viernes, 3 de enero de 2014

Evolución (y mengua) del término de Quesada




El término municipal de Quesada es fruto de los avatares guerreros de los siglos XIII-XV: conquista por Fernando III-Jiménez de Rada, reconquista granadina y refugio del señorío en Cazorla, toma de Tíscar y fin de la Guerra de Granada.

Ocupaba toda la zona sur de la actual comarca Sierra de Cazorla (actuales términos de Quesada, Pozo Alcón, Hinojares, Huesa y Larva). Confinaba con Úbeda y Cazorla al norte, Baza al oeste, Baza y Guadix al sur y Huelma y Úbeda al este.

Desde la definitiva conquista cristiana es separada del señorío eclesiástico toledano y pasa al señorío de la ciudad de Úbeda hasta 1.564 en que se libera del mismo mediante el pago de una cantidad a Felipe II.




Hasta el final de la Guerra de Granada el territorio útil se circunscribía a la zona más protegida, "los puertos adentro" (hasta el Puerto de Tíscar y Puerto Ausín) El territorio exterior estaba formado por baldíos pertenecientes a los bienes de propios del concejo y dedicados a la ganadería extensiva. Como excepción algunas zonas aisladas de poblamiento antiguo (Belerda-Tíscar, Lacra, Cuenca...) En 1568-71 la rebelión morisco devuelve la antigua inseguridad bien descrita en las actas capitulares del Concejo (vid. J.M. Carriazo). Fuera de este pequeño paréntesis 1492 da inicio a una especie de "marcha hacia el sur". Se ocupan las tierras baldías (de forma en ocasiones poco clara apropiándose algunos de bienes municipales). De esta manera antiguas cortijadas que en las viejas épocas de inseguridad languidecían, tuvieron uns fuerte expansión agrícola y un consecuente crecimiento de población. Fue el caso de Pozo Alcón. En 1648, mediante pago a la hacienda real como hizo Quesada cien años antes, obtuvo la condición de villa exenta e independiente. Esta secesión incluyó en un primer momento a Hinojares y la aldea de Cuenca que a su vez en 1690 se separaron de Pozo Alcón formando un concejo independiente. 


Durante casi doscientos años no sufrió el termino de Quesada nuevas alteraciones. Fue en 1836 cuando los vecinos de Larva, dentro del nuevo espíritu liberal de la época y dejando atrás el mundo señorial del Antiguo Régimen, solicitaron y obtuvieron el cambio de municipio pasando a formar parte de Cabra del Santo Cristo. Las dificultades de comunicación, especialmente el cruce siempre dificultoso del río Guadiana Menor (no existían puentes, apenas una frágil barca de cable en Collejares) sin duda influyeron en esta decisión. No debía de existir mucha afinidad cuando incluso y a pesar de ser un único municipio , eclesiásticamente pertenecían a distintos obispados (Larva a Jáen y Quesada-Huesa a Toledo).

En 1924 Larva pasó a ser entidad local menor y en julio de 1936 obtuvo la separación completa de Cabra.



La última, hasta hoy, modificación terriotorial se produjo en 1847 cuando la nueva población desarrollada en la antigua Venta de Poyatos, junto a las antiguas aldeas de Ceal y Arroyo Molinos se segregaron para formar el nuevo municipio de Huesa. 


lunes, 30 de septiembre de 2013

Supuesta incursión de una partida carlista en Quesada. 1836

A la muerte de Fernando VII en 1833, su hermano Carlos no reconoció a Isabel II declarándose sus partidarios en rebeldía y originando la primera de las guerras civiles denominadas carlistas. Aunque la acción militar se focalizó en las zonas forales del norte y en el Maestrazgo, los carlistas tuvieron presencia en casi toda la Península mediante partidas irregulares al modo guerrillero aprendido en la reciente guerra napoleónica. También en Andalucía se formaron estas partidas actuando principalmente en la Serranía de Ronda y Sierra Morena tanto en Córdoba como en el reino de Jaén.

En 1836 el general carlista Miguel Gómez Damas, natural de Torredonjimeno, realizó una expedición que cruzó toda la Península sin que pudiera impedirselo el ejército Isabelino. Partiendo del País Vasco recorrió Galicia, Castilla, el interior de Valencia y Andalucía. Entre sus acciones más sonadas, además de la toma de Almadén y su mina de mercurio que originó un crac bursátil en Londres, cuenta la toma de Córdoba. Para llegar allí a finales del mes de septiembre cruzó la Loma de Úbeda, originando gran alarma y temor en las comarcas vecinas (Según la web municipal en Cazorla se suspendió la feria).

Las correrías del general Gómez tuvieron una gran repercusión en la prensa europea de la época y debieron de producir una importante psicosis en las zonas que atravesó. En la documentación accesible digitalmente del portal de archivos PARES, hay referencia a un incidente ocurrido en diciembre de 1836 y relacionado con Quesada.

El 15 de diciembre de 1836, el Comandante de armas de Baza, Don Ramón Morcillo, dirige un escrito al Capitán General de Granada comunicándole que “siendo las once de la noche me manifiesta el Alcalde de Zújar que la Justicia de Pozo Alcón le oficia manifestando que según aviso de persona que merece crédito la villa de Quesada había sido acometida por una facción y que sus vecinos se habían comenzado a defender.” Dice el Comandante que como los vecinos de Pozo Alcón están también resueltos a defenderse si los atacan los facciosos, ha ordenado al alcalde de Zújar que prevenga y “ponga sobre las armas” a la milicia nacional de la localidad “por si llegase a confirmarse la noticia”

Desconozco si realmente se produjo ese ataque carlista a Quesada. Es cosa que imagino que solo se podrá acreditar en el archivo municipal. Lo cierto es que el 11 de enero siguiente el Capitán General de Granada contesta mediante escrito al Comandante de Baza en un tono que se podría decir irónico.

Dice el señor Capitán General que  por los partes que ha recibido de la provincia de Jaén “los rebeldes marchan sin fuerzas y dispersos” y “no hay temor de que se altere el orden” pues las partidas que operan en la zona, como las de Chinchilla, Jurado y Avilés se hallan totalmente disueltas “y reducidas a la nulidad sufriendo una constante persecución” y que la de Peñuelas se ha retirado a los Pedroches. No hay por tanto “temor por ahora de que intenten entrar en ningún pueblo”.  No obstante y a pesar de que no exista peligro alguno, el señor Capitán General no puede menos que “aprobar las acertadas medidas” que tomó el comandante de Baza pero que al mismo tiempo se alegra de “que no haya sido necesario  molestar a la benemérita Milicia Nacional de Zújar que se acordó estubiese dispuesta por si la facción se acercaba a Pozo Alcón.”

Como decía arriba, en el archivo municipal se debería rastrear si existió o no ese ataque a Quesada de una partida carlista en el invierno de 1836. Por la respuesta del Capitán General parece que no, pues lo hubiera mencionado en lugar de afirmar tajante que no había ningún peligro de que se produjese. Si es verdad que no existió tal ataque a Quesada, queda por aclarar el porqué de la  alarma que desde Pozo Alcón se dio a Zújar y Baza. Podemos imaginar que se originó por algún rumor nacido de la psicosis y el miedo provocados por la reciente expedición del general Gómez. Es una explicación razonable, pero lo que no sabemos es si, además, alguien se pasó de diligente en su ansia por mostrarse leal a S.M. la Reina (una vez retirado Gómez). La retranca del señor Capitán General parece indicar que seguramente hubo un poco de todo.



sábado, 28 de septiembre de 2013

La decadencia de la Inquisición a través de una pelea de clérigos en Quesada. 1757.


"Arzipreste de las Yglesias del adelantamiento de Cazorla y partido de Quesada y también es notario deel Santo Oficio"


En la segunda mitad  del siglo XVIII el Santo Oficio ya no era lo que había sido. Ni tenía el poder que tuvo ni inspiraba el terror que inspiró ni sus actividades eran las que fueron. De la persecución de herejes y judaizantes había pasado a dedicarse a la censura de libros y a la defensa de los fueros de sus muchos familiares y colaboradores.

En el portal de archivos PARES, están disponibles dos expedientes relacionados con actuaciones de la Inquisición en Quesada. Ambos están exentos de dramatismo, quizás por esa consideración que se hacía en el párrafo de arriba. Y en ambos se refleja la vida en Quesada y su entorno durante la segunda mitad del siglo XVIII. Una vida pobre y rural,  donde apenas sucedía otra cosa que las continuas disputas entre facciones para conseguir el control  del concejo y de los cargos municipales. Disputas y querellas en una comunidad pequeña y cerrada donde no hay otra forma de progreso y mejora que el uso de las instituciones locales y donde el futuro no está en crear algo sino en apropiarse de las cosas ya creadas.

Queda el segundo caso para próxima ocasión. Ahora toca el primero de ellos que trata de un pleito originado, aparentemente, por la pelea entre un herrero y el arcipreste de la villa de Quesada pero que en realidad tiene como trasfondo la enemistad que a este le tienen el vicario de Cazorla y el párroco de Quesada. Es una pelea entre eclesiásticos, son enemistades  y enfrentamientos entre clérigos. Excepto algunos secundarios, todos los intervinientes son curas. Porque al igual que los civiles se enfrentan y pelean por los cargos municipales, hacen lo mismo los  clérigos por los cargos y poderes eclesiásticos. Y de fondo esa Inquisición que ya apenas asusta, a la defensiva casi,  que tiene que esforzarse para que otros ministros de la Iglesia no pasen por encima de los  fueros y derechos de sus miembros.

Los sucesos ocurren en 1757, en los últimos años del rey Fernando VI, recién  caídos Ensenada y Carvajal que son sustituidos en el ministerio por Ricardo Wall. Las incipientes reformas ilustradas no han cambiado en nada la vida de estas  villas rurales. La Iglesia tiene un poder político y económico determinante, con un número elevadísimo de eclesiásticos. En Quesada, cinco 5 años antes de estos sucesos, había según el catastro de Ensenada once clérigos mayores y tres clérigos menores, un convento dominico con ocho frailes sacerdotes y tres legos y otro convento de dominicas con diez monjas. Un pequeño ejército que sumado a los de Cazorla y demás villas constituían un potente y numeroso grupo, una numerosa corporación dentro de la que el afán de poder, las enemistades y las conspiraciones eran frecuentes. Su  jerarquía y organización interna era amplia y complicada. El vicario de Cazorla representaba al arzobispo mandando en su representación sobre todos los asuntos que fueran competencia del mismo. A su alrededor tenía una curia de clérigos auxiliares, escribanos etc. Por debajo de él pero con facultades no exactamente delimitadas estaba el arcipreste, nombrado por el arzobispo  y con facultades sobre las iglesias y parroquias del adelantamiento y del partido de Quesada (que no eran la misma cosa). Por debajo de ellos en cada villa había un cura propio y párroco con sus clérigos auxiliares. Esto fue lo que sucedió:



JUAN FRANCISCO ESMENOTA. 1757

Juan Francisco Esmenota era clérigo de menores y "Arzipreste de las Iglesias del adelantamiento de Cazorla y partido de Quesada". Era, además, notario de la Inquisición y tenía "su Casa y avitación en la dicha villa de Quesada". Al parecer Esmenota tuvo unas diferencias con un  albéitar y herrero llamado Pedro Candial que terminaron con un garrotazo de este al primero. A causa del enfrentamiento se abrieron diligencias por la justicia real y posteriormente por el tribunal eclesiástico del vicario de Cazorla. Pero al ser el arcipreste miembro del Santo Oficia tenía condición de aforado y derecho a que su causa se viese por tribunal de la Inquisición y no por otro.  El expediente publicado en el portal de archivos trata del recurso que el arcipreste hace en este sentido al tribunal inquisitorial de Córdoba y de las averiguaciones que se hicieron  sobre el terreno.


El término de Quesada a mediados del siglo XVIII
(clic para ampliar)
La denuncia se había presentado contra el herrero y autor de la agresión pero también contra el párroco de Quesada don Lucas Martín del Aguila y contra dos notarios de la curia eclesiástica de Cazorla. El tribunal de Córdoba mandó a Quesada a un tal  Nicolás Tauste que era comisario de la Inquisición. El 31 de agosto tomó declaración a los testigos: Una tal Juana de Atencia, soltera de 53 años y vecina del denunciante, dijo que sólo había oído como "avía este tenido cierta desazón con el Albeytar Candial" pero no añadió mayor precisión.  El médico Joseph Tortosa dijo que se limitó a examinar el brazo izquierdo del arcipreste comprobando "por su oficio que avía señales de compresión estrema". Otros ocho testigos interrogados confirmaron que  hubo "desazón" pero nada dijeron sobre el "palo que este (el herrero) le dio". Nadie se quería comprometer declarando abiertamente contra el herrero lo que no deja de sorprender pues a un  arcipreste se le supone mucho más poder en la vida local que a semejante oficial. La razón era que detrás del herrero había, como  enseguida se confirmará, gente principal.  También es interesante comprobar como los testigos a pesar de toparse con la Inquisición, no muestran espanto mostrándose poco colaborativos con el comisionado de la Inquisición.

El origen de las diferencias se conoce por la declaración de Antonio Cozar, de 18 años natural de Baeza y criado del arcipreste que es también llamado a declarar. Pero solo declara sobre el incidente inicial y nada sobre la pelea y estacazo que al parecer no presenció.

Según Cozar, cierto día llevó a herrar el caballo de su amo a casa de Francisco Moreno que era su herrero habitual, pero se encontró con que  no estaba. No obstante y como era preciso el arreglo porque su amo tenía que salir, se acercó a casa del albéitar Pedro Candial quien reconoció al caballo y presupuestó el trabajo necesario en cuatro cuartos. Le preguntó Candial al criado si llevaba el dinero encima contestándole este que no, que no lo llevaba porque no sabía cuanto iba a necesitar. Es entonces cuando el herrero le dice que se vaya y que vuelva con el dinero si quiere que le haga el arreglo. No le fiaba. Al replicarle que su amo era persona de crédito, el albéitar le contestó: "anda que no conozco yo al Rey sino por la moneda". Cozar tuvo que volver a casa del amo, contarle lo sucedido y regresar con el caballo y los cuatro cuartos. Cuando así hizo el herrero herró y por el momento acabó la cosa.

Era previsible que al arcipreste Esmenota no le sentara bien que el herrero le exigiera el pago por adelantado l que era un desprecio público y más en persona de su caro y dignidad. En algún momento se encontró con el herrero y debieron discutir.  En la refriega subsiguiente  Candial le asestó un estacazo en el brazo izquierdo.

Terminó por tanto la ronda de declaraciones sin que ningún testigo declarase expresamente la agresión. Sin embargo Juana, la vecina soltera, debió darle cosa el quedar mal con el arcipreste de manera que le contó que ella había testificado anteriormente, como todos los demás testigos, al juez civil y que su testimonio había sido "mas cercano a la verdad" por no haberse perjudicado "por el transcurso del tiempo". Tardó poco el arcipreste en dar cuenta al comisario Tauste de la existencia de esas diligencias de la  justicia ordinaria, tomando el comisario dos decisiones. De una parte remitir al Tribunal de  Córdoba las declaraciones que había recogido en Quesada y de otra requerir al Corregidor de Cazorla, Don Andrés Donoso, en quien  paraban dichas diligencias, para que se las entregase bajo pena de excomunión y multa. Además, requería que la justicia ordinaria se inhibiese del caso por afectar a persona aforada del Santo Oficio.

El corregidor Donoso contestó que no le constaba que en la causa hubiera aforado del Santo oficio pero que en cualquier caso estaba dispuesto a que, sin entregar las diligencias,  se sacase copia de los testimonios para que así ninguna jurisdicción se viera mermada. Por el mismo corregidor conoce Tauste que el vicario de Cazorla ha iniciado por la parte eclesiástica otro proceso para el mismo asunto. En consecuencia manda a su ayudante el comisario Oliz para que vaya e inste al notario Joseph Fernández, “de la curia eclesiástica de Cazorla”, que entregue las diligencias que se hubieran abierto. En los clérigos del arzobispo de Toledo ya no encontraron la postura conciliadora del corregidor. El citado Joseph le contestó que sólo las entregaría si se lo mandase su juez y que en cualquier caso él no las tenía por estar en poder del vicario don Antonio Macarulla. El vicario a su vez se niega a entregar las diligencias porque no le constaba que afectasen a ningún  ministro del Santo oficio como  no le constaba que Esmenota fuera tal.

Mientras tanto en Quesada, los acontecimientos se precipitaron. El herrero Candial había estado provocando al arcipreste "poniéndosele delante con risas" y haciéndole “menciones injuriosas” sobre su negativa a trabajarle si no pagaba por adelantado. Pero no sólo él. El prior y párroco de Quesada, don Lucas Martín del Águila junto a los demás clérigos de la villa, también le provocaron haciendo burlas diciéndose entre ellos frases del tipo ¿cuando nos vamos para Córdoba (al Tribunal de la Inquisición)? ¿cuantos sambenitos harán falta?, burlas y gracias “en manifiesto desprecio del Santo Oficio”. El acoso llegó a tal grado que el párroco y sus partidarios corrieron por las calles al arcipreste con ánimo de apresarlo de manera que no tuvo mas remedio que huir a caballo camino de Baeza. Al cruzar Toya todavía lo perseguían los parciales del párroco.  Todo esto sucedió el día primero de septiembre por la tarde. Al otro día, de mañana, el sacristán Agustín Ramírez entregó a una criada del arcipreste la notificación de que había sido excomulgado en virtud del proceso eclesiástico que se seguía contra él en Cazorla. El párroco hizo pública la excomunión comunicándola al pueblo durante la misa.

Cuando llegaron a Córdoba noticias de cómo no se respetaba la jurisdicción del Santo Oficio, “mandaron librar letras” contra el vicario para que antes de veinte días entregase el proceso y se inhibiese del mismo y después absolviese de la excomunión a Esmenota. En caso contrario sería excomulgado y multado con doscientos ducados. Vuelve Tauste a  Cazorla con este encargo. Lo hizo sobre las nueve de la noche del día cuatro de octubre. Nada más llegar preguntó si estaba el vicario en la villa y le contestaron que si.  Pero el vicario, sabedor de esta nueva comisión, al día siguiente muy de mañana se ausentó de la villa dejando como teniente (sustituto) a don Francisco Almansa. El teniente Almansa requerido por el comisario Tauste siguió una táctica dilatoria diciendo que el no era abogado y que  necesitaba consultar a uno. Luego que el propio requerimiento del tribunal de Córdoba le daba veinte días de plazo, etc.  Igualmente que él no podía absolver al arcipreste por que según el literal del requerimiento la absolución sería subsiguiente a la inhibición y esta no se daría hasta el citado plazo, etc… Tauste comunicó al tribunal el “desprecio con que el Vicario, su theniente y otros trataban la jurisdicción del Santo Officio” y “que le parecia no tenian allí sujeccion al tribunal por ser gentes indomitas”

En Córdoba, a la vista de estas actitudes volvieron a librar “nuevas letras” para que el vicario en  un nuevo y menor plazo, con multa de cuatrocientos escudos y otras penas “al arbitrio del Tribunal” absolviese a Esmenota y se inhibiese del caso.  Esta vez el encargado de la comunicación fue fray Luis de Molina, trinitario de la ciudad de Baeza,   quien “paso a Cazorla y en 29 de octubre entre 10 y 11 de la mañana hizo saber al Vicario Macarulla el despacho, estando los dos solos y el respondio bastante ayrado” Desobedecer una tercera vez al Santo Oficio hubiera sido demasiado incluso en esos tiempos de manifiesta decadencia.

De manera que el arcipreste de Quesada estaba enfrentado al párroco, supuesto subordinado, que eran también “beneficiado” de los bienes de la parroquia y era el “jefe natural” del resto de clérigos de la villa. Al párroco lo apoyaba el vicario de Cazorla representante máximo del arzobispo de Toledo en todas las villas de la vicaría. Una querella de clérigos en la que no intervienen las autoridades civiles siendo la actitud de la única implicada, el Corregidor, conciliadora y neutral. Las razones de la enemistad no se tratan en el expediente judicial pero es de imaginar que no fueran de índole teológico sino de poder y de bienes.

Por otra parte es destacable el poco respeto que inspira la pertenencia del arcipreste Esmenota al Santo Oficio. El temor reverencial, el terror, que inspiró el Tribunal en su momento en poco había quedado. En su lugar chanzas y dilaciones.


referencia  del documento


domingo, 8 de septiembre de 2013

1845. Modificación del escudo de Quesada




Sello con el escudo histórico de Quesada




En 1876, a iniciativa del director del Archivo Histórico Nacional, se inicia dentro del mismo la formación de la Sección de Sigilografía con el objeto de reunir los sellos de instituciones civiles y religiosas. Se quería completar así la colección de sellos medievales existentes en el Archivo. Por lo que respecta a los ayuntamientos, la R.O de 30 de agosto les manda remitir a su gobierno provincial una impresión en tinta de los sellos utilizados por la respectiva alcaldía y ayuntamiento. Igualmente y en su caso,  otros sellos utilizados anteriormente y que se conservasen.

En el caso de Quesada se cumple la R.O mediante escrito sin fecha ni firma y con membrete “Alcaldía constitucional de Quesada”. Contiene la copia en tinta de los dos sellos vigentes en 1876 y  que son el escudo borbónico con la leyenda ALCALDIA CONSTITUCIONAL DE QUESADA y el escudo de Quesada (con una sola torre) y la leyenda AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE QUESADA.

Hay un tercer sello que se describe como “Copia del sello usado por el Ayuntamiento de Quesada hasta el año de 1.845” que tiene dos torres, espada, llave y cruz con la leyenda LA VILLA DE QUESADA.

¿Por qué se modifica en 1845 el escudo perdiendo una torre? Lo ignoro. Para averiguarlo habría que mirar en el archivo municipal si se conserva esa información. No obstante parece lógico pensar que el cambio se hace coincidiendo con la promulgación de la Constitución moderada de 1845 durante el gobierno del general Narváez, alias Espadón de Loja. Hoy en día el cambio parece que esta deshecho y se usa de nuevo el escudo histórico con las dos torres. También ignoro cuando se deshizo la modificación de 1845.

En el escrito remitido al  Archivo Histórico Nacional se hace una  reseña explicativa del origen del escudo. Se explica  que a la conquista de Quesada en el reinado de Fernando el Santo, se concede a la villa un escudo compuesto de campo azul, torre, espada y cruz:

Después de las capitulaciones hechas en Guadalimar entre los embajadores de Mahomed rey de Baeza y los encargados de D. Fernando el Santo, este rey puso cerco a la Villa de Quesada, principal población del Adelantamiento de Cazorla, como dice el P. Mariana en su Historia de España, tomo 1º, Capítulo 11. Ganó el santo rey esta fortaleza de Quesada no sin gran trabajo, pasando á cuchillo á todos los habitantes que podían tomar armas, haciendo a los demás esclavos en número de siete mil. Nombró Alcaide de esta Fortaleza y Villa a D. Pedro Díaz de Toledo, y entre otras mercedes que concedió a la Villa fue el usar por armas en campo azul, castillo almenado con espada y cruz por cimera.
                                                                                                                        
Posteriormente se conquista Tíscar y el escudo pasa a tener una segunda torre con una llave cimera. Según esta explicación una torre corresponde a la fortaleza de Quesada y la otra a la de Tíscar. Será verdad esta explicación que tampoco tiene mayor importancia que la mera curiosidad, pero como algún disparate en la explicación (hacer participar a Jiménez de Rada en la conquista de Tíscar) alguna duda se crea  sobre los conocimientos del informador. Esto dice el escrito referido a Tíscar:

En tiempo de Don Alfonso XI el Justiciero hijo de Don Fernando IV el Emplazado y siendo ya definitivamente regentes del reino sus dos tios los Ynfantes Don Juan Señor de Vizcaya y Don Pedro y deseando estos Ynfantes conquistar las principales fortalezas del terreno Granadino, vinieron a Quesada con grueso ejército acompañados de Don Rodrigo Gimenez, Arzobispo de Toledo, con el fin de apoderarse de Tíscar, fortaleza árabe y por demás inexpugnable frontera por aquella parte del Reino de Granadino. Se consideraba a Tíscar como la llave del terreno enemigo por ser el único paso para entrar en los ya reducidos dominios árabes. Ganó la fortaleza de Tíscar después de tres cercos y derramar copiosa sangre castellana. Esta fortaleza se unió a la alcaidía de Quesada siendo nombrado Alcaide don Alfonso de la Peñuela y desde entonces y en memoria de este importante suceso uso Quesada en cuartel dividido sus antiguas armas de castillo y espada y concedidas en Tíscar de castillo y llave poniendo la cruz en medio de ambas cimeras a guisa de emblema.

Sellos vigentes en 1876


En la citada colección de sellos de tinta también se conservan los correspondientes a las localidades que formaron parte del partido de Quesada en tiempos anteriores, Pozo Alcón, Hinojares y Huesa.

Así en el caso de Pozo Alcón se manda la impresión de los dos sellos que en ambos casos es el escudo borbónico con la leyenda de ALCALDIA/AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE POZO-HALCON y un breve escrito que dice:

Son los sellos que desde 1.848 en que esta Villa se emancipó de la de Quesada para formar por sí Municipalidad vienen usándose por esta Alcaldía y Corporación sin que conste hayan sido modificados ni suspendidos a pesar de las fases políticas conocidas de diferentes matices. Pozo Alcón y Octubre 4 del 1876. El Alcalde Simón Carmona.



En el caso de Hinojares se remitió una hoja con la impresión de ambos escudos y sin explicación alguna. El escudo borbónico para la ALCALDIA CONSTITUCIONAL  y un escudo borroso, distinto del actual, en el que se aprecian dos árboles de fondo con una especie de arbusto en primer plano para el AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL.



Huesa remitió un solo sello, el borbónico con la leyenda AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL DE HUESA y una breve nota que dice:

“Sello que usa el Ayuntamiento Constitucional de esta Villa de Huesa desde el año de 1847en que se segregó de con su matriz Quesada.”



El resto de localidades de la comarca también remiten sus sellos. Así Cazorla envía  con fecha 28 de marzo de 1878, tres sellos correspondientes al ayuntamiento, alcaldía y sello de beneficencia. En los tres se indica que el uso del sello es reciente, 1846-47 estando con fecha anterior los documentos encabezados por epígrafe o lema pero sin sello de ninguna clase (se refieren a la modernidad de los sellos, no del escudo) (clic para ampliar imágenes)





La Iruela remite tres sellos, todos con el escudo de la villa. Uno antiguo del que se dice que "no se conoce el tiempo en que se usó" por no existir en el archivo "documentos con su estampa ni antecedentes a que referirse" Son los otros dos "moderno o sea contemporaneo" y se componen de escudo de la villa y lema consabido de AYUNTAMIENTO CONSTITUCIONAL YRUELA y ALCALDIA CONSTIRUCIONAL  LA YRUELA. No hay otras noticias sobre el escudo o su origen.


La iruela


Santo Tomé remite los sellos de alcaldía y ayuntamiento conteniendo ambos el escudo borbónico. En el caso de Peal con el escudo borbónico el de la alcaldía y con escudo diferente pero no muy visible el del ayuntamiento.


Santo Tomé
Peal de Becerro











La colección de sellos de tinta está disponible en el PORTAL DE ARCHIVOS ESPAÑOLES-PARES http://pares.mcu.es/




martes, 27 de agosto de 2013

RELACIÓN DE UNA TEMPESTAD nunca vista ni oyda (...) la cual vino agora poco sobre esta villa de Quesada

Hoy es 27 de agosto y los pronósticos son que las ferias terminen mañana con fuertes tormentas. Es una cosa bastante tradicional que se mojen las banderas y los papelicos del Jardín. Quizás lo anormal han sido los muchos años sin las tradicionales tormentas de final del verano. Por eso y ahora que parece vuelven, reproduzco aquí la relación que el escribano Francisco de las Navas hizo de una tormenta, nunca vista ni oída, el año 1578. 23 de julio, viernes. Fue tan tremenda que no se libraron ni los peces del río ni los frailes que pedían por los cortijos para su convento.

Francisco de las Navas no es un desconocido. Fue escribano y personero del concejo durante bastantes años de la segunda mitad del siglo XVI. Lo era ambas cosas durante la sublevación morisca del Reino de Granada de 1568-1571. Durante esos años en los que Quesada volvió a ser tierra de frontera lindando con la guerra, Francisco de las Navas realizó numerosas gestiones en representación del cabildo municipal, tanto ante la Audiencia de Granada (que de hecho era también poder ejecutivo) como ante otras instancias oficiales y privadas.

Pero aquí lo que importa es la tempestad, el pedrisco, los ahogamientos de ganado. La tormenta, como es frecuente, se empezó a formar sobre el puerto de Tíscar. Afectó a todo el término de aquella época, desde el Guadalentín hasta el confín con Cazorla y también toda la parte del Guadiana Menor.

Recojo la transcripción publicada en la revista Don Lope de Sosa, nº 175 de julio de 1927.






lunes, 10 de septiembre de 2012

Álbum de postales de Tíscar.




No hay muchas imágenes de Quesada en la primera mitad del siglo XX. Ni de Quesada ni de ningún pueblo en general. Hasta el último tercio del siglo, la fotografía no se convirtió en una herramienta masiva y de uso corriente. Por eso tiene interés la existencia de un álbum de tarjetas postales dedicado a Tíscar. Está editado en la FOTOTIPIA HAUSER Y MENET, Ballesta 30, MADRID. Casa Establecida en 1890 y considerada como la mejor imprenta española en fototipia y famosa por sus postales.

 

El álbum se compone de 10 postales de 14 x 9 cm en blanco y negro. El anverso está dividido en dos por una línea vertical siguiendo la normativa de  postal implantada en 1905: izquierdo para la escritura y derecho para la dirección. Incluye además en la esquina superior izquierda una descripción de la ilustración. Estas descripciones dicen:

“1.- QUESADA: SALIDA PARA TISCAR. La carretera, de catorce kilómetros, que va de Quesada a Tíscar ofrece variados y hermosísimos panoramas. Al fondo, la sierra de Cazorla”


“2.- TISCAR: ATALAYA DEL PUERTO. Construida hacia 1300, lleva el escudo del infante don Enrique, hijo de Fernando III el Santo, que fue adelantado mayor de Andalucía”

“3.- TISCAR: VISTA DESDE EL NORTE. Colgado de la peña, entre la cañada de Tíscar y el valle de Belerda, el santuario se compone de una ermita y una casa-hospedería, lleva el escudo del infante  para los romeros. Entre las rocas más altas, el castillo”
 

“4.- TISCAR: VISTA POR EL MEDIODÍA. Al pie de la ingente Peña negra, el barrio de don Pedro. Al fondo, el cerro de Los Canjorros; y en el centro, el santuario y el castillo”
 

“5.- TISCAR: VALLE DE BELERDA. Delante del santuario se extiende la fértil hoya de Belerda, aldea de trescientos vecinos, anejo de Quesada, dividida en varios pequeños y pintorescos grupos de población”
 

“6.- TISCAR: CUEVA DE LOS ABADES. La roca caliza de estas sierras se hiende en grutas maravillosas, entre las que destacan la del Agua y esta de los Abades, aromadas de tradición”
 

“7.- TISCAR: LA PROCESION EN LA PLAZA. La romería de Tíscar se celebra el día 8 de septiembre, y a ella concurren miles de romeros que dejan pruebas de su fe en exvotos y limosnas”
 

“8.- TISCAR: EL CASTILLO VISTO DESDE LEVANTE. Lo que se conserva de esta fortaleza, celebrada por los autores musulmanes, es posterior a su conquista, en 1319, por el infante don Pedro”
 

“9.- TISCAR: INTERIOR DE LA ERMITA. La construcción, moderna, ocupa el lugar de otra gótico-mudéjar, de la que se conservan la portada y varios trozos de bellísimo alicatado granadino.”
 

“10.- TISCAR: TABLA EN EL CAMARÍN. Regalada a la Virgen por don Laureano Delgado esta pintura del siglo XVI es, después de la Sagrada Imagen, la joya del santuario”
 

 

Aunque en el álbum no hay referencia alguna, parece claro que el autor de las fotografías es Juan de Mata Carriazo y que están hechas, seguramente, en los años veinte. La autoría es evidente, algunas de las postales son las mismas fotografías que ilustran la segunda edición de la novela de Tíscar y allí si que está debidamente identificado el autor. Concretamente, las postales 1, 2, 3 y 4 se corresponden con las láminas 7, 11, 13 y 17 de la novela. Además, la postal 7 parece estar hecha al principio de la procesión recién salida la Virgen mientras que la lámina 14, que tiene la misma luz, color, etc, parece la misma procesión ya de vuelta. Respecto a la fecha es como poco anterior a 1945 cuando aparecen el la segunda edición de la novela. El formato, portada, dimensiones, etc, del álbum coincide con los habituales  de Hauser y Menet en el primer tercio del siglo XX. Dentro de este tercio, por edad del autor, yo las situaría en los años veinte. El coche y los personajes que aparecen en la lámina 12 de la novela así parecen corroborarlo.

 

Aunque no se hubiera podido establecer relación con las ilustraciones de la segunda edición de la Pedro Hidalgo los textos y descripciones de las postales, que tienen el toque erudito inconfundible del autor, la profusión de detalles históricos y artísticos además de la época,  en la que pocos o ninguno se identificaba con estas cosas, hubieran sido suficientes para atribuirle la autoría.

 

Todo el aroma tiene el aroma melancólico de otros tiempos. Esa carretera de Tíscar camino de la Cruz sin pinos y sin asfalto, las pendientes desnudas y sin repoblar a los pies del santuario, los tingladillos y puestos montados con mantones y palos junto a los muros de la iglesia, las sombrillas negras en la procesión para protegerse del sol de septiembre… Entre las singularidades de la colección de postales llama la atención la sustitución de la cueva del Agua por la cueva de los Abades y la inclusión de la pintura en tabla de una virgen (postal 10). Pero sin duda las postales más llamativas son la 7 y la 9. La primera es una vista de la plaza abarrotada durante la procesión. Todas las paredes están encaladas, los vanos de puertas y ventanas no tienen decoración alguna. No existía tampoco la puerta actual debajo del campanario. La segunda se corresponde con el interior de la iglesia. También paredes desnudas sin la piedra vista actual. Sencilla decoración del altar y camarín, donde falta, lógicamente, el retablo instalado en 1956.

 

Las tarjetas postales se difundieron y popularizaron a principios del siglo XX. No obstante siempre fueron propias de capitales de provincia y grandes poblaciones. Que exista este álbum, impreso además por la mejor y más famosa imprenta de fototipia de España, es sin duda otro pequeño privilegio que también le debe Quesada a Juan de Mata Carriazo.
Anverso de la postal 1
 

 

jueves, 26 de enero de 2012

ASPECTOS DE LA HISTORIA DE QUESADA (SS XIII—XVI)

VICENTE ORTIZ GARCIA.
 Madrid,1980-81





INTRODUCCION Y MARCO HISTORICO



La villa de Quesada se sitúa en el extremo S.E. de la provincia de Jaén. El Guadalquivir, que nace en el término, y el Guadiana Menor, que lo flanquea por el E. forman su tierra.  Está construido el pueblo en un valle en forma de saco rodeado totalmente de sierras excepto por el norte donde empalma con el Guadalquivir, enderezado ya hacia el mar Por este lado cierra el horizonte la Loma de Úbeda, con su hilera de pueblos que miran al río desde lo mas alto de la cuesta. Son pueblos y ciudades estrechamente relacionados con Quesada en su historia: Baeza, Úbeda, Torreperogil, Villacarrillo, Iznatoraf, Villanueva del Arzobispo... Hoy es sitio de olivar y campos de cereal, con huertas en los valles y en los bordes montañosos. Por la parte del Reino de Murcia confina con la Sierra de Cazorla y los campos de Castril y Huéscar, ya en Granada. La sierra es caliza, con pinares y monte. Hacia el sur, si buscamos el mar en Almería, la hoya de Baza y el río Almanzora A un lado de Baza queda Guadix y algo mas abajo Granada (1).

Como todo el obispado de Jaén es lugar de paso y contacto, encrucijada entre la Alta y Baja Andalucía, Murcia y el Reino de Toledo. Durante más de doscientos cincuenta años será frontera y puerto entre Castilla y Granada, como lo será después entre el obispado de Jaén y la Granada castellana. Para J.M. Carriazo, la frontera “es el rasgo distintivo de su historia, el que imprime carácter”(2).

La biografía conocida de Quesada empieza con la conquista. De tiempos anteriores sólo quedan noticias sueltas (3). Se conservan restos materiales como la cámara sepulcral de Toya o la villa bajo imperial de Bruñel (4). En el casco urbano una lápida funeraria romana colocada en la jamba derecha del llamado Arco de los Santos, puerta gótica del recinto exterior.

Hay vestigios de época goda corno la Estela Discoidea de Quesada, estudiada por J. M. Carriazo a principios de los años treinta y hoy conservada en el Museo Provincial de Jaén. De la etapa musulmana poco se sabe que no sean las noticias que el geógrafo ceutí  Idrisi da para el siglo XI (5).

Dejando de lado la problemática e insegura conquista de Alfonso VII, el primer contacto de Quesada con los cristianos del norte data de 1224 en que Fernando III ataca y toma la villa. Poco después, en 1231, el rey concede el lugar y las aldeas circundantes al arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada, con el encargo de conquistarla y poblarla, lo que hace ese mismo año. Se inicia así la historia cristiana de Quesada (6). La donación de la villa a Toledo sienta las bases de lo que luego será uno de los más importantes señoríos eclesiásticos de Andalucía: el Adelantamiento de Cazorla. Quesada en 1331 pasa a ser realengo pero a efectos eclesiásticos dependió de Toledo hasta 1954.

Entre la conquista y la donación a Úbeda pasan cien años. Son cien años bastante oscuros de los que quedan pocas noticias firmes. Llegar a conocer aspectos fundamentales como quién y cómo vive en la villa es una tarea difícil.

Desde el primer momento los nuevos dominios de la sede toledana se organizan en torno a Quesada, a cuyo concejo don Rodrigo otorgó la iniciativa militar en sus posesiones de este lado del Guadalquivir (7). La situación se mantendrá hasta la secesión del señorío de Toledo en 1331, después de los azarosos años del cambio de siglo en los que Quesada es perdida y recuperada varias veces.

Esta preponderancia no es algo nuevo sino que se remonta a los años anteriores a la conquista, como se puede comprobar en los textos de Idrisi. Cuando don Rodrigo toma estas tierras el lugar más relevante es Quesada junto con Toya. Esta última entra después de 1331 en una larga y definitiva decadencia. Cazorla no es otra cosa que uno más de los castillos tomados a raíz de la conquista de Quesada (8).

En 1295, tras la muerte de Sancho IV, los granadinos toman la plaza, que es dada a gentes de Alhama. Poco después de su recuperación, con toda probabilidad por el infante don Enrique o por gente suya, en 1302 Mohamed III la vuelve a tomar mediante una hábil estratagema, siendo definitivamente recuperada por Fernando IV en 1310 a raíz del acuerdo de Algeciras.

A efectos de su mejor defensa y organizaci6n, será donada a Úbeda en 1331, como queda dicho arriba. Mientras tanto en 1319, el infante don Pedro toma la fortaleza de Tíscar incrustada desde los tiempos de don Rodrigo en las tierras conquistadas. La dependencia de Úbeda se mantendrá hasta 1564 dando lugar a numerosos conflictos y tensiones que marcan la vida de Quesada en los siglos XV y XVI (9)). Estos siglos además de plantear los problemas con Úbeda, son una sucesión de incidentes y episodios fronterizos violentos. Las quejas del concejo de Quesada por las muertes, destrozos y daños que cusan los moros en su término son continuas y a menudo dramáticas. Se suelen pedir y obtener exenciones fiscales con este motivo. También se permite, por ejemplo, romper treguas unilateralmente.  Es el caso de Enrique II, que en 1395 autoriza al alcaide de Quesada a realizar actos de represalia a los moros si no reciben resarcimiento conforme a derecho del alcaide de donde fueran los moros culpables, tomando lo equivalente a lo robado o matando un moro por cristiano muerto (l0).

No solo se producen escaramuzas como a las que parece referirse la carta anterior. La ruptura general de hostilidades en toda la frontera, da lugar a graves enfrentamientos como el de 1361 cuando el Adelantado Mayor de Andalucía, Enrique Enríquez y el maestre de Calatrava, interceptan las huestes granadinas cerca de Huesa, junto al Guadiana Menor. En 1461 los moros queman el arrabal de Quesada (11), obligando a que Enrique IV conceda durante diez años el montante de sus alcabalas, pechos y derechos en la villa para reparar sus defensas (12).

Quesada escribirá el último capítulo de su guerra fronteriza durante el cerco de Baza, cuando sirve como base de aprovisionamiento y apoyo al ejército cercador (13).

Conquistada  Granada, en septiembre de 1492 los Reyes Católicos suprimen la alcaidía que ya no tiene razón de ser (14). El siglo XVI, desaparecidos los problemas guerreros, es tiempo de expansión demográfica y agrícola general en toda Andalucía. Sólo despu6s de ochenta años, en 1569, los viejos problemas se volverían a suscitar con la revuelta morisca, que lleva otra vez, aunque por poco tiempo, las luchas y la guerra a las puertas de Quesada. Las acciones de los moriscos llevarían de nuevo a la realidad los relatos heroicos de la antigua frontera, alguno de los cuales se ha conservado vivo hasta hoy en la memoria popular (16).

La frontera marca la vida de Quesada. Los siglos bajomedievales ofrecen a los quesadeños una vida extraordinariamente dura. Además de las difíciles condiciones campesinas de la época, los pobladores de la villa debían defender su tierra a lanzadas, como se recuerda todavía en un documento de 1572 (17). A menudo ven sus cosechas arrasadas, sus ganados robados, y sus casas quemadas. No cabe ver a nuestros vecinos como una comunidad de labradores guerreros a imagen de los tipos caballerescos propios de los romances fronterizos. Quesada no es  un castillo poblado por guerreros. Los pobladores de Quesada son mas bien un grupo de campesinos que arrastran una vida miserable en la que abundan las situaciones límite. Son un escudo humano “puesto” delante de las ciudades de Úbeda y Baeza y de la retaguardia cristiana. Con su presencia física cortan el paso a las algaradas granadinas y mantienen un lugar desde donde los señores de la guerra hacen sus entradas en tierras del moro.

La vida de la frontera tiene una gran diversidad de matices no pudiendo concebirse únicamente como una continua escaramuza y enfrentamiento armado (18). La vecindad da lugar a frecuentes contactos y situaciones ambiguas. Los tornadizos, por ejemplo, personas que cambian de bando, no debieron ser algo excepcional. J.M. Carriazo recoge diversos casos como el de un tal Antonio de Valencia, moro marroquí bautizado en la plaza por  el alcaide de Quesada (19), o Ruy Díaz, también tornadizo, que en 1434 colabora como experto conocedor del terreno en la toma de Huéscar por don Rodrigo Manrique, padre de Jorge Manrique (20).

Los intercambios comerciales tampoco debieron de ser escasos. Ya en 1234 el papa Gregorio IX, por mediación de Jiménez de Rada, autoriza a los vecinos de Quesada a comerciar con los moros “pro vite necesariis” (21).



QUESADA, SEÑORIO DE LA CIUDAD DE ÚBEDA.



Junto al carácter fronterizo e íntimamente ligado a él, el señorío de Úbeda se muestra como un factor explicativo de fuerza inigualable en el nacimiento de la comunidad quesadeña. Contra interpretaciones ahistóricas no es una relación que se pueda equiparar al esquema actual ayuntamientos pedanías. Quesada no es ni un barrio ni una dependencia administrativa de Úbeda sino que por el contrario en todo momento tiene una entidad propia. La villa de Quesada es un dependiente del concejo ubetense. La villa y su término son su dominio y la ciudad de Úbeda es titular y administradora de la propiedad señorial. Ajustándose al modelo ideológico preponderante en el momento, la relación existente entre el concejo de Úbeda y la villa de Quesada es una relación entre señor y dependiente, una relación feudal. No existe un señor individualizado que ejerza el dominio, ni tampoco los vecinos de Úbeda poseen ningún tipo de derecho de carácter personal e individual. El titular de la donación real y por lo tanto titular de los derechos señoriales, es la ciudad de Úbeda organizada en concejo y los derechos de las gentes les vienen en su calidad de vecinos de Úbeda “entidad propietaria”. No obstante al ejercer el concejo los derechos de señorío, los ejercen realmente los oficiales de dicho concejo y por supuesto en último extremo, aquellas personas o linajes que dominan directa o indirectamente el concejo. Sería así una especie de señorío por “acciones”, traduciéndose estas en cantidad de influencia y capacidad de control sobre el concejo. Los vecinos de Quesada reciben una serie de heredades reservándose Úbeda la propiedad eminente no de estas heredades en particular, sino de la villa y término en su conjunto. La condición jurídica es la de hombres libres pero tienen una serie de limitaciones en la organización colectiva de su vida política y económica y cargan con una serie de obligaciones y rentas. Sufren así una serie de mediatizaciones en beneficio del señor y sin merma del señorío supremo que el rey ejerce sobre toda tierra de realengo, como es el caso de Úbeda y Quesada. Muy ilustrativas son a este respecto las noticias de un erudito del siglo XVI, Gonzalo Argote de Molina cuya obra “Nobleza del Andalucía” es una fuente básica para la historia del Alto Guadalquivir (22). Argote al tratar de Quesada hace especial referencia a su alcaide. De él dice que era elegido de dos en dos años por el concejo de Úbeda entre caballeros hidalgos de la ciudad. Detalla prolijamente sus obligaciones: acoger al rey o al concejo de Úbeda, obedecerlo y atenderlo, etc. El alcaide es la autoridad militar del lugar, controla el alcázar en el que ejerce su jurisdicción más estricta y representa y defiende los intereses de Úbeda.  Lo más sustancioso se contiene en el capítulo LXV. Se refiere a la relación entre el alcaide y los vecinos: cuando es elegido el alcaide y toma posesión, recibe homenaje del concejo y vecinos de Quesada, en reconocimiento de la jurisdicción de Úbeda. Los vecinos se comprometen a ayudarle a guardar y defender la fortaleza, a no conspirar ni oponerse al señorío de Úbeda, su fuero o usos y costumbres “en dicho, ni en hecho nin en consejo”. En caso de insubordinación del alcaide acatarán y cumplirán las órdenes directas de Úbeda. Obedecerán la justicia de la ciudad y se someterán a su fuero “Otrosí que guardarán el Señorío que Vbeda ha en el dicho lugar, en quanto pudieren, y de fuero y de derecho lo deben fazer. E si lo que Dios no quiera, fueren, o pasaren o quebrantaren cualquier destas cosas, que sean por ello traydores”. El homenaje ha de hacerse en concejo abierto por todos los hombres y mujeres, vecinos y moradores, de forma individualizada. El alcaide “so cargo del pleyto omenage que a Vbeda fizo” promete a los vecinos ser alcalde derechero y acogerlos en el castillo en caso de peligro.

El señorío, a pesar de los juramentos no es aceptado de buen grado. Tanto la dinámica interna quesadeña cono la rapacidad de Úbeda y las constantes banderías entre los linajes caballerescos conducen a una serie de enfrentamientos que adquieren en muchos casos el clásico aspecto de las resistencias antiseñoriales bajomedievales. No parece que en Quesada el camino hacia la exención culminado en 1564 sea unánimemente apoyado por todos los sectores, al menos de las fuerzas vivas. Tampoco los bandos de Úbeda actúan conjuntamente para mantener el señorío. El concejo de Quesada, o sus sectores más “independentistas” recurren regularmente ante el poder real alegando su importancia estratégica. Úbeda emplea directamente la fuerza, se apoya en sectores de la caballería quesadeña y en último extremo presiona al poder real alegando, en tiempos tan inestables, su propia fuerza y potencia. En esta historia la suerte acompaña a los contendientes de forma desigual y discontinua. El concejo quesadeño sólo consigue su objetivo aprovechándose de la política filipina de sacar dinero de cualquier parte vendiendo lo que fuera y así consigue la exención entregando al rey 7.500 mrs. por vecino (9.472.500 maravedíes en total) (24).

El siglo XIV es a este respecto una época tranquila. La debilidad endémica de Quesada conllevaría la ausencia de problemas absorbidos todos los esfuerzos por el problema que plantea la frontera. Así, en 1389, Úbeda cede a Quesada la tenencia de unas salinas cerca de Lacra para que se abastezcan los vecinos o las arrienden y con sus rentas pongan “guardas z escuchas z atalayas contra tierra de los moros” (25).

El fortalecimiento de la situación local y la aparición de una incipiente oligarquía lugareña durante el siglo XV, abriría el camino de los enfrentamientos. En 1415, por ejemplo, se pleitea sobre el pago de portazgo en Úbeda por los vecinos de Quesada, que venden allí sus excedentes y compran diversas manufacturas como paños y calzado (26). Los últimos años del reinado de Juan II también han dejado noticia de fuertes disputas. Estas son conocidas por las disposiciones sobre las mismas del futuro Enrique IV, infante de Jaén desde l.444.Entre los agravios más repetidos en las quejas quesadeñas están los referidos a los que producen los ganados de Úbeda. Una carta del infante don Enrique, fechada en 1.450 (27) se refiere a que durante las treguas fronterizas que aminoraban la peligrosidad de las tierras avanzadas, los caballeros de Úbeda hacían pastar sus ganados en los campos de Quesada sin respetar los cultivos y causando por esto gran daño. En 1.453 el infante vuelve sobre el tema prohibiendo que los ganados irrumpan en las tierras cultivadas. El caso es que ante la persistencia en la misma actitud por parte de los poderosos de Úbeda, los reyes católicos tienen que tratar de nuevo la cuestión en 1.495. A lo que se ve los ricos hombres de la ciudad desoían todo tipo de comunicaciones regias y se muestran interesados en mantener abundantes extensiones de tierra dedicadas a pastos para poder así alimentar la numerosa cabaña que poseen. La subsistencia de sus ganados pasa por encima de las heredades quesadeñas. El fin de la guerra de Granada ofrece la posibilidad de roturar tierras antes conflictivas y los regidores de Úbeda boicotean estas roturaciones que los de Quesada realizan junto al Guadiana Menor (28). El avasallamiento y la intriga también están presentes en esta lucha antifeudal y es de suponer que en la historia cotidiana de los campesinos de Quesada no tuviera un carácter anecdótico sino permanente y odioso. En 1.453, don Enrique interviene personalmente para que se libere a dos mensajeros quesadeños enviados a Úbeda para tratar ciertos asuntos. Allí un alcalde de la ciudad, tras prenderlos, había amenazado al escribano que atendía el caso para que no diese fe de ello (29). Múltiples son los desafueros y agresiones que comete “el señor”. Terminada la guerra de Granada, Úbeda intenta obviar los privilegios y exenciones que los vecinos de Quesada habían logrado acumular por medio de gestiones directas ante el poder real. Alegaban los de Úbeda que los privilegios y mercedes se habían concedido con  motivo de la guerra de Granada y que una vez finalizada esta  no tenían razón de ser. De las quejas de los perjudicados se deduce que los oficiales de la ciudad no esperan a que sean de rogados sino que actúan como si nunca hubieran existido. Ante esta nueva ofensiva, el concejo de Quesada responde una vez más con el recurso directo a la monarquía, aunque llegado el caso, no duda en recurrir a la falsificación de diplomas. Es el caso de una carta de los Reyes Católicos dada (pretendidamente) en Santa Fe a 15 de marzo de  1492. Es el documento número 59 de la “Colección Diplomática de Quesada”. La carta trata únicamente de la confirmación de un privilegio de Enrique III fechado en 1394 que culmina una larga serie en los que se exime a los vecinos de Quesada de toda clase de pechos y tributos. Una detallada comparación con otros documentos del mismo año (30) muestra con claridad su inautenticidad. Es difícil que en dos ocasiones a los pocos meses de la hipotética expedición del anterior, la cancillería real no recordase ten importante disposición confeccionada por la propia cancillería y sobre el mismo tema. Mas curiosa es aún que el personero de Quesada recopilando argumentos con que defender su posición en el tema, en ese mismo año, “renunciara” a utilizar un privilegio que aún estaría fresco en sus manos y que cerraría la cuestión a su favor. Debe de haber sido hecha la carta con motivo de la continuación de la polémica, bastantes años después, y con toda probabilidad antes de la exención de 1564. Vemos así como la disputa es dura y prolongada no cediendo hasta que no cesan los derechos de Úbeda en Quesada. Las intromisiones de la autoridad señorial son continuadas y afectan a todos los campos, desde el control del gasto de las rentas de propios a la selección de caballos garañones, motivo por el que en 1553 el corregidor de Úbeda prende a dos regidores y a los alcaldes ordinarios de Quesada. Siempre aparece como trasfondo la dependencia de Quesada y el hecho de que esté establecido el concejo en tierra del señorío de Úbeda. Úbeda no gobierna Quesada sino que es su propietaria y obtiene de ella ingresos y rentas usando la villa y disponiendo de ella, como propia que es, en beneficio exclusivo de sus intereses. Es un señorío de realengo.



LA PROVISION DE LAS MAGISTRATURAS MUNICIPALES



En la vida institucional y política quesadeña y en la historia del señorío que Úbeda había sobre ella, es un punto principal la provisión de las magistraturas municipales. Enlaza además el tema con la estructura social del lugar, a tratar más adelante, y más concretamente con los caballeros de cuantía, monopolizadores de los órganos de gobierno de la comunidad. Su origen es en principio militar, y como institución aparece para  aumentar los efectivo de la caballería que combate con una dotación económica regia. En las cortes de Alcalá de 1.348 se generaliza a todo el reino la obligación de mantener un caballo para todos aquellos que alcanzasen un determinado nivel de renta o cuantía de bienes, una vez que se hubiera descontado el valor de la casa que habitasen. Se les otorga además una serie de privilegios y ventajas sociales y se les reserva en exclusiva el acceso a las magistraturas municipales. Las cortes de 1.619 suprimen la figura del cuantioso (31). La trascendencia histórica de este grupo no viene de sus orígenes militares, que muy pronto caen en una profunda decadencia y desuso. Constituyen oligarquías urbanas, especialmente en los núcleos de menor entidad, usando la fuerza económica y sus privilegios políticos que mantienen y aumentan. También en Quesada tienen el monopolio de las magistraturas, que a causa de la mediatización que produce el señorío de Úbeda no son proveídas por los métodos tradicionales sino que lo son por el concejo de Úbeda entre los caballeros quesadeños. En un principio y aunque luego accedan a ella, los cuantiosos no pertenecen a la nobleza de sangre. Su origen estaría entre los campesinos de los repartimientos. La dificultad consiste en identificar el proceso por el que una serie de individuos se enriquecen y se diferencian de la masa. Quizá haya que ponerlo en relación con la presencia militar caballeresca del alcaide y su comitiva. Es posible que algunas personas se relacionaran con los hidalgos ubetenses que se beneficiaban de cargos militares en el alcázar de la villa. De alguna manera conectarían con los profesionales de la guerra fronteriza y con los ingresos económicos (botín, rescates, mercedes reales...) que esta facilitaba. En la toma de Huéscar colaboran con don Jorge Manrique tres adalides de Quesada (32). Por otro lado la dedicación a la guerra requeriría previamente su liberación del trabajo agrícola.

Sea como fuere la pequeña oligarquía local intenta desde épocas tempranas garantizar su control económico y social de la villa obteniendo el control político. Por una carta de Enrique IV fechada en 1.454 (“Colecc... doc.46) se sabe que habían echado suertes para repartirse los oficios concejiles. El rey los conmina a que sea Úbeda, como es uso y costumbre, quien designe anualmente a los oficiales. Hay referencias desde fines del siglo XV de que un sector de caballeros de Quesada actúa estrechamente unido a Úbeda o a alguno de sus bandos. En 1493 los Reyes Católicos acusan a Jorge de Carrión, personero de Quesada, de actuar por cuenta de “çiertos regidores desa dicha çibdad” (Úbeda) (33). Este mismo personaje siete años más tarde denuncia a los reyes que otros caballeros de Quesada, administradores de las rentas de propios del concejo, se quedan con ellas obligando de esta forma al municipio a recurrir a los préstamos cuando surgía alguna contingencia y que todo esto sucedía porque a causa de diversos contratiempos el concejo ubetense no había podido fiscalizar las cuentas (34). Exenta la villa estalla con fuerza la pugna por el poder entre dos bandos caballerescos.  En un pleito sentenciado por la Chancillería de Granada en 1.567 (35) un grupo de caballeros acusa a los alcaldes ordinarios de haber realizado la provisi6n de magistraturas municipales en plena noche, casi sin publicidad y de malas maneras. El procurador de los alcaldes replica que el acto se había realizado conforme a derecho y que no se habían sorteado las varas de alcalde para evitar que recayeran en algunos que las pretendían y que “tenían muchos devdos en la çibdad de Úbeda” y que no convenía que se nombrase a esta gente para los oficios y menos para alcaldes por temor a “que favoreçiesen las cosas de la dicha  çibdad como algunas vezes lo avían fecho”. Los problemas continuaron y en 1.587 Felipe II nombra un juez ejecutor para que presida las elecciones en vista de la tensión reinante y de las graves diferencias que se esperaban (36).

La aparición de este sector proseñorial coincide con el fin de la guerra de Granada y con la expansi6n agrícola y demográfica de la villa. Se roturan grandes extensiones de tierras baldías que son acaparadas por algunos. Quizá se pudiera interpretar este sector de caballeros antesdicho como un grupo no excesivamente beneficiado por la extensión de las tierras de cultivo y empobrecido por el final de la economía guerrera de botín. Su única solución para mantenerse en el poder sería aliarse con el señor y ser su mano ejecutora. Por contra se podría ver en el sector más “independentista” a la gente más beneficiada por el mencionado aumento de las tierras y que tras su rápido enriquecimiento aspirarían a aumentar su poder tras liberar a la villa del poder señorial. Podrían ser o no los mismos caballeros de la centuria anterior o ser en todo o en parte nuevos en los círculos dominantes.



ASPECTO DE LA VILLA



La villa de Quesada se asienta en un terreno quebrado flanqueado por el río de la Vega. Tras la conquista y hasta fines del siglo XV se organiza en tres focos principales. El alcázar, recinto amurallado en el que en la actualidad se levanta la iglesia parroquial. Entonces era el lugar de refugio de los vecinos y residencia del alcaide y su comitiva militar. Desde él se controla la villa y su tierra y se impone y defiende el señorío. Hacia el sur y a los pies del alcázar se sitúa el arrabal, vertebrado por la calle de Adentro. No se amuralla hasta la segunda mitad del XV como consecuencia del incendio y saqueo que sufre a manos de los granadinos. A los baluartes del Arrabal pertenecen los arcos de los Santos y de la Manquita de Utrera, únicos conservados hoy. El tercer núcleo está constituido por el Albaicín. Está documentado para  época musulmana por Torres Balbás (37). Terminada la guerra de Granada se edifica el barrio de las Cuestas, que desde entonces concentra la vida de la localidad. En él se instalarán la casa consistorial, el convento de dominicos (desaparecidos los dos) y la mayor parte de los habitantes. En 1.570, durante la guerra de la Alpujarra la vigilancia de la villa se costea por tercios basándose en estas cuatro zonas: “Y questa escolta se haga con çiento y çincuenta ynfantes y con doze de caballo, y se le pague lo que hasta aquí, y se rreparta como está traçado por los terçios del lugar, desta manera: el Alcaçar y el Çinto y calle de Dentro y su remaniente vna semana, y el Alvayzín otra semana y las Cuestas otra semana (38). En esa época ya no existía alcaidía y la función del alcázar se había desnaturalizado, razón por la que se le asimila al Arrabal.

Alrededor del pueblo formando un círculo de dos o tres kilómetros de radio se dispone el ruedo, como es normal en toda Andalucía. En los textos locales se le llama Heredamiento o  Sitio de Viñas y Olivar. Allí las parcelas son pequeñas, abundan las huertas, olivares, viñas y campos de cereal. Es la zona repartida entre los primeros pobladores y la más intensamente cultivada, A principios del siglo XX todavía concentraba la mayor parte de las viñas y olivares del pueblo (39).

Sobre el trasrruedo, que abarca el resto del término, es mucho más difícil decir algo y lo que se diga hay que tomarlo con precaución. Su situación y población después de la conquista es extremadamente oscura. De haber existido población mudéjar se localizaría aquí. Está, formado por las tierras de vagos y baldíos y por los pastos. Protagoniza la expansión agrícola de fines del XV especialmente en las zonas de Lacra y Guadiana. La población se concentra en pequeños núcleos y cortijadas que dan lugar con el tiempo a pueblos y aldeas: Huesa, El Pozo, Ceal, Cuenca...



POBLACIÓN



Sobre la población hay datos desde el siglo XVI conservándose sólo algunas vagas referencias anteriores. En 1.394 en un privilegio de Enrique III se dice: “que así por esto como por estar el dicho logar mal poblado e toda la mayor parte caydo...”(40). En 1.525 en una cédula de Carlos V se da la cifra de 600 vecinos (41). En 1.564 los vecinos parecen ser 1263, dato obtenido al dividir 9.472.500 mrs. pagados por el servicio de exención entre 7.500 mrs., cantidad fijada como pago de cada vecino. En 1752 el catastro del Marqués de la Ensenada da 1.517 vecinos, 643 en el casco y 874 en el término. El Diccionario de Madoz para 1.849,1.148 vecinos y 4.503 almas (42). En estas dos últimas cifras hay que tener en cuenta la separación de parte del término (Larva, Huesa, Hinojares, El Pozo). Prescindiendo de los datos concretos, interesa observar el aumento de población en el siglo XVI y el posterior estancamiento.



CONQUISTA Y POBLAMlENTO DE LA VILLA



Jiménez de Rada se apodera de Quesada sólo tres meses después de que Fernando III se la donase y le encomendase su conquista. El propio arzobispo dice en su crónica: “Sed Rodericus Archiepiscopus, evolutis a donatione tribus mensibus, exercito congregato, ivit contra Caseatam cum multitudine armatorum, et expulsis Mauris qui ruinas oppidi reparabant, illud retinuit”(43). La “Primera Crónica General se limita a traducir al de Toledo (44).

La conquista suscita corno primera cuestión la expulsión o no expulsión de la población autóctona y su sustitución por nuevos pobladores norteños. No carece de interés la interrogación pues de sus distintas contestaciones se seguirán distintas interpretaciones históricas. La pregunta-respuesta se ve contaminada por los posibles paralelismos entre las opciones históricas y las opciones políticas actuales. En el caso concreto de Quesada los datos son escasos, imposibilitando una respuesta firme. Sólo se podrá realizar una pequeña aproximación a través de caminos indirectos: toponimia, tradición técnica, cultural... Cuando se habla de este tema se está discutiendo sobre el origen y nacimiento de Andalucía. Las opiniones son diversas y variadas. Los profesores Ladero Quesada y  González Jiménez, por ejemplo, defienden una expulsión general de la población autóctona tras la revuelta mudéjar de 1264 y la castellanización total y absoluta del valle del Guadalquivir (45). Aunque creo que Andalucía es heredera en gran parte de Castilla y León y que su propia identidad no viene de un sustrato morisco, al menos más que en otras tierras peninsulares, es obvio que la hipótesis de la expulsión plantea enormes problemas historiográficos y haría de Andalucía un gran enigma histórico como quiere Sanchez Albornoz para toda España.

En el caso específico de Quesada la ausencia total de datos hace necesario por el momento un prudente silencio. Sólo he encontrado dos menciones claras y terminantes de moriscos quesadeños: en las actas capitulares de 23 de febrero de 1.571 (46) -se solicita que se expulse del pueblo a los moriscos- y una cita de Caro Baroja de una obra del siglo XVI que contiene un relato de las intrigas de un alférez vuelto de Flandes y los  moriscos de Quesada (47). Si la segunda por su propio carácter literario es insegura, ambas carecen en principio de valor probatorio para los años anteriores a la expulsión subsiguiente a la guerra de la Alpujarra ya que son de fecha posterior y no aclaran si son moriscos autóctonos o desterrados granadinos.

El siglo XIII es un siglo de guerra y peligro militar continuo. El ordenamiento político tradicional se ha derrumbado. En los primeros decenios cristianos hay una ocupación y administración de carácter puramente militar y provisional. Al no estar estabilizada la frontera su movilidad sería grande, limitando los asentamientos de nuevos pobladores. Es de suponer que los primeros pobladores cristianos se contaran entre los vasallos de Jiménez de Rada. El territorio se organizaría en torno al recinto amurallado de Quesada y a distintos torreones y puntos fuertes. Por un documento de donación de 1.246 se sabe que un tercio de la tierra conquistada quedaba para el arzobispo. Se harían así dos partes: una bajo control directo señorial, otra repartida en lotes entre los dependientes arzobispales. Son la “nuestra serna” y “el nuestro pago” que dice el arzobispo en el doc. 10. Nada dicen las fuentes sobre las condiciones y situación concreta de esta reserva dominical. Por comparación con las formas de asentamiento en el resto del valle del Guadalquivir y por la existencia en Quesada del clásico ruedo, hay que suponer que los nuevos pobladores se asientan al abrigo de los muros del alcázar y que las tierras que se les reparten son las del llamado Sitio de Viñas y Olivar o Heredamiento de Quesada. Esta última denominación también se mueve en la línea del conocido esquema que deja a las heredades o lotes de tierra distribuidos por reparto entorno al núcleo de población y localiza en el espacio externo, trasrruedo, los donadíos o tierras concedidas individualmente. Si admitimos que el Sitio es el ruedo, constituido por las heredades repartidas, todos los donadíos concedidos en Quesada se localizan en el trasrruedo. Este esquema se mantiene no sólo en el segundo repartimiento sino que se respeta todavía en las donaciones de tierras efectuadas por doña Juana.

Respecto al espacio exterior o trasrruedo las noticias son prácticamente inexistentes. La gran extensión del término, la abundancia de aldeas casi aisladas, la fragosidad del terreno... dan pie para imaginar una situación distinta de la que existe en la villa propiamente dicha. Es lógico imaginar tierras, especialmente en la Sierra que hace de frontera, donde el control de unos y otros sería bastante débil, zonas ambiguas donde quizás no llegó la repoblaci6n, por lo menos en la misma medida  que lo hizo en el pueblo. Sólo quedan del trasrruedo algunas menciones a donaciones de tierras y tenencias de puntos militares fronterizos. Es el caso del doc. 4 de la “Colección Diplomática de Quesada” en el cual don Rodrigo concede el castillo de “Torres de Allettún” a Martín López, “nuestro vasallo”, por un tiempo de tres años, recibiendo el tenente como paga una cantidad en moneda y otra en cereal, aclarando “que si los moros le dieran alguna cosa de los derechos del pan que a nos han a dar” que se le descuente de las cantidades anteriores. La mención a los moros no es muy significativa ya que si el castillo en cuestión fuera Torres de Alicún, sería una posesión temporal del arzobispo recuperada tempranamente por los granadinos, aunque también ilustra como la ocupación militar no implica la expulsión de la población.

De todas formas la repoblación, que nunca debió de ser muy exitosa, se ve truncada en 1295 a causa de la toma de la villa por los moros. Pasarán quince años antes de que se restablezca la situación. Tan largo paréntesis supuso un grave trastorno para el poblamiento del lugar como lo demuestra la necesidad de promover un nuevo repartimiento en 1331. El grueso de los datos sobre este segundo repartimiento se contiene en un privilegio dado en Sevilla por Alfonso XI a 22 de enero de 1331 (doc. 21). Ese mismo año en la ciudad beneficiaria estalla una grave revuelta que se podría interpretar como posibles diferencias de opinión entre pueblo llano y caballeros con motivo de la distribución de bienes y tierras que suponía el repartimiento. En ese año según Argote de Molina, Juan Núñez Arquero “llamándose aprovechador de Úbeda, y siendo caudillo del Común de ella, echó a todos los caballeros, escuderos y gente noble fuera, y por fuerza de armas se apoderó de la ciudad” (47).

El mencionado privilegio dispone que el concejo de Úbeda reparta a los nuevos pobladores todo lo que haya en la villa. La condición necesaria para beneficiarse de un lote de bienes es pasar a tener en Quesada el domicilio habitual. Uno de los primeros problemas que se plantea se origina con los derechos remanentes del primer repartimiento. A los que hayan mantenido habitación se le respetan los quiñones obtenidos antes de 1.295 por reparto, compra o cualquier otro medio. No se respetan los donadíos concedidos anteriormente. Los que tengan derecho a los primeros quiñones y quisieran abandonarlos para entrar en el reparto en igualdad de condiciones con los nuevos pobladores, pueden hacerlo. La primera partición queda sin efecto. Respecto a la administración de justicia, Quesada pasa a regirse por el fuero de Úbeda, donde los quesadeños irán a juicio, salvo lo que el concejo de la ciudad decida que resuelvan sus oficiales en Quesada. En último extremo los recursos serían vistos por los alcaldes de Úbeda. Durante doscientos años se concede a los vecinos exención de impuestos reales, inmunidad por homicidio -salvo alevosía o traición- y prohibición de embargo por deudas. También se autoriza al nuevo concejo a percibir la séptima parte del botín de las cabalgadas en tierras de moros que arriben a Quesada y dos cabezas de ganado por mil en concepto de montazgo. Finalmente para mantenimiento del alcaide se destinan las rentas producidas por el monopolio de los hornos de pan y una fanega por cada veinte a pagar por las tierras de vagos.



ORDENANZAS MUNICIPALES



Las Ordenanzas Municipales de Quesada de los siglos XV y XVI se conservan en un cuaderno del Archivo Municipal bajo el título: “Reales Ordenanzas del gobierno de esta villa de Quesada desde el año 1.444 hasta 1.546”. Están publicadas por ].M. Carriazo en la “Colección Diplomática de Quesada” y llevan como apéndice la “Concordia entre Quesada, Cazorla y Úbeda” de 1.503. En la misma colección se publican documentos sueltos referidos a diversas ordenanzas. Las contenidas en el cuaderno antes mencionado no están fechadas en su mayoría, por lo que se deben referir en principio al marco general dado en el título: segunda mitad del XV y primera del XVI Las contenidas en documentos sueltos si están fechadas, siendo su data posterior a la exención con la única salvedad de la de tierras comunales, fechada en 1.531.

Las ordenanzas municipales ofrecen una visión aproximada aunque con algunas lagunas fundamentales, de la vida quesadeña en el tránsito a lo que se ha dado en llamar “Edad Moderna”. Muestran las ordenanzas a una pequeña comunidad rural que vive y trabaja a los pies del alcázar dominante y vigilante. Aparte de la explotación intensiva del ruedo, la inmensa mayoría del término está ocupado por pastos, montes y baldíos. Pequeñas y aisladas cortijadas mantienen su enigmática organización y origen. Algunas como Ceal o Lacra son tanto o más antiguas que Quesada.

Las actividades económicas de Quesada son la ganadería y la agricultura. Como decía antes, la mayor parte del término se dedica a la explotación ganadera y del monte. Hay pocas ordenanzas que se refieran específicamente al aprovechamiento económico de los montes. La ordenanza de la caza (nº 28) establece un periodo de veda desde carnaval a S. Juan. Se caza con perros, lazos y redes. Aparte de esta ordenanza las referidas a los ganados establecen diversos lugares de pastos en los distintos montes según la época del año. No hay menciones a la extracción de madera ni a su manufactura, capítulo en el que Quesada era célebre en el siglo XII al decir de Idrisi. No obstante lo anterior, el aprovechamiento forestal ha sido hasta tiempos recientes una importante fuente de ingresos para el pueblo. Así perviven numerosos topónimos originados por diversas actividades: Carboneras, Pegueros de Gualay, etc. La situación fronteriza de la Sierra, separando a Quesada de los pueblos granadinos de Castril y Huéscar, la propia naturaleza del terreno y la existencia de topónimos menores como el anterior Gualay (Guadalahe o Quadalahe en el XVI), tan poco castellanos, invitan a pensar que esta zona jugó un papel de poro fronterizo, quizás tierra de nadie y por lo mismo de íntimo contacto.

La ganadería quesadeña tuvo dos problemas fundamentales: el pillaje y la competencia con Úbeda, que como señor se reserva la primacía en el aprovechamiento de pastos. Uno y otro cesan en 1489 y 1564 respectivamente. Roces de consideración también debía de haberlos con Cazorla obligando a entablar negociaciones. Los encuentros tienen lugar durante el otoño de 1503 en el lugar donde los de Quesada y Cazorla “acostumbran juntar en juntas”. Fruto de las reuniones es una concordia (ordenanza nº 56) en la que se fijan las sanciones para los ganados que sean “tomados” en término ajeno y las distintas excepciones. Los incidentes de la guerra ganadera, tanto con Úbeda como con Cazorla, están siempre protagonizados por caballeros que suelen ser además oficiales municipales (regidores, alcaldes de acequias, caballeros de la sierra etc.) Se constata así como desde los siglos XV y XVI la diferenciación de la primitiva comunidad campesina “fabricada” en 1.331, está lo suficientemente desarrollada como para que existan grandes rebaños (a escala local) propiedad de caballeros de la villa, guardados a su vez por “rebaños” de mozos y criados.

Los grandes rebaños se desplazan desde la otra orilla del Guadiana, pastos invierno-primavera, hasta la sierra, verano-otoño. Así, la ordenanza de la Sierra (nº 57) dispone que no se entre en ella hasta primeros de junio para que se desarrollen los pastos en la primavera y se puedan aprovechar durante el estiaje. (Ver mapa II)

El uso y aprovechamiento de las dehesas está reglamentado por dos ordenanzas (nº 5 y doc. 142). Se reservan al ganado de labor, bueyes y yeguas especialmente. Los caballos no se usan para las faenas agrícolas pues son necesarios para exhibirlos en los alardes por los caballeros de cuantía y es condición indispensable que sean caballos de guerra y no se dediquen al trabajo. Este es el motivo por el que son continuas las menciones a las yeguas como animal de trabajo y nulas las referidas a los caballos. En las dehesas está prohibido especialmente el acceso a los cerdos que se consideran como especialmente perniciosos. También se prohíbe cortar o quemar el monte, coger leña o taray (mimbre) y hacer fuegos. La vigilancia para el cumplimiento de estas disposiciones las realizan los guardas de las dehesas  que cobran su remuneración mediante la participación en las  multas impuestas.

Respecto a las explotaciones agrarias hay que distinguir dos lugares y dos tiempos de los que ya se ha venido hablando: los heredamientos del primer momento y la expansión del XVI. Respecto al Heredamiento, las ordenanzas le reconocen un carácter distinto y especial dedicándole la primera de ellas (“Ordenanza de la Guarda del Sitio de Viña e Olivar”) que es una de las más detalladas. Los cultivos son cereales, vid, olivo, hortalizas y frutas, además del aprovechamiento marginal de mimbre, cañas, hojas de moral, etc. La mayoría de los molinos, de aceite y de pan, se sitúan en los caces y ríos del Sitio y no parece que estén sometidos al mismo régimen de monopolio de los hornos de pan, que son rentas de propios concejiles.

Especial insistencia hace la ordenanza en prohibir que entren en el Sitio ganados que no sean de labor y aun estos con ciertas restricciones.

Hay vecinos que se dedican a rebuscar en los campos de los demás y que se valen con distintos ardides de parte de la cosecha ajena. El capítulo 12 establece multas de hasta seiscientos mrs. para los molineros que muelan aceite del que se sepa que no tiene olivar propio ni arrendado. El capítulo 11 trata de impedir que haya personas sospechosas merodeando por los campos y exige para rebuscar que el rebuscador tenga licencia del dueño de la tierra hecha ante el escribano público y con testigos. El  capítulo 13 exige ser heredero (dueño) para poder tener cáñamo o que no siéndolo se de razón de por qué medios se tiene. Distintos capítulos regulan las penas a imponer en caso de robo de fruta, variando con la edad y condición del infractor, hora del día, etc.

La permanencia fósil del Sitio en el paisaje agrario se puede comprobar en el último mapa, observándose como antes de la reciente expansión olivarera y la desaparición de la vid, estos cultivos se localizan en el mismo lugar donde lo hacían en los siglos XV y XVI. Hoy día se puede comprobar como en esta zona la parcelación es mucho más intensa que en el resto, abundan las huertas y pequeños cortijos y la red de caminos alcanza la mayor densidad del término.

El tratamiento especial del ruedo en ordenanzas municipales no es privativo de Quesada. En Antequera, por ejemplo, las ordenanzas de 1.531 (43) también fijan parecidas normas y preceptos: prohibición de entrada de los rebaños en las dehesas boyales y ruedo, declaración de pasto común de todo el termino excepto dehesas y ruedo, etc. En Quesada el resto de las tierras del término recibe tratamiento general en las ordenanzas 3ª del meseguero, 4ª de la guarda de los panes secos y 7ª de los fuegos. Hay otras ordenanzas menores referidas a aspectos muy concretos y de carácter generalmente repetitivo, lo que hace suponer que sean aclaraciones de asuntos menores, hechas con posterioridad a la redacción de las ordenanzas generales, o bien que sean precedentes de estas. El oficio de meseguero se arrendaba públicamente dividiéndose el año en dos periodos, invierno y verano, a efectos del arriendo. Sus ingresos provienen de las multas que imponga. La mayoría de las disposiciones tratan de proteger las cosechas de los daños que pudiera causarles el ganado. Se desarrollan una por una las posibles infracciones y se tarifan las penas distinguiendo siempre entre ganado menor, cerdos y ganado mayor. Respecto a la quema de rastrojos se prohíbe hacer fuegos en el campo desde fines de mayo hasta Sta. María de Agosto. Se exceptúa, siempre que se haga en barbecho, el fuego para la comida de los segadores, (“si algunas personas icieren lumbre para guisar de comer a sus segadores”).

Otra serie de ordenanzas se refiere a la regulación del riego: nº 23, del alcalde de las acequias y también el doc. 146. En la primera, más antigua, se establece que el reparto de agua se realice desde la acequia principal repartiéndola a los distintos brazos según los días, reservando tres días de cada seis a los molinos. Los dueños de las heredades limítrofes tienen la obligación de reparar las acequias. Para evitar que se derrame el agua se fija una anchura mínima para las acequias de cuatro palmos. El reparto del agua y la resolución de los pleitos los realiza el alcalde de las acequias rodeado de cuadrilleros. La ordenanza de 1.589 desarrolla y reforma lo anterior. El oficio de alcalde de las acequias será echado a suertes entre los caballeros de la villa junto a las demás magistraturas municipales, el día de Todos los Santos. Su mandato es anual y recibirá la mitad del importe de las multas. Se prohíbe expresamente que el alcalde no sea caballero pues si es pobre habría lugar a soborno. Tratamiento especial se da a las tierras de Lacra, ordenándose al alcalde que reparta el agua “conforme a las costumbres antiguas”, primero a las hazas más cercanas a la fuente y así sucesivamente “vna haza en pos de otra, por todo el señorío antiguo”. Se le prohíbe al alcalde que ponga cuadrilleros en este lugar teniendo que ejercer personalmente su oficio. Este tratamiento especial y la referencia a costumbres y señorío antiguo se pueden relacionar con los abundantes vestigios de época romana conservados en el lugar y el hecho de que se le mencione como aldea en las conquistas de Jiménez de Rada. Todo parece indicar que el poblamiento de Lacra es antiguo y prolongado y muy posiblemente no se viera afectado por los repartimientos de 1231 y 1331. Hay otros casos similares como Ceal, de origen prerromano, y Belerda.

La última de las grandes ordenanzas es la 9ª del almotacén, que ofrece datos comerciales y de higiene pública. Regula todo lo referente a pesos y medidas. También lo referente a basuras, fijando las multas que se han de imponer a quién arroje a la vía pública heces, basuras, perros o gatos muertos (Capº. 20). Respecto a la compra-venta de mercancías se tasan los precios de algunos artículos: 1 libra de truchas 40 mrs. 1 libra de carne de caza 20 mrs. etc. Se autoriza a los forasteros a vender siempre que utilicen los pesos de la villa y que no vendan hasta tres días después de llegados. La venta se realiza tanto en la casa del vendedor como en la plaza pública, aunque es obligatorio vender algunos productos en esta última. Por último y como protección a los productores locales, se prohíbe que los molineros muelan a forasteros entre finales de Mayo y el primero de noviembre.



LAS TIERRAS COMUNALES



Como ya se ha venido diciendo, durante el siglo XVI hay una gran expansión demográfica y agrícola. Se puede recordar corno a principios de siglo hay seiscientos vecinos y el año de la exención, 1.263. Para absorber el aumento de la población se tiene que recurrir a las roturaciones y así, desde los últimos años del siglo XV los quesadeños ponen en cultivo las tierras del Guadiana Menor y construyen al efecto acequias y caces. La mayor parte de las roturaciones se localizan en esta zona del Guadiana Menor y en el Retamal de Lacra donde se arriendan baldíos para mantener el Colegio de Gramática y Hospital de Pobres, fundados a fines del siglo XVI (doc. 135).

Los enfrentamientos y luchas para apropiarse de tierras comunales debieron revestir una especial gravedad. Parece que determinados individuos acaparaban gran cantidad de tierras, desposeyendo al resto. Para intentar solucionar el problema el concejo manda pregonar en 1535 unas ordenanzas para, como dicen las propias ordenanzas en su preámbulo:”quitar debates e pleytos e otros agrabios, e muertes de hombres, que se siguen en esta dicha villa”. En estas ordenanzas se dispone que cada vecino tenga un máximo de 10 fanegas de tierras comunales, cinco para sembrar y cinco en barbecho. Esta normativa no se cumplirá y continuarán los problemas, constituyendo el  acaparamiento de estas tierras un factor de primera magnitud en el proceso de diferenciación social de la comunidad de Quesada.






Notas

(I) Para los aspectos geográficos: A. Higueras Arnal, “El Alto Guadalquivir. Estudio Geográfico” CSIC. Zaragoza 1961.

(2) J.M. Carriazo, “Colección Diplomática de Quesada” Instituto de Estudios Giennenses. Jaén 1975. Pág. XVI

(3) Introducciones históricas: “Introducción de la Colección Dip1omática de Quesada” y el prólogo de “Pedro Hidalgo o el Castillo de Tíscar” (Sevilla 1945).

(4)P. de Palol y M. de Sotomayor. -Excavaciones en la villa romana de Bruñel (Quesada) de la provincia de Jaén- en “Actas del VIII Congreso de Arqueología Cristiana” Barcelona-Cittá del Vaticano 1972. Vol. I pp.375 - 38 láms. 165-175.

(5) “Idrisi. Geografía de España” Colección de Textos Medievales nº 37 Valencia 1974. J. L. Ruiz Povedano -Rasgos geográficos económicos y culturales de las tierras y pueblos de Jaén en la primera mitad del siglo XII– Jaén Boletín de la Cámara Oficial de Comercio e Industria de la Provincia nº 33 (1978).

(6) Para la conquista: “Colección...” con recopilación de fuentes y J. González -Las conquistas de Fernando III en Andalucía- Hispania XXV (1946).

(7)”Colecc...” Doc. 7.

(8) Para la conquista: docs. 1 al 14 de la”Colección Diplomática”. También la introducción de la anterior. ”Primera Crónica General” ed. R. Menéndez Pidal. Madrid 1977 (3ª reimpresión) pp.724-5. Rodrigo Jiménez de Rada “De Rebus Hispaniae” en “RODERICUS XIMENIUS DE RADA. OPERA”. ed. de A. Ubieto. Textos Medievales nº 222 Valencia 1968, Cap. XII Pág. 201: “et custodit (Quesada) cum aliis castris, scilet: Pilos, Toyam, Lacra, Agosmo, Fonte luliani, Turribus de Lacu, Ficu, Alaulula, Areola, duobus Germanis, Villa Montini, Nubila, et Castorla, Concha et Chelis”

(9)”Colecc...” doc. 131.

(10)”Colecc...” doc. 35.

(11)M. A. Ladero: “Granada. Historia, de un país islámico” Ed. Gredos 2ª ed. 1979 (1ª ed. 1969). Pág. 149.

(12)”Colecc...” doc. 50.

(13) M. A. Ladero ”Milicia y economía en la guerra de Granada: el cerco de Baza.” Univ. de Valladolid. Cuadernos de Historia Medieval nº 22, Valladolid. I964.

(14)”Colecc...” doc. 62.

 (15)J. M. Carriazo “En la frontera de Granada” Sevilla 1971 pp. 551. Publica un extracto de las actas capitulares de Quesada.

(16)J. M. Cairazo en el prólogo de “Pedro Hidalgo o el Castillo de Tiscar” Sevilla I945, recoge algunos manuscritos inéditos sobre esta tradiciones.

(17) “Colecc…” doc. 139.

(18) J.M. Carriazo, - la vida en la frontera de Granada-  Actas

del Congreso de Historia de Andalucía. Tomo I Andalucía

Medieval. Caja de Ahorros. Córdoba 1978.

(19)”En la frontera de Granada” Pág. 247

(20)”en la frontera de Granada”pp.53—4

(21)”Colecc” doc. 3. El comercio se realizaba a través de

determinados puertos como Antequera, Teba, Priego, Huelma,

Quesada, siendo gravado con el “diezmo y medio diezmo”

M. A. Ladero (“Granada…”)

(22) Argote de Molina “Nobleza del Andalucía” Edición del

Instituto de Estudios Giennenses, Jaén 1957

(23)”Nobleza del Andalucía” pp.390-3

(24)”Colecc...” doc. 131.

(25)”Colecc...” doc. 32.

(26)”Colecc...“ doc. 42.

(27)”Colecc ...“ doc. 43.

(28)”Colecc ...“ doc. 66.

(29)”Colecc ...“ doc. 45.

(3o) Colecc…” docs. 6o, 61 y 62.

(31)J.M. Pérez Prendes -El origen de los caballeros de cuantía

y los cuantiosos de: Jaén en el siglo XV” Revista Española de

Derecho Militar 9 (1960)

(32)”En la frontera…” Pág. 53

(33)”Colecc...“ doc.63.

(34)“Colecc...” doc.73.

(35)“Colecc...” doc.136.

(36)”Colecc…” doc.145.

(37) L. Torres Balbás  -La estructura de las ciudades Hispano musulmanas: la medina, los arrabales y los barrios- Al-Andalus XXXII (1953) Pág.149.

(38)”En la frontera...” Pág. 584.

(39) Hoja nº 928 del Mapa Topográfico Nacional 1:50.000 Instituto Geográfico y Catastral Iª ed. 19o2

(4o)”Colecc...” doc.34

(4I.)”Colecc…” doc.91.

(42)”Colecc…” pp. CXXI-II y CXXIV.

(43) “RODERICUS XIMENIUS...” Pág.

(44)”Mas el arçobispo don Rodrigo, pasados tres meses después que el rey don Fernando le diera esa villa, saco su hueste et fuese sobre ella, et echo ende los moros que adouan los derribamientos de la villa et del castiello, et tomola el, et adobola a onrra del rey don Fernando...” “Primera C...” Pág.725.

(45)Ver bibliografía.

(46)”Colecc...” doc. 9.

(47)”Nobleza...” Pág. 393.

(48)F. Alijo Hidalgo. “Orden de Antequera (1531)” Málaga 1979.




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