas las que rodean su figura, resulta intrigante y misteriosa.

La guerra civil concluyó el 31 de agosto de 1839 con el Convenio de Vergara entre los generales Espartero y el carlista Maroto. Pocos meses antes, el 20 de marzo, el Ayuntamiento de Quesada recibió un oficio de Jaén ordenando que se formase expediente de prófugo a don Vicente Berdugo, y por todos los medios se le presentase en la “caja de quintos”.[18] El 17 de abril la corporación dejó constancia de que se había dirigido exhorto al alcalde constitucional de Granada “relativo a la captura de Don Vicente Berdugo a quien cupo la suerte de soldado” y que esta autoridad había respondido “no haberse hallado en dicha ciudad de Granada” al citado prófugo. En 8 de mayo, la Diputación de Jaén, entonces con las competencias de reclutamiento, vuelve a dirigirse a Quesada sobre esta persona. Estas reclamaciones significan que el tal Vicente Berdugo estaba incluido en el alistamiento de Quesada y que fue sorteado en él por estar avecindado en el pueblo. Le cupo la suerte de soldado, pero no se había presentado en Jaén en la “caja de quintos”. Todavía no había concluido la guerra civil y Vicente no quiso participar en ella, o no quiso hacerlo en el bando constitucional isabelino al que pertenecía Quesada y toda la provincia de Jaén.

El apellido Berdugo o Verdugo era inexistente en Quesada hasta ese momento, Vicente Berdugo había venido de fuera aunque formase parte del cupo quesadeño por estar avecindado en la villa. El 11 de septiembre, y ante un nuevo requerimiento desde Jaén, se contestó diciendo que estaba ausente de “esta villa de Dª Francisca Santa María madre del Berdugo”. Se ignoraba adónde había marchado, pero se había encargado al secretario municipal que interrogase a “Don Santiago Vicente García en cuya casa moraban”.  Francisca Santa María, como antes se vio, era la viuda de D. Pedro Verdugo, la que para esquivar a la policía prestaba su dirección postal a Santiago Vicente en su correspondencia clandestina. Santiago la había llamado “su amiga y bienhechora”. Eso fue en 1831 y ahora resulta que durante la guerra civil, al menos en sus años finales, Francisca vivía en Quesada junto a su hijo y en casa de Santiago Vicente. Los Verdugo eran una importante familia de Las Palmas de Gran Canaria. El fallecido marido de Francisca, don Pedro, fue hermano del obispo de Canarias, eran gente importante.[19] ¿Qué hacían la viuda y su hijo en edad militar en un pueblo perdido como Quesada, viviendo en la casa de un amigo? Francisca colaboró en las actividades conspirativas de Santigo. Cuando tras la muerte de Fernando VII se implanta el sistema liberal no debía temer nada, al contrario, y no tendría problema para seguir viviendo en Sevilla. ¿Cambió también Francisca de partido como lo hizo Santiago? ¿Lo hizo motu proprio o influida por su amistad con Santiago? ¿Salió de Sevilla y se refugió en Quesada porque su situación política se hizo difícil, o se mudó a Quesada por “su amistad” con Santiago? Son preguntas que no se pueden contestar, como no se puede decir nada sobre las razones del hijo, de Vicente Berdugo. Solo caben especulaciones, que podrían dar mucho juego novelístico pero nada más que eso.

Vejez literaria en Quesada.

Tras la guerra civil el general Espartero ejerció la regencia hasta que en 1843 fue expulsado del poder. El partido moderado, el general Narváez, se hizo con el gobierno iniciando la llamada Década Moderada. La situación política de Santiago Vicente García se hizo mucho más respirable, porque aunque los moderados eran liberales y habían luchado contra los carlistas en la guerra civil, representaban el sector más conservador y algunos de ellos estaban más próximos a posturas neo católicas (integristas) y cercanas al absolutismo carlista que al progresismo liberal. Santiago ya había rebasado la sesentena y era un viejo, para aquella época muy mayor. Inicia entonces una nueva etapa que nada tiene que ver con su vida anterior: se convierte en profesor, en autor de libros de texto distribuidos por escuelas e institutos de todo el país. También se hizo periodista o mejor, articulista, sin salir de Quesada y tratando asuntos de política internacional nada menos.

Aunque no hay noticia de su estado civil y familiar, se sabe que no vivía solo en el pueblo. Como ya se dijo antes, su hermana Ángela estaba casada con el rico propietario Juan Antonio Conde, con el que vivía en la Plaza. Su hermano Manuel, abogado, fue varias veces concejal durante esta década. Adquirió notoriedad durante los procesos de segregación de Huesa y Peal de Becerro, de Quesada y Cazorla respectivamente. Como comisionado de la Diputación arbitró asuntos difíciles en estos pleitos, como la separación económica y el reparto de fondos públicos, de tributos y contribuciones, etc. En otras ocasiones fue al Ayuntamiento de Quesada al que representó como abogado.[20] Santiago debía estar cómodo en el pueblo durante aquella década, en el seno de una familia importante y acomodada y sin que su condición integrista le pasase factura, porque, aunque no gozase de la simpatía de los liberales progresistas —como Tomás Serrano, padre del general Serrano—, contaba con la de muchos de los integrantes de la “buena sociedad”, entre los que no faltaban los carlistas más o menos disimulados, como el que fue varias veces concejal y alcalde Patricio del Águila. Eran circunstancias muy apropiadas para dedicar su vejez a las letras.

La vida de Santiago Vicente es una sucesión de escenas sueltas e inconexas. Lo habíamos visto abogado y secretario municipal en el Jaén del Trienio, revolucionario liberal en Sevilla, traidor a su propia causa, etc. Ahora en los últimos años de su vida lo vamos a ver como autor de libros y manuales para la enseñanza. Esto significa que tenía conocimientos para hacerlo y relaciones en Madrid para publicar y distribuir por todo el país. Todos sus manuales, y también sus artículos, se publicaron en sus últimos cuatro años de vida y con un estado de salud malo. En el mes de agosto de 1852 el periódico La Esperanza, al presentar un artículo de D. Santiago Vicente García, decía: “vecino de Quesada, en la provincia de Jaén, literato y filósofo de indisputable mérito”, y lamentaba que “un individuo de tanto provecho se halle, según nos informan, casi baldado, sin apenas poder salir de casa”.[21]

En 1852 salió de la imprenta la obra titulada Gramática latina con cuadros sinópticos para facilitar su estudio. En 1854 publicó dos obras: Instrucción religiosa y Gramática de la Lengua Española. En 1855, Examen crítico de la nueva gramática castellana de la Real Academia Española y por último en 1856, semanas antes de su muerte, se imprimió Lecciones preliminares para el estudio de las ciencias. Tanto la gramática latina como la de la Lengua Española fueron aprobadas como textos para la enseñanza secundaria y se siguieron vendiendo años después de su muerte. La de la Lengua Española figuraba todavía en 1866 como texto recomendado por la Dirección General de Instrucción Pública para las bibliotecas de las escuelas normales y de las superiores.[22] En este mismo año la prensa especializaba recordaba el carácter crítico hacia la Real Academia del autor: “vio también la luz pública una bien razonada crítica filosófica, en que su autor D. Santiago Vicente García, hizo gravísimos cargos a la Academia”.[23] Los otros textos de Santiago tuvieron menor difusión, reduciéndose la de su Instrucción religiosa a los ámbitos pedagógicos más integristas.

            A la vez que publicaba estas obras, con mayor intensidad casi se dedicó a escribir artículos que publicaba el periódico La Esperanza. En la ficha de  este periódico de la Hemeroteca Nacional Digital se dice: “con el subtítulo «periódico monárquico», es la más importante cabecera de la prensa absolutista española del siglo XIX, como órgano oficioso del carlismo”. Los artículos de Santiago Vicente tuvieron todos el enfoque ultramontano propio del periódico y de la ideología del autor. Los menos interesantes se refieren a temas educativos, como Por sus obras los conoceréis,[24] en el que ataca a los filósofos, germen de revoluciones, y a sus enseñanzas, Asociación de la Juventud al ejercicio de la beneficencia municipal[25] y Educación literaria. La Crítica.[26] Otros son análisis históricos, como Examen imparcial de la Edad Media,[27] de tono conservador o reaccionario, en el que afirma que el orden social quedó ya plasmado en el pasado y que ahora estamos como al final de la república romana, disputando los restos ensangrentados de ese orden social. Es un escrito muy elaborado en el que demuestra importantes conocimientos históricos, desde luego poco frecuentes en un pueblo del tipo que por entonces era Quesada. Sin embargo, los artículos que más llaman la atención son los referidos a la geopolítica del momento, a la guerra de Crimea.

 

            La Guerra de Crimea enfrentó a Turquía, apoyada por Inglaterra y Francia, y a Rusia. España permaneció neutral en el conflicto —apenas se envió una comisión informativa a Turquía al mando del general Prim—, pero sí produjo enconados debates entre la prensa conservadora y progresista madrileña. Los sectores más liberales apoyaban a los aliados (Inglaterra, Francia y Turquía), los más conservadores y los integristas a Rusia. La guerra comenzó en octubre de 1853 y a los pocos meses, en abril de 1854, Santiago Vicente publicó el artículo Costumbres de los antiguos rusos y cambios que han experimentado.[28] El 24 de junio sacó uno segundo que tituló Origen del Imperio Otomano.[29] Santiago se posiciona a favor del Imperio Ruso, al que ve como paladín de la Cristiandad en lucha contra los musulmanes turcos, a los que apoyan las potencias “liberales”, Inglaterra y Francia, preocupadas solo por el comercio material, por el negocio y el poder. Frente a Rusia estaban los turcos otomanos, para Santiago los infieles musulmanes, viejos enemigos de la corona española, que tenían sometidos y esclavizados a los cristianos griegos ortodoxos, supervivientes del antiguo Imperio Bizantino. La redacción de La Esperanza, en la presentación del primer artículo, hace una clara descripción de su contenido, con afirmaciones que parecen muy actuales, y que son muestra del enfrentamiento ideológico al que la guerra llevó a la prensa del momento (los subrayados son míos):

 

…el Sr. D. Santiago Vicente García ha querido contribuir con su erudición y talento a dilucidar más, si es posible, la cuestión turco-rusa, objeto principal, en el día, de nuestras polémicas con los periódicos liberales. Suyo es el notabilísimo artículo que a continuación insertamos: artículo en que nuestros lectores verán magistralmente descritos, no solo el carácter y la situación del pueblo ruso, que la imparcialidad liberal pinta con colores de antropófago y sepultado en la más infeliz servidumbre; sino los principios que reglan en Europa la gobernación musulmana que nuestros humanitarios civilizadores presentan como tipo de tolerancia; sino el estado en que cuatro siglos ha se encuentran, bajo la dominación turca, los cristianos que el liberalismo algodonero de Occidente, por el hecho de haber quedado cautivos ayer, halla justo, según la sentida expresión del Sr. García, continúe siéndolo hoy, continúen siéndolo siempre!

En esta misma presentación La Esperanza hace referencia al pasado liberal de Santiago Vicente, algo de lo que parece presumir el periódico:

…debemos advertirles (a los periódicos liberales) que al señor D. Santiago Vicente García no pueden tacharle, ni de oscurantista, puesto que ha pertenecido a la escuela liberal, ni de ignorante, puesto que es uno de los hombres más instruidos y más despejados de España…

Para Santiago Vicente el único defecto que se le puede poner a los rusos, “un pueblo tan morigerado, tan sencillo, tan obediente, tan caritativo, tan religioso”, es que son ortodoxos. Por eso, con la esperanza de que acaben ingresando “en el gremio de la verdadera Iglesia de Jesucristo, en el gremio de la Iglesia católica”, escribe un tercer artículo el 17 de julio de 1854 que titula Trozo histórico sobre la reunión de la Iglesia de Rusia a la Latina.

Estos artículos sobre la guerra de Crimea, igual que los otros y que sus manuales pedagógicos, están escritos en Quesada y por un vecino del pueblo. Sorprende la soltura y conocimiento con que habla, desde su punto de vista integrista, de lo que estaba pasando en aquel momento en la otra parte del mundo. Desde luego era una persona de un nivel de conocimientos y formación muy superior al habitual en las clases acomodadas del pueblo, antes y después instaladas en la abulia, en dejar pasar el tiempo, en la vida provinciana y bastante ruin de las tardes y noches de casino.

Después de más de diez años de gobiernos conservadores del Partido Moderado, en los que personas como él, fronterizas con el absolutismo carlista, vivieron con tranquilidad y comodidad política, la Vicalvarada del verano de 1854 dio un nuevo giro revolucionario al gobierno de la Nación. El 22 de julio se proclamó la Constitución de 1837 en Quesada y se creó una junta provisional que dio paso a un nuevo ayuntamiento electo. El general Serrano Bedoya fue elegido diputado a las Cortes Constituyentes después de tantos años de exilio y postergación. Sus familiares y partidarios, los viejos progresistas, dominaron la vida política local. Los integristas como Santiago Vicente quedaron apartados. Temeroso del trato de los revolucionarios a la Iglesia, escribe un artículo titulado Intolerancia de la Iglesia católica en la monarquía española. En él afirma que las modificaciones en materia religiosa que se quieren introducir en la nueva Constitución son “una innovación incompetente, peligrosa y alarmante” y en su opinión el “preludio para introducir la libertad de cultos.”[30] Murió para su desgracia unas semanas antes de la caída de Espartero y del regreso del “orden”.

Santiago Vicente Segura murió el 18 de mayo de 1856, a los 74 años. En el obituario de La Esperanza, tras lamentar la gran pérdida que supuso para la literatura, piden a  su familia que recoja y dé a la luz los manuscritos que hubiera dejado sin publicar, en especial “una Lógica que había concluido poco antes de enfermar del mal que le ha llevado al sepulcro”.[31] Tras su muerte no dejó Santigo ningún hijo conocido pero sí dejó recuerdo en el callejero pues se le dio su nombre a una calle,  la antigua Rodrigo de Poyatos. Mantuvo este nombre hasta el 23 de junio de 1931, cuando el recién nombrado Ayuntamiento republicano aprobó un cambio de nombres. En la propuesta se le dio el de Juan de Mata Carriazo, “ilustre paisano y sabio catedrático”. El cambio fue aprobado por mayoría pero con el voto en contra de los concejales de la minoría de la derecha republicana (Partido Republicano Radical), que se opuso a la desaparición “de nombres de paisanos tan ilustres como Ramón de la Higuera y Santiago García”.[32] De esta manera la calle Santiago Vicente García pasó a llamarse Dr. Carriazo y así continúa.



[1] Había sido alcalde mayor de Fiñana antes de marzo de 1820. Estuvo en Cádiz en 1811 ejerciendo como abogado, lo que no implica necesariamente que fuera liberal.

[2] La familia Valdés, muy conocida en el siglo XIX quesadeño, eran descendientes del corregidor Pablo Valdés, que ejerció en Quesada a principios del siglo XVIII.

[3]Repercusiones españolas de la Revolución de 1830. Alberto Gil Novales. Universidad Complutense de Madrid. “Antiguo afrancesado” dice de él el autor.

[4]El Mensagero de Sevilla, 19 de enero de 1822. Así aparece en una comunicación de la corporación de Jaén a la de Córdoba que publica el periódico.

[5]Gaceta de 25 de febrero de 1859.

[6]Colección de las causas más célebres tomo IV.LEOCADIO LOPEZ , EDITOR. Madrid 1863

[7] Colección de las causas más célebres Tomo V Declaración SVG. Pág. 307

[8] Boletín de jurisprudencia y legislación. Tomo I. Imprenta de D. Tomás Jordán. Madrid 1863. Pág. 362 y ss.

[9] Colección de las causas más célebres Tomos IV y V. Leocadio López editor 1863.

[10] Boletín de jurisprudencia… “IDEA GENERAL DE LA CAUSA”.

[11] Años después, en 1859, el Ayuntamiento sevillano cedió un terreno del cementerio de San Fernando donde se construyó una tumba y un monumento en el que se puso una lápida: “a la gloriosa memoria del coronel D. Bernardo Márquez (…) para borrar la ignominia del patíbulo”.

[12]La Abeja 10-01-1836

[13]La Abeja 14-01-1836

[14] Antonio Pirala. Historia de la guerra civil, y de los partidos Liberal y Carlista. Tomo IV. Libro VII. Capítulo I. Madrid 1869.

[15] Alcalá Conde fue el abuelo de Ángel Alcalá Menezo. Formaba también parte de la junta Tomás Bello, padre del maestro y pintor quesadeño Isidoro Bello López.

[16] Manuscrito Memorias del siglo XVIII al presente.

[17]La Estafeta 20-02-1838

[18] En las actas municipales lo escriben con B aunque en otros lugares escriben el apellido familiar con V.

[19]Documentos para la biografía del obispo Manuel Verdugo. Facsímiles del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas Número 9.2016.

[20]Por ejemplo, en el curioso asunto de una hipoteca de la Inquisición de Córdoba sobre la Dehesa de Guadiana que recuperó del olvido la administración de Bienes Nacionales.

[21]La Esperanza. 20-08-1852

[22]La Conciliación. 15-03-1866

[23]La Enseñanza. 25-04-1866

[24]La Esperanza. 20-08-1852

[25]La Esperanza. 29-09-1853

[26]La Esperanza. 30-09-1853

[27]La Esperanza. 25-10-1854

[28]La Esperanza. 22-04-1854

[29]La Esperanza. 24-06-1854

[30]La Esperanza 02-03-1855

[31]La Esperanza 28-05-1856

[32] Ramón de la Higuera Delgado, farmacéutico natural de Quesada y con botica abierta en Jaén fue diputado provincial y presidente de la Diputación en 1911.