viernes, 25 de noviembre de 2016

Quesada 1850


Quesada en el plano de Pascual Madoz


El siglo XIX doblaba la esquina de su mitad. La primera guerra carlista dejó en Quesada episodios violentos que recuerdan las historias de maquis cien años después: partidas facciosas que cruzaban el terreno perseguidas por las tropas del gobierno, caudillos rebeldes fusilados públicamente para escarmiento de las gentes... En 1843 acabó la regencia de Espartero, al año siguiente el general Narváez formaba gobierno y en 1845, por reforma de la de 1837, una constitución conservadora dio paso a la década moderada. La vuelta al poder de Espartero y la llegada al gobierno de O´Donnell y la Unión Liberal completaron los años intermedios del siglo.

Esta entrada recoge noticias de aquellos años. Son noticias dispersas, recogidas de la prensa de la época y de otras fuentes coetáneas como el Diccionario de Madoz, el plano de Coello o los censos oficiales de población.  Sería bueno, y alguien debería hacerlo,  investigar en el archivo municipal la existencia de  documentación que amplíe el conocimiento de estos años.

El 1845 se estrenaba constitución y el ayuntamiento de Quesada estrenaba escudo. Se reforma el viejo sello de origen medieval con dos torres y se sustituiye por otro de una sola (ver escudo). También por estos años se produjo la última escisión en el viejo término con el que la villa de Quesada se había separado de Úbeda en 1564. La creación en 1847 del ayuntamiento de HuesaEn 1648 se habían separado Pozo Alcón e Hinojares. En 1836 Larva se separó de Quesada para unirse a la cercana Cabra (ver término). Y finalmente, el 4 de mayo de 1847, Poyatos, Arroyo Molinos, Ceal y Tarahal constituyeron el nuevo ayuntamiento de Huesa, con capital en la primera. Según el diccionario de Madoz el nuevo pueblo suponía un quinto de la riqueza y un sexto de la población. La Dehesa del Guadiana se dividió en dos franjas paralelas y alargadas que llegaban hasta el antiguo límite con Guadix (Alicún). La más cercana al río Guadiana quedó para Huesa, la de la parte de Cabra (por donde el ferrocarril y la estación de Huesa) a Quesada. Es por eso que la Estación de Huesa está en término de Quesada.

Hubo por aquellos días otras novedades que con el tiempo adquirieron notoriedad. Por real orden de 26 de diciembre de 1846 se autorizó la celebración de una feria anual los días 25, 26 y 27 de agosto. Estas ferias se crearon en todos los pueblos y tenían un carácter comercial y ganadero. Para facilitar que los tratantes y vendedores pudieran ir de una a otra se encadenaban en el tiempo, de ahí que fueran más o menos consecutivas y que cuando acaba una empezaba otra (Quesada y Peal, p. Ej.) Estas ferias de ganado eran, junto a las fiestas religiosas, una de las pocas cosas que sucedían a lo largo del año, una de las pocas ocasiones de divertirse y por eso se organizaban bailes y acudían toda clase de feriantes y buscavidas. Con el tiempo su origen comercial desapareció y quedó sólo la cosa festiva. A esos tres días iniciales se unió el 24 (los más viejos recordarán que los viejos de su juventud le llamaban "víspera de feria") y el 28 como preparación de la "Despedida de la Virgen". 

Las noticias anteriores proceden del "Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico de España y sus posesiones de Ultramar", publicado entre 1846 y 1850 por Pascual Madoz. El tomo XIII que contiene la letra Q se publicó en 1849. En sus páginas 313 y 314 está la entrada correspondiente a Quesada. Además de una reseña histórica y la descripción del término y pueblo hay otras Informaciones curiosas: los 20.000 reales del presupuesto municipal, los 11 eclesiásticos de la localidad, las ermitas (Madre de Dios), la correspondencia que llegaba dos veces por semana, los caminos "todos en mal estado", las dos barcas que servían para cruzar el Guadiana Menor, etc.

Desde un punto de vista ecológico es interesante observar como entre las especies de caza se incluye, junto a jabalíes y cabras monteses, a los corzos, que aunque presentes en otros puntos de Andalucía (Cádiz y Málaga) aquí hoy día son inexistentes. Y no es el único dato sobre la presencia antigua de esta especie pues en el mapa topográfico 1:50.000 se cita en la Dehesa del Guadiana un Cerrillo de los Corzos. Las minutas para la confección de ese mapa se hicieron en 1877-8. Al igual que los lobos debieron desaparecer en este siglo XIX. Algún día, si me acompaña el ánimo, haré algo sobre la evolución del paisaje, la flora y la fauna de acuerdo a la toponimia.

Tomo XIII el Diccionario de Madoz


Respecto al número de habitantes, estos años son de crecimiento sostenido. En el censo electoral de 1846 se da un total de 4.604 almas.  Madoz, con datos recogidos por los mismos años, dio una cantidad similar, 4.504 almas. En el censo de 1856 son ya 5.473 habitantes. En el de 1860 llegan a 5.767. Unos cien habitantes más cada año. Aparte de la roturación de nuevas tierras (cada vez más marginales y pobres) asociada a la expansión del olivar, no existen nuevas actividades económicas de importancia que alimenten y justifiquen el crecimiento. Tampoco hay una emigración importante pues no se daba entonces por estas tierras el crecimiento industrial que en otros países y zonas concentraba a la población en las ciudades. El crecimiento será  sostenido hasta mediados del siglo XX y el resultado final será, como en el resto de Andalucía, la aparición de importantes masas de población sin tierra que será el origen de los conflictos sociales venideros.

A finales de los años treinta del siglo, la desamortización de Mendizábal dejaba en Quesada cambios que marcaron definitivamente el aspecto del centro del pueblo. Los bienes de las órdenes religiosas, "manos muertas", pasaron mediante subasta pública, a propiedad de inversores, aristócratas y comerciantes que se interesaron fundamentalmente por las tierras. El resto de los bienes eclesiásticos afectados eran conventos y otros edificios, bastantes de ellos en el centro de pueblos y ciudades. Eran de gran valor patrimonial y artístico pero económicamente, que era de lo que se trataba, improductivos. No se vendieron en su mayoría y quedaron en manos de los ayuntamientos que en unos casos les dieron algún uso alternativo, en otros los dejaron abandonados y en no pocos casos los derribaron para hacer o ampliar plazas públicas. Fue por ejemplo el caso de Granada donde, entre otras actuaciones, el antiguo convento del Carmen a orilla del Darro, fue derribado en su mitad para crear la plaza actual de igual nombre, adaptándose la parte del claustro como nuevo ayuntamiento.

En Quesada los edificios eclesiásticos que pasaron a mano del ayuntamiento fueron el convento de dominicos de San Juan y el anejo convento de monjas dominicas de Santa Catalina.  Los dos en el centro del barrio que se construyó cuando, tras la conquista de Granada y acabada la guerra desaparecieron los peligros militares. Hasta ese momento, el pueblo vivía a resguardo de las murallas del alcázar (calle del Cinto) y arrabal de la calle Adentro. El fin de la guerra suposo también que las zonas más expuestas se pudieron cultivar y explotar. La población aumentó y fue necesario ensanchar la villa. Se creó un nuevo barrio (que durante el siglo XVI llamaron de las Cuestas) de calles "amplias" y más o menos rectas. En su centro y siguiendo las costumbres urbanísticas de la época, se trazó una gran plaza cuadrada y diáfana (por supuesto sin jardines) lugar de reunión, mercado, alardes (inspecciones) militares, etc. Presidiendo esta Plaza Pública o Plaza de la Villa, la casa del cabildo, el ayuntamiento. Para comunicar el nuevo espacio con la parte vieja amurallada se hizo la calle Nueva. El “ensanche” se completó con los dos conventos mencionados y una casa, de la Tercia, en la que se recaudaba y almacenaba el impuesto. (ver evolución del casco urbano) Este era el esquema tradicional del centro de la villa y que en este siglo XIX cambió para dar forma al que conocemos hoy en día.

El plano de Francisco Coello


Para saber como era Quesada en aquellos años centrales del siglo XIX existe una joya cartográfica que poquísimos pueblos y para esa época tienen: el plano de Coello.

Francisco Coello de Portugal y Quesada fue un militar y cartógrafo, natural de Jaén, autor de un Atlas de España inconcluso pensado para que sirviera de complemento al Diccionario de Madoz. En la tercera hoja del suplemento de Andalucía incluyó Coello algunos planos de población: Motril, Utrera, Morón, Rute, Cabra, Priego… De Jaén, solo tres pueblos: Huelma, Cazorla y Quesada. Las hojas del Atlas se publicaban conforme se terminaban y por eso, aunque estos no están fechados, se pueden señalar como de los años 1850 al 52 (cuando mas hojas se publicaron) o de algún año cercano posterior.

En el plano de Coello hay curiosísimos detalles. La cárcel señalada en la torre de la alcaidía, hoy desaparecida pero que se puede ver en la conocida foto de Carriazo al final de la calle del Arco de los Santos. No existía cuando se hizo el plano el Muro que se construyó a finales de siglo para continuar la carretera hasta Tíscar. No existían las Cuatro Esquinas, la calle don Pedro que ya se llamaba así y que incluía la calle del Teatro, cerraba por ese lado el pueblo, se abrió hueco para dar paso a la carretera.  El paseo de Santa María era un paseo ajardinado sin casas y que rodeaba la parte vieja. Está también en el plano la ermita Madre de Dios y en el camino de Jódar (parte alta de la calle del Teatro) otra llamada del Santo Sepulcro.  La muralla se conserva casi completa con cubos y almenas. Como anécdota, señalar la existencia de la calle y casas de Franco. No se refería a ese general que tardaría casi cincuenta años en nacer. La expresión franco se refería a calles y zonas libres de alguna tasa o impuesto y era muy frecuente (ver diccionario RAE).

La parte más interesante del plano es la central. La de la Plaza. Como ocurrió en tantos sitios, los conventos no se vendieron y quedaron en manos del ayuntamiento. El de monjas se abandonó pronto y fue derribado reedificándose parte y quedando otra como solar hasta que cien años después se construyó allí el museo viejo. El ex-convento de dominicos se respetó. Estaba este situado en lo que hoy es el Jardín Chico, primero el claustro que avanzaba desde casi la parte donde paran hoy los coches delante del semáforo hasta entrado el jardinillo. En la esquina más cercana a la Explanada había una torre en la que se puso un reloj posteriormente trasladado al ayuntamiento cuando se derribó el edificio. A continuación del claustro y en dirección al museo viejo, la iglesia del convento que se mantuvo en uso como ayuda de parroquia  hasta primeros de los años treinta del siglo veinte. El claustro que en fotos posteriores podemos ver como era un caserón en medio de las dos plazas actuales, se dedicó, según se especifica en el plano de Coello, a escuela pública de niños y teatro. Pero ¿no fue mercado y plaza de abastos como recuerdan las generaciones que llegaron a vivir los años posteriores a la Guerra Civil? Sí, pero lo fue con posterioridad a 1850. En un primer momento no. La explicación también la da el plano de Coello.

"Vuelo americano" Fotografía aérea de 1946. Se puede observar como aun se mantiene en pie el claustro del convento (mercado y escuelas) y la iglesia del mismo

La plaza de la Villa, plaza Pública, ya no se llamaba así sino de la Constitución (se acababa de estrenar la segunda de ellas) pero seguía siendo el  lugar de mercado que fue desde su creación. En el plano de Coello aparece como un espacio cuadrado y diáfano, sin árboles, fuentes o cualquier otro mobiliario. Una humilde y tradicional plaza mayor.

En el plano de Coello observamos que donde está ahora la Explanada hay otro espacio cuadrado y ajardinado, con una fuente o similar en su centro. Se cita como "Glorieta, Antes Casa de la Tercia". La casa de la Tercia (no confundir con las eras o ejidos de la Tercia en la parte que sigue conociéndose así) había perdido su función con la desaparición de los diezmos (y las correspondientes tercias reales). Por falta de uso o mal estado se derribó plantándose en el solar un pequeño jardín. La configuración del centro del pueblo en 1850 era la inversa a la actual.  Donde hoy está el Jardín, una explanada. Donde hoy está la Explanada, un jardincillo. Detrás en la esquina con la calle Nueva había un soportal donde luego estuvo la inspección de policía municipal. Este uso posterior para policía da la pista de que seguramente el soportal tuvo también funciones concejiles para avisos, reuniones, inspección de pesos y medidas, etc.

A final de siglo la cosa había cambiado a la configuración actual, Jardín y Explanada. Se puede comprobar en el plano que en 1896 levantó el Instituto Geográfico y Estadístico. Donde en el plano de Coello estaba una plaza diáfana,  en 1896 hay un jardín con paseos laterales, cuatro parterres en las esquinas y un espacio central con una fuentecilla. Es básicamente el Jardín que conocemos hoy. En el espacio central posteriormente hubo un quiosco de música de obra y blanqueado, luego una fuente grande, fea y redonda, después la antigua farola originaria del primer quiosco , la garrota, y ahora otro quiosco con un buitre en la veleta. Donde en 1850 estaba estaba la "glorieta antes casa de la Tercia" en 1896 una plaza diáfana, la Explanada. Entre esta y el Jardín, se ve en el plano de 1896, hubo una gran fuente con escalinatas  y pilares a uno y otro lado cuyo recuerdo ha perdurado en fotografías primitivas y en alguna pintura de Zabaleta.


Detalle del plano de Quesada de 1846

El Jardín se plantó en algún momento entre 1850 y 1896. Para eso fue necesario trasladar el mercado al patio del antiguo convento. Allí se mantuvo hasta la demolición del viejo caserón a finales de los años cuarenta.

El Jardín se pensó al modo romántico de la época como un lugar de paseo (y así se llama en el plano de 1896). Lo normal es que las alamedas y paseos se levantaran en las afueras pero en Quesada se aprovechó la existencia de una plaza grande y cuadrada. Los árboles que se eligieron fueron olmos, Ulmus minor, conocidos también en Andalucía como álamos negros, especie muy usada por su sombra en las plazas de los pueblos. Los olmos llegaron a viejos sobreviviendo a los años, las podas salvajes y la epidemia de grafiosis que por aquí pasó de largo. No consiguieron sobrevivir a la urbanización moderna y enlosado del jardín creó una cubierta inhóspita que impedía  la aireación del suelo y la humedad de la lluvia y que en verano provoca en las raices tremendas temperaturas. Hoy apenas sobreviven los que se refugian en la zona mas fresca y umbría, destacando por su porte y forma el de la esquina del Marisol. El sitio donde los olmos viejos daban espesas sombras hoy lo ocupan unos socorridos y poco vistosos arces negundos,  olmos de bola (Ulmus pumila, Globosa) en la parte de las fuentes y algún que otro abeto de ocasión y magnolio fuera de lugar. 

En esta foto de la que ignoro su origen y que circula abiertamente, se puede observar el convento de dominicos en aquel momento ya plaza de abastos, con su torre del reloj. A la derecha el campanario de la iglesia. Se puede observar también la poda "king size" de los olmos del jardín.

En 1854 volvió al poder el general Espartero dando paso al llamado Bienio Progresista. Uno de sus frutos más conocido fue la segunda desamortización, impulsada por Madoz (el del diccionario) que afectó fundamentalmente a los bienes municipales. En Quesada estos se concentraban en la Dehesa del Guadiana. Ignoro el alcance que tuvo allí. En lo que es el casco urbano el impacto fue menor que en la anterior ocasión.  No obstante, por el diario ¨La Epoca" de 13 de mayo de 1856 sabemos que de los bienes de propios se subastaron dos hornos de pan y una casa en la calle Adentro. Los hornos de pan eran municipales desde siglos antes tal como se puede comprobar en las ordenanzas municipales y respecto a la casa, debe tratarse de la que cita el Catastro que era usada como mesón y de propios del concejo municipal. Además, también se subastó una casa en el "egido de las Tercias", la zona que aún sigue conociéndose como la Tercia.

La "Gramática" de Santiago Vicente

Personajes quesadeños famosos no hay muchos. En este siglo XIX estaba el general-ministro Serrano Bedoya como famoso de relumbre. Y apurando mucho Ángel Alcalá y Menezo autor de la “Novela de Tíscar” que algún relieve tuvo en la prensa nacional (ver la Novela de Tiscar). Nadie mas. Por casualidad me encontré con esta noticia publicada el 4 de junio de 1856 en el periódico madrileño "La España":  "El 18 del actual falleció, a la edad de 74 años, en su pueblo, la villa de Quesada, provincia de Jaén, el señor don Santiago Vicente García, escritor aventajado, humanista y filósofo distinguido. Su muerte ha sido una pérdida para la literatura española."

El 28 de mayo "La Esperanza" había publicado también la necrológica con grandes alabanzas y mención a sus obras publicadas. Nunca había oído hablar de este señor. Carriazo que vivió una época no lejana tampoco lo menciona. El apellido Vicente ni me suena ni lo he encontrado nunca en cosas de Quesada. Y sin embargo, este “escritor aventajado” de cuya muerte daba cuenta la prensa, era de Quesada y en Quesada murió. Por su oficio y dedicación es de imaginar que no viviera en el pueblo pero la verdad es que no he conseguido  ningún dato biográfico suyo.

He encontrado información sobre sus publicaciones e incluso conseguido alguna copia de las mismas. Al parecer  se dedicó a la enseñanza de la gramática y la filosofía teniendo cierta fama en su época e incluso después de su muerte. Algunas de sus obras fueron autorizadas para ser usadas como libros de texto en la enseñanza secundaria. Fue el caso de la "Gramática latina con cuadros sinópticos" (que se vendía "a dieciséis reales en esta corte en la librería de Sojo, calle Carretas”) o la "Gramática de la Lengua Española". También escribió "Examen crítico de la Nueva Gramática Castellana de la Real Academia Española" y "Lecciones preliminares para el estudio de las ciencias" Todas de esos años cincuenta del siglo diecinueve.  En la prensa de la época se pueden encontrar comentarios y críticas . Espero que alguien consiga (o tenga) más información sobre este desconocido paisano.

Ficha de Santiago Vicente en la Biblioteca Nacional


Pero el quesadeño famoso del siglo XIX fue el general Francisco Serrano Bedoya. Para su tiempo fue lo que Zabaleta para el nuestro. 

Serrano Bedoya (no confundir con el General Bonito, Serrano Domínguez, dictador republicano y novio de Isabel II) tuvo una activa vida política que inició junto a su protector Baldomero Espartero y que le costó dos exilios. Posteriormente, participó en la Unión Liberal de O´Donnell y fue en varias ocasiones diputado. Tomó parte en la Revolución del 68 siendo nombrado director general de la Guardia Civil del nuevo régimen. En la etapa final de la Primera República, durante la presidencia del general Serrano Domínguez, fue ministro de Guerra y Ultramar. Como tantos otros de su época y a pesar de sus orígenes progresistas, terminó moderadamente sus días como senador vitalicio de Alfonso XII. Su hermano Pedro Serrano Bedoya, también natural de Quesada, fue alcalde de Villacarrillo en varias ocasiones durante estos años mediados.

En estos años mediados de siglo, se dieron dos ocasiones en su vida que llevaron a Quesada a la prensa: la muerte de su padre y las elecciones de 1858.

El día 25 "El Clamor Público", órgano oficioso de la Unión Liberal, decía:

"El 16 del actual falleció en Quesada, provincia de Jaén, el honrado y constante liberal don Tomás Serrano, padre del general Serrano Bedoya. Este anciano, que contaba 73 años de edad, militó siempre en las filas del partido liberal, por lo cual, y por su firmeza de principios, fue objeto de las persecuciones que ha sufrido el partido en que estaba afiliado, sin que sus enemigos consiguiesen nunca entibiar su fé política, ni su carácter noble y enérgico. Nuestro partido ha tenido pues en aquella provincia una pérdida, por mas de un concepto sensible, y su familia llora un padre virtuoso.

Amigos del general Serrano Bedoya participamos del dolor de que se halla poseído al perder al autor de sus dias á los pocos de abrazarle después de una prolongada separación."

Al poco de morir su padre, en el verano de 1858 Isabel II encargó gobierno al general O´Donnell, jefe del partido al que pertenecía  Serrano. En las elecciones de ese otoño por el distrito electoral de Cazorla se presentaban el señor León González por el partido moderado y el general Serrano por la gubernamental Unión Liberal. Según el diario moderado "La España", no fueron unos comicios ni libres y ni limpios. Según cuenta el periódico el 24 de noviembre (aclarando que no referiría todo muy escandaloso que había llegado a su conocimiento en tanto no mejorasen las condiciones a que se sometía a la prensa de oposición) las elecciones en el distrito sufrieron toda clase de ilegalidades y presiones. Tanto durante la campaña electoral como en el día de la  votación. Fueron tantas las presiones de funcionarios y agentes gubernamentales que, según el diario, se llegó al extremo de que el propio candidato moderado se sintió obligado a pedir a sus seguidores que no le votaran apara ahorrarse problemas. “Solo en Quesada, de cuyo pueblo es natural el general Serrano, aceptaron el consejo cincuenta y dos electores moderados". Se quejaba La España de que fue la cosa tal que hasta el alcalde de Cazorla, Pedro Alcántara Teruel, reconoció públicamente que "había recibido la orden" de que ganase Serrano.
El general Serrano


Como estaba determinado, Serrano fue elegido por 309 votos de un total de 339, el 90% de los votos. El censo total del distrito era de 517 electores pues no existía sufragio universal sino censitario (sólo votaban los que tributaban a partir de una cantidad prefijada). De todas formas  Serrano no llegó a tomar posesión ya que  fue nombrado Capitán General de Burgos. Con posterioridad fue nuevamente elegido diputado en las Constituyentes de 1869 por Baeza y en las dos legislaturas de Amadeo I nuevamente por el distrito de Cazorla. Las últimas, las de 1872, fueron las primeras de sufragio universal masculino. Ignoro el grado de limpieza que se gastó en ellas.



En el censo de 1860, al final de los años de los que aquí se habla, Quesada tenía 5.767 habitantes de los cuales eran 2.894 varones y 2.836 hembras, 81 viudos y 235 viudas, casados 1.227, casadas 1.221, solteros 1.611 y 1.392 solteras. El analfabetismo rondaba el 85% de la población. No hay que extrañarse del caciquismo y de los pucherazos. Cincuenta años después, Ciges Aparicio se encontró un panorama parecido de injusticia, caciquismo y analfabetismo que reflejó en Villavieja.

sábado, 1 de octubre de 2016

La “novela de Tíscar” por capítulos



“Pedro Hidalgo o el Castillo de Tíscar” de Ángel Alcalá y Menezo” es conocida en Quesada comúnmente como “la novela de Tíscar”. Es un reflejo algo tardío de la novela histórica del siglo XIX, en la línea de “El Señor de Bembibre” y similares. Al igual que ahora era un género muy popular y exitoso.

La “Novela” hoy día es conocida por las reimpresiones que desde principios de los años ochenta viene haciendo en facsímil la Cofradía de la Virgen. Esta edición se hizo en Sevilla en 1945, con dibujos de Rafael Zabaleta en la solapa y un prólogo de Juan de Mata Carriazo, pequeño resumen de la historia de Quesada, que es una auténtica joya.

Pero la edición original es de 1883, impresa en dos tomos en la tipografía Montoya de la calle Caños del Peral de Madrid. Que yo sepa, se conservan en Quesada muy pocos ejemplares o ninguno, de de esta primera edición. Hace tiempo tuve la suerte de hacerme con un ejemplar procedente del cercano pueblo de Huéscar ya en Granada.

Primera edición, 1883


Como decía antes las novelas históricas eran muy populares y solicitadas por el público, al igual que hoy ocurre con las series televisivas de igual género. Por eso era frecuente que los periódicos las incluyeran en formato folletín. Los folletines eran fragmentos de un relato que se publicaban diaria o periódicamente. Los lectores las seguían con el mismo fervor y espíritu con el que posteriormente lo haría con los seriales radiofónicos o con las telenovelas y series televisivas.  

Rebuscando otras informaciones he encontrado que “Pedro Hidalgo” se publicó como folletín en el periódico “EL PABELLÓN NACIONAL” durante la primavera y el verano de 1883. Entre el 18 de abril y el 14 de noviembre.


 “EL PABELLÓN NACIONAL”, comenzó a publicarse en 1865 con el subtítulo “periódico político y literario”. Dejó de publicarse en la revolución de 1869 reanudándose su publicación en 1875 con la restauración borbónica manteniéndose siempre en una línea moderada-conservadora y monárquica.


“EL PABELLÓN NACIONAL” se imprimía en la citada tipografía MONTOYA, la misma que dio a la luz “Pedro Hidalgo”.

Capítulo 92 del 15 de septiembre


lunes, 19 de septiembre de 2016

Jabón y colonia "Flores de Tíscar"

Don Lope de Sosa, septiembre de 1927
En septiembre de 1927 la revista Don Lope de Sosa publicaba el anuncio de “la ultima creación de la perfumería FLORFÉ”, un jabón y una colonia de marca “Flores de Tíscar”. El  jabón, “finamente perfumado”, se vendía a una peseta la pastilla y el agua de colonia, “muy económica”, a nueve pesetas el frasco de litro.

El anuncio se organiza alrededor de una fotografía de Tíscar que es sin duda la que hizo en aquella segunda mitad de los años veinte Juan de Mata Carriazo y que más tarde fue  una de las que se inclueron en la segunda edición de “Pedro Hidalgo o el Castillo de Tíscar”

La empresa, perfumería FLORFÉ, "fábrica de aceites esenciales y productos químicos", estaba establecida en Jaén y era su director y propietario Inocencio Fe.  En el primer tercio del siglo XX gozó de cierta notoriedad siendo frecuente la inserción de publicidad en periódicos y revistas. Además de colonias y jabones fabricaba dentífricos, crecepelos y otros productos de tocador.




Inocente Fe Jiménez profesaba ideología regionalista manteniendo contacto y relación con Blas Infante y su círculo andalucista. Ya en 1916 la revista “Andalucía” da cuenta de la creación de la Asociación para la defensa de la Agricultura, Comercio e Industria de Jaén por “nuestro distinguido correligionario” Inocente Fe.  En 1920 fue nombrado alcalde de Jaén corporación de la que formaba parte como concejal independiente.

Ignoro como tuvo D. Inocente la idea de crear la gama de productos Flores de Tíscar y si mantuvo alguna relación con J.M. Carriazo  para conseguir usar su fotografía.  La fotografía pudo obtenerla de la revista Don Lope de Sosa en la que se había publicado un par de años antes, abril de 1925, ilustrando el artículo de Carriazo “La Tabla de Tíscar”.


No deja de ser, aunque anécdota, curiosa pues de alguna manera relaciona a Tíscar con el más precoz regionalismo andaluz, entonces tan minoritario y balbuceante.


martes, 19 de agosto de 2014

1928. LUIS BELLO y la instrucción pública en QUESADA.

El jardín de Quesada en el verano de 1928. Foto de Luis Bello. La Esfera
Luis Bello Trompeta fue un conocido periodista y político nacido en Alba de Tormes el 6-12-1872 y fallecido en Madrid  el 5-11-1935. Fundador de varias revistas, dirigió El Liberal de Bilbao y escribió en El Heraldo de Madrid, El Imparcial y otros periódicos. Pero fue en el El Sol donde alcanzó fama y reconocimiento. Entre 1926 y 1929 emprendió una campaña de viajes por toda España describiendo la situación de las escuelas. Estos artículos se recogieron más tarde en los tomos de “Viaje a las escuelas de España”.

Miembro de Acción Republicana y más tarde de Izquierda Republicana, fue elegido diputado por Madrid en las constituyentes de 1931. Participó en la comisión que redactó la Constitución de la República y presidió la comisión que debatió el Estatuto de Cataluña. Murió de un grave problema intestinal en noviembre de 1935. La Libertad dijo al día siguiente: “Ha muerto Luis Bello. Un valor intelectual menos, un republicano menos, un periodista menos”.

Luis Bello en la revista Nuevo Mundo, mayo de 1928


En sus artículos, difundió la necesidad de apoyar la enseñanza pública y el Magisterio y hacer de la educación la base de todo progreso. Fue un auténtico activista, “el viajero infatigable que recorre los pueblos y aldeas de España predicando el amor a la Enseñanza”.  En una entrevista para la revista Nuevo Mundo publicada en mayo de 1928, declaraba: “La verdadera realidad de España es el analfabetismo. Hay que abrir los ojos  españoles a la curiosidad de la letra escrita. Hacen falta escuelas, escuelas, escuelas… No hay la mitad de las escuelas que debía haber”

En esta entrevista también se le preguntó por sus planes inmediatos a lo que respondió: “Tengo que volver a Jaén. Después quiero hacer el recorrido del Pirineo”. En Jaén, además de visitar Úbeda y Baeza, se proponía volver a la Sierra de Segura comarca que le interesaba por arrojar uno de los índices de analfabetismo mayores del país. Pero aprovechó el viaje para ampliar y completar sus visitas. El 18 de agosto de 1928 decía en El Sol: “Dos derivaciones del viaje a Sierra Segura vamos a hacer aquí: una a Quesada, otra a Cazorla”. El resultado fueron cinco artículos de la serie "Visita de Escuelas", los de estas dos localidades y además, Peal, Tíscar y Belerda y el interior de la Sierra donde conoce a un maestro ambulante de quien hace el retrato más detallado del periplo.

Aparte los artículos de El Sol, el viaje de Bello se reflejó en otros artículos publicados simultáneamente a aquellos en la revista La Esfera y que se agruparon bajo el título genérico de “ITINERARIOS ESPAÑOLES”. Su contenido, como corresponde al semanario, es más turístico e histórico, no hay crítica ni análisis social. Destacan en ellos las fotografías, la mayoría del propio autor, que son magníficas.

El Sol, visita de escuelas a Quesada


El viaje por la comarca se llevó a cabo en el verano de 1928. Los artículos se publicaron entre el 11 de agosto y el nueve de septiembre, pero no se corresponden estas fechas exactamente con el itinerario. Se inició en algún momento del mes de julio con la visita a Baeza y Úbeda. Antes del 11 de agosto ya había estado en Quesada porque el primer artículo sobre el pueblo lo publica ese día. Estuvo en Peal donde Rafael Lainez le hizo de guía y visitó Toya. Después en Quesada donde le acompañó Juan de Mata Carriazo, con una excursión a Tiscar y Belerda. Después Cazorla, pueblo y sierra, para desde allí continuar a la Sierra de Segura.

La situación de la instrucción pública en la comarca era absolutamente calamitosa. Bastante peor que la media del país. Dice Bello: “Cifra oficial de analfabetos en el partido: 79,04 por cien. No encontraremos otra mayor por este lado sino en el de Orcera”.  Pero ese porcentaje es mayor en la práctica porque no recoge el analfabetismo funcional: “La mitad de la población española no sabe leer. Y de esa mitad que sabe leer hay que descontar un ochenta por ciento que le llaman leer a deletrear.” En Quesada, según el Censo de Población de 1920, un 83,96% de analfabetismo, 81,73% en hombres y 88,16% en mujeres. Para Luis Bello faltan escuelas en toda la comarca. Hay pocas y en condiciones lamentables, pocos maestros. La asistencia de los alumnos es corta e irregular. Y hay sus razones para esta penalidad…

Las causas del analfabetismo en Quesada

El martes 21 de agosto de 1928, publica El Sol el capítulo correspondiente a Quesada. Le guía y acompaña Juan de Mata Carriazo, entonces novísimo profesor de la Universidad de Sevilla y enfrascado ese verano en los hallazgos argáricos del Cerro de La Magdalena, según Bello “erudito de tipo moderno, estudioso, cauto, mesurado”. De Carriazo obtuvo la información histórica (y turística) que trasladó al artículo de La Esfera y a otros publicados con posterioridad que en su día trataré. Pero aquí hablamos de enseñanza.

El autor busca “un fondo lógico para la estadística de analfabetos” y se pregunta por “las causas de la incultura regional”. No hay que buscarlas, según él,  en razones étnicas o geográficas, “esta no es una raza ineducable. Ninguna fatalidad la agobia”. La explicación es mucho más próxima y sencilla: “Más breve será decir que en Quesada, villa de nueve mil habitantes, ha habido hasta ahora dos maestros y dos maestras. No está en los cráneos ni en la sangre la razón que busco; por lo menos directamente. Está -hay que decirlo aquí, como en otros muchos lugares- en el régimen social.” La falta de escuelas no es culpa de “los hombres de la Edad del Bronce con su cultura argárica, ni los que entraron luego a saquear los montes argentarios, ni siquiera los moros, tienen culpa de que aquí no halla escuelas. Más bien han sido los cristianos, y esto no es un juego de palabras.” Piensa Bello que el origen está en "el adelantado con su corte, nombrados por la mitra toledana, viviendo sobre el país; a su arbitrio las rentas de la tierra, como la justicia y la vida de sus habitantes; administrando el favor, gobernando en función delegada. Así han vivido hasta hace poco Quesada y Cazorla.” “Tal sistema crea fatalmente dos castas; y así ha llegado a ser esta tierra la mejor para los olivos y para los caciques.

Parece ésta teoría periodística, destinada a su publicación rápida e inmediata más que nacida de la investigación histórica. Quesada nunca perteneció al Adelantamiento y su relación con Toledo fue casi exclusivamente eclesiástica.  Y sin embargo la trayectoria social y educativa en nada se diferenciaba de las villas arzobispales. Luego no debe ser exactamente la causa aunque la mención a un "señorío eclesiástico" aporte color y sabor al relato. Pero en realidad poco importa porque como el mismo dice: “Lo único importante es afirmar desde aquí la enemiga del cacique a la escuela. Tierra de caciques no dará nunca escuelas. En la ignorancia del pueblo se funda su poder; y si alguna vez se ve obligado por azares del mando a construirlas o solicitarlas, ya buscará manera de desvirtuar la buena labor de los maestros.” Y el caciquismo, en aquel momento, independientemente de sus profundas raíces históricas, venía establecido por el carácter elitista y escasamente democrático del reinado de Alfonso XIII, por el “turnismo” de los partidos dinásticos liberal y conservador repartiéndose presupuesto y poder.

Luis Bello había leído Villavieja y menciona a Ciges, si bien con poco sentido y poca ilación dentro del artículo, diciendo en realidad nada: “Preferiría contar historias y anécdotas de las bárbaras luchas políticas, tal como Ciges Aparicio en su novela Villavieja, que desde luego no es Quesada, ni Cazorla, ni Orcera. Pero no lo creo preciso.” Claro que Villavieja no es Quesada, es un escenario imaginario donde se desarrolla la acción de una novela, pero está directamente inspirado en Quesada. Da la sensación (es suposición mía) que Bello, hablando  de Quesada, siente la necesidad ineludible de conocer, de mencionar a su colega, e profesión y de ideales políticos. Pero que por otra parte da la sensación de que no quiso afrentar a sus anfitriones. Por el artículo de La Esfera relativo a Tíscar sabemos que fue recibido y atendido por Pedro Villar en su cortijo, ¿saldría en la velada de alguna manera el tema de la novela de marras? ¿La rechazaría y negaría su contenido o Lorenzo Delmás-Pedro Villar o, político al fin y al cabo, la explicaría, matizaría, aclararía? Si tuvieron la conversación o no es un secreto que se llevó para siempre el tiempo cuando arrastró a sus protagonistas. Lo que sí  está claro es que el encuentro fue cordial pues lo cita de Bello en La Esfera con palabras elogiosas y amables. Pero aunque en el texto la mención a Villavieja parezca extemporánea, sí hubiera venido al caso en la argumentación pues es esa  sociedad, ese “régimen social”, descrito en ella, explica buena parte del 80 por ciento de analfabetismo.

En este entorno del viaje de Bello a la comarca hay un episodio interesante sucedido en Cazorla. Cuenta que habiendo visitado una escuela regentada por “una buena maestra, abnegada, que entró en el Magisterio con espíritu religioso” se espantó porque el aula y la aneja vivienda de la maestra estaban en unas condiciones tales que en cualquier momento podía aplastarla a ella y a sus alumnos,  con tales rajas que “por ellas pueden asomar –y asoman- las miradas curiosas”. Poco después entabla conversación con cura sobre la necesidad de escuelas y maestros: “Lo que aquí hace falta- nos decía en Cazorla un sacerdote con elocuencia bélica de guerrillero de la fe –es que la enseñanza esté bien traspasada de espíritu cristiano. ¿Hacer muchas escuelas? ¿Nombrar muchos maestros? ¿Y la idealidad? ¡Lo que hace falta es que los maestros que nos envíen sean buenos cristianos!-“ Tras despedirse Bello recuerda a buena cristiana a quien se le hundía encima la escuela: “No se contentan con santos y santas. Quieren mártires”. La anécdota, contada como al paso, tiene su aquel pues la enseñanza  era asunto de especial interés por la Iglesia, en quien el Estado había abandonado buena parte de su responsabilidad.

Las escuelas de Quesada

Para nueve mil habitantes dos maestras y dos maestros. “En esa misma plaza están las escuelas, alojadas en un viejo convento de dominicos, que es, además, mercado. Tres clases, no muy cómodas, ni muy seguras. Podría habilitarse todo el edificio llevando el mercado a otra plaza. Ahí o en cualquier lugar, sería necesario crear más escuelas, llenarlas, no sólo de muchachos y de maestros, sino de espíritu.” Estamos en el verano de 1928. En el Anuario Riera de 1905 se mencionan seis escuelas municipales, tres para niñas y tres para niños (sin embargo, siempre hay a quien le interesa el asunto, hay 14 tabernas y dos sociedades de ocio, El Círculo del Progreso y el Círculo de Obreros Católicos). Es posible que de estos seis dos correspondan a  Belerda pues poco después el Anuario del comercio de 1909, bastante más detallado, relaciona en Belerda a un maestro y una maestra y en Quesada dos maestros (D. Manuel Bautista de la Fuente y D. Francisco Fernández) y dos maestras (D.ª Dolores Fernández y D.ª Felipa Martín) Es decir, entre Belerda y Quesada seis en total, como en 1905. Por cierto que cita este último anuario “un colegio particular de primera enseñanza” regentado por D.ª Marcela Corral. Y para los interesados en el tema, el Casino, el de Villavieja, en 1909 se llamaba Círculo del Progreso y tenía mesa de billar (cosas que tienen los pueblos prósperos...).

Verano de 1928. Las Cuatro Esquinas. Foto de Luis Bello en La Esfera


Luis Bello habla de cuatro maestros en Quesada. ¿Se había reducido su número desde principios de siglo? En la “visita de escuelas” correspondiente a Tíscar y Belerda y publicado el 28 de agosto, se emplea sólo en temas históricos y paisajísticos. Por una vez olvida los pedagógicos. No dice nada de escuelas en Belerda. Parece que Carriazo le dio buenas y largas explicaciones de lo suyo, de manera que no le dejó lugar para investigaciones escolares. Y para colmo, una tormenta de verano les obliga a abreviar: “nos sale al camino una nube que viene bruscamente y se anuncia con gran aparato de truenos (…) No hay tiempo ya sino para asomarnos a Belerda. Casas pobres, población humilde, almas primitivas, de trazo moro, berberisco; gestos lentos…” No hubo pues visita escolar. Nos quedamos sin saber si en 1928 había también maestro y maestra en Belerda. Suponiendo que los hubiera, en los 30 primeros años del siglo el número de maestros y maestras se mantuvo en la mínima cantidad de 6. Sin embargo la población aumentó de 7.571 a 10.350. Poco o nada hizo la Restauración por la escolaridad, poco o nada hicieron sus diputados comarcales forondistas o fusionistas. Por cierto que tampoco se tienen noticias de que existiera preocupación en el Círculo del Progreso ni en ninguna de sus ociosas sucesoras por este estado de cosas. Parece que tampoco exigieron inmediatas soluciones. 

De unos años antes, entre 1910 y 1920, las memorias inéditas de Juan de Mata García Carriazo, que ya he utilizado en otras ocasiones (Quesada en 1920), contienen un par de estampas que ilustran como eran las escuelas de Quesada a principios del siglo XX.  La primera de ellas se refiere a las escuelas municipales de niños:

“Creo a los seis años, fui ya a la escuela con mi hermano primero a la de D. Manuel Bautista, hasta que nos echó, en represalia por que mi padre a la sazón Alcalde o Concejal del Ayuntamiento, anuló una subvención que venia figurando en el presupuesto, de seis mil reales, para que aquel fuera a Zújar todos los años a tomar las aguas para el reuma, como otra según me contara (…)pasando a la contigua de D. Francisco, instalada como aquella en el principal del claustro del convento de los Dominicos, donde estaba el mercado”

“En la escuela, ya leíamos en alta voz, el Juanito, qué nos describía un niño repugnante de puro bueno y aplicado (…) y las tablas que aprendíamos y cantábamos en alta voz, lo que unido a las que abajo daban los vendedores pregonando sus mercancías, hacia que todo el edificio fuera un infierno.”

“Los castigos usuales eran, de pie en un rincón, de rodillas con los brazos cruzados y sobre todo con la temida palmeta, que era como una regla de madera, con la que nos daban en la cara y dorso de las manos, produciéndonos un gran dolor, todo lo que hacia nos resultara aquella odiosa, soñando oír  la hora del reloj de la inmediata torre”

No es mala imagen la del griterío en el viejo convento desamortizado. Abajo el pregón de los vendedores y arriba los niños leyendo y recitando las tablas todos a la vez y en voz alta. Ni lo es tampoco esa de los alumnos ansiando oír la hora en la torre del reloj para “salir disparados escaleras abajo los niños de ambas escuelas, que al ser aquellas huecas y de madera, sonaban como una estampida de caballos salvajes.”

Los dos maestros que cita son los mismos que menciona el Anuario de 1909, D. Francisco Fernández y D. Manuel Bautista de la Fuente. Este último fallecido, según “El Defensor Escolar”, el primero de mayo de 1923 a los 60 años de edad: “Desempeñó el finado durante 30 años la primera escuela  nacional de dicha ciudad…”

Foto de Luis Bello en La Esfera


La segunda estampa de Juan de Mata García, se refiere a la escuela de la Niña Ana. Tampoco la menciona Luis Bello (mucho debió distraerle Carriazo, seguramente de forma involuntaria, con sus atenciones y explicaciones arqueológico-históricas que se le escaparon tan buenos detalles). Ana Roca Varas no tenía titulación, pero ejerció en su propia casa y por su cuenta enseñando a los párvulos, antes de que (no todos ni todas) pasaran a la escuela. Mi abuela fue alumna suya y recuerdo me contaba detalles, que también menciona Juan de Mata, como que tenían que llevar cada uno su sillita de anea para sentarse. Como ya va uno para viejo puedo decir que la llegué a conocer. Vecina nuestra, en verano mis hermanos y mis primos de la calle D. Pedro pasábamos buenos ratos jugando en su casa, escuchando sus historias y cuentos (alguno bastante  escatológico). Recuerdo con cariño el suelo de tierra pisada, las cuatro sillas en la pared de la habitación casi vacía y que había servido de aula, el olor a humedad y la recuerdo a ella vestida toda de negro, viejísima, tal como se la ve en la foto que acompaña a estas palabras. 


La Niña Ana

Juan de Mata García decía de su primera infancia, más o menos hacia 1915:

“Sobre aquella edad, me llevaron al Colegio de la Niña Ana, ya citada, la que a pesar de no poseer titulo, se le toleraba enseñar a los muy párvulos de uno y otro sexo: recuerdo vagamente que el primer día me llevó la niñera a aquel, próximo a casa, con mi babero, confeccionado por Eulalia, que era prenda usual de los críos de entonces, y un roperito de cartón forrado de badana con un asa, donde llevaba la cartilla, una  pizarrita, con su pizarrín, la Doctrina Cristiana de Ripalda, y las tablas de las cuatro reglas, y aquella una sillita con el culo de enea: la clase la dábamos todos juntos en una habitación grande, aprendiendo a rezar, las letras y las tablas a voces, por  lo que aquello era una grillera. Las niñas hacían labores con hilos de colores y otras bordados con pequeños bastidores con un aro redondo donde iba cogida tensa la tela. Aquella cobraba una peseta mensual por alumno, pero de las casas le enviaban además aceite, patatas, garbanzos y leña, para su frugal consumo, pues vivía sola en la casa contigua a la del tío Diego en la calle D. Pedro.”

Para nueve mil habitantes cuatro escuelas, aparte la de la Niña Ana. Un 80% de analfabetismo mantenido sin mejora alguna durante toda la Restauración. Un casino con mesa de billar. Es la Quesada de Villavieja: “Tierra de caciques no dará nunca escuelas”. La respuesta a las preguntas que se hacía el autor es evidente. La obsesión de Luis Bello fue la instrucción pública. Fue la obsesión de la República y la de sus maestros y maestras. Y caro lo pagaron.



domingo, 29 de junio de 2014

Colgante de la Virgen de Tíscar conteniendo álbum de postales en miniatura

Colgante y tirilla de postales



A medio camino entre el souvenir turístico y el recuerdo devocional, está este colgante en forma de librillo que en su interior contiene una tira de seis fotografías en blanco y negro de Tíscar. Su tamaño es de 19 mm de ancho por de 25 mm de alto. El pequeño enganche de su esquina superior izquierda muestra que está destinado a colgar de una cadena junto a una de las habituales medallas de cuello o en su lugar.

En la ya muy abundante colección de objetos de recuerdo y devoción sobre la Virgen de Tíscar, que en algunos casos bordea lo estrambótico, este además de antiguedad aporta una cierta dignidad en su concepción y destino. También y más allá de la mera curiosidad, tiene valor como fuente histórica por la fecha de las imágenes y por el ángulo de disparo fotográfico que no corresponde a las vistas que, por habituales, se han hecho casi oficiales.

Vista lateral

El recuerdo es metálico, pintado de color dorado y en su frontal tiene pegado un dibujo a color y de poco detalle de la Virgen. El dibujo está cubierto por una especie de protección (ignoro de que material pero es de algo parecido al plástico) que le da un aspecto nacarado. Las dos piezas metálicas se unen por una bisagra en un lado y se sujetan en el opuesto por un enganche triangular visible en la imagen superior. Forma así un a modo de librillo que al abrirse permite desplegar la tirilla de seis postales en blanco y negro. 


Vista frontal


Son seis las imágenes. Son de un tamaño menor (15 x 21 mm) al colgante que las guarda. El pequeño tamaño y la regular calidad de la impresión hacen que su contenido no sea fácilmente identificable. Las postales, respetando el orden de la tirilla, son las siguientes:

1.- Vista del Vadillo 

Interesantísima fotografía en la que llama la atención el puente de madera cruzando el río y la ausencia de arbolado. El puente de la carretera y la composición de rocas (a la derecha de la carretera y las que conforman el cauce del barranco) identifican no obstante el lugar con claridad.

Vadillo de Tíscar

En la década de los años veinte, Juan de Mata Carriazo hizo una fotografía de este mismo lugar que luego se publicó en su famoso prólogo de "Pedro Hidalgo". En ella se comprueba como en esa fecha existía el puente actual con luz de medio punto y barandas de piedra. También que existen chopos a los lados del río. Árboles no muy viejos a juzgar por el grosor de los troncos. Si la foto de J.M. Carriazo es de alrededor de 1925 esta que se comenta debe ser anterior en, al menos, los años necesarios para que los chopos hubieran crecido.


Fotografía de J.M. Carriazo

2.- Vista de cortijo

Parece un edificio pegado a una pared de piedra lo que lo relaciona claramente con la zona de Belerda-Don Pedro. La parra y lo que parece una persona sentada bajo ella y haciendo algo apuntan una intención costumbrista en el autor. Si fuese de la misma época que la primera imagen no hay muchos posibles autores en esos años tan tempranos. Y menos aun los hay que conciban la fotografía como documento etnográfico. Se va la imaginación de forma inmediata a Cerdá y Rico, médico de Cabra del Santo Cristo y asombroso pionero de la fotografía del que sabemos que a principios del siglo XX visitó y fotografió Quesada y Tiscar.




3.- Vista de la carretera de Tíscar 

Subiendo desde Quesada hacia el Puerto las dos últimas curvas están excavadas entre trincheras de roca. De la primera de ellas es esta postal. Los pinos y los chaparros crecidos con el tiempo, disimulan actualmente la vista haciéndola pasar desapercibida. Vale como documento interesante sobre la evolución del paisaje en Quesada (se tratará en una entrada específica). Hoy el paisaje es más frondoso y mucho menos pelado que hace un siglo.



En la actualidad (Google Street V)

4.- Vista general de Tíscar

Esta sí es la imagen que posteriormente se ha erigido en convencional y la más fotografiada. Su mala calidad permite poco comentario. Quizás que parece que no está todavía el túnel bajo el Santuario lo que nuevamente llevaría la fecha a primeros de siglo. 




5.- Vista de Tíscar desde el barranco de la Presilla.

Esta postal es curiosa porque siendo una vista estética y agreste apenas se ha fotografiado, quizás porque no hay sitio donde aparcar el coche y hoy en día se anda poco. Está hecha desde donde la carretera transcurre encajonada en el barranco de La Presilla, unos metros antes que la anterior.  En la imagen actual, obtenida de Google Street V. podemos ver que fuera de ese poste de madera ya si uso, apenas ha cambiado la estampa en estos cien años. 



En la actualidad (Google Street V)
6.- ¿Cueva del Agua?

En esta última postal la imagen es casi irreconocible. Viendo que el autor no usó ángulos a los que estamos hoy acostumbrados puede ser cualquier cosa. Parece que se ve un paisaje muy rocoso. Podría ser la Cueva del Agua o el arroyo del Vadillo entrando en las angosturas que forman la cueva.