sábado, 3 de abril de 2021

Política y Virgen de Tíscar en el siglo XX. “LA PIEDAD SE CONVIRTIÓ EN POLÍTICA”.

 

"VERDADERO retrato de N.S. de Tíscar que se venera en la Sierra de Quesada. El Excmo. Sr. Cardenal Astorga, Arzobispo de Toledo, concede 100 días de indulgencias a los que rezaren una Salve delante de esta Santa Ymagen. Se costeó a devoción de su venerable Hermandad y Cofradía. Año de 1873. Litografía de F. Casado. Campillo 32 Granada." (Foto Museo del Traje)


(Este artículo se publicó originalmente en la 

Revista de Ferias de 2020.)


No es necesario ponderar la importancia de la Virgen de Tíscar en Quesada ni el protagonismo de su Cofradía en la vida social del pueblo. Es tal que a lo largo de la historia ha provocado que la Virgen y la actividad de su Cofradía se solaparan con la política nacional y local. En el pasado siglo XX hay buenos ejemplos de cómo los vaivenes políticos de Quesada también afectaron a la Virgen. Es conocida la historia de la desaparición, y seguramente destrucción de la imagen, durante el verano de 1936, episodio al que dediqué un artículo en mi blog personal de historia de Quesada. (Desaparición de la Virgen de Tíscar)


Igualmente fue manifiesta la promiscuidad entre vida política y religiosa durante la dictadura franquista, régimen que no promulgó una ley de libertad religiosa hasta 1967, en la práctica una ley de simple tolerancia con un sinnúmero de limitaciones que hoy nos parecerían inaceptables.[i]

 

La interacción o confusión de ámbitos no es un fenómeno reciente que venga de las más cercanas décadas. Ya en 1823, cuando una nueva invasión francesa (Los Cien Mil Hijos de San Luis) acabó con el periodo constitucional y restauró el absolutismo, el realista quesadeño Luis Moreno regaló a la Virgen una bandera constitucional que había capturado en una de las escaramuzas en las que participó.[ii] El significado político del obsequio era innegable. Luis Moreno fue cabecilla de la partida “Defensores del Rey”, cuyas acciones armadas coadyuvaron al fin del constitucionalismo en nuestra comarca y zonas de Granada y Almería.[iii]  Ignoro lo que, a la muerte de Fernando VII y la vuelta del constitucionalismo, fue de tal bandera.

 

Es a este siglo XIX al que me quiero referir. Un tiempo en el que no solo se mezclaba Virgen y política, sino que la Cofradía dependía funcional y orgánicamente del Ayuntamiento. El 18 de junio de 1842 se aprobaron unos estatutos de la Cofradía,  “Constituciones Reglamentarias”, que determinaron que las vacantes de cofrades debían cubrirse a propuesta de la hermandad, pero por nombramiento de la Corporación. Por el mismo sistema se elegía al administrador contador y al secretario, los cargos de la Cofradía.[iv] 

 

La relación y dependencia del Ayuntamiento se manifestaba en distintos ámbitos. Por ejemplo, en las traídas extraordinarias de la Virgen al pueblo con motivo de grandes sequías. Cuando la situación se hacía insostenible, los vecinos que tomaban la iniciativa dirigían una instancia al Ayuntamiento. Este lo discutía en pleno y, caso de aceptarlo, decidía la fecha en que se debía producir la conducción de la imagen. A continuación, se comunicaba, como cosa decidida, al párroco y al presidente de la Comisión Económica de la Cofradía. Además, también fijaba el Ayuntamiento la fecha en que se celebraría en la parroquia “la festividad (misa solemne) que viene su costumbre el costearse de estos fondos municipales”. De esta manera se hizo en el mes de enero 1884 y abril de 1896.[v] En el caso de 1884, y según se cuenta en la “Poesía Histórica” que con este motivo compuso el veterinario y acérrimo carlista Pedro Segura Pérez, en la mañana siguiente a la llegada de la Virgen, 24 de enero, llovió torrencialmente.

 

Hay otros ejemplos similares, pues fue también municipal la decisión de parar a la Virgen, a la ida y a la venida de Tíscar, en el cortijo del presbítero Pedro García Monterreal, en Fique. Don Pedro dirigió la solicitud al Ayuntamiento, que ”acordó acceder a lo solicitado” con la condición de que la parada “sea lo menos posible y solo y exclusivamente para cantarle una salve”.[vi] Lo mismo vale decir para la Traída extraordinaria del 30 de diciembre de 1900, decidida por el Ayuntamiento con motivo de los festejos organizados para celebrar la llegada del nuevo siglo. Fue en estas celebraciones cuando se acordó construir una cruz en “en el sitio que nombran el Visillo (…) sitio que en lo sucesivo se denominará el Humilladero”.[vii]

 

Pero cuando se mostró en toda su crudeza la subordinación de la Cofradía al Ayuntamiento fue en 1868, cuando estalló la revolución conocida como La Gloriosa que acabó con el reinado de Isabel II. Uno de los militares protagonistas del cambio de régimen fue el general quesadeño Serrano Bedoya. (El general Serrano Bedoya y la Gloriosa)


Tras la huida de la reina a Francia y hasta la restauración borbónica de 1875, España conoció el periodo constituyente de la regencia de Serrano, el asesinato de Prim, el corto reinado de Amadeo I, la I República, y el golpe de estado de Martínez Campos, que trajo de vuelta a los Borbones. Ejemplo de lo acelerado y convulso que fue aquel periodo fue la figura del general Serrano Domínguez, insólito caso, y quizás único en el mundo, en el que una misma persona fue sucesivamente amante de la reina, autor de su exilio, regente del Reino con tratamiento de Alteza y presidente de la República.

 

La Gloriosa llevó al general Serrano Bedoya a la primera fila de la política nacional. En Quesada La Gloriosa supuso el control de la política local por los parientes y partidarios de Serrano Bedoya. El día 1 de octubre de 1868, tras la entrada de los generales revolucionarios en Madrid, se formó una Junta de Gobierno que se hizo cargo del Ayuntamiento. Sus miembros eran de la misma clase social que los concejales isabelinos salientes y tenían una mentalidad bastante similar, aunque eran más “liberales” y defendían cosas como la Soberanía Nacional frente a la Corona y el sufragio universal, masculino por supuesto.[viii]

 

Pocos días después de su acceso a la alcaldía, el 14 de octubre, el presidente de la Junta de Gobierno, Hilario Serrano, convocó a una reunión al mayordomo y al secretario de la Cofradía, que se presentaron acompañados de un grupo de cofrades principales. Ninguno de la Cofradía era “serranista” y tenían una clara orientación política borbónica y conservadora. Todos habían firmado pocos meses antes, y publicado a su costa en la Gaceta de Madrid, un manifiesto de adhesión a S.M. Isabel II. En él le mostraban su adhesión con motivo de las críticas y burlas suscitadas contra ella en la prensa extranjera y fundadas en alguna de sus habituales expansiones eróticas.[ix]

 

La finalidad de aquella reunión era “conocer de los fondos (de la Cofradía) que la misma tenga en efectivo, y no le sean precisos para los santos objetos de su institución”, al objeto de “con ellos y (con) los que la filantropía de la clase pudiente de esta Población aporte” hacer frente por las menesterosas arcas municipales, “a las eventualidades del porvenir”.

 

La propuesta de Hilario Serrano fue aceptada por todos los asistentes “como no podía menos de suceder entre los concurrentes que abundan en los puros principios de moralidad; pero la unanimidad se “estrelló” respecto a los fondos de la hermandad, que dijeron inexistentes en aquel momento. Según el cofrade mayordomo, aunque disponían de “créditos a su favor en deuda flotante”, tenían también obligaciones pendientes de pago. Inmediatamente el presidente de la Junta preguntó al cofrade secretario, José Montiel, por “las Constituciones y documentos a que subordina sus actos la Hermandad”. Contestó Montiel que no disponía de ningún documento “porque no se le había hecho entrega” y que solo custodiaba “los expedientes de Cuentas e Inventario de las alhajas que posee la Divina Imagen”. Con esta respuesta se dio por concluido el acto, seguramente en un ambiente bastante tenso.

 

Acta municipal del 14 de octubre de 1868 con
los cofrades asistentes anotados al margen

Dos días después se reunió la Junta de Gobierno municipal “para tratar distintos particulares de su competencia”. En primer lugar, su presidente “hizo la moción de que para inmortalizar en esta población el preclaro nombre de nuestro ilustre Patricio el Excelentísimo Señor General Serrano Bedoya, uno de los caudillos e iniciador del glorioso alzamiento nacional (…) se sustituyera el nombre de la plaza de esta Villa con el de su Excelencia.” Por unanimidad se aceptó la propuesta y se acordó “que de este incidente se libre testimonio y se remita a su Excelencia como justo homenaje que le rinden los acordantes.” (La 1ª República en Quesada)

 

A continuación, se pasó al siguiente punto del orden del día, consecuencia inmediata de la fallida reunión del día 14. El presidente de la Junta hizo la propuesta de “disolución de la Cofradía de Nuestra Señora de Tíscar mediante los vicios de que adolece”. Justificaba su disolución en que la Cofradía no se había sujetado a los estatutos vigentes aprobados en 1842, sino que “ha obrado desde aquella fecha muy fuera de ellos, adulterando la pía institución, llevándola al criterio de la parcialidad o favoritismo, o mejor dicho, la piedad se convirtió en Política.”

 

Según el presidente no se habían cubierto las vacantes de cofrades, administrador contador y secretario por nombramiento del Ayuntamiento, según establecían “las prescripciones reglamentarias tercera, séptima, décima y duodécima” de los estatutos. Se demostraba esta  “triste verdad” consultando los libros de sesiones de ambas corporaciones. Llamó la atención Hilario Serrano sobre el hecho de que la Cofradía no había levantado acta desde el 29 de abril de 1846, y que “desde entonces esta corporación, errante como los Israelitas en el Desierto, no ha encontrado la tutela o garantía” precisa. Según el alcalde “no deja de ser menos viciosa la administración de los píos fondos de nuestra Idolatrada Madre”, siendo llevadas las cuentas “por el capricho mercenario del caciquismo y en abierta oposición a las prescripciones de contabilidad estipuladas”. Justificaba tan grave acusación a la vista de los “distintos expedientes de cuentas” que había estudiado a fin de “moralizar si le es posible esta Cofradía gangrenada en sus entrañas, cuyo mal lamenta a la vez todo el Pueblo y los extraños que lo conocen.”

 

Como resultado de “estas verdades y de sus comprobantes”, la Junta acordó por unanimidad “quede disuelta dicha Cofradía y que se cree (de nuevo) con entera sujeción a los dichos estatutos”. Se decidió también formar una comisión que estudiase los estatutos y los reformase “en la parte que estimen” y los presentase “para la sanción de la Corporación municipal (…) dándole después el curso que proceda.”[x] Es decir, el Ayuntamiento no solo disolvió la Cofradía para nombrar nuevos cofrades, sino que también se hizo cargo de reformar y aprobar los nuevos estatutos de la misma.

 




Azarosas fueron las vicisitudes políticas durante los años siguientes y el asunto quedó postergado. En enero de 1873, tras el corto reinado de Amadeo I, se proclamó la República. Bajo la misma, la Cofradía continuó dependiendo del Ayuntamiento con el que mantuvo buenas relaciones fueron buenas. Tan buenas que la proclamación de la República Federal, a principios del verano, fue celebrada con una “función de Iglesia que se celebró en el día de ayer por la proclamación de la república en esta localidad y en obsequio a Nuestra Patrona la Santísima Virgen de Tíscar”[xi]

 

El acuerdo de reformar los estatutos, que se había tomado en 1868, se hizo realidad con la República. Fue el 30 de diciembre de 1873 cuando el Ayuntamiento Popular de Quesada trató sobre el reglamento que había elaborado “la comisión ad-hoc nombrada del seno de la Cofradía de Nuestra Patrona y venerada Virgen de Tíscar (…) para poner en orden preciso y buena marcha administrativa la dirección e intervención” de la misma.[xii]  Se creaba por este reglamento una Comisión Económica (junta directiva)  formada por presidente, contador, depositario y secretario. En el libro de actas municipal se adjuntó una copia del reglamento donde se fijaban las competencias y responsabilidades de cada cargo.

 

El Ayuntamiento, tras estudiar “cada uno de los artículos que comprende”, por unanimidad acordó aprobar “el reglamento de la Comisión Económica de la Cofradía de Nuestra Señora de Tíscar que se observará en todas sus partes”. Era entonces alcalde presidente del Ayuntamiento Popular de Quesada el ciudadano Francisco Calatrava León y presidente del Poder Ejecutivo de la República Española don Emilio Castelar y Ripoll. Este reglamento estuvo vigente hasta que en 1894 se aprobaron unas nuevas constituciones o estatutos.

 



[i] Estuvo en vigor hasta que fue derogada por la ley orgánica 7/1980 de Libertad Religiosa.

[ii] “una bandera de guerra que también fue aprehendida en la acción de Oria la que ha sido regalada a la soberana y milagrosa Imagen de Nuestra Señora de Tíscar”. Pleno del cabildo municipal de 1 de octubre de 1823.

[iii] En febrero de 1835 y como “faccioso” carlista, Luis Moreno fue capturado a orillas del Guadiana Menor y fusilado en Quesada con gran expectación de la gente que acudió de toda la comarca.

[iv] Pleno municipal de 16 de octubre de 1868.

[v] Plenos municipales de 20 de enero de 1884 y 14 de abril 1896.

[vi] Pleno municipal de 31 de agosto de 1890.

[vii] Plenos municipales de 16 y 30 de diciembre de 1890.

[viii] El primer Ayuntamiento de Quesada elegido por sufragio universal masculino tomó posesión tres meses después, el 1 de enero de 1869.

[ix] Gaceta de 5 de mayo de 1867.

[x] Formada por Hilario Serrano,  Ramón Serrano Bedoya y Ramón Valdés Bedoya.

[xi] Pleno municipal de 2 de julio de 1873.

[xii] La comisión estaba formada por Gaspar Antonio de Salas, Laureano Delgado y Manuel Bedoya García.


miércoles, 10 de febrero de 2021

LA FAMILIA QUESADEÑA DE ZABALETA

Rafael Zabaleta. "Paisaje de Fique" (33x45) Acuarela sobre papel.

(Artículo publicado originalmente en la revista “Sueños de Quesada” de la asociación cultural “Amigos de Rafael Zabaleta” nº 5, 10 de enero de 2021.)

 

El Registro Civil, implantado por el Gobierno Prim en 1870, comenzó a funcionar en Quesada desde enero de 1872. Hasta entonces solo en los libros parroquiales se anotaban los bautizos, bodas y defunciones. Los de la parroquia de Quesada (y la de Tíscar) fueron completamente destruidos en el verano de 1936 y por eso no es fácil rastrear datos familiares para la primera mitad del siglo XIX.

 

Antonio García Chillón, bisabuelo de Rafael Zabaleta Fuentes, debió nacer a fines del siglo XVIII y murió no antes de 1838. Fue un propietario acomodado y tradicional. Cuando en 1823 se restauró el Absolutismo fue designado alcalde segundo del nuevo Ayuntamiento, pues no había estado implicado en el disuelto Ayuntamiento Constitucional y se suponía    que lo adornaban las virtudes políticas conservadoras requeridas.[1] Se reforzó su posición pocos días más tarde con el nombramiento de presidente de la Junta del Pósito municipal, organismo de  fuerte peso en la vida económica local  que controlaba el préstamo de cereales para sementera y años de mala cosecha.[2] Antonio continuó participando en la política municipal hasta la promulgación de la nueva Constitución de 1836,[3] pero ya no volvió a desempeñar cargos bien por su edad bien por no identificarse demasiado con el régimen liberal isabelino. No obstante y por su condición y peso social se le requirió por la corporación para colaborar en determinados asuntos puntuales. Así por ejemplo, en 1838 se le eligió junto a otro reconocido propietario, Ramón Valdés, para que hicieran el reparto de cuotas de la contribución industrial y de comercio como “inteligentes en el ramo de diezmerías.”[4] No era encargo menor pues se trataba de proponer qué cantidad debía pagar cada vecino.

 

Antonio García Chillón se casó con Josefa Monterreal, también de una conocida y acaudalada familia propietaria. Su padre, Juan Luis Monterreal, era de una edad similar a la de su yerno Antonio. Como regidores habían coincidido en el Ayuntamiento hasta que en 1836 se formó uno nuevo de acuerdo a la legislación liberal de Cádiz. Poco después fue elegido concejal síndico en las elecciones municipales de marzo de 1838,[5] intentando enseguida renunciar al cargo, como hicieron otros compañeros de corporación, por temor  a posibles represalias de las partidas tradicionalistas que entonces amenazaban Quesada.[6] Al igual que Antonio y tras dejar la política activa siguió participando, como persona de autoridad y prestigio, en distintos trabajos municipales. En 1846 fue nombrado “repartidor” de la contribución de Consumos (un impuesto indirecto que tiene similitudes con el IVA) y en 1847 depositario del Pósito.[7] Un hermano más joven de Juan Luis, Eugenio Monterreal, ocupó cargos en el Ayuntamiento hasta el inicio en 1854 del Bienio Progresista. Juan Luis Monterreal fue tatarabuelo de Rafael Zabaleta.

 

Firmas de Antonio García Chillón y Juan Luis Monterreal.
Libro capitular de Quesada 1836. Archivo Municipal

El matrimonio García Monterreal tuvo al menos ocho hijos que formaron, junto a  sus cónyuges y descendientes inmediatos, una de las familias señaladas de la segunda mitad del siglo XIX quesadeño. Los dos hermanos varones, Tomás y Pedro García Monterreal, vivieron en la calle Don Pedro número 44 según el censo electoral de 1878.[8] Tomás dejó poca noticia; Pedro fue un personaje bastante más conocido. Pedro García Monterreal, tío abuelo de Rafael Zabaleta, fue presbítero pero no ejerció como tal ni asumió función o cargo alguno en la parroquia. Excepto en el oficio de algunas ceremonias familiares como la boda de su sobrina Pepa y Antonio Toral, su vida no se apartaba de la de un propietario agrícola al uso. Hasta finales del siglo figura en el listado de mayores contribuyentes con derecho a voto para el Senado, los que eran alguien en el pueblo.

 

De su condición de propietario le viene una curiosa huella que ha dejado su persona hasta la actualidad. En el invierno de 1877-78, el entonces Instituto Geográfico y Estadístico efectuó los trabajos de recogida de datos para el que sería Mapa Topográfico Nacional 1:50.000. En sus minutas anotaron en Fique, por debajo de la actual carretera, el "cortijo de Don Pedro García". La hoja en cuestión[9] no se publicó hasta 1932, siendo ministro de Obras Públicas Indalecio Prieto. Para confeccionarla se recurrió a los datos obtenidos en 1878 pero, dado el momento republicano, se estimó procedente eliminar el título "don" del nombre de los cortijos. De esta manera se imprimió como "cortijo de Pedro García" y así sigue figurando hasta hoy en el mapa topográfico del Instituto Geográfico Nacional.[10]

 

En este cortijo, desde 1890 y tras una petición suya al Ayuntamiento, efectuaba la Virgen de Tíscar una parada en sus traídas y llevadas al santuario.[11] Al principio solo consistía en rezar una salve, pero con posterioridad se añadió un refrigerio para los miembros de la comitiva procesional, costumbre que se ha mantenido hasta que no hace demasiados años se motorizaron los desplazamientos. Sobre este don Pedro circula una versión según la cual el nombre de la calle en que vivía procedía de él. No es así porque la calle se llama de esta manera al menos desde principios del siglo XVIII,[12] pero sirve para comprobar que dejó fama de individuo poderoso e influyente.

 

Las hermanas de don Pedro, Juliana, Prudencia, Carmen, Casiana, Patrocinio y Ramona García Monterreal, se casaron con distinguidos miembros de la sociedad quesadeña dando origen a otras tantas familias que, con otros apellidos al proceder de línea femenina, sobreviven en la actualidad. Los cuñados de don Pedro fueron los hermanos Juan José y Gaspar Aguilera Gómez, Antonio Alférez Gómez, Pedro Segura Pérez, el maestro de instrucción primaria Ildefonso Malo y Antonio Fuentes Jurado.

 

Tanto Pedro y Tomás García Monterreal como todos sus cuñados fueron personas conservadoras. No tradicionalistas carlistas sino isabelinos y partidarios de la dinastía Borbón. Todos ellos firmaron, en marzo de 1867, un manifiesto que los electores de Quesada (apenas 70 pues el voto era censitario) remitieron a la Gaceta de Madrid. En el mismo se "defendía" a Isabel II de las burlas de la prensa extranjera, al parecer por alguna aventura sexual, cosa bastante frecuente (tanto las burlas como las aventuras). No hay en el manifiesto ningún Serrano, Bedoya, Godoy o Valdés, familiares y partidarios del general Serrano que un año después sería uno de los protagonistas de La Gloriosa que acabo con el reinado de Isabel.[13]

 

Su condición conservadora hizo que, desde la Revolución del 68, la familia García Monterreal se apartara, o fuera apartada, de los cargos municipales, incluyendo la Cofradía de la Virgen. A partir de octubre de ese año fueron las familias "revolucionarias" y "serranistas" las que ocuparon dichos puestos durante el Gobierno Provisional y regencia de Serrano, reinado de Amadeo I y, tras el corto periodo federal, la presidencia de Serrano Domínguez.  Estas diferencias políticas de las que hablo se deben contextualizar. Es cierto que los "serranistas" participaron activamente en la constitución democrática de 1869 y que apoyaban cosas tales como el sufragio universal masculino. Los García Monterreal, por el contrario, apoyaban el legitimismo borbónico y una visión más conservadora y católica de la sociedad. Pero eran diferencias de matiz y sus rivalidades y enfrentamientos más de grupo o clan que ideológicos. Todos ellos pertenecieron a la misma clase social, tenían conciencia de clase y compartían una similar mentalidad. Eran gente de Villavieja, "villavejeros", entre los cuales Manuel Ciges Aparicio no pudo distinguir poco después, aun estando cercano en el tiempo, "quién era quién".[14]

 

Minuta del Mapa Topográfico del Instituto Geográfico y Estadístico. 1878.
Cortijo de Don Pedro García.


Una de las hermanas García Monterreal, Juliana, se casó con Antonio Fuentes Jurado, natural de Peal de Becerro. Son los abuelos maternos de Rafael Zabaleta. Antonio fue varias veces concejal, siempre con carácter de conservador o moderado. La primera ocasión en 1853 hasta que la corporación fue disuelta en septiembre de 1854, tras la Vicalvarada y el inicio del Bienio Progresista. Nuevamente fue desalojado del Ayuntamiento en 1868, tras la caída del régimen isabelino. Murió en el invierno revolucionario de 1868 al 69 (quién sabe si por alferecía o del "disgusto" político). Seguramente, y si era de edad similar a la de sus hermanos, nació alrededor de 1830 y tenía apenas unos 40 años al morir.

 

Al menos otros dos hermanos Fuentes Jurado vivieron en Quesada: Pablo, comerciante, nacido en 1829, que vivía en la calle San Juan nº 2 (lateral derecho plaza de la Coronación) y Juan, nacido en 1834, que vivió en la calle Espinillos pero que ya en 1878 lo hacía en la calle Nueva nº 6. A pesar de que en los censos electorales de 1878 y 1893 la profesión de Juan es "propietario", ambos hermanos se dedicaban al comercio según consta, al menos desde 1883, en el anuario del Comercio.[15] La residencia de Juan en la casa nº 6 de la calle Nueva, de larguísima tradición comercial, refuerza los indicios de que los Fuentes se establecieron en Quesada como comerciantes, siguiendo la tradición local de que estas actividades comerciales casi siempre estuvieran en manos de forasteros. Los quesadeños o malvivían trabajando el campo o eran "villavejeros" propietarios ajenos al trabajo, no había términos medios. Juan Fuentes Jurado, tío abuelo de Rafael Zabaleta, fue varias veces concejal en los últimos años del siglo, ya en plena Restauración borbónica. Ejerciendo estas funciones municipales, en 1884 estuvo a punto de morir cuando el carruaje en el que viajaba con un capataz de montes y un criado se despeñó en la sierra por culpa de la niebla.[16] Rafael Zabaleta heredó esta costumbre de saltar por las cunetas.

 

Juliana García Monterreal quedó viuda y joven, pero con una holgada situación económica.[17] De sus padres heredó el cortijo de Béjar, que confinaba con la parte que le tocó a su hermana Casiana. En las minutas de 1878 del mapa topográfico ese cortijo se rotula como "de la viuda de Fuentes". El otro cortijo que heredó Rafael Zabaleta fue la mitad del anteriormente citado de don Pedro García, la parte cuyas ventanas daban a la sierra. Ignoro si la herencia de esta mitad fue directa de sus padres a Juliana o de don Pedro a los hijos de Juliana. La otra mitad, la que da a la parte de la carretera, pasó a los herederos de su hermana Patrocinio.

 

Cartografía actual Instituto Geográfico Nacional.
Cortijo de Pedro García

El matrimonio de Antonio Fuentes y Juliana García tuvo al menos 5 hijos. Antonio, Luis, Francisca, Tíscar y Juliana Fuentes García. Luis Fuentes García fue cura y párroco de la "filial" de Tíscar. El maestro de Belerda Pedro Puerta Martínez, que a fines del siglo XIX compuso e imprimió un opúsculo o folleto titulado "Flores de la Fantasía. Corona poética dedicada a Nª Sª de Tíscar", hizo en sus páginas un elogio encendido del cura don Luis, atribuyéndole la autoría de un significativo aumento de la devoción a la Virgen durante su ejercicio y calificándolo de "buen Ministro del Señor".[18] Antonio Fuentes fue médico aunque no ejerció mucho la profesión con algunas excepciones casi forzadas. Fue durante la gran epidemia de cólera del verano de 1885 y en alguna otra ocasión en la que tuvo que ocupar plaza de titular interino forzado por la falta de aspirantes a médico local. Como en el caso de su tío don Pedro el cura, su ocupación efectiva fue la de propietario. Vivió en la calle Nueva y también fue concejal en varias ocasiones, aunque sin especial protagonismo político, más bien social y benéfico: organizó, también a primeros de 1885, una colecta a favor de las victimas del terremoto de Alhama que afectó a Granada y Málaga. No dejó descendencia conocida.

 

Como es bien sabido, las tres hermanas Fuentes García se casaron con el sucesivo viudo Isidoro Zabaleta Beatriz, de origen vasco y natural de Logroño. Isidoro llegó a Quesada para trabajar en el comercio del también riojano o mejor, camerano, Prudencio de la Riva.[19] Como antes dije, el comercio de Quesada estuvo en el siglo XIX en manos de gente de fuera del pueblo. Llegaron a establecerse en Quesada al menos tres familias de comerciantes procedentes de Ortigosa de Cameros, La Rioja. Este pequeño pueblo, perdido en las montañas de Camero Nuevo, tenía una larga tradición comercial y de fabricación de paños. Hacia mediados del siglo XIX llegó a Quesada Pío de la Riva Aranceta, que poco después atrajo a su sobrino Prudencio de la Riva. Muy poco después se establecieron los hermanos García Lozano y por último  Francisco Herreros Pérez, que ante la falta de herederos reclamó a sus sobrinos Pérez Herreros. Todos ellos nacieron en Ortigosa y todos tuvieron establecimiento abierto en la calle comercial del momento, la calle Nueva. No procede aquí analizar esta insólita presencia ortigosina en Quesada que ha dejado abundante descendencia (el que suscribe, sin ir más lejos, por línea paterna y materna), pero sí contextualiza la llegada de Isidoro Zabaleta al pueblo, donde se encontró una numerosa colonia de paisanos norteños.[20]

 

Isidoro Zabaleta se casó en marzo de 1884 con Francisca Fuentes García. Para entonces ya había muerto la madre, Juliana García Monterreal. Francisca falleció de neumonía a finales del mismo año. Pocos años después, el 9 de diciembre de 1888, Isidoro se casó en segundas nupcias con su cuñada, Mª de Tíscar Fuentes García. Al verano siguiente Mª de Tíscar, con 24 años,  murió de parto el 1 de agosto de 1889. El hijo que tuvo, Antonio José Zabaleta Fuentes, falleció con apenas 3 años en febrero de 1903. Ya en mayo de 1906 Isidoro se casó con la tercera de las hermanas, Juliana Fuentes García. Un año después, el 6 de noviembre de 1907, nació Rafael Zabaleta Fuentes; su padre tenía 54 años y su madre 42. Para la época eran padres viejos y el parto de alto riesgo.

 

A la muerte de Isidoro Zabaleta, en febrero de 1918 y de catarro bronco-pulmonar,[21] tenía Rafael 10 años y, cuando murió su madre en 1930, apenas 23. Rafael Zabaleta no conoció a ninguno de sus tíos y tías hermanos de su madre, ni a su único hermano. Fue el único heredero de sus abuelos Antonio Fuentes y Juliana García Monterreal, a los que tampoco conoció y que también murieron jóvenes. La familia paterna quedaba muy lejos, para las comunicaciones de la época casi en otro continente. La vida de Rafael Zabaleta estuvo marcada desde antes del parto por la muerte, la ausencia y la soledad. Se puede decir que en este sentido fue un náufrago de la vida.

 

No corresponde a este trabajo hacer un fino análisis psicológico sobre la posible incidencia que estas circunstancias pudieron tener en su personalidad y mucho menos en su obra. Pero al menos creo que sí explican la relación, casi materno-filial, con su tía Pepa, Josefa Aguilera García, hija única de Gaspar Aguilera y Ramona García Monterreal. Ella era otra "náufraga" de la vida después de que su marido Antonio Toral la abandonara el mismo día de la boda. Fue la "unión" instintiva de dos víctimas de la soledad.

 

Rafael Zabaleta en el patio de su casa. 1910-11



[1] Cabildo de 8 de julio de 1823.

[2] Cabildo de 25 de julio de 1823.

[3] Cabildo de 21 de septiembre de 1836. Era teniente de alcalde en el Ayuntamiento saliente que traspasó el poder al nuevo Ayuntamiento Constitucional.

[4] Pleno municipal de 5 de febrero de 1838. Aquí la expresión “diezmería” o "dezmería", que procede de cobro del diezmo, se usa con el carácter genérico de impuesto. Es decir, que ambos tenían experiencia en asignar las cuotas que correspondían a cada vecino hasta completar el total del encabezamiento.

[5] No se presentó como candidato a las elecciones. Se elegían compromisarios que designaban libremente a los regidores entre cualquier vecino.

[6] Para estas elecciones y la situación del momento en Quesada: www.vortizg.es  “LAS GUERRAS CARLISTAS EN QUESADA. Realistas y carlistas en el siglo XIX”.

[7] Plenos municipales de 28 de noviembre de 1846 y de 15 de febrero de 1847.

[8] La numeración de las casas no se puede trasponer automáticamente a la de hoy. Especialmente en esta calle Don Pedro que, antes de ser dividida por la apertura de la carretera y el muro, arrancaba más arriba, a una altura indeterminada de la actual calle del Teatro.

[9] "949-Pozo Alcón".

[10] No es el único caso ni el más curioso. Un cortijo en Lacra, el de un cuñado de don Pedro, figura en la minuta de 1878 como de "Don Antonio Alférez" pero no fue recogido en la hoja 1:50.000 seguramente por razón de espacio.  Cuando en 1992 se publicó la hoja del mapa 1:25.000, se "resucitó" su nombre que ahora figura, también sin el "don", en todos los mapas del Instituto.

[11] Pleno de 31 de agosto de 1890.

[12] Unas veces como calle "don Pedro" y otras como "don Pedro Gámez", personaje desconocido por el momento.

[13] www.vortizg.es “El general Serrano Bedoya y la Gloriosa”

[14] "Villavieja" (1914). Precisamente entre los personajes paradigmáticos de la vida "villavejera" y sus vicios, Ciges coloca a los hermanos Bedoya. Fuera de esta novela, otro divertido ejemplo fue el del masón expulsado de la Logia la Luz, de Quesada, por ser a la vez hermano de la Cofradía de la Virgen de Tíscar. En "Los secretos de la masonería en Jaén", de Sánchez Tostado-Higueras Lorite.

[15] "Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración."

[16] "La República" 24 de mayo de 1884.

[17] 634 escudos de utilidades anuales en el Impuesto Personal de 1869.

[18] Archivo donación Juan de Mata Carriazo. Universidad de Sevilla.

[19] "Zabaleta de Quesada", de Cesáreo Rodríguez-Aguilera, pág 65.

[20] En Quesada los pocos que tenían instrucción y sabían de cuentas eran propietarios que no trabajaban. Fue preciso "importar" mano de obra para el comercio. El nivel de alfabetización de Ortigosa casi triplicaba el de Quesada y todos sus "emigrantes" llegaban sabidos.

[21] La llamada "Gripe Española" comenzó en España durante la primavera siguiente. En Quesada tuvo su mayor incidencia en el otoño de 1918. Seguramente la muerte de Isidoro no esté relacionada con esta epidemia.