lunes, 10 de septiembre de 2012

Álbum de postales de Tíscar.




No hay muchas imágenes de Quesada en la primera mitad del siglo XX. Ni de Quesada ni de ningún pueblo en general. Hasta el último tercio del siglo, la fotografía no se convirtió en una herramienta masiva y de uso corriente. Por eso tiene interés la existencia de un álbum de tarjetas postales dedicado a Tíscar. Está editado en la FOTOTIPIA HAUSER Y MENET, Ballesta 30, MADRID. Casa Establecida en 1890 y considerada como la mejor imprenta española en fototipia y famosa por sus postales.

 

El álbum se compone de 10 postales de 14 x 9 cm en blanco y negro. El anverso está dividido en dos por una línea vertical siguiendo la normativa de  postal implantada en 1905: izquierdo para la escritura y derecho para la dirección. Incluye además en la esquina superior izquierda una descripción de la ilustración. Estas descripciones dicen:

“1.- QUESADA: SALIDA PARA TISCAR. La carretera, de catorce kilómetros, que va de Quesada a Tíscar ofrece variados y hermosísimos panoramas. Al fondo, la sierra de Cazorla”


“2.- TISCAR: ATALAYA DEL PUERTO. Construida hacia 1300, lleva el escudo del infante don Enrique, hijo de Fernando III el Santo, que fue adelantado mayor de Andalucía”

“3.- TISCAR: VISTA DESDE EL NORTE. Colgado de la peña, entre la cañada de Tíscar y el valle de Belerda, el santuario se compone de una ermita y una casa-hospedería, lleva el escudo del infante  para los romeros. Entre las rocas más altas, el castillo”
 

“4.- TISCAR: VISTA POR EL MEDIODÍA. Al pie de la ingente Peña negra, el barrio de don Pedro. Al fondo, el cerro de Los Canjorros; y en el centro, el santuario y el castillo”
 

“5.- TISCAR: VALLE DE BELERDA. Delante del santuario se extiende la fértil hoya de Belerda, aldea de trescientos vecinos, anejo de Quesada, dividida en varios pequeños y pintorescos grupos de población”
 

“6.- TISCAR: CUEVA DE LOS ABADES. La roca caliza de estas sierras se hiende en grutas maravillosas, entre las que destacan la del Agua y esta de los Abades, aromadas de tradición”
 

“7.- TISCAR: LA PROCESION EN LA PLAZA. La romería de Tíscar se celebra el día 8 de septiembre, y a ella concurren miles de romeros que dejan pruebas de su fe en exvotos y limosnas”
 

“8.- TISCAR: EL CASTILLO VISTO DESDE LEVANTE. Lo que se conserva de esta fortaleza, celebrada por los autores musulmanes, es posterior a su conquista, en 1319, por el infante don Pedro”
 

“9.- TISCAR: INTERIOR DE LA ERMITA. La construcción, moderna, ocupa el lugar de otra gótico-mudéjar, de la que se conservan la portada y varios trozos de bellísimo alicatado granadino.”
 

“10.- TISCAR: TABLA EN EL CAMARÍN. Regalada a la Virgen por don Laureano Delgado esta pintura del siglo XVI es, después de la Sagrada Imagen, la joya del santuario”
 

 

Aunque en el álbum no hay referencia alguna, parece claro que el autor de las fotografías es Juan de Mata Carriazo y que están hechas, seguramente, en los años veinte. La autoría es evidente, algunas de las postales son las mismas fotografías que ilustran la segunda edición de la novela de Tíscar y allí si que está debidamente identificado el autor. Concretamente, las postales 1, 2, 3 y 4 se corresponden con las láminas 7, 11, 13 y 17 de la novela. Además, la postal 7 parece estar hecha al principio de la procesión recién salida la Virgen mientras que la lámina 14, que tiene la misma luz, color, etc, parece la misma procesión ya de vuelta. Respecto a la fecha es como poco anterior a 1945 cuando aparecen el la segunda edición de la novela. El formato, portada, dimensiones, etc, del álbum coincide con los habituales  de Hauser y Menet en el primer tercio del siglo XX. Dentro de este tercio, por edad del autor, yo las situaría en los años veinte. El coche y los personajes que aparecen en la lámina 12 de la novela así parecen corroborarlo.

 

Aunque no se hubiera podido establecer relación con las ilustraciones de la segunda edición de la Pedro Hidalgo los textos y descripciones de las postales, que tienen el toque erudito inconfundible del autor, la profusión de detalles históricos y artísticos además de la época,  en la que pocos o ninguno se identificaba con estas cosas, hubieran sido suficientes para atribuirle la autoría.

 

Todo el aroma tiene el aroma melancólico de otros tiempos. Esa carretera de Tíscar camino de la Cruz sin pinos y sin asfalto, las pendientes desnudas y sin repoblar a los pies del santuario, los tingladillos y puestos montados con mantones y palos junto a los muros de la iglesia, las sombrillas negras en la procesión para protegerse del sol de septiembre… Entre las singularidades de la colección de postales llama la atención la sustitución de la cueva del Agua por la cueva de los Abades y la inclusión de la pintura en tabla de una virgen (postal 10). Pero sin duda las postales más llamativas son la 7 y la 9. La primera es una vista de la plaza abarrotada durante la procesión. Todas las paredes están encaladas, los vanos de puertas y ventanas no tienen decoración alguna. No existía tampoco la puerta actual debajo del campanario. La segunda se corresponde con el interior de la iglesia. También paredes desnudas sin la piedra vista actual. Sencilla decoración del altar y camarín, donde falta, lógicamente, el retablo instalado en 1956.

 

Las tarjetas postales se difundieron y popularizaron a principios del siglo XX. No obstante siempre fueron propias de capitales de provincia y grandes poblaciones. Que exista este álbum, impreso además por la mejor y más famosa imprenta de fototipia de España, es sin duda otro pequeño privilegio que también le debe Quesada a Juan de Mata Carriazo.
Anverso de la postal 1
 

 

jueves, 26 de enero de 2012

ASPECTOS DE LA HISTORIA DE QUESADA (SS XIII—XVI)

VICENTE ORTIZ GARCIA.
 Madrid,1980-81





INTRODUCCION Y MARCO HISTORICO



La villa de Quesada se sitúa en el extremo S.E. de la provincia de Jaén. El Guadalquivir, que nace en el término, y el Guadiana Menor, que lo flanquea por el E. forman su tierra.  Está construido el pueblo en un valle en forma de saco rodeado totalmente de sierras excepto por el norte donde empalma con el Guadalquivir, enderezado ya hacia el mar Por este lado cierra el horizonte la Loma de Úbeda, con su hilera de pueblos que miran al río desde lo mas alto de la cuesta. Son pueblos y ciudades estrechamente relacionados con Quesada en su historia: Baeza, Úbeda, Torreperogil, Villacarrillo, Iznatoraf, Villanueva del Arzobispo... Hoy es sitio de olivar y campos de cereal, con huertas en los valles y en los bordes montañosos. Por la parte del Reino de Murcia confina con la Sierra de Cazorla y los campos de Castril y Huéscar, ya en Granada. La sierra es caliza, con pinares y monte. Hacia el sur, si buscamos el mar en Almería, la hoya de Baza y el río Almanzora A un lado de Baza queda Guadix y algo mas abajo Granada (1).

Como todo el obispado de Jaén es lugar de paso y contacto, encrucijada entre la Alta y Baja Andalucía, Murcia y el Reino de Toledo. Durante más de doscientos cincuenta años será frontera y puerto entre Castilla y Granada, como lo será después entre el obispado de Jaén y la Granada castellana. Para J.M. Carriazo, la frontera “es el rasgo distintivo de su historia, el que imprime carácter”(2).

La biografía conocida de Quesada empieza con la conquista. De tiempos anteriores sólo quedan noticias sueltas (3). Se conservan restos materiales como la cámara sepulcral de Toya o la villa bajo imperial de Bruñel (4). En el casco urbano una lápida funeraria romana colocada en la jamba derecha del llamado Arco de los Santos, puerta gótica del recinto exterior.

Hay vestigios de época goda corno la Estela Discoidea de Quesada, estudiada por J. M. Carriazo a principios de los años treinta y hoy conservada en el Museo Provincial de Jaén. De la etapa musulmana poco se sabe que no sean las noticias que el geógrafo ceutí  Idrisi da para el siglo XI (5).

Dejando de lado la problemática e insegura conquista de Alfonso VII, el primer contacto de Quesada con los cristianos del norte data de 1224 en que Fernando III ataca y toma la villa. Poco después, en 1231, el rey concede el lugar y las aldeas circundantes al arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada, con el encargo de conquistarla y poblarla, lo que hace ese mismo año. Se inicia así la historia cristiana de Quesada (6). La donación de la villa a Toledo sienta las bases de lo que luego será uno de los más importantes señoríos eclesiásticos de Andalucía: el Adelantamiento de Cazorla. Quesada en 1331 pasa a ser realengo pero a efectos eclesiásticos dependió de Toledo hasta 1954.

Entre la conquista y la donación a Úbeda pasan cien años. Son cien años bastante oscuros de los que quedan pocas noticias firmes. Llegar a conocer aspectos fundamentales como quién y cómo vive en la villa es una tarea difícil.

Desde el primer momento los nuevos dominios de la sede toledana se organizan en torno a Quesada, a cuyo concejo don Rodrigo otorgó la iniciativa militar en sus posesiones de este lado del Guadalquivir (7). La situación se mantendrá hasta la secesión del señorío de Toledo en 1331, después de los azarosos años del cambio de siglo en los que Quesada es perdida y recuperada varias veces.

Esta preponderancia no es algo nuevo sino que se remonta a los años anteriores a la conquista, como se puede comprobar en los textos de Idrisi. Cuando don Rodrigo toma estas tierras el lugar más relevante es Quesada junto con Toya. Esta última entra después de 1331 en una larga y definitiva decadencia. Cazorla no es otra cosa que uno más de los castillos tomados a raíz de la conquista de Quesada (8).

En 1295, tras la muerte de Sancho IV, los granadinos toman la plaza, que es dada a gentes de Alhama. Poco después de su recuperación, con toda probabilidad por el infante don Enrique o por gente suya, en 1302 Mohamed III la vuelve a tomar mediante una hábil estratagema, siendo definitivamente recuperada por Fernando IV en 1310 a raíz del acuerdo de Algeciras.

A efectos de su mejor defensa y organizaci6n, será donada a Úbeda en 1331, como queda dicho arriba. Mientras tanto en 1319, el infante don Pedro toma la fortaleza de Tíscar incrustada desde los tiempos de don Rodrigo en las tierras conquistadas. La dependencia de Úbeda se mantendrá hasta 1564 dando lugar a numerosos conflictos y tensiones que marcan la vida de Quesada en los siglos XV y XVI (9)). Estos siglos además de plantear los problemas con Úbeda, son una sucesión de incidentes y episodios fronterizos violentos. Las quejas del concejo de Quesada por las muertes, destrozos y daños que cusan los moros en su término son continuas y a menudo dramáticas. Se suelen pedir y obtener exenciones fiscales con este motivo. También se permite, por ejemplo, romper treguas unilateralmente.  Es el caso de Enrique II, que en 1395 autoriza al alcaide de Quesada a realizar actos de represalia a los moros si no reciben resarcimiento conforme a derecho del alcaide de donde fueran los moros culpables, tomando lo equivalente a lo robado o matando un moro por cristiano muerto (l0).

No solo se producen escaramuzas como a las que parece referirse la carta anterior. La ruptura general de hostilidades en toda la frontera, da lugar a graves enfrentamientos como el de 1361 cuando el Adelantado Mayor de Andalucía, Enrique Enríquez y el maestre de Calatrava, interceptan las huestes granadinas cerca de Huesa, junto al Guadiana Menor. En 1461 los moros queman el arrabal de Quesada (11), obligando a que Enrique IV conceda durante diez años el montante de sus alcabalas, pechos y derechos en la villa para reparar sus defensas (12).

Quesada escribirá el último capítulo de su guerra fronteriza durante el cerco de Baza, cuando sirve como base de aprovisionamiento y apoyo al ejército cercador (13).

Conquistada  Granada, en septiembre de 1492 los Reyes Católicos suprimen la alcaidía que ya no tiene razón de ser (14). El siglo XVI, desaparecidos los problemas guerreros, es tiempo de expansión demográfica y agrícola general en toda Andalucía. Sólo despu6s de ochenta años, en 1569, los viejos problemas se volverían a suscitar con la revuelta morisca, que lleva otra vez, aunque por poco tiempo, las luchas y la guerra a las puertas de Quesada. Las acciones de los moriscos llevarían de nuevo a la realidad los relatos heroicos de la antigua frontera, alguno de los cuales se ha conservado vivo hasta hoy en la memoria popular (16).

La frontera marca la vida de Quesada. Los siglos bajomedievales ofrecen a los quesadeños una vida extraordinariamente dura. Además de las difíciles condiciones campesinas de la época, los pobladores de la villa debían defender su tierra a lanzadas, como se recuerda todavía en un documento de 1572 (17). A menudo ven sus cosechas arrasadas, sus ganados robados, y sus casas quemadas. No cabe ver a nuestros vecinos como una comunidad de labradores guerreros a imagen de los tipos caballerescos propios de los romances fronterizos. Quesada no es  un castillo poblado por guerreros. Los pobladores de Quesada son mas bien un grupo de campesinos que arrastran una vida miserable en la que abundan las situaciones límite. Son un escudo humano “puesto” delante de las ciudades de Úbeda y Baeza y de la retaguardia cristiana. Con su presencia física cortan el paso a las algaradas granadinas y mantienen un lugar desde donde los señores de la guerra hacen sus entradas en tierras del moro.

La vida de la frontera tiene una gran diversidad de matices no pudiendo concebirse únicamente como una continua escaramuza y enfrentamiento armado (18). La vecindad da lugar a frecuentes contactos y situaciones ambiguas. Los tornadizos, por ejemplo, personas que cambian de bando, no debieron ser algo excepcional. J.M. Carriazo recoge diversos casos como el de un tal Antonio de Valencia, moro marroquí bautizado en la plaza por  el alcaide de Quesada (19), o Ruy Díaz, también tornadizo, que en 1434 colabora como experto conocedor del terreno en la toma de Huéscar por don Rodrigo Manrique, padre de Jorge Manrique (20).

Los intercambios comerciales tampoco debieron de ser escasos. Ya en 1234 el papa Gregorio IX, por mediación de Jiménez de Rada, autoriza a los vecinos de Quesada a comerciar con los moros “pro vite necesariis” (21).



QUESADA, SEÑORIO DE LA CIUDAD DE ÚBEDA.



Junto al carácter fronterizo e íntimamente ligado a él, el señorío de Úbeda se muestra como un factor explicativo de fuerza inigualable en el nacimiento de la comunidad quesadeña. Contra interpretaciones ahistóricas no es una relación que se pueda equiparar al esquema actual ayuntamientos pedanías. Quesada no es ni un barrio ni una dependencia administrativa de Úbeda sino que por el contrario en todo momento tiene una entidad propia. La villa de Quesada es un dependiente del concejo ubetense. La villa y su término son su dominio y la ciudad de Úbeda es titular y administradora de la propiedad señorial. Ajustándose al modelo ideológico preponderante en el momento, la relación existente entre el concejo de Úbeda y la villa de Quesada es una relación entre señor y dependiente, una relación feudal. No existe un señor individualizado que ejerza el dominio, ni tampoco los vecinos de Úbeda poseen ningún tipo de derecho de carácter personal e individual. El titular de la donación real y por lo tanto titular de los derechos señoriales, es la ciudad de Úbeda organizada en concejo y los derechos de las gentes les vienen en su calidad de vecinos de Úbeda “entidad propietaria”. No obstante al ejercer el concejo los derechos de señorío, los ejercen realmente los oficiales de dicho concejo y por supuesto en último extremo, aquellas personas o linajes que dominan directa o indirectamente el concejo. Sería así una especie de señorío por “acciones”, traduciéndose estas en cantidad de influencia y capacidad de control sobre el concejo. Los vecinos de Quesada reciben una serie de heredades reservándose Úbeda la propiedad eminente no de estas heredades en particular, sino de la villa y término en su conjunto. La condición jurídica es la de hombres libres pero tienen una serie de limitaciones en la organización colectiva de su vida política y económica y cargan con una serie de obligaciones y rentas. Sufren así una serie de mediatizaciones en beneficio del señor y sin merma del señorío supremo que el rey ejerce sobre toda tierra de realengo, como es el caso de Úbeda y Quesada. Muy ilustrativas son a este respecto las noticias de un erudito del siglo XVI, Gonzalo Argote de Molina cuya obra “Nobleza del Andalucía” es una fuente básica para la historia del Alto Guadalquivir (22). Argote al tratar de Quesada hace especial referencia a su alcaide. De él dice que era elegido de dos en dos años por el concejo de Úbeda entre caballeros hidalgos de la ciudad. Detalla prolijamente sus obligaciones: acoger al rey o al concejo de Úbeda, obedecerlo y atenderlo, etc. El alcaide es la autoridad militar del lugar, controla el alcázar en el que ejerce su jurisdicción más estricta y representa y defiende los intereses de Úbeda.  Lo más sustancioso se contiene en el capítulo LXV. Se refiere a la relación entre el alcaide y los vecinos: cuando es elegido el alcaide y toma posesión, recibe homenaje del concejo y vecinos de Quesada, en reconocimiento de la jurisdicción de Úbeda. Los vecinos se comprometen a ayudarle a guardar y defender la fortaleza, a no conspirar ni oponerse al señorío de Úbeda, su fuero o usos y costumbres “en dicho, ni en hecho nin en consejo”. En caso de insubordinación del alcaide acatarán y cumplirán las órdenes directas de Úbeda. Obedecerán la justicia de la ciudad y se someterán a su fuero “Otrosí que guardarán el Señorío que Vbeda ha en el dicho lugar, en quanto pudieren, y de fuero y de derecho lo deben fazer. E si lo que Dios no quiera, fueren, o pasaren o quebrantaren cualquier destas cosas, que sean por ello traydores”. El homenaje ha de hacerse en concejo abierto por todos los hombres y mujeres, vecinos y moradores, de forma individualizada. El alcaide “so cargo del pleyto omenage que a Vbeda fizo” promete a los vecinos ser alcalde derechero y acogerlos en el castillo en caso de peligro.

El señorío, a pesar de los juramentos no es aceptado de buen grado. Tanto la dinámica interna quesadeña cono la rapacidad de Úbeda y las constantes banderías entre los linajes caballerescos conducen a una serie de enfrentamientos que adquieren en muchos casos el clásico aspecto de las resistencias antiseñoriales bajomedievales. No parece que en Quesada el camino hacia la exención culminado en 1564 sea unánimemente apoyado por todos los sectores, al menos de las fuerzas vivas. Tampoco los bandos de Úbeda actúan conjuntamente para mantener el señorío. El concejo de Quesada, o sus sectores más “independentistas” recurren regularmente ante el poder real alegando su importancia estratégica. Úbeda emplea directamente la fuerza, se apoya en sectores de la caballería quesadeña y en último extremo presiona al poder real alegando, en tiempos tan inestables, su propia fuerza y potencia. En esta historia la suerte acompaña a los contendientes de forma desigual y discontinua. El concejo quesadeño sólo consigue su objetivo aprovechándose de la política filipina de sacar dinero de cualquier parte vendiendo lo que fuera y así consigue la exención entregando al rey 7.500 mrs. por vecino (9.472.500 maravedíes en total) (24).

El siglo XIV es a este respecto una época tranquila. La debilidad endémica de Quesada conllevaría la ausencia de problemas absorbidos todos los esfuerzos por el problema que plantea la frontera. Así, en 1389, Úbeda cede a Quesada la tenencia de unas salinas cerca de Lacra para que se abastezcan los vecinos o las arrienden y con sus rentas pongan “guardas z escuchas z atalayas contra tierra de los moros” (25).

El fortalecimiento de la situación local y la aparición de una incipiente oligarquía lugareña durante el siglo XV, abriría el camino de los enfrentamientos. En 1415, por ejemplo, se pleitea sobre el pago de portazgo en Úbeda por los vecinos de Quesada, que venden allí sus excedentes y compran diversas manufacturas como paños y calzado (26). Los últimos años del reinado de Juan II también han dejado noticia de fuertes disputas. Estas son conocidas por las disposiciones sobre las mismas del futuro Enrique IV, infante de Jaén desde l.444.Entre los agravios más repetidos en las quejas quesadeñas están los referidos a los que producen los ganados de Úbeda. Una carta del infante don Enrique, fechada en 1.450 (27) se refiere a que durante las treguas fronterizas que aminoraban la peligrosidad de las tierras avanzadas, los caballeros de Úbeda hacían pastar sus ganados en los campos de Quesada sin respetar los cultivos y causando por esto gran daño. En 1.453 el infante vuelve sobre el tema prohibiendo que los ganados irrumpan en las tierras cultivadas. El caso es que ante la persistencia en la misma actitud por parte de los poderosos de Úbeda, los reyes católicos tienen que tratar de nuevo la cuestión en 1.495. A lo que se ve los ricos hombres de la ciudad desoían todo tipo de comunicaciones regias y se muestran interesados en mantener abundantes extensiones de tierra dedicadas a pastos para poder así alimentar la numerosa cabaña que poseen. La subsistencia de sus ganados pasa por encima de las heredades quesadeñas. El fin de la guerra de Granada ofrece la posibilidad de roturar tierras antes conflictivas y los regidores de Úbeda boicotean estas roturaciones que los de Quesada realizan junto al Guadiana Menor (28). El avasallamiento y la intriga también están presentes en esta lucha antifeudal y es de suponer que en la historia cotidiana de los campesinos de Quesada no tuviera un carácter anecdótico sino permanente y odioso. En 1.453, don Enrique interviene personalmente para que se libere a dos mensajeros quesadeños enviados a Úbeda para tratar ciertos asuntos. Allí un alcalde de la ciudad, tras prenderlos, había amenazado al escribano que atendía el caso para que no diese fe de ello (29). Múltiples son los desafueros y agresiones que comete “el señor”. Terminada la guerra de Granada, Úbeda intenta obviar los privilegios y exenciones que los vecinos de Quesada habían logrado acumular por medio de gestiones directas ante el poder real. Alegaban los de Úbeda que los privilegios y mercedes se habían concedido con  motivo de la guerra de Granada y que una vez finalizada esta  no tenían razón de ser. De las quejas de los perjudicados se deduce que los oficiales de la ciudad no esperan a que sean de rogados sino que actúan como si nunca hubieran existido. Ante esta nueva ofensiva, el concejo de Quesada responde una vez más con el recurso directo a la monarquía, aunque llegado el caso, no duda en recurrir a la falsificación de diplomas. Es el caso de una carta de los Reyes Católicos dada (pretendidamente) en Santa Fe a 15 de marzo de  1492. Es el documento número 59 de la “Colección Diplomática de Quesada”. La carta trata únicamente de la confirmación de un privilegio de Enrique III fechado en 1394 que culmina una larga serie en los que se exime a los vecinos de Quesada de toda clase de pechos y tributos. Una detallada comparación con otros documentos del mismo año (30) muestra con claridad su inautenticidad. Es difícil que en dos ocasiones a los pocos meses de la hipotética expedición del anterior, la cancillería real no recordase ten importante disposición confeccionada por la propia cancillería y sobre el mismo tema. Mas curiosa es aún que el personero de Quesada recopilando argumentos con que defender su posición en el tema, en ese mismo año, “renunciara” a utilizar un privilegio que aún estaría fresco en sus manos y que cerraría la cuestión a su favor. Debe de haber sido hecha la carta con motivo de la continuación de la polémica, bastantes años después, y con toda probabilidad antes de la exención de 1564. Vemos así como la disputa es dura y prolongada no cediendo hasta que no cesan los derechos de Úbeda en Quesada. Las intromisiones de la autoridad señorial son continuadas y afectan a todos los campos, desde el control del gasto de las rentas de propios a la selección de caballos garañones, motivo por el que en 1553 el corregidor de Úbeda prende a dos regidores y a los alcaldes ordinarios de Quesada. Siempre aparece como trasfondo la dependencia de Quesada y el hecho de que esté establecido el concejo en tierra del señorío de Úbeda. Úbeda no gobierna Quesada sino que es su propietaria y obtiene de ella ingresos y rentas usando la villa y disponiendo de ella, como propia que es, en beneficio exclusivo de sus intereses. Es un señorío de realengo.



LA PROVISION DE LAS MAGISTRATURAS MUNICIPALES



En la vida institucional y política quesadeña y en la historia del señorío que Úbeda había sobre ella, es un punto principal la provisión de las magistraturas municipales. Enlaza además el tema con la estructura social del lugar, a tratar más adelante, y más concretamente con los caballeros de cuantía, monopolizadores de los órganos de gobierno de la comunidad. Su origen es en principio militar, y como institución aparece para  aumentar los efectivo de la caballería que combate con una dotación económica regia. En las cortes de Alcalá de 1.348 se generaliza a todo el reino la obligación de mantener un caballo para todos aquellos que alcanzasen un determinado nivel de renta o cuantía de bienes, una vez que se hubiera descontado el valor de la casa que habitasen. Se les otorga además una serie de privilegios y ventajas sociales y se les reserva en exclusiva el acceso a las magistraturas municipales. Las cortes de 1.619 suprimen la figura del cuantioso (31). La trascendencia histórica de este grupo no viene de sus orígenes militares, que muy pronto caen en una profunda decadencia y desuso. Constituyen oligarquías urbanas, especialmente en los núcleos de menor entidad, usando la fuerza económica y sus privilegios políticos que mantienen y aumentan. También en Quesada tienen el monopolio de las magistraturas, que a causa de la mediatización que produce el señorío de Úbeda no son proveídas por los métodos tradicionales sino que lo son por el concejo de Úbeda entre los caballeros quesadeños. En un principio y aunque luego accedan a ella, los cuantiosos no pertenecen a la nobleza de sangre. Su origen estaría entre los campesinos de los repartimientos. La dificultad consiste en identificar el proceso por el que una serie de individuos se enriquecen y se diferencian de la masa. Quizá haya que ponerlo en relación con la presencia militar caballeresca del alcaide y su comitiva. Es posible que algunas personas se relacionaran con los hidalgos ubetenses que se beneficiaban de cargos militares en el alcázar de la villa. De alguna manera conectarían con los profesionales de la guerra fronteriza y con los ingresos económicos (botín, rescates, mercedes reales...) que esta facilitaba. En la toma de Huéscar colaboran con don Jorge Manrique tres adalides de Quesada (32). Por otro lado la dedicación a la guerra requeriría previamente su liberación del trabajo agrícola.

Sea como fuere la pequeña oligarquía local intenta desde épocas tempranas garantizar su control económico y social de la villa obteniendo el control político. Por una carta de Enrique IV fechada en 1.454 (“Colecc... doc.46) se sabe que habían echado suertes para repartirse los oficios concejiles. El rey los conmina a que sea Úbeda, como es uso y costumbre, quien designe anualmente a los oficiales. Hay referencias desde fines del siglo XV de que un sector de caballeros de Quesada actúa estrechamente unido a Úbeda o a alguno de sus bandos. En 1493 los Reyes Católicos acusan a Jorge de Carrión, personero de Quesada, de actuar por cuenta de “çiertos regidores desa dicha çibdad” (Úbeda) (33). Este mismo personaje siete años más tarde denuncia a los reyes que otros caballeros de Quesada, administradores de las rentas de propios del concejo, se quedan con ellas obligando de esta forma al municipio a recurrir a los préstamos cuando surgía alguna contingencia y que todo esto sucedía porque a causa de diversos contratiempos el concejo ubetense no había podido fiscalizar las cuentas (34). Exenta la villa estalla con fuerza la pugna por el poder entre dos bandos caballerescos.  En un pleito sentenciado por la Chancillería de Granada en 1.567 (35) un grupo de caballeros acusa a los alcaldes ordinarios de haber realizado la provisi6n de magistraturas municipales en plena noche, casi sin publicidad y de malas maneras. El procurador de los alcaldes replica que el acto se había realizado conforme a derecho y que no se habían sorteado las varas de alcalde para evitar que recayeran en algunos que las pretendían y que “tenían muchos devdos en la çibdad de Úbeda” y que no convenía que se nombrase a esta gente para los oficios y menos para alcaldes por temor a “que favoreçiesen las cosas de la dicha  çibdad como algunas vezes lo avían fecho”. Los problemas continuaron y en 1.587 Felipe II nombra un juez ejecutor para que presida las elecciones en vista de la tensión reinante y de las graves diferencias que se esperaban (36).

La aparición de este sector proseñorial coincide con el fin de la guerra de Granada y con la expansi6n agrícola y demográfica de la villa. Se roturan grandes extensiones de tierras baldías que son acaparadas por algunos. Quizá se pudiera interpretar este sector de caballeros antesdicho como un grupo no excesivamente beneficiado por la extensión de las tierras de cultivo y empobrecido por el final de la economía guerrera de botín. Su única solución para mantenerse en el poder sería aliarse con el señor y ser su mano ejecutora. Por contra se podría ver en el sector más “independentista” a la gente más beneficiada por el mencionado aumento de las tierras y que tras su rápido enriquecimiento aspirarían a aumentar su poder tras liberar a la villa del poder señorial. Podrían ser o no los mismos caballeros de la centuria anterior o ser en todo o en parte nuevos en los círculos dominantes.



ASPECTO DE LA VILLA



La villa de Quesada se asienta en un terreno quebrado flanqueado por el río de la Vega. Tras la conquista y hasta fines del siglo XV se organiza en tres focos principales. El alcázar, recinto amurallado en el que en la actualidad se levanta la iglesia parroquial. Entonces era el lugar de refugio de los vecinos y residencia del alcaide y su comitiva militar. Desde él se controla la villa y su tierra y se impone y defiende el señorío. Hacia el sur y a los pies del alcázar se sitúa el arrabal, vertebrado por la calle de Adentro. No se amuralla hasta la segunda mitad del XV como consecuencia del incendio y saqueo que sufre a manos de los granadinos. A los baluartes del Arrabal pertenecen los arcos de los Santos y de la Manquita de Utrera, únicos conservados hoy. El tercer núcleo está constituido por el Albaicín. Está documentado para  época musulmana por Torres Balbás (37). Terminada la guerra de Granada se edifica el barrio de las Cuestas, que desde entonces concentra la vida de la localidad. En él se instalarán la casa consistorial, el convento de dominicos (desaparecidos los dos) y la mayor parte de los habitantes. En 1.570, durante la guerra de la Alpujarra la vigilancia de la villa se costea por tercios basándose en estas cuatro zonas: “Y questa escolta se haga con çiento y çincuenta ynfantes y con doze de caballo, y se le pague lo que hasta aquí, y se rreparta como está traçado por los terçios del lugar, desta manera: el Alcaçar y el Çinto y calle de Dentro y su remaniente vna semana, y el Alvayzín otra semana y las Cuestas otra semana (38). En esa época ya no existía alcaidía y la función del alcázar se había desnaturalizado, razón por la que se le asimila al Arrabal.

Alrededor del pueblo formando un círculo de dos o tres kilómetros de radio se dispone el ruedo, como es normal en toda Andalucía. En los textos locales se le llama Heredamiento o  Sitio de Viñas y Olivar. Allí las parcelas son pequeñas, abundan las huertas, olivares, viñas y campos de cereal. Es la zona repartida entre los primeros pobladores y la más intensamente cultivada, A principios del siglo XX todavía concentraba la mayor parte de las viñas y olivares del pueblo (39).

Sobre el trasrruedo, que abarca el resto del término, es mucho más difícil decir algo y lo que se diga hay que tomarlo con precaución. Su situación y población después de la conquista es extremadamente oscura. De haber existido población mudéjar se localizaría aquí. Está, formado por las tierras de vagos y baldíos y por los pastos. Protagoniza la expansión agrícola de fines del XV especialmente en las zonas de Lacra y Guadiana. La población se concentra en pequeños núcleos y cortijadas que dan lugar con el tiempo a pueblos y aldeas: Huesa, El Pozo, Ceal, Cuenca...



POBLACIÓN



Sobre la población hay datos desde el siglo XVI conservándose sólo algunas vagas referencias anteriores. En 1.394 en un privilegio de Enrique III se dice: “que así por esto como por estar el dicho logar mal poblado e toda la mayor parte caydo...”(40). En 1.525 en una cédula de Carlos V se da la cifra de 600 vecinos (41). En 1.564 los vecinos parecen ser 1263, dato obtenido al dividir 9.472.500 mrs. pagados por el servicio de exención entre 7.500 mrs., cantidad fijada como pago de cada vecino. En 1752 el catastro del Marqués de la Ensenada da 1.517 vecinos, 643 en el casco y 874 en el término. El Diccionario de Madoz para 1.849,1.148 vecinos y 4.503 almas (42). En estas dos últimas cifras hay que tener en cuenta la separación de parte del término (Larva, Huesa, Hinojares, El Pozo). Prescindiendo de los datos concretos, interesa observar el aumento de población en el siglo XVI y el posterior estancamiento.



CONQUISTA Y POBLAMlENTO DE LA VILLA



Jiménez de Rada se apodera de Quesada sólo tres meses después de que Fernando III se la donase y le encomendase su conquista. El propio arzobispo dice en su crónica: “Sed Rodericus Archiepiscopus, evolutis a donatione tribus mensibus, exercito congregato, ivit contra Caseatam cum multitudine armatorum, et expulsis Mauris qui ruinas oppidi reparabant, illud retinuit”(43). La “Primera Crónica General se limita a traducir al de Toledo (44).

La conquista suscita corno primera cuestión la expulsión o no expulsión de la población autóctona y su sustitución por nuevos pobladores norteños. No carece de interés la interrogación pues de sus distintas contestaciones se seguirán distintas interpretaciones históricas. La pregunta-respuesta se ve contaminada por los posibles paralelismos entre las opciones históricas y las opciones políticas actuales. En el caso concreto de Quesada los datos son escasos, imposibilitando una respuesta firme. Sólo se podrá realizar una pequeña aproximación a través de caminos indirectos: toponimia, tradición técnica, cultural... Cuando se habla de este tema se está discutiendo sobre el origen y nacimiento de Andalucía. Las opiniones son diversas y variadas. Los profesores Ladero Quesada y  González Jiménez, por ejemplo, defienden una expulsión general de la población autóctona tras la revuelta mudéjar de 1264 y la castellanización total y absoluta del valle del Guadalquivir (45). Aunque creo que Andalucía es heredera en gran parte de Castilla y León y que su propia identidad no viene de un sustrato morisco, al menos más que en otras tierras peninsulares, es obvio que la hipótesis de la expulsión plantea enormes problemas historiográficos y haría de Andalucía un gran enigma histórico como quiere Sanchez Albornoz para toda España.

En el caso específico de Quesada la ausencia total de datos hace necesario por el momento un prudente silencio. Sólo he encontrado dos menciones claras y terminantes de moriscos quesadeños: en las actas capitulares de 23 de febrero de 1.571 (46) -se solicita que se expulse del pueblo a los moriscos- y una cita de Caro Baroja de una obra del siglo XVI que contiene un relato de las intrigas de un alférez vuelto de Flandes y los  moriscos de Quesada (47). Si la segunda por su propio carácter literario es insegura, ambas carecen en principio de valor probatorio para los años anteriores a la expulsión subsiguiente a la guerra de la Alpujarra ya que son de fecha posterior y no aclaran si son moriscos autóctonos o desterrados granadinos.

El siglo XIII es un siglo de guerra y peligro militar continuo. El ordenamiento político tradicional se ha derrumbado. En los primeros decenios cristianos hay una ocupación y administración de carácter puramente militar y provisional. Al no estar estabilizada la frontera su movilidad sería grande, limitando los asentamientos de nuevos pobladores. Es de suponer que los primeros pobladores cristianos se contaran entre los vasallos de Jiménez de Rada. El territorio se organizaría en torno al recinto amurallado de Quesada y a distintos torreones y puntos fuertes. Por un documento de donación de 1.246 se sabe que un tercio de la tierra conquistada quedaba para el arzobispo. Se harían así dos partes: una bajo control directo señorial, otra repartida en lotes entre los dependientes arzobispales. Son la “nuestra serna” y “el nuestro pago” que dice el arzobispo en el doc. 10. Nada dicen las fuentes sobre las condiciones y situación concreta de esta reserva dominical. Por comparación con las formas de asentamiento en el resto del valle del Guadalquivir y por la existencia en Quesada del clásico ruedo, hay que suponer que los nuevos pobladores se asientan al abrigo de los muros del alcázar y que las tierras que se les reparten son las del llamado Sitio de Viñas y Olivar o Heredamiento de Quesada. Esta última denominación también se mueve en la línea del conocido esquema que deja a las heredades o lotes de tierra distribuidos por reparto entorno al núcleo de población y localiza en el espacio externo, trasrruedo, los donadíos o tierras concedidas individualmente. Si admitimos que el Sitio es el ruedo, constituido por las heredades repartidas, todos los donadíos concedidos en Quesada se localizan en el trasrruedo. Este esquema se mantiene no sólo en el segundo repartimiento sino que se respeta todavía en las donaciones de tierras efectuadas por doña Juana.

Respecto al espacio exterior o trasrruedo las noticias son prácticamente inexistentes. La gran extensión del término, la abundancia de aldeas casi aisladas, la fragosidad del terreno... dan pie para imaginar una situación distinta de la que existe en la villa propiamente dicha. Es lógico imaginar tierras, especialmente en la Sierra que hace de frontera, donde el control de unos y otros sería bastante débil, zonas ambiguas donde quizás no llegó la repoblaci6n, por lo menos en la misma medida  que lo hizo en el pueblo. Sólo quedan del trasrruedo algunas menciones a donaciones de tierras y tenencias de puntos militares fronterizos. Es el caso del doc. 4 de la “Colección Diplomática de Quesada” en el cual don Rodrigo concede el castillo de “Torres de Allettún” a Martín López, “nuestro vasallo”, por un tiempo de tres años, recibiendo el tenente como paga una cantidad en moneda y otra en cereal, aclarando “que si los moros le dieran alguna cosa de los derechos del pan que a nos han a dar” que se le descuente de las cantidades anteriores. La mención a los moros no es muy significativa ya que si el castillo en cuestión fuera Torres de Alicún, sería una posesión temporal del arzobispo recuperada tempranamente por los granadinos, aunque también ilustra como la ocupación militar no implica la expulsión de la población.

De todas formas la repoblación, que nunca debió de ser muy exitosa, se ve truncada en 1295 a causa de la toma de la villa por los moros. Pasarán quince años antes de que se restablezca la situación. Tan largo paréntesis supuso un grave trastorno para el poblamiento del lugar como lo demuestra la necesidad de promover un nuevo repartimiento en 1331. El grueso de los datos sobre este segundo repartimiento se contiene en un privilegio dado en Sevilla por Alfonso XI a 22 de enero de 1331 (doc. 21). Ese mismo año en la ciudad beneficiaria estalla una grave revuelta que se podría interpretar como posibles diferencias de opinión entre pueblo llano y caballeros con motivo de la distribución de bienes y tierras que suponía el repartimiento. En ese año según Argote de Molina, Juan Núñez Arquero “llamándose aprovechador de Úbeda, y siendo caudillo del Común de ella, echó a todos los caballeros, escuderos y gente noble fuera, y por fuerza de armas se apoderó de la ciudad” (47).

El mencionado privilegio dispone que el concejo de Úbeda reparta a los nuevos pobladores todo lo que haya en la villa. La condición necesaria para beneficiarse de un lote de bienes es pasar a tener en Quesada el domicilio habitual. Uno de los primeros problemas que se plantea se origina con los derechos remanentes del primer repartimiento. A los que hayan mantenido habitación se le respetan los quiñones obtenidos antes de 1.295 por reparto, compra o cualquier otro medio. No se respetan los donadíos concedidos anteriormente. Los que tengan derecho a los primeros quiñones y quisieran abandonarlos para entrar en el reparto en igualdad de condiciones con los nuevos pobladores, pueden hacerlo. La primera partición queda sin efecto. Respecto a la administración de justicia, Quesada pasa a regirse por el fuero de Úbeda, donde los quesadeños irán a juicio, salvo lo que el concejo de la ciudad decida que resuelvan sus oficiales en Quesada. En último extremo los recursos serían vistos por los alcaldes de Úbeda. Durante doscientos años se concede a los vecinos exención de impuestos reales, inmunidad por homicidio -salvo alevosía o traición- y prohibición de embargo por deudas. También se autoriza al nuevo concejo a percibir la séptima parte del botín de las cabalgadas en tierras de moros que arriben a Quesada y dos cabezas de ganado por mil en concepto de montazgo. Finalmente para mantenimiento del alcaide se destinan las rentas producidas por el monopolio de los hornos de pan y una fanega por cada veinte a pagar por las tierras de vagos.



ORDENANZAS MUNICIPALES



Las Ordenanzas Municipales de Quesada de los siglos XV y XVI se conservan en un cuaderno del Archivo Municipal bajo el título: “Reales Ordenanzas del gobierno de esta villa de Quesada desde el año 1.444 hasta 1.546”. Están publicadas por ].M. Carriazo en la “Colección Diplomática de Quesada” y llevan como apéndice la “Concordia entre Quesada, Cazorla y Úbeda” de 1.503. En la misma colección se publican documentos sueltos referidos a diversas ordenanzas. Las contenidas en el cuaderno antes mencionado no están fechadas en su mayoría, por lo que se deben referir en principio al marco general dado en el título: segunda mitad del XV y primera del XVI Las contenidas en documentos sueltos si están fechadas, siendo su data posterior a la exención con la única salvedad de la de tierras comunales, fechada en 1.531.

Las ordenanzas municipales ofrecen una visión aproximada aunque con algunas lagunas fundamentales, de la vida quesadeña en el tránsito a lo que se ha dado en llamar “Edad Moderna”. Muestran las ordenanzas a una pequeña comunidad rural que vive y trabaja a los pies del alcázar dominante y vigilante. Aparte de la explotación intensiva del ruedo, la inmensa mayoría del término está ocupado por pastos, montes y baldíos. Pequeñas y aisladas cortijadas mantienen su enigmática organización y origen. Algunas como Ceal o Lacra son tanto o más antiguas que Quesada.

Las actividades económicas de Quesada son la ganadería y la agricultura. Como decía antes, la mayor parte del término se dedica a la explotación ganadera y del monte. Hay pocas ordenanzas que se refieran específicamente al aprovechamiento económico de los montes. La ordenanza de la caza (nº 28) establece un periodo de veda desde carnaval a S. Juan. Se caza con perros, lazos y redes. Aparte de esta ordenanza las referidas a los ganados establecen diversos lugares de pastos en los distintos montes según la época del año. No hay menciones a la extracción de madera ni a su manufactura, capítulo en el que Quesada era célebre en el siglo XII al decir de Idrisi. No obstante lo anterior, el aprovechamiento forestal ha sido hasta tiempos recientes una importante fuente de ingresos para el pueblo. Así perviven numerosos topónimos originados por diversas actividades: Carboneras, Pegueros de Gualay, etc. La situación fronteriza de la Sierra, separando a Quesada de los pueblos granadinos de Castril y Huéscar, la propia naturaleza del terreno y la existencia de topónimos menores como el anterior Gualay (Guadalahe o Quadalahe en el XVI), tan poco castellanos, invitan a pensar que esta zona jugó un papel de poro fronterizo, quizás tierra de nadie y por lo mismo de íntimo contacto.

La ganadería quesadeña tuvo dos problemas fundamentales: el pillaje y la competencia con Úbeda, que como señor se reserva la primacía en el aprovechamiento de pastos. Uno y otro cesan en 1489 y 1564 respectivamente. Roces de consideración también debía de haberlos con Cazorla obligando a entablar negociaciones. Los encuentros tienen lugar durante el otoño de 1503 en el lugar donde los de Quesada y Cazorla “acostumbran juntar en juntas”. Fruto de las reuniones es una concordia (ordenanza nº 56) en la que se fijan las sanciones para los ganados que sean “tomados” en término ajeno y las distintas excepciones. Los incidentes de la guerra ganadera, tanto con Úbeda como con Cazorla, están siempre protagonizados por caballeros que suelen ser además oficiales municipales (regidores, alcaldes de acequias, caballeros de la sierra etc.) Se constata así como desde los siglos XV y XVI la diferenciación de la primitiva comunidad campesina “fabricada” en 1.331, está lo suficientemente desarrollada como para que existan grandes rebaños (a escala local) propiedad de caballeros de la villa, guardados a su vez por “rebaños” de mozos y criados.

Los grandes rebaños se desplazan desde la otra orilla del Guadiana, pastos invierno-primavera, hasta la sierra, verano-otoño. Así, la ordenanza de la Sierra (nº 57) dispone que no se entre en ella hasta primeros de junio para que se desarrollen los pastos en la primavera y se puedan aprovechar durante el estiaje. (Ver mapa II)

El uso y aprovechamiento de las dehesas está reglamentado por dos ordenanzas (nº 5 y doc. 142). Se reservan al ganado de labor, bueyes y yeguas especialmente. Los caballos no se usan para las faenas agrícolas pues son necesarios para exhibirlos en los alardes por los caballeros de cuantía y es condición indispensable que sean caballos de guerra y no se dediquen al trabajo. Este es el motivo por el que son continuas las menciones a las yeguas como animal de trabajo y nulas las referidas a los caballos. En las dehesas está prohibido especialmente el acceso a los cerdos que se consideran como especialmente perniciosos. También se prohíbe cortar o quemar el monte, coger leña o taray (mimbre) y hacer fuegos. La vigilancia para el cumplimiento de estas disposiciones las realizan los guardas de las dehesas  que cobran su remuneración mediante la participación en las  multas impuestas.

Respecto a las explotaciones agrarias hay que distinguir dos lugares y dos tiempos de los que ya se ha venido hablando: los heredamientos del primer momento y la expansión del XVI. Respecto al Heredamiento, las ordenanzas le reconocen un carácter distinto y especial dedicándole la primera de ellas (“Ordenanza de la Guarda del Sitio de Viña e Olivar”) que es una de las más detalladas. Los cultivos son cereales, vid, olivo, hortalizas y frutas, además del aprovechamiento marginal de mimbre, cañas, hojas de moral, etc. La mayoría de los molinos, de aceite y de pan, se sitúan en los caces y ríos del Sitio y no parece que estén sometidos al mismo régimen de monopolio de los hornos de pan, que son rentas de propios concejiles.

Especial insistencia hace la ordenanza en prohibir que entren en el Sitio ganados que no sean de labor y aun estos con ciertas restricciones.

Hay vecinos que se dedican a rebuscar en los campos de los demás y que se valen con distintos ardides de parte de la cosecha ajena. El capítulo 12 establece multas de hasta seiscientos mrs. para los molineros que muelan aceite del que se sepa que no tiene olivar propio ni arrendado. El capítulo 11 trata de impedir que haya personas sospechosas merodeando por los campos y exige para rebuscar que el rebuscador tenga licencia del dueño de la tierra hecha ante el escribano público y con testigos. El  capítulo 13 exige ser heredero (dueño) para poder tener cáñamo o que no siéndolo se de razón de por qué medios se tiene. Distintos capítulos regulan las penas a imponer en caso de robo de fruta, variando con la edad y condición del infractor, hora del día, etc.

La permanencia fósil del Sitio en el paisaje agrario se puede comprobar en el último mapa, observándose como antes de la reciente expansión olivarera y la desaparición de la vid, estos cultivos se localizan en el mismo lugar donde lo hacían en los siglos XV y XVI. Hoy día se puede comprobar como en esta zona la parcelación es mucho más intensa que en el resto, abundan las huertas y pequeños cortijos y la red de caminos alcanza la mayor densidad del término.

El tratamiento especial del ruedo en ordenanzas municipales no es privativo de Quesada. En Antequera, por ejemplo, las ordenanzas de 1.531 (43) también fijan parecidas normas y preceptos: prohibición de entrada de los rebaños en las dehesas boyales y ruedo, declaración de pasto común de todo el termino excepto dehesas y ruedo, etc. En Quesada el resto de las tierras del término recibe tratamiento general en las ordenanzas 3ª del meseguero, 4ª de la guarda de los panes secos y 7ª de los fuegos. Hay otras ordenanzas menores referidas a aspectos muy concretos y de carácter generalmente repetitivo, lo que hace suponer que sean aclaraciones de asuntos menores, hechas con posterioridad a la redacción de las ordenanzas generales, o bien que sean precedentes de estas. El oficio de meseguero se arrendaba públicamente dividiéndose el año en dos periodos, invierno y verano, a efectos del arriendo. Sus ingresos provienen de las multas que imponga. La mayoría de las disposiciones tratan de proteger las cosechas de los daños que pudiera causarles el ganado. Se desarrollan una por una las posibles infracciones y se tarifan las penas distinguiendo siempre entre ganado menor, cerdos y ganado mayor. Respecto a la quema de rastrojos se prohíbe hacer fuegos en el campo desde fines de mayo hasta Sta. María de Agosto. Se exceptúa, siempre que se haga en barbecho, el fuego para la comida de los segadores, (“si algunas personas icieren lumbre para guisar de comer a sus segadores”).

Otra serie de ordenanzas se refiere a la regulación del riego: nº 23, del alcalde de las acequias y también el doc. 146. En la primera, más antigua, se establece que el reparto de agua se realice desde la acequia principal repartiéndola a los distintos brazos según los días, reservando tres días de cada seis a los molinos. Los dueños de las heredades limítrofes tienen la obligación de reparar las acequias. Para evitar que se derrame el agua se fija una anchura mínima para las acequias de cuatro palmos. El reparto del agua y la resolución de los pleitos los realiza el alcalde de las acequias rodeado de cuadrilleros. La ordenanza de 1.589 desarrolla y reforma lo anterior. El oficio de alcalde de las acequias será echado a suertes entre los caballeros de la villa junto a las demás magistraturas municipales, el día de Todos los Santos. Su mandato es anual y recibirá la mitad del importe de las multas. Se prohíbe expresamente que el alcalde no sea caballero pues si es pobre habría lugar a soborno. Tratamiento especial se da a las tierras de Lacra, ordenándose al alcalde que reparta el agua “conforme a las costumbres antiguas”, primero a las hazas más cercanas a la fuente y así sucesivamente “vna haza en pos de otra, por todo el señorío antiguo”. Se le prohíbe al alcalde que ponga cuadrilleros en este lugar teniendo que ejercer personalmente su oficio. Este tratamiento especial y la referencia a costumbres y señorío antiguo se pueden relacionar con los abundantes vestigios de época romana conservados en el lugar y el hecho de que se le mencione como aldea en las conquistas de Jiménez de Rada. Todo parece indicar que el poblamiento de Lacra es antiguo y prolongado y muy posiblemente no se viera afectado por los repartimientos de 1231 y 1331. Hay otros casos similares como Ceal, de origen prerromano, y Belerda.

La última de las grandes ordenanzas es la 9ª del almotacén, que ofrece datos comerciales y de higiene pública. Regula todo lo referente a pesos y medidas. También lo referente a basuras, fijando las multas que se han de imponer a quién arroje a la vía pública heces, basuras, perros o gatos muertos (Capº. 20). Respecto a la compra-venta de mercancías se tasan los precios de algunos artículos: 1 libra de truchas 40 mrs. 1 libra de carne de caza 20 mrs. etc. Se autoriza a los forasteros a vender siempre que utilicen los pesos de la villa y que no vendan hasta tres días después de llegados. La venta se realiza tanto en la casa del vendedor como en la plaza pública, aunque es obligatorio vender algunos productos en esta última. Por último y como protección a los productores locales, se prohíbe que los molineros muelan a forasteros entre finales de Mayo y el primero de noviembre.



LAS TIERRAS COMUNALES



Como ya se ha venido diciendo, durante el siglo XVI hay una gran expansión demográfica y agrícola. Se puede recordar corno a principios de siglo hay seiscientos vecinos y el año de la exención, 1.263. Para absorber el aumento de la población se tiene que recurrir a las roturaciones y así, desde los últimos años del siglo XV los quesadeños ponen en cultivo las tierras del Guadiana Menor y construyen al efecto acequias y caces. La mayor parte de las roturaciones se localizan en esta zona del Guadiana Menor y en el Retamal de Lacra donde se arriendan baldíos para mantener el Colegio de Gramática y Hospital de Pobres, fundados a fines del siglo XVI (doc. 135).

Los enfrentamientos y luchas para apropiarse de tierras comunales debieron revestir una especial gravedad. Parece que determinados individuos acaparaban gran cantidad de tierras, desposeyendo al resto. Para intentar solucionar el problema el concejo manda pregonar en 1535 unas ordenanzas para, como dicen las propias ordenanzas en su preámbulo:”quitar debates e pleytos e otros agrabios, e muertes de hombres, que se siguen en esta dicha villa”. En estas ordenanzas se dispone que cada vecino tenga un máximo de 10 fanegas de tierras comunales, cinco para sembrar y cinco en barbecho. Esta normativa no se cumplirá y continuarán los problemas, constituyendo el  acaparamiento de estas tierras un factor de primera magnitud en el proceso de diferenciación social de la comunidad de Quesada.






Notas

(I) Para los aspectos geográficos: A. Higueras Arnal, “El Alto Guadalquivir. Estudio Geográfico” CSIC. Zaragoza 1961.

(2) J.M. Carriazo, “Colección Diplomática de Quesada” Instituto de Estudios Giennenses. Jaén 1975. Pág. XVI

(3) Introducciones históricas: “Introducción de la Colección Dip1omática de Quesada” y el prólogo de “Pedro Hidalgo o el Castillo de Tíscar” (Sevilla 1945).

(4)P. de Palol y M. de Sotomayor. -Excavaciones en la villa romana de Bruñel (Quesada) de la provincia de Jaén- en “Actas del VIII Congreso de Arqueología Cristiana” Barcelona-Cittá del Vaticano 1972. Vol. I pp.375 - 38 láms. 165-175.

(5) “Idrisi. Geografía de España” Colección de Textos Medievales nº 37 Valencia 1974. J. L. Ruiz Povedano -Rasgos geográficos económicos y culturales de las tierras y pueblos de Jaén en la primera mitad del siglo XII– Jaén Boletín de la Cámara Oficial de Comercio e Industria de la Provincia nº 33 (1978).

(6) Para la conquista: “Colección...” con recopilación de fuentes y J. González -Las conquistas de Fernando III en Andalucía- Hispania XXV (1946).

(7)”Colecc...” Doc. 7.

(8) Para la conquista: docs. 1 al 14 de la”Colección Diplomática”. También la introducción de la anterior. ”Primera Crónica General” ed. R. Menéndez Pidal. Madrid 1977 (3ª reimpresión) pp.724-5. Rodrigo Jiménez de Rada “De Rebus Hispaniae” en “RODERICUS XIMENIUS DE RADA. OPERA”. ed. de A. Ubieto. Textos Medievales nº 222 Valencia 1968, Cap. XII Pág. 201: “et custodit (Quesada) cum aliis castris, scilet: Pilos, Toyam, Lacra, Agosmo, Fonte luliani, Turribus de Lacu, Ficu, Alaulula, Areola, duobus Germanis, Villa Montini, Nubila, et Castorla, Concha et Chelis”

(9)”Colecc...” doc. 131.

(10)”Colecc...” doc. 35.

(11)M. A. Ladero: “Granada. Historia, de un país islámico” Ed. Gredos 2ª ed. 1979 (1ª ed. 1969). Pág. 149.

(12)”Colecc...” doc. 50.

(13) M. A. Ladero ”Milicia y economía en la guerra de Granada: el cerco de Baza.” Univ. de Valladolid. Cuadernos de Historia Medieval nº 22, Valladolid. I964.

(14)”Colecc...” doc. 62.

 (15)J. M. Carriazo “En la frontera de Granada” Sevilla 1971 pp. 551. Publica un extracto de las actas capitulares de Quesada.

(16)J. M. Cairazo en el prólogo de “Pedro Hidalgo o el Castillo de Tiscar” Sevilla I945, recoge algunos manuscritos inéditos sobre esta tradiciones.

(17) “Colecc…” doc. 139.

(18) J.M. Carriazo, - la vida en la frontera de Granada-  Actas

del Congreso de Historia de Andalucía. Tomo I Andalucía

Medieval. Caja de Ahorros. Córdoba 1978.

(19)”En la frontera de Granada” Pág. 247

(20)”en la frontera de Granada”pp.53—4

(21)”Colecc” doc. 3. El comercio se realizaba a través de

determinados puertos como Antequera, Teba, Priego, Huelma,

Quesada, siendo gravado con el “diezmo y medio diezmo”

M. A. Ladero (“Granada…”)

(22) Argote de Molina “Nobleza del Andalucía” Edición del

Instituto de Estudios Giennenses, Jaén 1957

(23)”Nobleza del Andalucía” pp.390-3

(24)”Colecc...” doc. 131.

(25)”Colecc...” doc. 32.

(26)”Colecc...“ doc. 42.

(27)”Colecc ...“ doc. 43.

(28)”Colecc ...“ doc. 66.

(29)”Colecc ...“ doc. 45.

(3o) Colecc…” docs. 6o, 61 y 62.

(31)J.M. Pérez Prendes -El origen de los caballeros de cuantía

y los cuantiosos de: Jaén en el siglo XV” Revista Española de

Derecho Militar 9 (1960)

(32)”En la frontera…” Pág. 53

(33)”Colecc...“ doc.63.

(34)“Colecc...” doc.73.

(35)“Colecc...” doc.136.

(36)”Colecc…” doc.145.

(37) L. Torres Balbás  -La estructura de las ciudades Hispano musulmanas: la medina, los arrabales y los barrios- Al-Andalus XXXII (1953) Pág.149.

(38)”En la frontera...” Pág. 584.

(39) Hoja nº 928 del Mapa Topográfico Nacional 1:50.000 Instituto Geográfico y Catastral Iª ed. 19o2

(4o)”Colecc...” doc.34

(4I.)”Colecc…” doc.91.

(42)”Colecc…” pp. CXXI-II y CXXIV.

(43) “RODERICUS XIMENIUS...” Pág.

(44)”Mas el arçobispo don Rodrigo, pasados tres meses después que el rey don Fernando le diera esa villa, saco su hueste et fuese sobre ella, et echo ende los moros que adouan los derribamientos de la villa et del castiello, et tomola el, et adobola a onrra del rey don Fernando...” “Primera C...” Pág.725.

(45)Ver bibliografía.

(46)”Colecc...” doc. 9.

(47)”Nobleza...” Pág. 393.

(48)F. Alijo Hidalgo. “Orden de Antequera (1531)” Málaga 1979.




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