sábado, 12 de enero de 2019

La electricidad en Quesada y el Barranco de La Canal

Placa en la fachada de la "casa de máquinas"



Hoy en día se da por sentado que determinados suministros, como la electricidad, son seguros y continuos. Cuando se interrumpen originan importantes problemas domésticos y económicos. Pero hasta no hace demasiado tiempo esto no era así, en Quesada especialmente. Por ejemplo, el suministro de agua era bastante irregular, sobre todo en verano, y por eso en las casa había depósitos de agua para garantizar el consumo más básico. La electricidad  tampoco era algo constante que nunca fallara pues los apagones eran frecuentes. Incluso la televisión era irregular, de manera que cualquier nube, cualquier “chispa” en el repetidor, dejaba al pueblo sin imagen a veces durante días.

El suministro de agua siempre fue competencia municipal desde tiempos remotos. Las inversiones que en cada época tuvo que afrontar el Ayuntamiento han sido seguramente las más importantes que se han realizado en el pueblo. Por el contrario el suministro de electricidad siempre ha estado a cargo de empresas privadas y solo el alumbrado público ha sido responsabilidad  municipal. La del agua es una interesante historia con sus luces y sombras, sus escándalos y sus fuentes desaparecidas pero esta entrada se refiere a "la luz".

La electricidad empezó a difundirse en España en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX. En un principio se usó solo para iluminación, como sustituto del petróleo de los faroles y el aceite de los candiles. Eran tiempos oscuros, en los que se vivía al ritmo del sol y cuando este desaparecía casi lo hacía también la vida, que se refugiaba en la penumbra de velas, candiles y lumbres.

En la segunda mitad del siglo XIX la iluminación de las calles, cuando existía, era escasa y mala. La vida nocturna mínima y la inseguridad grande. En 1884 había en Quesada por todo alumbrado 35 faroles de petróleo. Eran pocos y funcionaban en un horario muy reducido según había establecido en el pleno municipal de uno de junio:  El alumbrado deberá estar luciendo al punto de anochecer, o sea, al toque de la oración, permaneciendo vivo hasta las doce de cada noche, exceptuando aquellas en que haya luna clara y por las horas que esta dure, a fin de que no falte luz natural o artificial hasta (la) referida hora de las doce, de modo que, si la luna sale al anochecer, se encenderá por el resto que medie desde la desaparición de su reflejo hasta la terminación del alumbrado, y si saliese con posterioridad se encenderá aquel desde el anochecer.” [1] Eran los serenos con “capote ruso y gorra” quienes encendían y apagaban los faroles.

Desde las doce de la noche no había ningún tipo de alumbrado salvo que hubiera luna. Solo se salía de la casa de uno en caso de vicio o por extrema necesidad. Cuando los tiempos eran malos los peligros nocturnos aumentaban y así, en 1890, el Ayuntamiento decidió añadir otros 8 faroles a la luz de las calles y  crear dos nuevas plazas de sereno. La causa de este aumento era el “estado aflictivo en que se encontraba el vecindario debido a la escasez de trabajos por las grandes sequías […], dando esto lugar a que se cometan algunos abusos en la población que muy bien pudieran aumentarse si no se tomaran medidas para evitarlos”.[2]

Estas oscuridades se vería aliviada por un reciente invento, la luz eléctrica, que llegó a Quesada a la vez que el siglo XX. Pro alguno de los faroles antiguos siguieron usándose bastante tiempo. García Carriazo, en sus memorias, refiriéndose a la segunda década del siglo dice que en el centro del jardín, en el Huevo, había un "un alto poste de hierro del que colgaba una gran farola de cristal que encendían desde el suelo, izándola después, operación que presenciábamos los críos con curiosidad."[3]

En 1900 la electricidad todavía no estaba disponible,[4] pero ya se había solicitado al Ayuntamiento autorización para “tender los cables, colocar transformadores en la vía pública y emplazar postes en los caminos vecinales y terrenos de propios” para distribuir la energía eléctrica producida mediante un salto de agua. [5]

El servicio de suministro eléctrico se inauguró, según cuenta García Carriazo en sus Memorias, el día primero de 1901: "El matrimonio de mis padres (…) tuvo lugar la ultima  noche del siglo pasado, iniciando su nuevo estado al primer día del XX, oyendo que ese día se inauguró la luz eléctrica que producía la fabrica de Béjar, que celebrara todo el pueblo, por el avance que ello suponía." [6]

Efectivamente, la primera central eléctrica de Quesada se instaló en Béjar aprovechando las aguas de los arroyos de Béjar y de la Cerrada Villena. La “fábrica de la luz” fue construida por la compañía “Electra Industrial Española”.[7] Esta casa tenía su sede social en Bilbao y operaba en la zona de Martos y Jaén, donde siguió haciéndolo bastantes años.
 
En esta vista del rincón de Béjar, de Zabaleta, se pueden ver los postes de la línea que llevaba a Quesada la electricidad de la "fabrica de la luz"



En Quesada y tras construir la central de Béjar, Electra Industrial duró poco. En 1905 la fábrica de la luz pertenecía a Antonio Bello Ayala[8]. En 1909 hay una nueva referencia con otra titularidad. El vecino de Quesada  Ildefonso Bedoya de la Torre y Emilio Ruiz Cañabate, de Madrid, constituyeron una sociedad regular colectiva al objeto de explotar la “Fábrica de electricidad de Nuestra Señora de Tíscar”. Bedoya aportaba al capital “la concesión gubernativa “para derivar 60 litros segundo del arroyo de Béjar y  40 litros segundo del de Villena”. Se valoraba esta concesión en 2.000 ptas. Por su parte, Cañabate  aportó a la sociedad 110.000 ptas en metálico. Los grandes capitales que precisaba la nueva industria no estarían muy a la mano en Quesada, de manera que es el inversor forastero quien aporta el capital y seguramente la técnica.[9]


El salto de agua de Béjar tenía 85 m. de desnivel. Sendos canales traían el agua desde los dos arroyos hasta una cámara de carga común donde se hacía caer hasta la turbina. El edificio industrial está hoy completamente hundida. Se mantiene, aunque bastante ruinosa, la casa que servía de vivienda a los trabajadores, el “cortijo de la Feda”. En un óleo de Zabaleta con una  vista de este rincón desde el que fue su cortijo, se aprecian claramente los postes de la línea de transporte de la electricidad. La vieja central de Béjar estuvo muchos años en funcionamiento, hasta después de la guerra civil. Recientemente  parece que se ha intentado, o al menos estudiado,  una nueva vida para ella. En 2005 la Diputación la incluyó en un estudio sobre minicentrales hidráulicas de posible recuperación dentro del programa Agenda 21.[10]

En estos primeros pasos de la energía eléctrica no solo el capital inversor era forastero, también el personal técnico. Hablando García Carriazo de los personajes célebres del pueblo a principios del siglo XX cita a "D. José el Alemán, por su nacionalidad, con bigote prusiano y su eterna cachimba en la boca, que era el técnico de la Fábrica de la Luz,”[11] Posteriormente habrá otros alemanes relacionados con la electricidad como se verá.

"La Energía Eléctrica" Mayo de 1909

Empresarialmente, al inicio de los años veinte existe en los anuarios y registros de compañías eléctricas referencia a dos sociedades en Quesada. Una la ya conocida “Bedoya, Ruiz Cañabate y cía”, con domicilio social en Quesada y que en 1920 tenía un capital social de 150.000 ptas, 38.000 ptas más que en 1909. Era su gerente Antonio Rodríguez Conde. Su objeto “Fábrica de electricidad”.[12] La otra se denominaba “Fábrica de Electricidad Nuestra Señora de Tíscar” con domicilio social en Madrid y constituida en 1917, con un capital de 45.000 ptas. Tenía como objeto el “suministro de fluido al pueblo de Quesada (Jaén)”.[13] Diez años después, en 1931, todavía se siguen relacionando ambas en el Anuario de Andalucía 1932.[14] Esta duplicidad, quizás pudiera explicarse por el desdoblamiento societario de la producción y la comercialización pero es fácil que se deba a un simple error de los anuarios que las citan.

Porque en 1922 existía una sola sociedad eléctrica, "Nuestra Señora de Tíscar", que además era de nueva creación y celebraba su primera junta de accionistas en Quesada el 9 de marzo de 1922. Sus accionistas Lázaro Segura, Antonio Rodríguez, Francisco Sanjuán, Estaban de la Riva, y Emilio Ruiz Cañabate. Los dos últimos no asisten por residir en Madrid. Ruiz Cañabate, que participaba en el negocio desde 1909, saldrá de la sociedad el verano siguiente y esta quedará en manos en manos quesadeñas. [15]

En sus primeras juntas[16] se hicieron nombramientos de personal y se fijaron las obligaciones de cada trabajador. Así, el maquinista encargado de la fábrica tenía obligación de residir en Béjar en "la casa próxima a la fábrica". El instalador efectuaba las reparaciones necesarias en la red en el pueblo y en la línea entre este y la fábrica. El guarda tenía como misión vigilar la línea para lo que debía "subir y bajar por el trazado" todos los días "aunque no ocurra nada anormal".

El suministro eléctrico estaba destinado prioritariamente al alumbrado público y a la iluminación de algunas habitaciones en las casas de las familias que se lo pudieran permitir. Los electrodomésticos no existían y los usos industriales apenas apuntaban. En aquel verano de 1922 Bienvenido Fernández solicitó suministro para el motor eléctrico de su almazara en la calle Franco. Se le concedió, pero con la condición de que en caso de sequía, cuando no pudiera garantizarse el alumbrado público, a la fábrica de aceite no se le suministraría corriente por la noche. 

En 1930 el accionariado y el nombre de la sociedad se mantenían según el acta de la reunión celebrada el 15 de octubre. Pero en 1931, ignoro el motivo, había cambiado el nombre aunque mantiene la composición social. Ahora se denominaba la empresa "Sanjuan y cía. Eléctrica Nuestra Señora de Tíscar". Es con este nombre con el que, desde mediados de 1931, las actas de los plenos municipales recogen el pago de facturas.

Los primeros años de la República son de claroscuro en la cosa eléctrica. Iba evolucionando y creciendo pero lo hacía muy lentamente a causa de las limitaciones de producción del ya viejo salto de Béjar. De una parte aumentaba el consumo industrial. No solo con la instalación de motores eléctricos en las almazaras sino con nuevos usos industriales. En octubre de 1931 Antonio Aivar Pérez envió  un escrito al Ayuntamiento solicitando permiso para establecer un taller de carpintería en la calle de Espinillos 6. Se destacaba en la solicitud que la nueva carpintería estaría dotada de una “máquina combinada movida a electricidad”. Pero de otra continuaban las penurias en la iluminación pública. Las mejoras se daban paso a paso. El 12 de agosto de 1931, a propuesta del teniente de alcalde, se acordó instalar una luz en la calle del Bache. En octubre se aprobaba poner dos luces en el interior del edificio de la Cárcel. Se puede decir que más que paso a paso se avanza bombilla a bombilla.

Sobre lo comentado antes de los alemanes. En el pleno de 15 de noviembre de 1931 se dio cuenta de la instancia presentada por Felipe Rothemund Vogel para que se le aprobasen las tarifas del alumbrado público de Belerda. Pocos años después, cuando en el libro de 1935 “El Adelantado e Cazorla” se hace una relación de las fábricas de luz comarcales, se cita “la que ilumina Huesa y otros pueblos, del Sr. Rodhemunt."[17] Es evidentemente que se trata de la misma persona con el apellido mal escrito en alguna de las citas. Es un suministrador  distinto a la fábrica de Béjar. ¿Con qué salto de agua suministraba a Huesa y Belerda? ¿Alguno pequeña central hoy desaparecida y borrada de la memoria en el río de Tíscar, Arroyomolinos o Ceal…? ¿Alguna de las dos fábricas de electricidad que había en Hinojares? En la memoria aprobada po la Junta General de FEDA, en abril de 1936, se explica que el año anterior se había comprado la "Electra de Sotana", con su salto de agua y línea de transporte a Huesa. 

Con posterioridad a la primera publicación de esta entrada se ha puesto en contacto conmigo el hijo de Antonio García Navarrete. Antonio nació en el molino que hay inmediatamente antes de la central de la Canal. Me informa su hijo que, según su padre, había otra central electrica donde se juntan los ríos de la Canal y el de Tíscar cuando baja de Belerda. Me dice que le llamaban “la fábrica del alemán” pero que su nombre real era Sotana. En las fotos aéreas de la zona se puede ver en la loma que separa ambos arroyos, ya casi en su unión y al final e un largo canal que arranca aguas arriba del río de Belerda, un gran depósito cuadrado que es sin duda la cámara de carga de Sotana, la fábrica de luz del alemán, Felipe Rothemund Vogel.

Antonio, según otra fuente familiar,  trabajó con “el alemán”, que al parecer iba armado con pistola y al que se le hizo, a su marcha, una despedida en Belerda durante la cual no fue especialmente amable con los que habían sido sus convecinos.[18]

Pero al mismo tiempo que acababa el primer bienio republicano y se acercaban las elecciones, aquellas en que por primera vez votaron las mujeres, la historia de la electricidad en Quesada estaba a punto de cambiar de forma radical. Eran tiempos de cambios rápidos.

Sello de 1939


Fuerzas Económicas de Andalucía S.A. FEDA. Inversores catalanes, ingenieros madrileños.

La Gaceta de Madrid de seis de noviembre de 1933 publicó una resolución de la Dirección General de Obras Hidráulicas aprobando una concesión de aprovechamiento de aguas del río de la Canal, término de Quesada, para la producción de energía eléctrica. La solicitud con el proyecto correspondiente se había presentado el 5 de enero de 1933 por los ingenieros de Madrid  Carlos Peláez Pérez de Gamoneda y Julio Hernández García. Se concedía por setenta y cinco años y autorizaba la derivación de hasta 750 litros. El desnivel del salto, según proyecto, alcanzaba 164,29 metros desde la coronación de la presa o cámara de carga. Las obras debían estar concluidas antes de dos años a contar desde la publicación en la Gaceta.[19]

Suponía esta nueva central una revolución que situaba a otro nivel la producción de electricidad en la comarca. Los números pulverizaban a los de Béjar. Siete veces más caudal y el doble de metros de caída. La inversión económica necesaria, que superaba las 500.000 ptas de la época, resultaba abrumadora para los estándares comarcanos. No había color.

Empresarialmente también hubo un cambio en consonancia. El primero de agosto de 1933 nacía una nueva sociedad denominada Fuerzas Económicas de Andalucía S.A. La FEDA. El artículo primero de sus estatutos dice que conforme a las disposiciones legales "se transforma en Sociedad anónima y bajo la denominación de Fuerzas Económicas de Andalucía, en anagrama FEDA S.A., la que se denominó Sanjuán y Compañía Sociedad Limitada". [20] La nueva sociedad anónima asume, desde el día primero de agosto, todos los activos, obligaciones y derechos de la antigua sociedad limitada. Esto incluía el salto de Béjar, la red de distribución en Quesada , los contratos existentes a la fecha y el personal, que se mantiene en sus puestos. El día 19 celebró su reunión constituyente el consejo de administración. Uno de sus primeros acuerdos fue alquilar un local en Quesada donde fijar la sede social de la compañía. El local elegido, en el nº 22 de la plaza de la República, estaba en los bajos de la Fonda la Moderna, regentada por Dª Ramona Ceballos Baras. Hasta hace pocos años ha permanecido allí la empresa, continuada luego por Sevillana.[21]

En la nueva sociedad solo permanecía uno de los cuatro socios anteriores, los herederos de Esteban de la Riva. El grueso del capital quedaba en manos de dos familias catalanas y de los ingenieros madrileños titulares de la concesión administrativa. Estos aportaban además el conocimiento técnico y el trabajo sobre el terreno. Carlos Peláez fue nombrado consejero delegado y Julio Hernández ingeniero auxiliar y encargado de dirigir los trabajos de construcción del Barranco de la Canal.

El capital necesario lo aportaron dos familias catalanas, Guixá y Fontana. La primera encabezada por el notario de Quesada Narciso Guixá Almeda, inclito y muy peculiar personaje de la vida quesadeña en los años treinta. Junto a él varios de sus hermanos. La segunda, encabezada por Alberto Fontana Almeda, también acompañado por familiares. Fue un importante industrial catalán del sector químico hasta su muerte en Barcelona en 1963.[22]

Además de los anteriores formaba parte del accionariado con participación menor otro catalán, Jaime Bosch Ventura,[23] que actuaba como secretario del consejo de administración. De Quesada, además de los herederos del la Riva, solo entró en la sociedad Mateo Naverrete, tenedor de 40 acciones.

En porcentajes de participación la familia Guixá poseía, aproximadamente, el 30% del capital, Fontana el 25% y los ingenieros otro 30%. La parte quesadeña  apenas un 10%. FEDA fue cosa de ingenieros madrileños e inversores catalanes. Las dos familias catalanas compartían segundo apellido, Almeda, y es posible que tuvieran parentesco. Su vínculo con Quesada y con el Barranco de la Canal parece evidente que era el notario que  quizás por eso fue nombrado presidente del consejo de administración.

La composición social de FEDA se vio alterada desde un principio por sucesivas ampliaciones de capital. Como resultado aumentó su participación la famila Fontana, perdió peso relativo Guixá, que acabó dimitiendo y entraron nuevos inversores "forasteros". La presencia quesadeña quedó en algo poco mas que testimonial. Mateo Navarrete, vocal del primer consejo, dimitió acompañando a Guixá. Como resultado las juntas de accionistas pasaron a celebrarse en Madrid[24] adonde se llevó la sede social, aunque la operativa permaneció siempre en Quesada, junto al negocio.

Cuando FEDA se hizo cargo en 1933, la antigua fábrica de la luz de Béjar fue remozada y puesta a punto.[25] Siguió produciendo en solitario hasta finales de 1934 cuando entró en servicio La Canal  multiplicando la oferta de energía. Desde aquel momento el crecimiento de FEDA fue muy rápido. En un par de años controló el negocio eléctrico de la comarca, desbordando incluso sus límites. El balance del ejercicio 1935 se cerró con un volumen de 1.655.690,49 ptas. Contaba con 135 km de líneas de transporte de alta tensión y suministraba energía a Quesada, Huesa, La Iruela, Chilluévar, Solera, Bélmez, Cabra de Santo Cristo y ya en Granada, Villanueva de las Torres y Dehesas de Guadix. En el invierno de 1936 se iniciaron las obras para la red de distribución de Cazorla y se compraron acciones de la compañía local. La facturación del mes de enero de 1934 alcanzó 5.785,95 ptas llegando en el mismo mes de 1936 a 26.298,94 ptas.



Edificio de la maquinaria. B. de La Canal

   
El Barranco de la Canal había multiplicado la energía disponible que ya no podía ser consumida solo por el alumbrado público y el uso doméstico. El mayor crecimiento lo protagonizó el consumo industrial de las fábricas de aceite. En muchas de las cuales se instalaron motores eléctricos mejorando su rendimiento y capacidad de molturación. Se puede comprobar en la facturación mensual de la compañía la importancia de este consumo. Durante los meses de campaña aceitunera  triplica la de los meses de verano, cuando estas no funcionan y hay un consumo exclusivamente doméstico. La empresa fue muy consciente de la importancia del consumo industrial. La construcción de la línea de transporte Quesada-La Almedina tenía como objetivo, además del suministro urbano a Cazorla y la Iruela,  llevar la electricidad a las grandes fincas olivareras de la zona. Se esperaba un uso creciente de la electricidad y así, en la memoria de 1935, se dice que "estamos trabajando para desarrollar el empleo de aparatos eléctricos de uso doméstico". Una frase sin duda incluida para impresionar a los accionistas pues pocos aparatos había entonces en Quesada fuera de las radios.

En las primeras sesiones del consejo de administración, en 1933, se tomaron dos acuerdos interesantes. A propuesta del presidente Guixá se acordó ampliar el suministro eléctrico a zonas de los alrededores del pueblo como la Bóveda, Heredamiento y Bocanegra. Quizás por eso en la finca que construyó Guixá en Bocanegra, la "Cerrá del Notario" hoy desaparecida, había una viejísima instalación eléctrica que alcanzaba no solo a la vivienda sino a una cueva adjunta que, se decía, el notario había habilitado como biblioteca ¡Curioso personaje este! El otro acuerdo tomado fue ofrecer una tarifa reducida especial para los abonados “a lámparas de 15 watios” El precio se fijaba en 2 ptas mensuales por bombilla, tarifa plana. Un mes de bombilla costaba lo que medio jornal que en realidad era mucho porque la mayoría de los meses los jornales trabajados eran pocos. Por otra parte hay que imaginar la luminosidad de esas bombillas de 15 vatios...



Interior y maquinaria. B. de La Canal

Además de estas dos asuntos menores, una de las primeras acciones de la nueva empresa eléctrica fue negociar un acuerdo de suministro con el Ayuntamiento que se firmó a principios de 1934. Incluía un total de 220 puntos de luz, bastantes más que los 35 faroles de 1884. El Ayuntamiento debía decidir las  nuevas ubicaciones para que la eléctrica los instalase pero fue una primavera políticamente muy complicada en Quesada, el fin de los ayuntamientos socialistas y el inicio de una etapa conservadora republicana.[26] No estaban las cabezas para bombillas y el Ayuntamiento no facilitaba la relación de lámparas a instalar, de manera que FEDA remitió escrito “reclamando que el ayuntamiento señale el emplazamiento de las nuevas luces contratadas” El nuevo Ayuntamiento había pedido revisar el contrato firmado y FEDA, o Guixá, habían reaccionado de forma desabrida, de manera que el pleno municipal aprobó rechazar “el tono agresivo de la comunicación porque la necesidad de estudiar el contrato que ha manifestado el ayuntamiento no justifica la posición de violencia adoptada por la sociedad.” Y añade que “el delegado de alumbrado público hará la propuesta de emplazamiento con tiempo suficiente para cumplir la fecha convenida.” [27]

El gasto que suponía el alumbrado público era importante. Como ejemplo, en el primer trimestre de 1934 se pagó 1.507,50 ptas por "suministro de fluido para alumbrado público y dependencias municipales" y 112,90 ptas por reposición de bombillas fundidas. La guerra civil alteró los pagos y así en diciembre de 1939 seguían pendientes los recibos de 1935 y primer semestre de 1936. [28]

La creación de la FEDA y sobre todo su parte más visible, la construcción de la central de La Canal, tuvo un importante impacto en la comarca y generó gran expectación. En la ya citada obra “El Adelantamiento de Cazorla” se menciona como una novedad de importancia y en el capítulo dedicado a Huesa su redactor, el maestro y abogado Jesús Muñoz Roldán, dice con cierto entusiasmo: "Votamos con que la fiebre de empresa cunda en lo sucesivo con la aparición de la entidad de fluido eléctrico "Fuerzas Económicas de Andalucía", que puede suministrar en condiciones favorables la energía". Por su parte Valentín de las Marinas añade con no menor entusiasmo: “En su aspecto industrial, podemos ofrecer, como muestra, el magnífico Salto de la Canal, hoy en pleno dinamismo, esparciendo energía eléctrica por una amplia zona de la provincia, y hasta de Granada.” Finalmente Juan Sanjuán, al hacer un análisis económico de Quesada remata diciendo que “también recientemente se ha construido una potente fábrica de energía eléctrica, que innegablemente tiene que influir en el desarrollo y ampliación de las industrias.”[29]

Al poco de crearse FEDA y construirse la Canal llegó la Guerra que, como en tantas cosas, supuso un atraso de décadas en la cosa de la iluminación. En diciembre de 1939 unos de los concejales pedía que “se compre con urgencia bombillas para el alumbrado público por la carencia casi absoluta de alumbrado” Habíamos vuelto al siglo XIX.

FEDA fue incautada "por elementos anarquistas" en 1936.[30] La incautación según la memoria aprobada en la junta de mayo de 1940, tuvo pocos "efectos graves (...) por el buen comportamiento de la inmensa mayoría de nuestro personal"[31] No obstante, pocos días después de que las tropas franquistas ocuparan Quesada, el 24 de abril de 1939, los directivos de la empresa confeccionaron y firmaron un documento de depuración de todo el personal de la empresa. Por él se puede fijar la plantilla por aquellos años en casi 50 personas, repartidos por toda la comarca. Buena parte de ellos no fueron movilizados por ser "insustituibles" en un sector considerado estratégico. Y efectivamente, la depuración fue favorable para la mayoría de los trabajadores. Sin duda serlo de la mayor empresa de la zona, en un entorno rural empobrecido y a menudo hambriento, les hacía disfrutar de condiciones que podrían considerarse privilegiadas. Serían poco dados a las aventuras revolucionarias.

FEDA siguió funcionando hasta que fue absorbida por Sevillana a finales de los años sesenta pero eso es otro cuento que desborda la presente entrada.



El Barranco de la Canal

Con la publicación de la concesión administrativa el 6 de noviembre de 1933 empezaba la vida de la central hidroeléctrica del Barranco de la Canal. Pocos días después, el 12 de noviembre, el consejo de administración aprobaba las primeras  obras a realizar, que eran una “pista o camino de acceso para el transporte de materiales y maquinara” y “empezar las explanaciones para el canal y casa de máquinas”. Las obras duraron todo el año 1934 y la central entró en producción a primeros de 1935.

En el llamado “Vuelo americano” la primera fotografía aérea de España que hicieron los aliados (por si tal que hubiera sido necesaria una invasión) en 1945 y 1946, no existían las actuales repoblaciones de pinos y son visibles todos los elementos de la instalación.

"Vuelo americano" B. de La Canal


La central se construyó aprovechando las aguas y pendiente del río o arroyo de la Canal, que nace a los pies del Cabañas a casi 2.000 m. de altura y que se une a los arroyos de Tíscar y Turrilla en Arroyomolinos para alcanzar en Ceal al Guadiana Menor. Es un barranco muy profundo y de difícil acceso en el que no hay caminos ni carriles. La pista que construyó FEDA en 1934 arranca en la casa forestal del Realejo. Está en buen estado en su tramo inicial pero cuando se adentra en el barranco se pierde por la maleza y las barranqueras. Perdidas y abandonadas están también las veredas. La que arranca de Belerda y la que remonta desde Arroyomolinos. En la citada fotografía aérea se aprecia claramente dicho camino e incluso las veredas.

Cámara de carga, depósito de agua. 

Se mantienen todavía en pie y reconocibles casi todos los elementos de la central. El canal toma el agua un poco por debajo de la carretera de Tiscar a Pozo Alcón, en la cota 750 aproximadamente. Tras unos 1.600 metros alcanza la cámara de carga, un enorme depósito a cielo abierto en el que se almacenaba el agua para que en su caída ejerciera siempre la misma presión y fuerza. En invierno el caudal permitía la producción constante de energía pero en los años escasos y casi todos los veranos el caudal mermaba mucho y buena parte del día se cortaba la luz. Había que llenar la cámara y sólo se podía producir en las pocas horas en que se desembalsaba.

El canal se ha usado, o se usa, como toma de agua para Huesa, Ceal, Collejares, etc y se conserva aunque cerrado por una cubierta moderna de cemento. La cámara también se conserva casi intacta pero seca, con sus compuertas y llaves de paso.

El tubo metálico para la caída del agua sobrevive, ya sin uso, oxidado y escondido entre los muchos pinos que han crecido en la zona.  Se conservan también, por encima de la “casa de máquinas”, en una zona soleada fuera de la umbría, las viviendas de los trabajadores. Desde allí, por una empinadísima vereda perdida y abarrancada, se baja hasta lo profundo del barranco, la citada “casa de máquinas”. Esta es la verdadera central, el corazón de la fábrica de luz. Es un edificio muy años treinta con cubierta a dos aguas. En el extremo por donde entra el agua hay una especie de torreón a mayor altura que la otra nave. Grandes ventanales con palillería aprovechan la escasa luz del auténtico agujero en el que está enclavado el edificio. No hay puertas, los cristales están rotos y parte de la techumbre comienza a hundirse.

La maquinaria, vieja y bastante oxidada sigue allí aunque despojada del cobre al parecer tan valioso. Hay aisladores por las paredes y algún elemento extraño (para los que no sabemos del negocio) como una especie de hoya metálica rematada con seis aisladores en cuya placa pone “interruptor de aceite”. Con el trabajo que hoy día cuesta llegar hasta allí resulta sorprendente ver máquinas tan pesadas. El camino perdido tuvo que permitir el paso si no de camiones al menos de carros. Porque parece complicado que este material se pudiera bajar a lomo de caballería.

Fuera, en la fachada principal, encima del hueco de lo que sería el gran portón de entrada y bajo un ventanuco circular, se conserva en perfecto estado una placa con bordes de cerámica azul oscuro y que con letras de igual material y color, sobre fondo claro dice: “FEDA  S.A. 1934”.

La extraña luz de los restos del B. de La Canal


Poca cosa nos parece hoy este espectro. Es difícil imaginar que en su día fue un importantísimo hito para la comarca. Cuesta trabajo entender que en los años cuarenta se organizaban excursiones, en camión por supuesto, desde todos los pueblos de la provincia para asombrarse ante esta muestra del progreso del siglo XX.

La “casa de máquinas”, sin puertas ni casi ventanas, dentro los restos de maquinaria, está en lo más cerrado del barranco, en una tremenda umbría. La luz, especialmente en invierno, es tenue y muy fría. Es un lugar opresivo y fantasmagórico, el decorado perfecto de una película de terror.

Dos veces he estado por estos lugares. La primera cuando en compañía de Luis Garzón remontamos el río desde Arroyomolinos por una vereda de la que solo queda el recuerdo.  Un camino muy complicado y difícil de andar pero a la vez interesante por los viejos molinos harineros que se encuentran al paso. Tras un buen rato de marcha y cuando piensas que estás llegando a ninguna parte, en la espesura de la umbría y de repente, aparece el fantasma de la central hidroeléctrica.

La segunda ocasión entré por el Realejo hasta la cámara de carga y el canal. Como iba solo no me atreví a bajar hasta las ruinas abandonadas en lo mas cerrado de la hondonada. No bajé por miedo, no por otra razón. Porque las películas de terror siempre empiezan con un listo que, solo y tontamente, se mete en la boca del lobo ¡Y está aquello como para salir corriendo!







[1] Luis Garzón Cobo.   “Quesada en el siglo XIX”.    Entrada en su blog personal:                                            http://historiasconminuscula.blogspot.com/
[2] Ibidem
[3]Memorias inéditas” de J.J. García Carriazo. Capítulo I.
[4] El “ANUARIO DE ELECTRICIDAD PARA 1900” incluye a Quesada entre las poblaciones de la provincia de Jaén “que carecen de central eléctrica” “Anuario…” Reproducción digital B.N.E. pág. 188
[5] J.L. Chicharro Chamorro. “Quesada en tiempos de Zabaleta” Boletín Instituto de Estudios Giennenses nº204. Firmaba la solicitud presentada al pleno de 18 de enero, el ingeniero de Jaén José Luis Gómez Navarro
[6]Memorias inéditas” de J.J. García Carriazo. Capítulo V.
[7] “Anuario de electricidad para 1902”. Reproducción digital B.N.E. pág. 514
[8] “Anuario de electricidad para 1902”. Reproducción digital B.N.E. pág. 400
[9] "La Energía Eléctrica" nº12, junio de 1909. La mención a litros por segundo es literal. Parece excesivo.
[11]Memorias inéditas” de J.J. García Carriazo. Capítulo II.
[12] “Anuario Garciceballos 1921-22” pág. 532
[13] Ibidem pág. 972
[14] “Anuario regional de la Industria… de Andalucía y Norte Español de África 1932” pág. 91 Biblioteca Digital Hispánica.
[15] Actas de la sociedad eléctrica "Nuestra Señora de Tíscar". Fondo Histórico de la Fundación Endesa.
[16] Las actas están redactadas y suscritas por el administrador de la sociedad, Vicente Pérez Herreros.
[17] “El Adelantado de Cazorla” 1935. Pág. 258
[18] Información facilitada por José Luis García Franco a Luis Garzón en abril de 2018.
[19]Gaceta de Madrid” 6-11-1933, número 310 pág. 894
[20] Junta General de Accionistas de 31-3-1935. Fondo Histórico. Fundación Endesa.
[21] La información relacionada con las primeras sesiones del C.A. de Feda, proceden de la obra “Endesa en su historia” publicado por la Fundación Endesa
[22] ABC de 25 de mayo de 1963, pág. 76
[23] Tras la guerra, siendo vecino de Piera, Barcelona,  sufrió proceso por el Tribunal de Responsabilidades Políticas BOE de 2 de febrero de 1941. En 1949 publicó una obra de teatro titulada “El llop de la masía”.
[24] La Junta Extraordinaria de 1935 se celebró en el despacho del ingeniero Peláez, en la avenida Eduardo Dato de Madrid, actual Gran Vía. Fondo Histórico. Fundación Endesa.
[25] Se aprobaron “trabajos e captación de aguas del Río de Béjar, mejora de la protección de la Central poniendo resitencias en los pararrayos, instalar un interruptor automático y arreglar el regulador de la turbina, además de revisar y reparar las líneas de transporte de fluido y telefónica” “Endesa en su historia” Fundación Endesa
[26] Véase “Quesada Republicana. Primera parte. La Segunda República en Quesada”
[27] A.M.Q. Plenos de 26 de julio y 16 de agosto de 1934.
[28] A.M.Q. Pleno de 12 de diciembre de 1939
[29] “El Adelantado de Cazorla” 1935. Capítulos 22,23 y 29.
[30] Al poco tiempo el control de la empresa fue entregado a los trabajadores de la misma dirigidos por Dámaso Rico. PARES "Causa General pieza 11 de Jaén 18107254"
[31] Junta General de Accionistas de 31-5-1940. Fondo Histórico. Fundación Endesa.

sábado, 27 de octubre de 2018

El general Serrano Bedoya y La Gloriosa

Lámina final de "Los Borbones en pelotas" que muestra el triunfo de la Revolución y los generales protagonistas, entre ellos Serrano Bedoya


En el número 14 de la plaza de la Constitución de Quesada hay una placa que dice:

"Aquí nació en 1813 el
General D. Francisco Serra-
no Bedoya, Ministro de
la Reina Isabel II."


No sé si es verdad que Serrano nació en esta casa de la que hasta 1931 se llamó plaza del General Serrano, antes de la Constitución y antes de la Villa. En esa casa en la que posteriormente estuvo durante mucho tiempo Correos. Imagino que sí. Pero lo que sí sé que es cierto es que jamás fue ministro de reina alguna, sino que lo fue de la Primera República. De hecho, Serrano participó activamente en la Revolución de 1868, llamada la Gloriosa o la Septembrina, que mandó a Isabel II y a su familia al exilio a fines de aquel mismo mes.

Hoy, aparte de esa placa equivocada y de algún artículo en la revista de ferias, poca notoriedad conserva Serrano en el pueblo y pocos saben algo de él. Sin embargo y durante buena parte del siglo XIX y comienzos del XX fue el personaje más famoso nacido en Quesada, tanto que se le puso su nombre a la plaza y jardín. Desde el punto de vista de la notoriedad y de la repercusión exterior fue el Zabaleta de su época.

Nota

El 1 de marzo de 2019, a iniciativa del alcalde Manuel Vallejo se ha cambiado la placa. La nueva, obra de la ceramista Consuelo Hurtado, dice:



La familia Serrano, hoy eclipsada, fue familia terrateniente y de las principales del pueblo, ostentaron a menudo los hermanos del general los puestos de alcalde y concejal, y políticamente se alinearon con las facciones liberales más o menos progresistas. Cuando en 1857 falleció el patriarca de la familia, Tomás Serrano, los diarios dieron, era el padre de un general ya conocido, la noticia remarcando su partidismo político: "El 16 del corriente falleció en Quesada, provincia de Jaén, el honrado y constante liberal don Tomás Serrano, padre del general Serrano Bedoya. Este anciano, que contaba 75 años de edad, militó siempre en las filas del partido liberal, por lo cual y por su firmeza de principios, fue objeto de las persecuciones que ha sufrido el partido en que estaba afiliado, sin que sus enemigos jamás consiguiesen entibiar su fe política, ni su carácter noble y enérgico." [1]

Uno de los hermanos del general, Pedro, fue comandante de infantería y se casó en Villacarrillo donde ocupó la alcaldía en varias ocasiones. Otro hermano, Ramón, fue alcalde de Quesada y el último de ellos en morir, el 9 de agosto de 1893. Hasta hace poco sobrevivió el Coliseo Álvarez-Quintero, teatro y luego cine, construido por las sobrinas del general, señoritas Serrano Rivera, cuyo nombre se dio a la calle donde estaba el local pero que sin embargo se conoció, hasta ahora, como del Teatro. Tan principal fue esta familia que no fue Serrano Bedoya el único de ellos que llegó a general.

El día diez de abril de 1844 nació en Quesada Manuel Serrano Ruiz, hijo de otro hermano del general, José Serrano Bedoya, y de su esposa Eduvigis Ruiz. Murió como gobernador militar de Melilla en 1904. Participó en las guerras de Cuba, fue gobernador militar de Manila y ocupó en 1890 la isla de Panopé, en las Carolinas Orientales, en medio de las tensiones que por la posesión de estas islas enfrentó a España con el Imperio alemán. 

También llegó a general de división uno de los hijos de don Francisco, José Serrano Aizpurúa, que murió en 1913, aunque este no nació en Quesada. 

A pesar de que la dicha placa sugiera lo contrario, Francisco Serrano Bedoya fue un militar revolucionario afecto a las filas progresistas, primero bajo la protección del general Espartero y más tarde de su pariente Francisco Serrano Domínguez.

Serrano nació en Quesada el 26 de octubre de 1812 o 1813 pues hay fuentes contradictorias[2] . Era hijo del mentado Tomás Serrano y de su esposa Ana Bedoya. Pasó la infancia y primera juventud en Quesada, hasta el 26 de julio de 1830 en que ingresó, como cadete, en el regimiento Provincial de Guadix. Iniciaba una larga carrera militar y política.

Participó en la primera y segunda guerra carlista interviniendo también contra los sucesivos levantamientos del Tradicionalismo. Su campo de acción fue el interior de Cataluña. El 12 de abril de 1838 recibió graves heridas de metralla durante la defensa de Sant Quirze de Besora.

Adquirió notoriedad en estos hechos y en 1840 fue nombrado ayudante de campo del general Espartero. Asociando su carrera política a la del regente quedó encuadrado en las filas progresistas, lo que le llevó al exilio en más de una ocasión. Cuando se retiró Espartero de la vida política, en 1856 al fin de Bienio Progresista, Serrano pasó a la órbita de la Unión Liberal fundada por el general O´Donnell.[3] La historia del siglo XIX es, desgraciadamente, tan enrevesada y cambiante que resulta a veces de difícil comprensión. La de los militares, con las continuas guerras carlistas, golpes, levantamientos, etc. más aún. Quien esté interesado en sus detalles puede acudir al Diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia donde encontrará, muy detallada, la procelosa vida militar de don Francisco y sus numerosos hechos de armas. Solo añadir, para hilar este relato, que durante los gobiernos de O´Donnell fue ascendido a teniente general y nombrado director general de la Guardia Civil.

Retrato oficial como diputado de las
Cortes Constituyentes de 1854


Serrano nunca perdió su relación con Quesada donde conservaba propiedades y familia. Además, centró en la comarca y provincia sus intereses electorales. Fue diputado en cuatro ocasiones, siempre por la provincia o por alguno de sus distritos comarcales, Cazorla en 1858 y Baeza en 1869. A pesar de residir fuera llegó  actuar casi como un cacique político, manejando los hilos, “controlando” las elecciones, quitando y poniendo candidatos. Su control de la Guardia Civil, de la que fue director general en dos ocasiones, le facilitó estos manejos.

En las elecciones de 1858 venció a su contrario por 277 votos contra 62. Se le acusó de haberlo hecho mediante un tradicional y contundente pucherazo. En el periódico conservador "La España" se detallan las irregularidades de aquel día y las coacciones que, según el diario, sufrieron los electores para no votar al candidato conservador León González Ortiz: "Este retraimiento forzoso se evidenciaría con indicar que solo en Quesada, de cuyo pueblo es natural el general Serrano, aceptaron el consejo (no votar) 52 electores moderados"[4] Además de por razones políticas en distintas ocasiones volvió Serrano a Quesada por motivos familiares y personales, viajes que según la costumbre de la época quedaban reflejados en la prensa.[5]

La Gloriosa

En 1866 se produjo la primera crisis financiera española provocada por la quiebra de bancos y sociedades de crédito relacionados con la construcción de ferrocarriles. Esta crisis anunciaba el agotamiento y fin del reinado de Isabel II y su "Corte de los Milagros". La crisis financiera se acompañó de malas cosechas y fuertes carestías que aumentaron el descontento popular. El 2 de junio de 1867, 5 días antes de que Serrano visitara el pueblo, el Ayuntamiento de Quesada acordó suspender el padrón de pobres y mendigos, una especie de registro que les autorizaba a pedir públicamente limosna. La situación era tan mala que muchos que propiamente no eran pobres y no estaban incluidos en él, dada la pésima situación, se veían obligados a pedir por necesidad.

Pero Quesada, como casi siempre, no fue avanzadilla del cambio político. La Gaceta de Madrid de 5 de mayo de 1867, un mes antes de la cosa de los pobres, publicaba un entusiasta comunicado de adhesión a S.M. Isabel II, firmado por "el cuerpo electoral de la siempre noble y leal villa de Quesada, en la provincia de Jaén" en el que se protestaba "de la manera más firme y enérgica contra las tan injustas como preparadas y maliciosas publicaciones que osadamente se han permitido varios miserables extranjeros." Se trataba de una de las muchas ocasiones en las que la prensa extranjera se hacía eco de los indisimulados escándalos sexuales de S.M. Chanzas y burlas que no se limitaban a los de fuera sino que eran también corrientes en el interior del reino (véase el álbum de láminas satíricas titulado "Los Borbones en pelotas"). Pero el general sí participaba en las conspiraciones contra el gobierno isabelino y seguramente por eso ningún Serrano está entre los setenta y cinco firmantes.

Los primeros síntomas de lo que se avecinaba se manifestaron, como siempre en el siglo XIX español, entre los espadones militares. La madrugada del 8 de marzo de 1868 y como respuesta a los rumores de levantamiento, fueron detenidos en sus casas los más destacados generales de la Unión Liberal; encabezados por el señor duque de la Torre, don Francisco Serrano Domínguez, el "general bonito", primo y protector de nuestro protagonista, que había sido amante de la reina y ahora era uno de los principales cabecillas en su contra. También fue detenido don Francisco Serrano Bedoya. Los generales fueron desterrados a las Canarias y separados entre las distintas islas. A Serrano Bedoya le tocó Las Palmas.[6] Pensaba el gobierno del ultraconservador González Bravo que con esta operación había acabado con la amenaza de un pronunciamiento militar pero no fue así. Entre un descontento y malestar creciente la conspiración avanzaba, se extendía y era rumor de dominio  público. ¿Que pasa en Cádiz? Se preguntaba años después Valle Inclán en su "Ruedo Ibérico", y decía: "Fluctuación en los cambios. La Bolsa en baja. Valores en venta. El Marqués de Salamanca sonríe entre el humo del veguero. Un agente de cambio se pega un tiro: ¿Que pasa en Cádiz?"

Y pasaba que el 16 de septiembre, vía Gibraltar y procedente de su exilio de Londres, llegaba a Cádiz el general Prim. Dos días después, junto al jefe de la flota almirante Topete, se declaró en rebeldía a Isabel II. En paralelo, los generales unionistas habían escapado de su destierro en Canarias y volvían a la Península en el vapor Buenaventura. A bordo, los generales Serrano Domínguez y Serrano Bedoya. El 19 desembarcaron en Cádiz, ya en plena efervescencia revolucionaria y ese mismo día hicieron público un manifiesto revolucionario que se haría famoso y se conocería por su grito final: “¡Viva España con honra!” Lo firmaban Serrano Domínguez, Prim, Topete, Dulce, Serrano Bedoya...

"España con honra", manifiesto revolucionario firmado por Serrano Bedoya


Los rebeldes se dividieron en dos grupos, uno que al mando de Serrano Domínguez y por el interior avanzaba hasta Madrid. El 28 de septiembre derrotaron a las desmoralizadas tropas reales en la batalla de Alcolea. El otro grupo, encabezado por Prim al que acompañaba Serrano Bedoya, embarcó en la fragata Zaragoza y empezando por Málaga recorrieron los puertos del Mediterráneo hasta Barcelona extendiendo la revolución.

En Málaga, el 25 de septiembre, Prim y Serrano Bedoya fueron recibidos triunfalmente con repique de campanas, salvas de artillería y recorrido en coche descubierto entre aclamaciones por las calles de la ciudad... la proclama que dedicaron los generales rebeldes a los malagueños no fue menos vibrante.[7] Serrano Bedoya acompañó a Prim hasta Cartagena desde donde regresó a Málaga en la fragata Villa de Madrid, el 30 de septiembre, para ocupar la capitanía general de Andalucía y Extremadura. Ese mismo día la ya ex-reina Isabel II cruzaba la frontera por Irun y difundía una proclama-protesta amenazando con volver.[8]

El 3 de octubre la Junta Revolucionaria formada en Madrid encargó a Serrano Domínguez la formación de un gobierno provisional. Con él empezaba un trepidante quinquenio que conoció una efímera dinastía y una república. Para el general quesadeño parecía llegada la hora definitiva del poder y la gloria pero para él no fueron estos unos años sencillos.

El 25 de octubre fue nombrado director general de la Guardia Civil, cargo que ya había ocupado en uno de los gobiernos de O´Donnell. Compatibilizó este  cargo con la actividad política y unos meses después fue elegido diputado a la Asamblea Constituyente por el distrito de Baeza.

Retrato oficial como diputado de la
Asamblea Constituyente de 1869


Promulgada la nueva Constitución, el 18 de junio el general Serrano Domínguez fue nombrado por las Cortes regente del Reino con tratamiento de Alteza. El 16 de noviembre de 1870 las Cortes proclamaron rey al príncipe italiano Amadeo de Saboya. Tres semanas después moría Francisca, hija de Serrano Bedoya. A pesar del golpe, Serrano no flaquea y se presenta a las elecciones generales ganando el escaño del distrito de Cazorla. Obtuvo 5.809 votos sobre un total de 8.172. La situación política no era nada tranquila. De un lado los sectores republicanos y demócratas radicalizaban su oposición al nuevo rey.  Del otro, la derecha tradicional borbónica no lo aceptaba considerándolo un rey advenedizo e ilegítimo, miembro de una dinastía que acababa de privar al Papa de sus Estados Pontificios. Quizás por esto, porque era un gesto indirecto de rechazo, Ángel Alcalá Menezo, el de la novela, organizó en Quesada, junio de 1871, un homenaje de la derecha quesadeña al Papa.[9] Serrano pertenecía a lo que quedaba de la vieja Unión Liberal que, como el propio monarca, se veía presionada por ambas partes.

Serrano Bedoya seguía siendo director de la Guardia Civil y gozaba de una buena situación política por aquellos inestables días. A primeros de 1872 su nombre aparecía en la prensa como uno de los aspirantes a la cartera de Guerra.[10] Paradójicamente la prensa de la oposición lo daba como enfrentado a su protector, Serrano Domínguez, con motivo de las elecciones del 4 de abril; como causa las discrepancias en los candidatos de los distritos de la provincia de Jaén.[11] Los daban además los periódicos por derrotados a ambos pero no sucedió tal cosa. Si fue cierto que discutieron llegaron a un acuerdo y desde luego ambos resultaron elegidos. Domínguez por la capital y Serrano Bedoya por Cazorla donde dio un buen revolcón a otro quesadeño, el demócrata-radical Laureano Delgado Alférez, por 4.272 votos contra 679. Quizás fuera cierto lo que afirmaba cierta prensa de que para su elección se apoyaba en "los guardas de montes del Estado" y en su influencia como director de la Guardia Civil.[12]

A gran velocidad se descomponía políticamente el reinado de Amadeo. Se radicalizaban las posturas y los viejos revolucionarios se iban quedando cada vez más descolocados y cercanos a posiciones moderadas o incluso conservadoras. La inminente proclamación de la República y el gobierno de los federales no haría sino acentuar esta tendencia.

Para Serrano Bedoya empieza una etapa amarga, muy amarga en lo personal, que momentáneamente lo aparta de la vida política. Por esos días de las elecciones, a primeros de abril, recibía la noticia de que en la Habana había muerto de cólera su hijo Tomás Serrano Aizpurúa, comandante del regimiento de Cazadores de Antequera. No hacía aún dos años de la muerte de su hija Francisca. A Tomás, por la distancia, ni siquiera pudo enterrarlo. Su primera reacción fue renunciar al ministerio de la Guerra, que se le daba por seguro en el nuevo gobierno, alegando que no se encontraba en plenitud de ánimo.[13] Pocas semanas después, el 18 de junio, renunciaba a su cargo de director de la Guardia Civil y se apartaba de la vida pública.

La imposibilidad de formar gobierno obligó a una nueva convocatoria de elecciones que se celebraron el 24 de agosto. A estas ya no se presentó Serrano lo que dio ocasión de ganar el escaño, esta vez sí, a Laureano Delgado.

En septiembre Serrano se marchó a los Baños de Zújar, regresando a Madrid a finales de octubre. Durante estas semanas, además de “tomar las aguas” y visitar a la familia en Quesada, tuvo ocasión y encontrarse con su sobrino Manuel Serrano Ruiz, recién llegado de Cuba. Enfermo de paludismo, estaba de permiso en Quesada para reponerse. Manuel Serrano Ruiz era capitán del regimiento de cazadores de Valmaseda y participaba en la primera guerra de independencia cubana. Como su primo Tomás, muerto por el cólera, Manuel también era víctima de enfermedades contraídas en la guerra. El ejército español tuvo en Cuba más bajas provocadas por enfermedades que por la propia guerra. Tristes recuerdos traería al general el encuentro con su sobrino y compañero de su hijo recién fallecido. A su decaimiento anímico se sumaban los problemas de salud que lo mantenían a menudo en cama.[14] Su actividad pública y política es en estos meses es escasa, prácticamente nula.

La placa equivocada que estuvo colocada 
en la plaza hasta el 1-3-2019


A primeros del nuevo año, el 4 de febrero, el diputado Laureano Delgado, estrella emergente en la política local, presentaba en el Congreso varias proposiciones firmadas por vecinos de Huesa, Hinojares, Pozo Alcón y Quesada, que eran apoyadas por los respectivos ayuntamientos. Pedían “la abolición inmediata de la esclavitud en Puerto Rico”.[15] Apenas una semana después, el 11 de febrero, el rey Amadeo abdicaba y las Cortes, tras agradecerle sus servicios, proclamaron la República.

Si desde septiembre del 68 el ritmo político se aceleró, este primer año republicano fue directamente vertiginoso. Empezó 1873 con un rey y acabó  contando tres presidentes del Poder Ejecutivo de la República. Además, una rebelión cantonal y otra guerra carlista. Serrano, agobiado por sus desgracias familiares y sobrepasado por la evolución política, estaba cada vez más fuera de lugar. Incluso en su tierra los detractores levantan la voz: “…los pueblos de aquella provincia (Jaén) están puestos a merced de cuatro alcaldes de monterilla hechura de Serrano Bedoya” denunciaba “La Discusión” el 11 de marzo.

Pero no tenía Serrano la cabeza para estos ataques. En abril se vio obligado a viajar precipitadamente a Villacarrillo ante la grave enfermedad de su hija Eloísa, casada en aquel pueblo.[16] Murió en ese mismo mes. Era el tercer hijo que fallecía en apenas dos años. A fines de mayo, tras enterrar a su hija, vuelve a Madrid de donde ya no se ausentará salvo un corto veraneo en Panticosa y un viaje en octubre a “Andalucía”, es de imaginar que a Quesada y Villacarrillo.

Finalmente, el 3 de enero de 1874 se produce el golpe de estado del general Pavía que acabó con el gobierno de Castelar. Disueltas por la fuerza las Cortes, el general Francisco Serrano Domínguez asumió la presidencia del Poder Ejecutivo y estableció una dictadura republicana. Serrano Bedoya, que parecía acabado, volvía a la vida política de la mano de su pariente Domínguez en la que sería su etapa de más relumbrón. Ahora con un marcado carácter conservador muy lejos de su juventud progresista y revolucionaria.

La sucesión de nombramientos fue meteórica. El 19 de enero director general de Infantería, el 16 de marzo capitán general de Cataluña donde permanece hasta el 4 de septiembre de 1874. Ese día la Gaceta de Madrid de publicaba un decreto del presidente del Poder Ejecutivo de la República, refrendado por el presidente del Consejo de Ministros, Práxedes Mateo Sagasta en el que nombraba al teniente general D. Francisco Serrano Bedoya ministro de la Guerra. Permaneció al frente del ministerio hasta el pronunciamiento militar de Martínez Campos el 29 de diciembre de ese año que restauró a la dinastía borbónica en Alfonso, hijo de Isabel II.

Gaceta de Madrid. El presidente del
Poder Ejecutivo de la República nombra
ministro de la Guerra a Francisco Serrano Bedoya.


Como se ve, la placa de la Plaza de la Constitución está claramente  equivocada. Serrano fue ministro de la República y no de Isabel II. Para cuando fue nombrado, Isabel vivía exiliada en Francia y sin expectativas de volver pues ni los propios partidarios de los Borbones querían su vuelta y proclamaron rey a su hijo Alfonso. Y no solo eso. Como se ha visto, fue partícipe activo en la revolución de septiembre del 68, la Gloriosa, que fue la que mandó al exilio a la reina.

A su salida del gobierno Serrano tiene sesenta años y  es un hombre mayor muy baqueteado por la vida. Se retiró de la política activa. En 1875 le compró a la Beneficencia de Úbeda el cortijo de Carpeta,[17] que le permitía estar cerca de los suyos en Quesada y Villacarrillo. En Quesada seguían sus hermanos Ramón y José actuando como personajes importantes  del pueblo en su calidad de grandes propietarios. Especialmente activo en la política local fue Ramón, varias veces alcalde y concejal hasta su muerte en 1893. Es de imaginar que también dieron ellos un giro moderado y conservador a sus viejos ideales progresistas. Desde luego no había ningún Serrano en la lista de quesadeños que manifestaron su adhesión al partido Democrático-Progresista, de origen republicano, el 12 de mayo de 1880.[18]

Quesada, su pueblo natal, iba cambiando y cada vez resultaba menos parecido al que conoció en su juventud y en sus viajes posteriores. En mitad del pueblo la plaza de la Constitución, antes de la Villa, tras su muerte del General Serrano, había dejado de ser un espacio abierto y diáfano en el que se celebraba el mercado. Hacía 1880 estaban plantándose los olmos del jardín algunos de los cuales sobreviven en la actualidad. Dedicar la plaza a jardín y paseo había obligado a los vendedores a instalar sus puestos en las calles o a ir deambulando por ellas con la mercancía a cuestas pregonándola a voces. Hasta que finalmente se instaló el mercado en el claustro del viejo convento, la situación fue algo caótica. Serrano tendría al ver los cambios la misma sensación que tenemos todos los mayores, y que tendrán los futuros mayores, de no reconocer el pueblo que se ha conocido.

Don Francisco Serrano acató al nuevo rey Alfonso XII y se incorporó a la nueva clase dirigente ya en calidad de “vieja gloria” y en los puestos de figurón que habitualmente se les reserva. En 1881 fue nombrado presidente del Consejo Supremo de Guerra y ese mismo año, el  nueve de septiembre, fue nombrado senador vitalicio del Reino. Para su nombramiento hizo falta retorcer un poco la flamante constitución de 1876 pues él nunca fue “Ministro de la Corona” como exigía su artículo 22, sino ministro de la República.

El 23 de septiembre de 1882 falleció en su casa de la calle Ballesta a las ocho de la tarde “después de una larga y penosa enfermedad”[19] La noticia tuvo gran impacto en la prensa de la época, que le dedicó elogiosos obituarios que siempre empezaban diciendo que nació en Quesada (Jaén). En ellos se le daba relevancia a sus aventuras durante las guerras carlistas y se evitaba su participación en la revolución que había expulsado a la que no dejaba de ser la madre del entonces rey y, por supuesto, se olvidaba que fue miembro del último gobierno de la República. Como senador que era y según estipulaba el reglamento del Senado, una comisión de senadores presidió su entierro. En algún momento, no sé cuando, con posterioridad a su muerte, el Ayuntamiento de Quesada decidió que la plaza se llamara del General Serrano Bedoya y así siguió hasta que en 1931 se proclamó otra República que se quedó con el nombre de la plaza.


 
Retrato de Serrano con motivo de su muerte en
La Ilustración Española y Americana







[1] "El Clamor Público" 25-3-1857

[2] Por ejemplo, su ficha de diputado en el Congreso dice 1813 mientras que la biografía de la Real Academia de la Historia da como fecha 1812.

[3] En noviembre de 1857 se dejaba ver en actos sociales junto a O´Donnell y otros generales unionistas. Por ejemplo, en la inauguración del Circo Gallístico (de pelea de gallos) de Madrid en Recoletos. "La Iberia" 18 de noviembre de 1857.

[4] "La España" 24 de noviembre de 1858.

[5] "El Imparcial" 7 de junio de 1867.

[6] "La Nación" resumen de prensa los días 8 y 9 de julio de 1868

[7] Concluía así: "¡Malagueños! ¡Viva la Libertad! ¡Viva la Soberanía Nacional! ¡Viva la marina Española! ¡Viva la unión del Pueblo y el Ejército! A bordo de la blindada Zaragoza. Rada de Málaga 25 de septiembre de 1868. Juan Prim. Francisco Serrano Bedoya." "Diario de Córdoba" 27 de septiembre.

[8] Que volvería "porque los eclipses de la razón y del honor son, gracias al cielo, muy pasajeros en España.” Se publicó en el "Courrier de Bayonne" y lo reproduce "La Correspondencia de España" de 1 de octubre. Por suerte para todos no volvió.

[9] “La Esperanza” 28-6-1871

[10] Ver, p. ejemplo, La Correspondencia de España 25-1-1872

[11] "La nación. Diario Progresista" decía el 8 de febrero de 1872: "Sentimos curiosidad, mucha curiosidad por saber lo que pasa en la provincia de Jaén, en materia de lecciones. Los generales Serrano Bedoya y Domínguez parece que están en disidencia, respecto del asunto que nos ocupa; tal proporción va tomando el asunto, que se temen disgustos de marca mayor. Lo original del caso es que los dos generales unionistas se disputan el derecho a sufrir una derrota. ¡Que cosas tan raras se ven!..."

[12] "La Época" 13-02-1872

[13] "La Esperanza" 9 de abril de 1872

[14] “La Correspondencia de España” 24-11-1872

[15] “Diario de Sesiones Congreso” 4-2-1873

[16] La relación del general con Villacarrillo fue grande pues allí se había casado y establecido años atrás su hermano Pedro, comandante de infantería, que llegó a ser alcalde  en 1869.

[17] Gines de la Jara Torres Navarrete. “Historia de Úbeda en sus documentos. Tomo II” Asociación Alfredo Cazabán.

[18] “La Discusión” 18-4-1880

[19] Obituario “La Correspondencia de España” 24-9-1882