lunes, 21 de junio de 2021

Los NOMBRES de las CALLES de QUESADA.

 

Placa de la calle Pedro Sánchez Guerrero, recientemente destrozada en una obra de reforma

El callejero tradicional.

La idea actual de calle como una vía o segmento de ella, alineada en una o dos aceras y con todas sus casas numeradas, el concepto de dirección postal, no es algo que haya existido siempre. En tiempos antiguos se entendía por calle algo mucho más difuso. El nombre podía agrupar varias vías, manzanas y casas sueltas sin seguir otro criterio que la proximidad o la costumbre. Por ejemplo, la del Bache no era una calle como tal sino una parte, una zona del pueblo; las casas que se construyeron al hacer la carretera de Peal pertenecían a la calle del Ángel, como todos los callejones y bocacalles de la actual.

Los nombres de las calles de Quesada con anterioridad a 1850 eran pocos y en su mayoría han sobrevivido. Aprovechaban el lugar donde estaban como ocurre con la del Alcázar, el Cinto (del recinto amurallado), Adentro (dentro del arrabal amurallado) o del edificio principal al que daban acceso: la calle de las Monjas (actual Hospital y callejón de las Monjas), San Juan (plaza de la Coronación), en ambos casos por los conventos masculino y femenino que existían en el pueblo, y también la de Madre de Dios (por la ermita de ese nombre y cementerio anejo).

Otras adquirieron el nombre de algún vecino de la calle que en su día fue famoso y del que se ha perdido el recuerdo: Don Pedro (también citada como Don Pedro Gámez, quizás por el teniente de corregidor de finales del siglo XVII, Don Pedro Gámez Negrillo o alguien de su familia), Rodrigo de Poyatos (Dr. Carriazo) o Pedro Sánchez Guerrero. Esta última empezaba en la plaza, al principio de la actual calle del Agua, pero en la primera bifurcación seguía por la actual Dr. Muñoz. Desde esa bifurcación la calle de la derecha tomaba el nombre tradicional de Agua, porque por ella corrían los derrames de la fuente pública y las escorrentías de la lluvia.

La plaza era conocida simplemente como plaza a secas, aunque a veces se le añadía “de la Villa” o “del mercado”, por ser allí donde se celebraba. Como Nueva se conocía a la que se abrió cuando tras las guerras de Granada el pueblo se extendió más allá de la muralla. Bache recibía su nombre del que hubo allí (bache es un sitio donde se encierra amontonado el ganado lanar para que sude antes de esquilarlo). De otros muchos nombres no he conseguido averiguar con precisión su origen: Alcaraz (actual de los Arcos), Ángel, Concejo (actual Correo), Corralazo (las dos manzanas finales de la acera izquierda de Don Pedro), Espinillos, Patona,  Cruz Verde (a veces conocida como Cruz Colorada, al final de la actual Dr. Muñoz).

Quizás el más chocante de todos estos nombres tradicionales sea, por el equívoco que puede provocar, el de Franco. Sobrevivió hasta hace unos treinta años y contra lo que pueda parecer es un nombre muy antiguo, calle o casas de Franco, y hace referencia a una parte del pueblo libre de algunos arbitrios y tasas. Tiene el mismo sentido que el que actualmente se da a zonas o puertos francos. 

La ambigüedad e indefinición del callejero afectaba poco a la vida cotidiana de los vecinos que para manejarse no necesitaban ni nombres ni números. Sin embargo, la falta de estos dificultaba los registros catastrales que eran fundamentales para la recaudación de impuestos. Todas las reformas del callejero que se han emprendido hasta llegar a la actual configuración urbana, tuvieron un origen fiscal y la finalidad de ordenar e identificar contribuciones y repartimientos. De hecho, todos los nombres tradicionales se pueden documentar desde antiguo en las relaciones de los repartimientos de alcabalas ( antiguo tributo que se pagaba al fisco en compraventas y permutas) conservadas en el archivo municipal. Incluso hoy, además del uso postal, el callejero tiene una función catastral.

El callejero tradicional de los siglos XVII, XVIII y primera mitad del XIX está recogido en el conocido plano de Quesada que, para el diccionario geográfico de Pascual Madoz, hizo hacia 1850 Francisco Coello de Portugal y Quesada, el más famoso de los cartógrafos españoles del siglo XIX.


Plano de Coello, hacia 1850

 


Reforma de 1860.

Durante el reinado de Isabel II se acometió una de las primeras reformas del nomenclátor. La Real Orden de 24 de febrero de 1860 (publicada en la Gaceta del 28), Reglas para efectuar la rotulación de calles y numeración de casas, ordenaba que en cada pueblo se abriera un registro de calles y números donde se anotaran en el futuro los cambios que se produjesen. Establecía también que las calles estuvieran rotuladas y las casas numeradas. Se debía procurar que las calles tuvieran un solo nombre, a menos que llegue a variar de dirección en ángulo recto, o que esté atravesada por un rio, o cortada por una calle más ancha o por una plaza. Para determinar donde empezaban y acababan se ordenaba que se colocaran placas en la entrada y salida a la izquierda del transeúnte y en el sentido en que han de leerse.

Respecto a la numeración de las casas los números se debían asignar en el orden de pares e impares a derecha e izquierda, a empezar del punto de partida, que en los pueblos donde hubiese una plaza situada próximamente en el centro sería esta y la numeración debía empezar en el punto más próximo a ella. En el caso de Quesada el punto de inicio es la plaza y más concretamente la casa del ayuntamiento.

Son cosas que, aunque hoy día nos parezcan evidentes, supusieron una pequeña revolución. Fue necesario nombrar una comisión de concejales (Tomás Bello y Fermín Serrano) para que aplicasen las reglas al casco urbano de Quesada. Con la reordenación se crearon nuevos nombres por división de los antiguos, como Sepulcro (actual Quesada Solidaria), Chanzas (actual Bernardo López ), Escuelas (izquierda plaza de la Coronación) y alguna más. Bache fue desdoblada en Bache Alta (Josefina Manresa) y Bache Baja (la actual Bache). Sin embargo, otras como Ángel o Corralazo, mantuvieron la ambigüedad y siguieron nombrando varios trozos de calle.

Este callejero que se usó durante la segunda mitad del siglo XIX es el recogido en el plano del casco urbano de Quesada que hizo en 1896 el Instituto Geográfico y Estadístico, antecedente del actual Instituto Geográfico Nacional.


Plano del Instituto Geográfico y Estadístico. 1896

 

La primera vez que en Quesada se adoptó el nombre de un político fue en 1868, cuando la plaza fue nombrada oficialmente como del General Serrano Bedoya, denominación que mantuvo hasta 1931. Después, ya en el siglo XX, se añadieron otros políticos, ya no quesadeños ilustres como Serrano, sino líderes y personajes de los partidos dinásticos, liberal y conservador, de acuerdo con las preferencias e intereses de alcaldes y concejales de turno.

La calle Nueva se llamó avenida García Prieto (Manuel García Prieto, jefe del partido Liberal, presidente del Consejo de Ministros tres veces entre 1917 y 1923, compañero y amigo de Laureano Delgado, importante figura política local del momento). Para el partido Conservador fue la histórica calle de San Juan (lateral derecho de Coronación), que se llamó Prado Palacio (José del Prado y Palacio. Jefe del partido Conservador en Jaén, alcalde de Jaén y de Madrid (1914-15), ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes con Maura). La calle del Agua se convirtió en Mariano Foronda (diputado conservador por el distrito entre 1907 y 1923) y la del Hospital en Ramón de la Higuera (Farmacéutico con establecimiento abierto en Jaén, diputado provincial y presidente de la Diputación en 1913-14. Era natural de Quesada, hijo del farmacéutico que ejerció en la calle Nueva buena parte del siglo XIX llamado también Ramón).

Sin esa significación política, en los primeros años del siglo XX se dio el nombre del Dr. Muñoz (lo sigue manteniendo) a la calle de Pedro Sánchez Guerrero, también conocida en tiempos como Cruz Verde y Cruz Colorada (el médico Antonio Muñoz Ruiz de Pasanís, natural de Cazorla, se había casado con la viuda de Caviedes viviendo hasta su muerte en Santa Cruz).

Pero seguramente resultó más extravagante y menos aceptado el cambio que sufrió la calle Madre de Dios. En 1921 se le dio el nombre de Florencio Villalta, quien al parecer había nacido en esa calle. Florencio Villalta Claverías era inspector de policía, fue jefe de la Brigada de Anarquismo y Socialismo de Barcelona y posteriormente de la Brigada Nocturna de Madrid. No hay mucha noticia más sobre el personaje y no pertenecía a ninguna familia relevante de Quesada.

También a principios del siglo XX la calle de Don Pedro perdió su antiguo nombre por razones político-sociales. Se le dio el de su más “ilustre” vecino, Laureano Delgado. Ciges Aparicio se había inspirado en él para el personaje de don Dámaso Espino, el viejo cacique de Villavieja. En algún momento de los años veinte se volvió a cambiar el nombre para darle el de su yerno, Pedro Villar (Lorenzo Delmás en Villavieja) casado con su única hija y heredera. En 1931 se mantuvo la denominación, pues Villar era por entonces destacado miembro en Jaén del Partido Republicano Radical (derecha republicana) y más tarde animador provincial de su escisión, Unión Republicana.

 

Reforma de 1930.

La reforma de 1860 fue ampliada 70 años después por la real orden de 4 de enero de 1930 (Gaceta del día 7), que disponía que los ayuntamientos procediesen a rectificar la rotulación de las calles y la numeración de los edificios como trabajo preliminar del Censo de población. Sus normas eran mucho más estrictas y modernas y provocaron un cambio radical en el callejero de Quesada. Cuando pocos meses después concluyó su implantación habían desaparecido las anomalías de que un nombre abarcase vías extrañas y separadas, así como de que estuviesen sin numerar casi todos los edificios. De la separación y ordenación de calles habían resultado 31 nuevas vías a las que había que nombrar. En el pleno de 2 de julio de 1930 el alcalde presentó una propuesta destinada a recordar personajes que tuviesen relieve en el pasado local.

Son 18 los personajes históricos que se propusieron. En el acta del pleno municipal se añadió a cada nombre una pequeña indicación de sus méritos y relación con Quesada. Leyendo esta lista viene inmediatamente a la cabeza Juan de Mata Carriazo, pues no pudo ser otro su autor. Se aprecia su mano, su estilo y su sensibilidad histórica. Hay en la relación personajes muy raros y completamente desconocidos que Carriazo había “descubierto” y citado en sus muchas publicaciones sobre Quesada. En anexo final se reproduce esta relación literal de personajes y su argumento. Muchos de los nombres siguen existiendo en la actualidad y permiten comprobar, una vez más, como Carriazo fue la sombra permanente que cobijó (y lo sigue haciendo) la Historia de Quesada.

Además de los personajes relacionados con el pueblo se propusieron otros 12 nombres que incluían glorias nacionales (Cervantes, Velázquez, Lope de Vega, Goya y Colón), ilustres y preclaros comprovincianos (Bernardo López García poeta de Jaén – y Martínez Montañés – escultor nacido en Alcalá la Real–) y heroicos hechos de armas, que tan alto pusieron nuestro nombre: Bailén, Navas de Tolosa, Numancia y Dos de Mayo). Finalmente, y como homenaje sentido de cariño merece calle el Betis famoso, que nace del seno de nuestro término, se puso su nombre a una parte del Paseo de Santa María.

La propuesta de los 30 nombres fue aprobada por unanimidad acordándose además que, para completar el total de 31, el trozo de la calle de Franco, conocida de siempre por Sepulcro, recuperara su nombre tradicional. Se aprovechó también la ocasión para retirar el de Florencio Villalta, en palabras de uno de los concejales porque de este modo se quitaría de sus conciencias el peso de la ingrata resolución que así lo puso y que por añadidura nuestro paisano se ha hecho poco acreedor a tan señalada distinción. Volvió a llamarse Madre de Dios.

Con este callejero, en el que se mantenían los nombres políticos anteriormente citados, Quesada dejó atrás la Monarquía y entró en la República. Pero antes de llegar a lo que fue su reforma del callejero, hay que decir que a primeros de mayo de aquel 1930 habían presentado un escrito Juan Arroquia y Valentín de las Marinas. Pedían que se aprovechara la reforma del nomenclátor para dedicar calles a Eusebio Marín Rodríguez, soldado que murió heroicamente en Marruecos el año 1925, de otros que también perdieron la vida en África y del teniente Ceballos, también desaparecido en 1921. Además, solicitaron el mismo reconocimiento para el gran pedagogo y artista Isidoro Bello y para el cantor de nuestro temple y de nuestra historia Pedro Hidalgo. Solo se aceptó, y porque ya estaba en la lista de Carriazo, a este último.


Elaboración propia

 

Reforma  de 1931.

Tras la proclamación de la República se hizo cargo del Ayuntamiento una comisión gestora de la “Derecha Republicana”. El 31 de mayo se repitieron las elecciones municipales que ganó la candidatura socialista quedando en minoría la derecha (Partido Republicano Radical). El nuevo Ayuntamiento se constituyó el 5 de junio de 1931. Apenas una semana después el alcalde, Eustaquio López, informó al pleno que desde hacía días estaba recibiendo peticiones para que se cambiasen las calles y que se evocase a figuras relevantes de la democracia y del socialismo. Se acordó que la comisión de Ornato lo estudiase e hiciese una propuesta.

En pocos días estuvo lista de cambios, que fue aprobada en el pleno del 23 de junio y que relaciono en un segundo anexo final. Los nombres eliminados incluían, lógicamente, los de políticos de la etapa anterior: Prado Palacio, García Prieto, Foronda, y Ramón de la Higuera. También algunos de los incluidos en la reforma de 1930: Navas de Tolosa, Goya, Lope de Vega, Martínez Montañés, Velázquez, Bailén, Numancia, Cristóbal Colón y El Edrisi. Pero además se eliminaron algunos otros tradicionales: Sepulcro, Adentro, Cinto, Espinillos, Bache, Patona, Carrasca y Paseo de Santa María. Excepto en el primer grupo no se observa otro criterio que el de conseguir vacantes para las nuevas denominaciones.

Estas denominaciones fueron sustituidas por otras acordes con el nuevo régimen: Carrera de la Libertad, Fermín Galán y García Hernández (los capitanes de Jaca), 14 de Abril, Alcalá Zamora (presidente de la República), Mariana Pineda, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar (presidentes de la I República). Además, y como ya había ocurrido anteriormente, no era ninguna novedad, se incluyeron personalidades políticas de la preferencia de los gobernantes municipales: Pablo Iglesias, Largo Caballero, Indalecio Prieto, Fernando de los Ríos, Andrés Saborit (político socialista afín a Besteiro) y Lucio Martínez (diputado socialista por Jaén en 1931, consejero de la O.I.T.). Lógicamente la plaza se denominó de la República.

Pero el dictamen de la comisión de Ornato incluía otras dos importantes propuestas. El segundo punto del acuerdo municipal para el cambio de nombres dice literalmente: Que se evoque las figuras locales del Doctor Carriazo Arroquia, ilustre paisano y sabio catedrático y de los mártires de África.

Juan de Mata Carriazo había conseguido pocos años antes la cátedra de Historia Antigua y Medieval de la Universidad de Sevilla. Fue el primero que excavó Bruñel (el 11 de agosto de 1924 según consta en su cuaderno personal de notas), trabajos que financió con una suscripción popular. Los quesadeños estaban familiarizados con la imagen de un joven Carriazo recorriendo el pueblo y sus alrededores ocupado en localizar y documentar cualquier vestigio del pasado. Para la gran mayoría su actividades resultaban inescrutables y sorprendentes, pero él fue enormemente respetado y se le tenía, con razón, por el sabio local. 

Se le dio su nombre a la antigua calle Rodrigo de Poyatos (personaje antiguo y desconocido), que es la que actualmente lo sigue llevando, de manera que es la única calle de la República que permanece en la actualidad. Este verano se cumplen 90 años de aquel homenaje al Dr. Carriazo. En el pleno de unos días después (el 27 de julio), el alcalde dio cuenta de que se había recibido una carta de Carriazo dirigida al Ayuntamiento. En ella agradecía efusivamente a la corporación el acuerdo de rotular con su nombre una calle de esta ciudad pero rogaba que se demore esta muestra de cariño con que su pueblo le distingue, por diez años, para mejor merecerlo (tenía por entonces apenas 32 años). Además, encarecía que se ordene, coleccione y arregle el archivo municipal, donde existen documentos de gran valor histórico, que han de ser de gran utilidad y que darán mucha luz para que el pasado de Quesada brille con todo esplendor, en el libro que sobre la historia de Quesada y Tíscar piensa publicar (lo hizo muchos años después con su “Colección diplomática de Quesada”).

El Ayuntamiento, por aclamación y con el mayor entusiasmo, acordó que se proceda sin demora de ninguna clase a la reorganización y arreglo del archivo municipal, pero también rechazó la demora en la rotulación de la calle destinada a perpetuar el nombre del preclaro y prestigioso hijo de Quesada, D. Juan de Mata Carriazo, acuerdo del que se le remitió copia certificada.

La otra propuesta se refería a los “Mártires de África”, los soldados quesadeños muertos en las campañas coloniales de Marruecos. Como ya se ha visto, el año anterior Arroquia y Marinas habían pedido que se les homenajeara, pero no fue hasta la llegada de la República cuando se tomó en consideración la propuesta.

Eran siete los soldados muertos en África. De cuatro de ellos no he conseguido averiguar la fecha y circunstancias de su muerte: Juan Plaza Sánchez, Blas Alacio Segura, Cándido Padilla Leiva y Víctor Gámez Moreno.

De los otros tres hay alguna información. El muerto más reciente era Eusebio Marín Rodríguez, soldado del batallón de montaña de Estella, que murió en julio de 1925 durante la defensa de la posición de Casa Hamido, cabila de Beni Lait (zona occidental entre Tetuán y Xauen). Según publicó el periódico de Melilla “Telegrama del Rif” (24-7-1925), fue mencionado en el “orden del día” por el general Saro:

Soldado, Eusebio Marín Rodríguez, que puso fuera de combate a dos rebeldes, y cuando jocosamente decía, «voy por el tercero», recibió dos balazos en la cabeza, cayendo muerto.

Se le dio su nombre a la calle del Agua.

José Esquinas Carmona fue soldado de la 2ª compañía del regimiento de Artillería de Melilla. Fue declarado desaparecido el 1 de agosto 1922 (D.O. Ministerio de la Guerra 6-11-1924). La declaración oficial se producía legalmente al año de su desaparición, de manera que murió en los últimos días de julio de 1921, durante los terribles sucesos desencadenados en Annual. Su cuerpo nunca fue identificado pues entonces no se utilizaban todavía chapas con los datos personales. Fue uno más de los miles de cadáveres insepultos y en descomposición que se encontraron durante los meses posteriores al Desastre. Su calle, la del Grajo.

Por último, Ramón Rodríguez Ceballos, nacido en la calle de la Carrasca, un caso de auténtica mala suerte. Se había reenganchado en el ejército y en 1919, estando destinado en el regimiento Borbón 17, había sido ascendido a alférez (“Diario oficial del Ministerio de la Guerra” 29/06/1919). A principios de 1920 intercambió destino con otro alférez, incorporándose al regimiento San Fernando 11. Este regimiento tenía su base en Dar Drius, Comandancia de Melilla, desde donde partía el camino hacia Annual. A finales de agosto de 1921 se le concedió el traslado al regimiento Ceuta 60. Si le hubiera dado tiempo a incorporarse hubiera salvado la vida, pero fue cuestión de días.

La madrugada del 22 de julio se produjo el ataque de Abd-El-Krim al campamento de Annual, la muerte del general Fernández Silvestre y la desbandada de las tropas. El desastre fue absoluto, todas las posiciones fueron cayendo en pocas horas o días. Los soldados huían en completa desorganización dejando en el camino centenares de muertos, que al final de los sucesos se contaron por miles. Muchos de ellos se refugiaron en Drius, donde estaba Ramón Rodríguez.

El día 23 el general Navarro, sustituto de Silvestre, ordenó abandonar el acuartelamiento de Drius formando una columna que, en penosa marcha, plena de desgracias y peripecias como la carga de la caballería de Alcántara en el río Igan, consiguió llegar a Monte Arruit el día 29 de julio. No pudieron continuar porque todo el territorio hasta las mismas puertas de Melilla se había perdido. Allí quedaron sitiados 3.000 soldados, sin agua y sin suministros.

Tras la rendición de los sitiados se produjo una terrible matanza y quedaron más de 2.000 cadáveres abandonados a la intemperie. Cuando se recuperó Monte Arruit, ya en el otoño, los cuerpos seguían insepultos donde habían caído. No pudieron ser identificados por el terrible estado en que se encontraban y fueron declarados desaparecidos. Uno de ellos fue Ramón Rodríguez Ceballos, que perdió la vida por cuestión de días, los que le faltaron para alcanzar su traslado a Ceuta. Fue ascendido a teniente a título póstumo. A la calle donde nació, Carrasca, se le dio su nombre.

Volviendo al pleno de 23 de junio de 1931, a propuesta de un grupo de vecinos se tomaron otros dos acuerdos para sendas calles. Primero,  dar el nombre de las hermanas Eloisa y Francisca Serrano Rivera, a la calle donde estas costeaban la construcción de un teatro, que a su vez llevaría por nombre hermanos Álvarez Quintero. Como cantores de nuestro hijo, el glorioso Betis se les nombró hijos adoptivos y se le dio su nombre a la actual calle Isabel La Católica. 

El acuerdo se aprobó por mayoría, con el voto en contra de los concejales de la minoría de la derecha republicana (PRR), que se opuso a la desaparición de nombres de paisanos tan ilustres como Ramón de la Higuera y Santiago García. Santiago Vicente García, hoy completamente olvidado, fue un conocido autor de libros de texto de gramática y latín a mediados del siglo XIX y su calle era la que pasó a llamarse Dr. Carriazo (en otra entrada -enlace- hice una breve reseña de este personaje). La de Ramón de la Higuera era la del Hospital, que pasó a llamarse Mariana Pineda.

Como suele suceder, las calles siguieron siendo conocidas popularmente por su nombre tradicional y se utilizaba el oficial solo a efectos postales y legales. Tan es así que en plena guerra, en 1937 y 38, incluso en las actas del Consejo Municipal se utilizaba la denominación tradicional, de manera que no era raro que la calle Pablo Iglesias, por ejemplo, fuera citada como Paseo de Santa María. En 1939 todo volvió a cambiar.

A las pocas semanas de la entrada de las tropas ocupantes, en mayo de 1939, la plaza de la República pasó a ser del Generalísimo, la carrera de la Libertad (Nueva) avenida de José Antonio y la de la Lonja plaza de los Mártires (por los asesinados en 1936). Tuvieron también su nombre los generales Queipo de Llano (Don Pedro), Sanjurjo (Monte) y Mola (Hospital). Igualmente, los únicos tres soldados muertos en el bando franquista: Fernando Baras (actual Niña Ana), Ramón Vela (Postigos) y Bruno Marín (Bache). Completaban la nómina Onésimo Redondo (Rafael Alberti), Capitán Cortés (Adentro), Ruiz de Alda (María la Galiana) y el “protomártir” Matías Montero.

Con el crecimiento de los años sesenta y setenta se crearon calles nuevas y nuevos nombres y en 1983 se eliminaron los franquistas apareciendo el callejero actual. Este cambio quedó simbolizado en la plaza, que dejó de ser del Generalísimo para pasar a Constitución. De forma sorprendente Lorenzo Delmás (Villavieja) “recuperó” su nombre y hoy día la muy antigua calle de Don Pedro se llama Don Pedro Villar. Pero esto más que historia es actualidad.

 

 

 

 

RELACIÓN DE PERSONAJES DE LA HISTORIA LOCAL PROPUESTA EN 1930 POR CARRIAZO PARA LAS NUEVAS CALLES.

 

Alfonso VII, Primer conquistador de Quesada en 1157.

San Fernando, Segundo conquistador de Quesada, en 1224.

Arzobispo Jiménez de Rada, Tercer conquistador de Quesada en 1230; reedificó sus murallas, le otorgó fuero en 1245 y fundó el Adelantamiento de Cazorla, relatando estos sucesos en su crónica Latina.

Alfonso X, concedió a Úbeda en 1275 “Tíscar, Huesa e Velerda castillos que tiene Mahomad fijo de Handón”.

Infante don Enrique, hijo de San Fernando y adelantado mayor de Andalucía, que construyó hacia 1300 la atalaya del puerto de Tíscar.

Fernando IV, recupero en 1310, día de San Pedro y San Pablo, la plaza de Quesada, que se había perdido en 1295 y otra vez, en 1302.

Infante don Pedro, tío y tutor de Alfonso XI, conquistó en 1319 el castillo de Tíscar.

Pedro de Hidalgo, Escudero de García López de Padilla, maestre de Calatrava, que se distinguió heroicamente en la conquista de Tíscar.

María de Quesada, heroica mujer que se destacó rechazando un ataque de los moros durante el reinado de Enrique cuarto.

Felipe II, declaró villa exenta a Quesada, qué desde 1331 pertenecía a Úbeda, por privilegio de Alfonso XI y le concedió las dehesas de Grillera y otras mercedes.

El Edrisí, Geógrafo musulmán del siglo XII, qué hace la cita más antigua de Quesada cómo “fuerte poblado como una villa que tiene bazares, baños, posadas y arrabales”.

Ruiz Díaz de Quesada, autor, en 1466, de una Memoria o Calendario de las cosas acaecidas en Quesada, manuscrito citado por Argote de Molina.

Luis Valera de Mendoza. Autor de una ”Historia de Cazorla y de Quesada”, que cita Argote de Molina.

Argote de Molina, autor de la “Nobleza de Andalucía”, en la que se habla mucho de Tíscar y Quesada.

Ruiz de Villaviciosa, Cristóbal Ruiz de Villaviciosa y Villalta, prior de Valdepeñas de Jaén, escribió una “Descripción en octavas de la Villa de Quesada”, en fecha incierta del siglo XVII.

Escudero de la Torre, el licenciado Fernando Alonso Escudero de la Torre, imprimió en Madrid, en 1669, una “Historia de los célebres santuarios del Adelantamiento de Cazorla… y nuestra señora de Tíscar de la Villa de Quesada”.

Cronista Amador Gutiérrez, el licenciado Fernando Amador Gutiérrez (escribió) en 1670 una “Historia de Quesada”, manuscrito en la colección del duque de T´Serclaes.

Isabel la Católica, que pernoctó en Quesada cuando fue al cerco de Baza.

 

 

Nuevos nombres aprobados en el pleno municipal de 23 de junio de 1931.

García Prieto (Nueva), pasa a denominarse Carrera de la Libertad

Mariano Foronda (Agua), id Eusebio Marín

Santiago García, id Dr. Carriazo Arroquia

Navas de Tolosa, id García Hernández

Paseo de Santa María, id Pablo Iglesias

Adentro, id Fermín Galán

Ramón de la Higuera (Hospital), id Mariana Pineda

Goya, (id) Largo Caballero

Lope de Vega (Grajo), id José Esquinas

Martínez Montañés (Quebradas), id Indalecio Prieto

Sepulcro (ONG Quesada Solidaria), id Andrés Saborit

Cinto, id Víctor Gámez

Cristóbal Colón (Antonio Navarrete), Blas Alacio Segura

Espinillos, id Juan Plaza

Carrasca, id alférez Rodríguez Ceballos

Velázquez, id Cándido Padilla

Prado Palacio, (Coronación) Niceto Alcalá Zamora

Patona , id Lucio Martínez

Bache, id Nicolás Salmerón

Bailén, (no identificada) id 14 de Abril

Numancia, (Cuesta de San Juan) id Fernando de los Ríos

El Edrisi, (no identificada) id Emilio Castelar

 


sábado, 3 de abril de 2021

Política y Virgen de Tíscar en el siglo XIX. “LA PIEDAD SE CONVIRTIÓ EN POLÍTICA”.

 

"VERDADERO retrato de N.S. de Tíscar que se venera en la Sierra de Quesada. El Excmo. Sr. Cardenal Astorga, Arzobispo de Toledo, concede 100 días de indulgencias a los que rezaren una Salve delante de esta Santa Ymagen. Se costeó a devoción de su venerable Hermandad y Cofradía. Año de 1873. Litografía de F. Casado. Campillo 32 Granada." (Foto Museo del Traje)


(Este artículo se publicó originalmente en la 

Revista de Ferias de 2020.)


No es necesario ponderar la importancia de la Virgen de Tíscar en Quesada ni el protagonismo de su Cofradía en la vida social del pueblo. Es tal que a lo largo de la historia ha provocado que la Virgen y la actividad de su Cofradía se solaparan con la política nacional y local. En el pasado siglo XX hay buenos ejemplos de cómo los vaivenes políticos de Quesada también afectaron a la Virgen. Es conocida la historia de la desaparición, y seguramente destrucción de la imagen, durante el verano de 1936, episodio al que dediqué un artículo en mi blog personal de historia de Quesada. (Desaparición de la Virgen de Tíscar)


Igualmente fue manifiesta la promiscuidad entre vida política y religiosa durante la dictadura franquista, régimen que no promulgó una ley de libertad religiosa hasta 1967, en la práctica una ley de simple tolerancia con un sinnúmero de limitaciones que hoy nos parecerían inaceptables.[i]

 

La interacción o confusión de ámbitos no es un fenómeno reciente que venga de las más cercanas décadas. Ya en 1823, cuando una nueva invasión francesa (Los Cien Mil Hijos de San Luis) acabó con el periodo constitucional y restauró el absolutismo, el realista quesadeño Luis Moreno regaló a la Virgen una bandera constitucional que había capturado en una de las escaramuzas en las que participó.[ii] El significado político del obsequio era innegable. Luis Moreno fue cabecilla de la partida “Defensores del Rey”, cuyas acciones armadas coadyuvaron al fin del constitucionalismo en nuestra comarca y zonas de Granada y Almería.[iii]  Ignoro lo que, a la muerte de Fernando VII y la vuelta del constitucionalismo, fue de tal bandera.

 

Es a este siglo XIX al que me quiero referir. Un tiempo en el que no solo se mezclaba Virgen y política, sino que la Cofradía dependía funcional y orgánicamente del Ayuntamiento. El 18 de junio de 1842 se aprobaron unos estatutos de la Cofradía,  “Constituciones Reglamentarias”, que determinaron que las vacantes de cofrades debían cubrirse a propuesta de la hermandad, pero por nombramiento de la Corporación. Por el mismo sistema se elegía al administrador contador y al secretario, los cargos de la Cofradía.[iv] 

 

La relación y dependencia del Ayuntamiento se manifestaba en distintos ámbitos. Por ejemplo, en las traídas extraordinarias de la Virgen al pueblo con motivo de grandes sequías. Cuando la situación se hacía insostenible, los vecinos que tomaban la iniciativa dirigían una instancia al Ayuntamiento. Este lo discutía en pleno y, caso de aceptarlo, decidía la fecha en que se debía producir la conducción de la imagen. A continuación, se comunicaba, como cosa decidida, al párroco y al presidente de la Comisión Económica de la Cofradía. Además, también fijaba el Ayuntamiento la fecha en que se celebraría en la parroquia “la festividad (misa solemne) que viene su costumbre el costearse de estos fondos municipales”. De esta manera se hizo en el mes de enero 1884 y abril de 1896.[v] En el caso de 1884, y según se cuenta en la “Poesía Histórica” que con este motivo compuso el veterinario y acérrimo carlista Pedro Segura Pérez, en la mañana siguiente a la llegada de la Virgen, 24 de enero, llovió torrencialmente.

 

Hay otros ejemplos similares, pues fue también municipal la decisión de parar a la Virgen, a la ida y a la venida de Tíscar, en el cortijo del presbítero Pedro García Monterreal, en Fique. Don Pedro dirigió la solicitud al Ayuntamiento, que ”acordó acceder a lo solicitado” con la condición de que la parada “sea lo menos posible y solo y exclusivamente para cantarle una salve”.[vi] Lo mismo vale decir para la Traída extraordinaria del 30 de diciembre de 1900, decidida por el Ayuntamiento con motivo de los festejos organizados para celebrar la llegada del nuevo siglo. Fue en estas celebraciones cuando se acordó construir una cruz en “en el sitio que nombran el Visillo (…) sitio que en lo sucesivo se denominará el Humilladero”.[vii]

 

Pero cuando se mostró en toda su crudeza la subordinación de la Cofradía al Ayuntamiento fue en 1868, cuando estalló la revolución conocida como La Gloriosa que acabó con el reinado de Isabel II. Uno de los militares protagonistas del cambio de régimen fue el general quesadeño Serrano Bedoya. (El general Serrano Bedoya y la Gloriosa)


Tras la huida de la reina a Francia y hasta la restauración borbónica de 1875, España conoció el periodo constituyente de la regencia de Serrano, el asesinato de Prim, el corto reinado de Amadeo I, la I República, y el golpe de estado de Martínez Campos, que trajo de vuelta a los Borbones. Ejemplo de lo acelerado y convulso que fue aquel periodo fue la figura del general Serrano Domínguez, insólito caso, y quizás único en el mundo, en el que una misma persona fue sucesivamente amante de la reina, autor de su exilio, regente del Reino con tratamiento de Alteza y presidente de la República.

 

La Gloriosa llevó al general Serrano Bedoya a la primera fila de la política nacional. En Quesada La Gloriosa supuso el control de la política local por los parientes y partidarios de Serrano Bedoya. El día 1 de octubre de 1868, tras la entrada de los generales revolucionarios en Madrid, se formó una Junta de Gobierno que se hizo cargo del Ayuntamiento. Sus miembros eran de la misma clase social que los concejales isabelinos salientes y tenían una mentalidad bastante similar, aunque eran más “liberales” y defendían cosas como la Soberanía Nacional frente a la Corona y el sufragio universal, masculino por supuesto.[viii]

 

Pocos días después de su acceso a la alcaldía, el 14 de octubre, el presidente de la Junta de Gobierno, Hilario Serrano, convocó a una reunión al mayordomo y al secretario de la Cofradía, que se presentaron acompañados de un grupo de cofrades principales. Ninguno de la Cofradía era “serranista” y tenían una clara orientación política borbónica y conservadora. Todos habían firmado pocos meses antes, y publicado a su costa en la Gaceta de Madrid, un manifiesto de adhesión a S.M. Isabel II. En él le mostraban su adhesión con motivo de las críticas y burlas suscitadas contra ella en la prensa extranjera y fundadas en alguna de sus habituales expansiones eróticas.[ix]

 

La finalidad de aquella reunión era “conocer de los fondos (de la Cofradía) que la misma tenga en efectivo, y no le sean precisos para los santos objetos de su institución”, al objeto de “con ellos y (con) los que la filantropía de la clase pudiente de esta Población aporte” hacer frente por las menesterosas arcas municipales, “a las eventualidades del porvenir”.

 

La propuesta de Hilario Serrano fue aceptada por todos los asistentes “como no podía menos de suceder entre los concurrentes que abundan en los puros principios de moralidad; pero la unanimidad se “estrelló” respecto a los fondos de la hermandad, que dijeron inexistentes en aquel momento. Según el cofrade mayordomo, aunque disponían de “créditos a su favor en deuda flotante”, tenían también obligaciones pendientes de pago. Inmediatamente el presidente de la Junta preguntó al cofrade secretario, José Montiel, por “las Constituciones y documentos a que subordina sus actos la Hermandad”. Contestó Montiel que no disponía de ningún documento “porque no se le había hecho entrega” y que solo custodiaba “los expedientes de Cuentas e Inventario de las alhajas que posee la Divina Imagen”. Con esta respuesta se dio por concluido el acto, seguramente en un ambiente bastante tenso.

 

Acta municipal del 14 de octubre de 1868 con
los cofrades asistentes anotados al margen

Dos días después se reunió la Junta de Gobierno municipal “para tratar distintos particulares de su competencia”. En primer lugar, su presidente “hizo la moción de que para inmortalizar en esta población el preclaro nombre de nuestro ilustre Patricio el Excelentísimo Señor General Serrano Bedoya, uno de los caudillos e iniciador del glorioso alzamiento nacional (…) se sustituyera el nombre de la plaza de esta Villa con el de su Excelencia.” Por unanimidad se aceptó la propuesta y se acordó “que de este incidente se libre testimonio y se remita a su Excelencia como justo homenaje que le rinden los acordantes.” (La 1ª República en Quesada)

 

A continuación, se pasó al siguiente punto del orden del día, consecuencia inmediata de la fallida reunión del día 14. El presidente de la Junta hizo la propuesta de “disolución de la Cofradía de Nuestra Señora de Tíscar mediante los vicios de que adolece”. Justificaba su disolución en que la Cofradía no se había sujetado a los estatutos vigentes aprobados en 1842, sino que “ha obrado desde aquella fecha muy fuera de ellos, adulterando la pía institución, llevándola al criterio de la parcialidad o favoritismo, o mejor dicho, la piedad se convirtió en Política.”

 

Según el presidente no se habían cubierto las vacantes de cofrades, administrador contador y secretario por nombramiento del Ayuntamiento, según establecían “las prescripciones reglamentarias tercera, séptima, décima y duodécima” de los estatutos. Se demostraba esta  “triste verdad” consultando los libros de sesiones de ambas corporaciones. Llamó la atención Hilario Serrano sobre el hecho de que la Cofradía no había levantado acta desde el 29 de abril de 1846, y que “desde entonces esta corporación, errante como los Israelitas en el Desierto, no ha encontrado la tutela o garantía” precisa. Según el alcalde “no deja de ser menos viciosa la administración de los píos fondos de nuestra Idolatrada Madre”, siendo llevadas las cuentas “por el capricho mercenario del caciquismo y en abierta oposición a las prescripciones de contabilidad estipuladas”. Justificaba tan grave acusación a la vista de los “distintos expedientes de cuentas” que había estudiado a fin de “moralizar si le es posible esta Cofradía gangrenada en sus entrañas, cuyo mal lamenta a la vez todo el Pueblo y los extraños que lo conocen.”

 

Como resultado de “estas verdades y de sus comprobantes”, la Junta acordó por unanimidad “quede disuelta dicha Cofradía y que se cree (de nuevo) con entera sujeción a los dichos estatutos”. Se decidió también formar una comisión que estudiase los estatutos y los reformase “en la parte que estimen” y los presentase “para la sanción de la Corporación municipal (…) dándole después el curso que proceda.”[x] Es decir, el Ayuntamiento no solo disolvió la Cofradía para nombrar nuevos cofrades, sino que también se hizo cargo de reformar y aprobar los nuevos estatutos de la misma.

 




Azarosas fueron las vicisitudes políticas durante los años siguientes y el asunto quedó postergado. En enero de 1873, tras el corto reinado de Amadeo I, se proclamó la República. Bajo la misma, la Cofradía continuó dependiendo del Ayuntamiento con el que mantuvo buenas relaciones fueron buenas. Tan buenas que la proclamación de la República Federal, a principios del verano, fue celebrada con una “función de Iglesia que se celebró en el día de ayer por la proclamación de la república en esta localidad y en obsequio a Nuestra Patrona la Santísima Virgen de Tíscar”[xi]

 

El acuerdo de reformar los estatutos, que se había tomado en 1868, se hizo realidad con la República. Fue el 30 de diciembre de 1873 cuando el Ayuntamiento Popular de Quesada trató sobre el reglamento que había elaborado “la comisión ad-hoc nombrada del seno de la Cofradía de Nuestra Patrona y venerada Virgen de Tíscar (…) para poner en orden preciso y buena marcha administrativa la dirección e intervención” de la misma.[xii]  Se creaba por este reglamento una Comisión Económica (junta directiva)  formada por presidente, contador, depositario y secretario. En el libro de actas municipal se adjuntó una copia del reglamento donde se fijaban las competencias y responsabilidades de cada cargo.

 

El Ayuntamiento, tras estudiar “cada uno de los artículos que comprende”, por unanimidad acordó aprobar “el reglamento de la Comisión Económica de la Cofradía de Nuestra Señora de Tíscar que se observará en todas sus partes”. Era entonces alcalde presidente del Ayuntamiento Popular de Quesada el ciudadano Francisco Calatrava León y presidente del Poder Ejecutivo de la República Española don Emilio Castelar y Ripoll. Este reglamento estuvo vigente hasta que en 1894 se aprobaron unas nuevas constituciones o estatutos.

 



[i] Estuvo en vigor hasta que fue derogada por la ley orgánica 7/1980 de Libertad Religiosa.

[ii] “una bandera de guerra que también fue aprehendida en la acción de Oria la que ha sido regalada a la soberana y milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Tíscar”. Pleno del cabildo municipal de 1 de octubre de 1823.

[iii] En febrero de 1835 y como “faccioso” carlista, Luis Moreno fue capturado a orillas del Guadiana Menor y fusilado en Quesada con gran expectación de la gente que acudió de toda la comarca.

[iv] Pleno municipal de 16 de octubre de 1868.

[v] Plenos municipales de 20 de enero de 1884 y 14 de abril 1896.

[vi] Pleno municipal de 31 de agosto de 1890.

[vii] Plenos municipales de 16 y 30 de diciembre de 1890.

[viii] El primer Ayuntamiento de Quesada elegido por sufragio universal masculino tomó posesión tres meses después, el 1 de enero de 1869.

[ix] Gaceta de 5 de mayo de 1867.

[x] Formada por Hilario Serrano,  Ramón Serrano Bedoya y Ramón Valdés Bedoya.

[xi] Pleno municipal de 2 de julio de 1873.

[xii] La comisión estaba formada por Gaspar Antonio de Salas, Laureano Delgado y Manuel Bedoya García.


miércoles, 10 de febrero de 2021

LA FAMILIA QUESADEÑA DE ZABALETA

Rafael Zabaleta. "Paisaje de Fique" (33x45) Acuarela sobre papel.

(Artículo publicado originalmente en la revista “Sueños de Quesada” de la asociación cultural “Amigos de Rafael Zabaleta” nº 5, 10 de enero de 2021.)

 

El Registro Civil, implantado por el Gobierno Prim en 1870, comenzó a funcionar en Quesada desde enero de 1872. Hasta entonces solo en los libros parroquiales se anotaban los bautizos, bodas y defunciones. Los de la parroquia de Quesada (y la de Tíscar) fueron completamente destruidos en el verano de 1936 y por eso no es fácil rastrear datos familiares para la primera mitad del siglo XIX.

 

Antonio García Chillón, bisabuelo de Rafael Zabaleta Fuentes, debió nacer a fines del siglo XVIII y murió no antes de 1838. Fue un propietario acomodado y tradicional. Cuando en 1823 se restauró el Absolutismo fue designado alcalde segundo del nuevo Ayuntamiento, pues no había estado implicado en el disuelto Ayuntamiento Constitucional y se suponía    que lo adornaban las virtudes políticas conservadoras requeridas.[1] Se reforzó su posición pocos días más tarde con el nombramiento de presidente de la Junta del Pósito municipal, organismo de  fuerte peso en la vida económica local  que controlaba el préstamo de cereales para sementera y años de mala cosecha.[2] Antonio continuó participando en la política municipal hasta la promulgación de la nueva Constitución de 1836,[3] pero ya no volvió a desempeñar cargos bien por su edad bien por no identificarse demasiado con el régimen liberal isabelino. No obstante y por su condición y peso social se le requirió por la corporación para colaborar en determinados asuntos puntuales. Así por ejemplo, en 1838 se le eligió junto a otro reconocido propietario, Ramón Valdés, para que hicieran el reparto de cuotas de la contribución industrial y de comercio como “inteligentes en el ramo de diezmerías.”[4] No era encargo menor pues se trataba de proponer qué cantidad debía pagar cada vecino.

 

Antonio García Chillón se casó con Josefa Monterreal, también de una conocida y acaudalada familia propietaria. Su padre, Juan Luis Monterreal, era de una edad similar a la de su yerno Antonio. Como regidores habían coincidido en el Ayuntamiento hasta que en 1836 se formó uno nuevo de acuerdo a la legislación liberal de Cádiz. Poco después fue elegido concejal síndico en las elecciones municipales de marzo de 1838,[5] intentando enseguida renunciar al cargo, como hicieron otros compañeros de corporación, por temor  a posibles represalias de las partidas tradicionalistas que entonces amenazaban Quesada.[6] Al igual que Antonio y tras dejar la política activa siguió participando, como persona de autoridad y prestigio, en distintos trabajos municipales. En 1846 fue nombrado “repartidor” de la contribución de Consumos (un impuesto indirecto que tiene similitudes con el IVA) y en 1847 depositario del Pósito.[7] Un hermano más joven de Juan Luis, Eugenio Monterreal, ocupó cargos en el Ayuntamiento hasta el inicio en 1854 del Bienio Progresista. Juan Luis Monterreal fue tatarabuelo de Rafael Zabaleta.

 

Firmas de Antonio García Chillón y Juan Luis Monterreal.
Libro capitular de Quesada 1836. Archivo Municipal

El matrimonio García Monterreal tuvo al menos ocho hijos que formaron, junto a  sus cónyuges y descendientes inmediatos, una de las familias señaladas de la segunda mitad del siglo XIX quesadeño. Los dos hermanos varones, Tomás y Pedro García Monterreal, vivieron en la calle Don Pedro número 44 según el censo electoral de 1878.[8] Tomás dejó poca noticia; Pedro fue un personaje bastante más conocido. Pedro García Monterreal, tío abuelo de Rafael Zabaleta, fue presbítero pero no ejerció como tal ni asumió función o cargo alguno en la parroquia. Excepto en el oficio de algunas ceremonias familiares como la boda de su sobrina Pepa y Antonio Toral, su vida no se apartaba de la de un propietario agrícola al uso. Hasta finales del siglo figura en el listado de mayores contribuyentes con derecho a voto para el Senado, los que eran alguien en el pueblo.

 

De su condición de propietario le viene una curiosa huella que ha dejado su persona hasta la actualidad. En el invierno de 1877-78, el entonces Instituto Geográfico y Estadístico efectuó los trabajos de recogida de datos para el que sería Mapa Topográfico Nacional 1:50.000. En sus minutas anotaron en Fique, por debajo de la actual carretera, el "cortijo de Don Pedro García". La hoja en cuestión[9] no se publicó hasta 1932, siendo ministro de Obras Públicas Indalecio Prieto. Para confeccionarla se recurrió a los datos obtenidos en 1878 pero, dado el momento republicano, se estimó procedente eliminar el título "don" del nombre de los cortijos. De esta manera se imprimió como "cortijo de Pedro García" y así sigue figurando hasta hoy en el mapa topográfico del Instituto Geográfico Nacional.[10]

 

En este cortijo, desde 1890 y tras una petición suya al Ayuntamiento, efectuaba la Virgen de Tíscar una parada en sus traídas y llevadas al santuario.[11] Al principio solo consistía en rezar una salve, pero con posterioridad se añadió un refrigerio para los miembros de la comitiva procesional, costumbre que se ha mantenido hasta que no hace demasiados años se motorizaron los desplazamientos. Sobre este don Pedro circula una versión según la cual el nombre de la calle en que vivía procedía de él. No es así porque la calle se llama de esta manera al menos desde principios del siglo XVIII,[12] pero sirve para comprobar que dejó fama de individuo poderoso e influyente.

 

Las hermanas de don Pedro, Juliana, Prudencia, Carmen, Casiana, Patrocinio y Ramona García Monterreal, se casaron con distinguidos miembros de la sociedad quesadeña dando origen a otras tantas familias que, con otros apellidos al proceder de línea femenina, sobreviven en la actualidad. Los cuñados de don Pedro fueron los hermanos Juan José y Gaspar Aguilera Gómez, Antonio Alférez Gómez, Pedro Segura Pérez, el maestro de instrucción primaria Ildefonso Malo y Antonio Fuentes Jurado.

 

Tanto Pedro y Tomás García Monterreal como todos sus cuñados fueron personas conservadoras. No tradicionalistas carlistas sino isabelinos y partidarios de la dinastía Borbón. Todos ellos firmaron, en marzo de 1867, un manifiesto que los electores de Quesada (apenas 70 pues el voto era censitario) remitieron a la Gaceta de Madrid. En el mismo se "defendía" a Isabel II de las burlas de la prensa extranjera, al parecer por alguna aventura sexual, cosa bastante frecuente (tanto las burlas como las aventuras). No hay en el manifiesto ningún Serrano, Bedoya, Godoy o Valdés, familiares y partidarios del general Serrano que un año después sería uno de los protagonistas de La Gloriosa que acabo con el reinado de Isabel.[13]

 

Su condición conservadora hizo que, desde la Revolución del 68, la familia García Monterreal se apartara, o fuera apartada, de los cargos municipales, incluyendo la Cofradía de la Virgen. A partir de octubre de ese año fueron las familias "revolucionarias" y "serranistas" las que ocuparon dichos puestos durante el Gobierno Provisional y regencia de Serrano, reinado de Amadeo I y, tras el corto periodo federal, la presidencia de Serrano Domínguez.  Estas diferencias políticas de las que hablo se deben contextualizar. Es cierto que los "serranistas" participaron activamente en la constitución democrática de 1869 y que apoyaban cosas tales como el sufragio universal masculino. Los García Monterreal, por el contrario, apoyaban el legitimismo borbónico y una visión más conservadora y católica de la sociedad. Pero eran diferencias de matiz y sus rivalidades y enfrentamientos más de grupo o clan que ideológicos. Todos ellos pertenecieron a la misma clase social, tenían conciencia de clase y compartían una similar mentalidad. Eran gente de Villavieja, "villavejeros", entre los cuales Manuel Ciges Aparicio no pudo distinguir poco después, aun estando cercano en el tiempo, "quién era quién".[14]

 

Minuta del Mapa Topográfico del Instituto Geográfico y Estadístico. 1878.
Cortijo de Don Pedro García.


Una de las hermanas García Monterreal, Juliana, se casó con Antonio Fuentes Jurado, natural de Peal de Becerro. Son los abuelos maternos de Rafael Zabaleta. Antonio fue varias veces concejal, siempre con carácter de conservador o moderado. La primera ocasión en 1853 hasta que la corporación fue disuelta en septiembre de 1854, tras la Vicalvarada y el inicio del Bienio Progresista. Nuevamente fue desalojado del Ayuntamiento en 1868, tras la caída del régimen isabelino. Murió en el invierno revolucionario de 1868 al 69 (quién sabe si por alferecía o del "disgusto" político). Seguramente, y si era de edad similar a la de sus hermanos, nació alrededor de 1830 y tenía apenas unos 40 años al morir.

 

Al menos otros dos hermanos Fuentes Jurado vivieron en Quesada: Pablo, comerciante, nacido en 1829, que vivía en la calle San Juan nº 2 (lateral derecho plaza de la Coronación) y Juan, nacido en 1834, que vivió en la calle Espinillos pero que ya en 1878 lo hacía en la calle Nueva nº 6. A pesar de que en los censos electorales de 1878 y 1893 la profesión de Juan es "propietario", ambos hermanos se dedicaban al comercio según consta, al menos desde 1883, en el anuario del Comercio.[15] La residencia de Juan en la casa nº 6 de la calle Nueva, de larguísima tradición comercial, refuerza los indicios de que los Fuentes se establecieron en Quesada como comerciantes, siguiendo la tradición local de que estas actividades comerciales casi siempre estuvieran en manos de forasteros. Los quesadeños o malvivían trabajando el campo o eran "villavejeros" propietarios ajenos al trabajo, no había términos medios. Juan Fuentes Jurado, tío abuelo de Rafael Zabaleta, fue varias veces concejal en los últimos años del siglo, ya en plena Restauración borbónica. Ejerciendo estas funciones municipales, en 1884 estuvo a punto de morir cuando el carruaje en el que viajaba con un capataz de montes y un criado se despeñó en la sierra por culpa de la niebla.[16] Rafael Zabaleta heredó esta costumbre de saltar por las cunetas.

 

Juliana García Monterreal quedó viuda y joven, pero con una holgada situación económica.[17] De sus padres heredó el cortijo de Béjar, que confinaba con la parte que le tocó a su hermana Casiana. En las minutas de 1878 del mapa topográfico ese cortijo se rotula como "de la viuda de Fuentes". El otro cortijo que heredó Rafael Zabaleta fue la mitad del anteriormente citado de don Pedro García, la parte cuyas ventanas daban a la sierra. Ignoro si la herencia de esta mitad fue directa de sus padres a Juliana o de don Pedro a los hijos de Juliana. La otra mitad, la que da a la parte de la carretera, pasó a los herederos de su hermana Patrocinio.

 

Cartografía actual Instituto Geográfico Nacional.
Cortijo de Pedro García

El matrimonio de Antonio Fuentes y Juliana García tuvo al menos 5 hijos. Antonio, Luis, Francisca, Tíscar y Juliana Fuentes García. Luis Fuentes García fue cura y párroco de la "filial" de Tíscar. El maestro de Belerda Pedro Puerta Martínez, que a fines del siglo XIX compuso e imprimió un opúsculo o folleto titulado "Flores de la Fantasía. Corona poética dedicada a Nª Sª de Tíscar", hizo en sus páginas un elogio encendido del cura don Luis, atribuyéndole la autoría de un significativo aumento de la devoción a la Virgen durante su ejercicio y calificándolo de "buen Ministro del Señor".[18] Antonio Fuentes fue médico aunque no ejerció mucho la profesión con algunas excepciones casi forzadas. Fue durante la gran epidemia de cólera del verano de 1885 y en alguna otra ocasión en la que tuvo que ocupar plaza de titular interino forzado por la falta de aspirantes a médico local. Como en el caso de su tío don Pedro el cura, su ocupación efectiva fue la de propietario. Vivió en la calle Nueva y también fue concejal en varias ocasiones, aunque sin especial protagonismo político, más bien social y benéfico: organizó, también a primeros de 1885, una colecta a favor de las victimas del terremoto de Alhama que afectó a Granada y Málaga. No dejó descendencia conocida.

 

Como es bien sabido, las tres hermanas Fuentes García se casaron con el sucesivo viudo Isidoro Zabaleta Beatriz, de origen vasco y natural de Logroño. Isidoro llegó a Quesada para trabajar en el comercio del también riojano o mejor, camerano, Prudencio de la Riva.[19] Como antes dije, el comercio de Quesada estuvo en el siglo XIX en manos de gente de fuera del pueblo. Llegaron a establecerse en Quesada al menos tres familias de comerciantes procedentes de Ortigosa de Cameros, La Rioja. Este pequeño pueblo, perdido en las montañas de Camero Nuevo, tenía una larga tradición comercial y de fabricación de paños. Hacia mediados del siglo XIX llegó a Quesada Pío de la Riva Aranceta, que poco después atrajo a su sobrino Prudencio de la Riva. Muy poco después se establecieron los hermanos García Lozano y por último  Francisco Herreros Pérez, que ante la falta de herederos reclamó a sus sobrinos Pérez Herreros. Todos ellos nacieron en Ortigosa y todos tuvieron establecimiento abierto en la calle comercial del momento, la calle Nueva. No procede aquí analizar esta insólita presencia ortigosina en Quesada que ha dejado abundante descendencia (el que suscribe, sin ir más lejos, por línea paterna y materna), pero sí contextualiza la llegada de Isidoro Zabaleta al pueblo, donde se encontró una numerosa colonia de paisanos norteños.[20]

 

Isidoro Zabaleta se casó en marzo de 1884 con Francisca Fuentes García. Para entonces ya había muerto la madre, Juliana García Monterreal. Francisca falleció de neumonía a finales del mismo año. Pocos años después, el 9 de diciembre de 1888, Isidoro se casó en segundas nupcias con su cuñada, Mª de Tíscar Fuentes García. Al verano siguiente Mª de Tíscar, con 24 años,  murió de parto el 1 de agosto de 1889. El hijo que tuvo, Antonio José Zabaleta Fuentes, falleció con apenas 3 años en febrero de 1903. Ya en mayo de 1906 Isidoro se casó con la tercera de las hermanas, Juliana Fuentes García. Un año después, el 6 de noviembre de 1907, nació Rafael Zabaleta Fuentes; su padre tenía 54 años y su madre 42. Para la época eran padres viejos y el parto de alto riesgo.

 

A la muerte de Isidoro Zabaleta, en febrero de 1918 y de catarro bronco-pulmonar,[21] tenía Rafael 10 años y, cuando murió su madre en 1930, apenas 23. Rafael Zabaleta no conoció a ninguno de sus tíos y tías hermanos de su madre, ni a su único hermano. Fue el único heredero de sus abuelos Antonio Fuentes y Juliana García Monterreal, a los que tampoco conoció y que también murieron jóvenes. La familia paterna quedaba muy lejos, para las comunicaciones de la época casi en otro continente. La vida de Rafael Zabaleta estuvo marcada desde antes del parto por la muerte, la ausencia y la soledad. Se puede decir que en este sentido fue un náufrago de la vida.

 

No corresponde a este trabajo hacer un fino análisis psicológico sobre la posible incidencia que estas circunstancias pudieron tener en su personalidad y mucho menos en su obra. Pero al menos creo que sí explican la relación, casi materno-filial, con su tía Pepa, Josefa Aguilera García, hija única de Gaspar Aguilera y Ramona García Monterreal. Ella era otra "náufraga" de la vida después de que su marido Antonio Toral la abandonara el mismo día de la boda. Fue la "unión" instintiva de dos víctimas de la soledad.

 

Rafael Zabaleta en el patio de su casa. 1910-11



[1] Cabildo de 8 de julio de 1823.

[2] Cabildo de 25 de julio de 1823.

[3] Cabildo de 21 de septiembre de 1836. Era teniente de alcalde en el Ayuntamiento saliente que traspasó el poder al nuevo Ayuntamiento Constitucional.

[4] Pleno municipal de 5 de febrero de 1838. Aquí la expresión “diezmería” o "dezmería", que procede de cobro del diezmo, se usa con el carácter genérico de impuesto. Es decir, que ambos tenían experiencia en asignar las cuotas que correspondían a cada vecino hasta completar el total del encabezamiento.

[5] No se presentó como candidato a las elecciones. Se elegían compromisarios que designaban libremente a los regidores entre cualquier vecino.

[6] Para estas elecciones y la situación del momento en Quesada: www.vortizg.es  “LAS GUERRAS CARLISTAS EN QUESADA. Realistas y carlistas en el siglo XIX”.

[7] Plenos municipales de 28 de noviembre de 1846 y de 15 de febrero de 1847.

[8] La numeración de las casas no se puede trasponer automáticamente a la de hoy. Especialmente en esta calle Don Pedro que, antes de ser dividida por la apertura de la carretera y el muro, arrancaba más arriba, a una altura indeterminada de la actual calle del Teatro.

[9] "949-Pozo Alcón".

[10] No es el único caso ni el más curioso. Un cortijo en Lacra, el de un cuñado de don Pedro, figura en la minuta de 1878 como de "Don Antonio Alférez" pero no fue recogido en la hoja 1:50.000 seguramente por razón de espacio.  Cuando en 1992 se publicó la hoja del mapa 1:25.000, se "resucitó" su nombre que ahora figura, también sin el "don", en todos los mapas del Instituto.

[11] Pleno de 31 de agosto de 1890.

[12] Unas veces como calle "don Pedro" y otras como "don Pedro Gámez", personaje desconocido por el momento.

[13] www.vortizg.es “El general Serrano Bedoya y la Gloriosa”

[14] "Villavieja" (1914). Precisamente entre los personajes paradigmáticos de la vida "villavejera" y sus vicios, Ciges coloca a los hermanos Bedoya. Fuera de esta novela, otro divertido ejemplo fue el del masón expulsado de la Logia la Luz, de Quesada, por ser a la vez hermano de la Cofradía de la Virgen de Tíscar. En "Los secretos de la masonería en Jaén", de Sánchez Tostado-Higueras Lorite.

[15] "Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración."

[16] "La República" 24 de mayo de 1884.

[17] 634 escudos de utilidades anuales en el Impuesto Personal de 1869.

[18] Archivo donación Juan de Mata Carriazo. Universidad de Sevilla.

[19] "Zabaleta de Quesada", de Cesáreo Rodríguez-Aguilera, pág 65.

[20] En Quesada los pocos que tenían instrucción y sabían de cuentas eran propietarios que no trabajaban. Fue preciso "importar" mano de obra para el comercio. El nivel de alfabetización de Ortigosa casi triplicaba el de Quesada y todos sus "emigrantes" llegaban sabidos.

[21] La llamada "Gripe Española" comenzó en España durante la primavera siguiente. En Quesada tuvo su mayor incidencia en el otoño de 1918. Seguramente la muerte de Isidoro no esté relacionada con esta epidemia.