sábado, 2 de junio de 2018

PAUL GWYNNE en QUESADA





¿Y quien fue Paul Gwynne?

Hace poco en “El Adelantado de Cazorla”, un libro que se publicó en 1935, encontré una referencia a otro titulado "The Guadalquivir. Its personality, its people and its associations", cuyo autor era un tal Paul Gwynne. La cita estaba en el prólogo del primero, donde el prologuista Alfredo Ramírez Tomé, que había sido redactor jefe del periódico ABC en los años veinte, dice que entre sus libros conservaba  "uno muy curioso, lujosamente editado en Londres en 1912". Hubiera pasado de largo sin prestar mayor atención al asunto si el sr. Ramírez Tomé no hubiera añadido que “por lo que afecta a nuestra zona, en el sumario existen capítulos como los siguientes: Quesada and the Sierra de Cazorla", “The cura of Burunchel", “Bujaraiza, Mogon, Santo Tomé and El Molar..."

¡Un viajero inglés en Quesada a principios del siglo XX! Jamás había oído hablar de semejante cosa. Seguramente su publicación original, en inglés y en Londres, hizo que pasara completamente desapercibido por estas tierras tan monolingües.

Digo publicación original porque existe una traducción castellana. La hizo en el año 2006 la editorial Renacimiento, de Sevilla. La introducción de esta traducción es de Antonio Miguel Bernal, y en ella está la poca información que parece existe sobre el sr. Gwynne: "no hemos podido reunir otros datos personales que los que él mismo deja constancia en el texto: que era inglés de nacionalidad, de familia modesta lo que, según él, le condicionó a seguir los estudios de ingeniería en vez de los de arquitectura como hubiese deseado y que el libro fue escrito a comienzos del siglo XX y publicado en versión original inglesa por la editorial Constable and Company de Londres en 1912.” Parece que, además de esta, escribió otra obra de asunto español titulada “The Bandolero”, de 1905 y cuyo contenido podemos imaginar.

Analizando los asuntos por los que se interesa Gwynne y los temas que parece dominar, deduce Bernal que su especialidad como ingeniero no estaba referida a la minería, sector que acaparaba entonces los intereses inversores ingleses. Más bien, se relacionaba con las obras hidráulicas y de riego, también en expansión. No es el típico relato de los viajeros románticos ingleses del diecinueve por Andalucía; no hay toreros ni flamencos ni bandoleros, personajes que ya debía de haber tratado en su otro libro. Es la narración del viaje que hizo por el río, desde su nacimiento a su desembocadura, con descripciones geológicas, históricas, paisajísticas y culturales. Entremezcla, como una especie de propina artística, relatos supuestamente históricos, de carácter romántico y por los que pululan, absolutamente fuera de lugar, condes y princesas, halconeros y pajes. Cuentos románticos vestidos de romance morisco, o Ángel Alcalá Menezo en inglés.

Fuera de estas disgresiones, que entonces quedaban bien, la obra tiene su seriedad . El viaje por el río comienza en su nacimiento, haciéndose eco de la vieja polémica sobre su orígen, si está aquí enfrente de Quesada o en la sierra de María, donde las más lejanas fuentes del Guadiana Menor. Sabe de lo que está hablando y, aunque parece que se decanta por el Guadiana, no le da demasiada importancia al asunto porque, cuando el río alcanza las llanuras, es como si dijera “Cualquiera que sea mi origen (…) todos mis ancestros están aquí representados; al menos algunas de estas aguas provienen de la verdadera fuente original”.

Gwynne viajó por la comarca durante los primeros años del siglo XX. Llegó a Quesada en tren, a la estación o apeadero de Quesada. Hoy el ferrocarril no tiene ninguna importancia en las comunicaciones de Quesada y sin embargo, en su momento y por raro que nos parezca, era la puerta de entrada para casi todos los viajeros que llegaban al pueblo. La historia de esta estación, y de la línea en la que se encuentra, merecería una entrada aparte que pendiente queda.

Hasta que, bien entrado el siglo, se construyó el puente de la Sierra de las Cabras sobre el Guadiana Menor, ir desde Quesada a su estación y viceversa era bastante complicado. Más o menos por aquellos años, Ciges Aparicio también llegó a Quesada en tren para pasar en el pueblo todo el verano de 1909. Del trayecto dejó escrito: “El viaje en caballería tenía que ser largo al través de un terreno quebrado y en ocasiones peligroso”. Y entre los peligros destacaba el cruce del río, sin puente, en una barca sujeta a un cable: “Ahora he de vadear en barca un ancho río…” [1] Todavía en los mapas del Instituto Geográfico aparece el topónimo “Venta del Barco”, en algunas ediciones "del Yeso", frente a las Hermosillas, por donde se cruzaba y vadeaba el Guadiana Menor.


Estación de Quesada. Con "tinta carmín" se reflejó en 1900, sobre la
minuta original del s. XIX,  la línea férrea y la estación de Quesada.



Paul Gwynne también llegó en tren, sorprendido porque junto a la estación no había pueblo, porque no se veía Quesada: “Lo cierto es que, incluso en la actualidad, la naturaleza de la región sigue dando continuas muestras de  perversidad, y así por ejemplo, las vías de ferrocarril parecen haber sido  construidas con la ayuda del Maligno. Jamás volveré a hacer el más mínimo caso al nombre de ninguna  estación de tren española. Ya la experiencia me había enseñado que la estación bien puede hallarse a tres o cuatro kilómetros de la ciudad a la que pertenece, pero cuando escribí a Ángel Pizarro para decirle que nos encontraríamos en la insignificante y abandonada estación de Quesada arriba en el monte —él tenía que  llegar desde Huéscar— yo no podía siquiera imaginar d profundo abismo que habría entre la realidad y lo que prometía el indicador de la estación.” Su amigo Ángel, que lo acompañará en el viaje, lo está esperando y sonríe imaginando la sorpresa de Gwynne: “mientras me veía mirar de un lado a otro en busca de Quesada preguntándome dónde diablos la habían puesto.”

Minuta del Instituto Geográfico, 1878, con el puente de la Sierra de las Cabras, "en construcción",
y una "barca de maroma" en la Venta del Yeso


El desplazamiento hasta Quesada, como el de Ciges y todos los viajeros de aquel momento, se hizo en caballería: “Tras esto, salimos de la estación y me llevó hasta tres mulas que estaban atadas a un eucalipto. Me ayudó a atar con correas mi equipaje a una de ellas y, cuando me hube recuperado de la sorpresa, avanzábamos por un camino polvoriento. Ángel tiraba de la mula libre para que avivara el paso y pudiéramos llegar a Quesada antes de la caída de la noche (…). La carretera de la estación nos hizo dejar atrás varios montes antes de llegar a  Quesada. Unas veces tuvimos que atravesarlos; otras, la carretera serpenteaba una y otra vez sin cesar para dejarlos a un lado. Frente a nosotros se erguía el Poyo junto a otras crestas de las Sierras de Cazorla y Pozo Alcon.” Con el “Poyo” se refiere al Poyo de Santo Domingo, el monte público justo enfrente de Quesada, por encima de Majuela.

Gwynne, tomaba notas y referencias geográficas de los lugares por los que pasaba y que, a veces, eran solo aproximadas. Dice, por ejemplo, que Burunchel  “se halla acurrucada en una ladera de la sierra de Pozo-Alcón” En alguna ocasión parece que se confunde hasta de continente y, conforme se acerca a Quesada, dice que “el terreno por el que avanzábamos era difícil y abrupto, a veces cubierto de pizarra gris, a veces con signos de erosión. El palmito enano, una pequeña palmera como del tamaño de una mata de grama, se ve con frecuencia en estas regiones montañosas. El corazón de la raíz, que se desentierra y luego se monda con una navaja de bolsillo, sabe a nueces.” Bueno está lo de la pizarra, inexistente en estas sierras calizas, pero el palmito comestible sólo se encuentra en Quesada en los supermercados.[2]





Pero fuera de estas pifias sus descripciones son bastante atinadas. Transcribo completo el resto del capítulo:

“Quesada es una pequeña población rural de unos seis o siete mil habitantes magníficamente situada y con vistas a los montes de pinos y robles de Cazorla por un lado y a la Sierra del Pozo por el otro. Un afluente del Guadiana Menor —supongo que se le el nombre de Quesada— baña la región, que posee numerosos huertos de tentadores árboles frutales y viejos pozos entre las casas dispersas. La altura es demasiado elevada como para que los naranjos florezcan en gran número, pero los olivos son abundantes en las soleadas laderas de los montes circundantes, y gracias a ellos en la zona se produce aceite. También hay manantiales salinos, y en otros tiempos allí se acostumbraba a manufacturar sal.

Quesada es sumamente antigua. Fue reconquistada a los árabes en el año 1155, vuelta a recuperar más tarde, nuevamente reconquistada a continuación y así una y otra vez. En las manchas de terreno fértil rodeadas de baldíos de la zona también se produce el esparto y el cáñamo. En época de los árabes, sin embargo, estos parchecillos de suelo fructífero eran mucho mas productivos, pues también lo eran sus métodos de irrigación y siembra.

Llegamos a Quesada cuando el sol se ponía, después de adelantar a un grupo de campesinos  que volvían cantando del campo. ¿Que habrá en la tierra capaz de hacer tan  felices a unos hombres que no comen carne más que los fines de semana y rara vez prueban siquiera el pan blanco? Imagino que al llegar a casa les esperaba una cena a base de gazpacho, una especie de sopa de agua y vinagre con trozos de pan,  pepino y cebolla. Con suerte, a la hora del almuerzo habrían tomado un par de trocitos de queso manchego rancio y quizá incluso unas cuantas buenas aceitunas gruesas seguidas de algo de fruta y agua. Siguieron caminando alegres hasta el final del camino. Los más circunspectos del grupo eran un viejo sin dientes y una burra cargada con unas cestas repletas de herramientas. La burra no parecía prestar atención mas que a un hermoso burrito que no dejaba de curiosear de un lado a otro del camino desafiando a los campesinos con sus coces. La vieja burra mostraba una llaga en el lomo y tenía la piel cuarteada y llena de parches como si volviera de la guerra. Sin embargo, sus grandes ojos parecían llenos de satisfacción cuando su cría jugueteaba ante ella, y cada vez que se rezagaba, se hacía ligeramente a un lado y volvía las orejas.

«¡Buenas tardes, señores!», saludó Ángel, «¡Buenas tardes!» respondió de inmediato el grupo de campesinos, que luego nos observó pasar en silencio. Sólo se oían las pisadas de nuestras mulas y de la burra vieja. Algunos hombres caminaban descalzos y el resto llevaba alpargatas. El burrito nos adelantó al galope al entrar en el pueblo, donde los hombres dejaron de cuchichear pues en ese momento sonaban las «animas» de un campanario cuya pobreza denunciaba la única y monótona nota que podía ejecutar. El sol se hundía majestuosamente tras la lejana Sierra Morena.

Fue aquella una noche deliciosa. Nos alojamos en la casa de dos plantas de un amigo de Ángel, una casa con su propio jardín, situada entre Quesada y Belerda. Antes de irnos a dormir, volvimos dando un paseo al pueblecito para tomar un café y oír las discusiones entre los parroquianos de la cafetería y de la barbería adyacente. El camino estaba tranquilo y sólo se oía de vez en cuando en la distancia el sonido de las canciones y las risas de unas niñas. Nosotros éramos el acontecimiento del día.”


Ilustración que acompaña a las páginas dedicadas a Quesada


Al día siguiente, muy de mañana, salen a pie los dos viajeros para alcanzar el nacimiento del Guadalquivir. La descripción del paisaje es somera y ni siquiera  parece que llegaran al nacimiento del río, cuya determinación es cosa convencional y administrativa que para él poca importancia tiene.[3] Habla de forma general de la Sierra, de la fauna y de la flora confundiendo, como buen inglés, las encinas y los quejigos con los robles. Cuando queremos darnos cuenta ya está en el llano, cerca de Mogón.  Entremedias ha metido una de sus disparatadas historias caballerescas: “Desde Quesada llegaba al galope una partida de caza con halcón. La Sierra de Cazorla es conocida por la fama de sus halcones más que ningún otro lugar de Europa” (¡!) Son varias páginas de batallas medievales bastante improbables, que parecen sacadas  de una película yanqui de los años cincuenta o así. El resto del libro transcurre, como es lógico, aguas abajo.

Pero en los anteriores párrafos se puede reconocer Quesada. Las casas dispersas rodeadas de huertos son los cortijillos de la Vega y el Llano. Las salinas existieron hasta hace muy pocos años. La finca del amigo de Ángel, donde duermen, es sin duda El Chorradero, propiedad entonces de Laureano Delgado. Y la cafetería, café en el original inglés, seguramente el viejo casino o la fonda junto al ayuntamiento. Aquella tarde noche de principios del siglo XX, efectivamente, serían “la atracción del día…”

Muy interesantes son los párrafos que dedica a la gente que vuelve del campo y cuyo contento, a pesar de su extrema pobreza, le llama la atención y le extraña a la vez: “¿Que habrá en la tierra capaz de hacer tan  felices a unos hombres que no comen carne más que los fines de semana y rara vez prueban siquiera el pan blanco?” Lo de carne los fines de semana es un exceso porque no había fines de semana por aquí en aquellos tiempos, ni la mayoría comía mucha carne aunque fuera domingo. Pero lo llamativo de este pasaje es su paralelismo con el que escribió Ciges Aparicio en Villavieja, en su encuentro con el grupo de aceituneros, y que repitió, a finales de los años veinte en un artículo periodístico.[4]  La de Gwynne es una visión casi turística y lejana. La de Ciges, social y de denuncia:

“Uno de mis compañeros observa:

—Pero los andaluces somos muy sobrios. El aire y el sol nos alimentan.

Ella no comprende la ironía, y responde con vivacidad:

—!Ay, señorito de mi alma! Pues crea usted que estarnos ya hartos de alimentarnos con aire y con sol. Lo que ahora nos hace mucha falta para ver si echamos otro pelo, es un buen trozo de carne y tal cual pescadito de añadidura.”

Y finalmente, la prueba definitiva de que Paul Gwynne era inglés y protestante, seguramente furioso: Ni en sus relatos caballerescos medievales ni en la descripción del paisaje, en ningún sitio, se menciona a la Virgen de Tíscar. Debe ser una e las pocas cosas escritas sobre Quesada en la que no aparece ni Zabaleta ni la Virgen de Tíscar.




[1] “El desamor a la tierra”, Nuevo Mundo, 5 de agosto de 1909
[2] El palmito autóctono peninsular, que no es comestible, tampoco existe en Quesada porque es una especie costera.
[3] Para él  no está claro donde está exactamente dentro de esta sierra haciéndose eco de las discrepancias entre la Comisión Central Hidrológica que habla del cañón de “Aguas Frías” y el Instituto Geográfico que lo sitúa “en concreto en uno de los montes, llamado Poyo de Santo Domingo y muy próximo a Quesada, cuyos alrededores se conocen con el nombre de Siete Fuentes.”
[4] “Aire y sol”, La libertad, 6 de mayo de 1927.

sábado, 19 de mayo de 2018

QUESADA REPUBLICANA. Una historia de Quesada durante la Segunda República y la Guerra Civil.


Vista general de Quesada (foto J.M. Carriazo)


Hace tiempo que empecé a juntar informaciones y noticias sobre la historia de Quesada durante la República y la Guerra Civil. La paulatina aparición de fuentes digitalizadas –hemerotecas, archivos públicos, fundaciones privadas, boletines y publicaciones oficiales, etc.-  amplió enormemente las fuentes accesibles. Poco a poco acumulé un volumen importante de información, que completé con el estudio de los documentos conservados en el archivo municipal. Puedo decir que, a pesar de las grandes lagunas que subsisten, por carencia mía o por escasez de datos, he conseguido formarme una idea general bastante aceptable de la República y la Guerra Civil en Quesada.

Barranco de la Canal (foto L. Garzón)
No es fácil hablar de este tema y menos en un ámbito pequeño como es un pueblo. Por un lado surge la tentación de hacer crónica de sociedad, de perderse  en el chisme, sobre antepasados, claro, porque pocos o quizás ninguno de los protagonistas sobrevive. El chisme siempre trae problemas. Por otro, hay otro riesgo más desagradable. Para hablar de este periodo hay que hacerlo de abuelos, de bisabuelos de gente actual. La tentación de actuar como si se estuviese en un juicio, actuando de fiscal, de abogado, de juez, es grande. Y errónea. La propia idea de abrir procesos ochenta años después es absurda. Bastantes hubo en su momento. Pero además, es imposible hacerlo porque sobre ningún “caso” hay las suficientes “pruebas” documentales como para condenar o absolver. Pero aunque parezca extraño, las cosas de varias generaciones atrás, referidas a personas que no se han conocido, se pueden sentir y razonar ahora sin distancia alguna, casi con el mismo apasionamiento que si hubieran sucedido ayer. Si a esto le añadimos las ideologías, o mejor dicho, los partidismos,  la cosa puede ser peliaguda.

Esta digresión la hago para explicar por qué he tardado tanto en contar lo que he averiguado de esa parte tan reciente e importante de la historia de Quesada: tenía la información y tenía dónde decirlo, este blog. Mi duda estaba en cómo decirlo, o si estaba bien decirlo, o si debía meterme en ese jardín. Poco a poco, y mientras seguía aumentando mi colección de datos, he llegado a la conclusión de que los riesgos son pocos siempre que se haga correctamente, diciendo solo lo que se puede acreditar y documentar y evitando los “ecos de sociedad”.

Además, haciéndolo así creo que resultará un trabajo histórico, aburrido para los no aficionados. A poca gente va a interesar y, por tanto, pocos podrán ofenderse.
  
El trabajo que anuncio lo empecé a escribir, pensando que lo hacía para nadie, o quizás para alguien todavía no nacido, que en el futuro se pudiera interesar por estos asuntos y me usara a mí como apoyo para escribir él su propia historia. Historia que, a su vez, escribiría para un sucesivo interesado formando una especie de cadena sin fin de historiadores aficionados, raros y solitarios.

Dibujo de Zabaleta en "El Adelantado de
Cazorla" 1935
Casi todo el trabajo de información y notas estaba resuelto y el hilo argumental planteado y analizado.  Me quedaba lo peor, lo que más pereza me da: redactar. Porque además de hacerlo razonadamente, hay que cuidarlo de manera que se entienda y que la estructura tenga orden y facilite la comprensión al lector. Son esas cosas tan difíciles de ver por uno mismo cuando uno lleva tantisimas horas metido, casi obsesivamente, en un asunto. Hay que cuidar los detalles, eso que se me da tan mal. Hay que comprobar que los criterios de presentación, notas, citas, etc. son iguales, que no faltan palabras ni letras, que las comas estén más o menos en su sitio, etc. Por suerte he tenido buena ayuda en esto y Rosi Sánchez Ortiz, Luís Garzón Cobo y José Javier García Sánchez se han tomado la molestia de revisar y corregir los borradores que les he presentado, eliminando faltas y errores y haciéndome atinadas sugerencias.

Cuando empecé a redactar, de inmediato comprendí que se me iban los tiempos, que si para dar a conocer este trabajo esperaba a concluirlo completo no acabaría nunca. Eternizarme tenía el riesgo de producir desánimo por no ver fruto en algo que se hace por gusto y para muy poca gente. Y con el desánimo es fácil dejar la cosa a medias. Para evitarlo pensé que lo mejor era dividir en dos partes esta historia.

La primera está dedicada a la República normalizada institucionalmente, es decir, sin guerra: desde abril de 1931 hasta julio de 1936. La segunda comienza con el golpe de estado militar del 17 y 18 de julio, cuyo fracaso provocó la Guerra Civil. Siguen los meses revolucionarios, durante los cuales Quesada vivió una experiencia colectivizadora sorprendente y casi desconocida u olvidada. Fueron meses también de violencia y de milenio, que trajeron los sucesos que han quedado en la memoria colectiva: desde la destrucción (o desaparición) de la Virgen a los asesinatos de septiembre y diciembre. En 1937 “vuelve” el Gobierno, se recupera una cierta normalidad y la revolución se enfría bastante. En su lugar, toma el protagonismo la guerra con su movilización de reemplazos, sus muertos y heridos, sus desertores y sus héroes… Y el final de la Quesada republicana, que fue bastante dramático, con unos días en los que el pueblo quedó en tierra y manos de nadie, como si nadie quisiera saber de él. Pero las tropas franquistas llegaron finalmente y empezó una terrible y durísima posguerra: centenares de presos en cárceles, más de 20 quesadeños fusilados, otros muertos por enfermedad y miseria en los campos de concentración, en campos de trabajos forzados…

La antigua casa de la parroquia
(foto J.M.Carriazo)
Esta segunda parte, que además y por razones obvias es la más delicada, está aun en cocina. La primera ya la puedo dar por concluida. No se aún lo que haré con ella. Es demasiado grande para este blog, demasiado “política” para que un patrocinador privado la publique y demasiado viejo soy yo para hacerlo a mi costa e ir por ahí con el libro debajo del brazo, dando la vara y presionando a todo el que me encuentre como un maletilla que pide una oportunidad. Es posible que lo edite digitalmente para colgarlo en alguna empresa de impresión a demanda, o incluso que lo haga en formato “ebook”. No se, ya diré algo cuando lo tenga decidido. Este anuncio es para ir animando a la afición y que en vez de cinco lectores incluida la familia, lleguen a ser diez “u” doce.

La primera parte, “Quesada durante la Segunda República”, comienza algo antes del 14 de abril. Son los últimos años de la Monarquía, de la agonizante dictadura de Primo de Rivera y de la inoperante “dictablanda” del general Berenguer. Quesada es un pueblo pobre y aislado, una sociedad desigual e injusta dominada  por un pequeño grupo social que desde siempre ha controlado el pueblo, en la mejor tradición del caciquismo de la Restauración.

Es la Villavieja de Ciges Aparicio, inmutable y eterna, ajena a cualquier evolución y progreso. En esas está cuando el almirante Aznar intenta volver a la Constitución de 1876 y convoca elecciones municipales para el día 12 de abril de 1931. En Quesada no hay tradición política ni sindical. La inmensa mayoría de la población está excluida de la vida política. En Quesada las cosas están bien controladas este mes de abril y todo está en orden, de manera que son elegidos doce conservadores y cinco liberales. Republicanos ninguno porque no había candidatura. Han salido, como siempre, los de siempre.

Pero fuera de Quesada, en las ciudades y pueblos grandes, donde existía una mínima libertad de acción política, las candidaturas republicanas arrollan (En Linares fue espectacular, todos los concejales elegidos pertenecían a la candidatura republicano-socialista). El 14 de abril se proclamó la República y el ex rey Alfonso de Borbón salió por Cartagena. ¿Cuántos días tardó en llegar este terremoto político a Quesada?

Firmas en el libro de actas municipal, 1932. Encabeza 
el alcalde, Antonio Serrano Linares. 
A finales de mayo se repitieron las elecciones municipales y, esta vez sí, el mundo antiguo desapareció de golpe. El nuevo alcalde era un obrero agrícola afiliado a El Progreso, flamante sociedad obrera recién constituida. En la primavera de 1931 todo cambió. Ya no mandaban los de siempre y esa mayoría social que nunca había participado en política, se afilió masivamente a UGT y sobre todo a CNT. A su vez, ambas centrales sindicales se embarcan en un durísimo enfrentamiento. Se sucedieron las huelgas y los conflictos sociales, mítines y manifestaciones, se producen los primeros matrimonios civiles con hijos que no se bautizan, por primera vez el paro obrero fue una prioridad política y se aceleraron las obras públicas para dar jornales: carreteras de Cazorla y Huesa, de la Estación… El volcán que se ocultaba bajo la aparente calma de Villavieja entra en erupción. A menudo la Guardia Civil tiene que intervenir, hay muertos y heridos. Quesada será, durante el primer bienio republicano, un nombre familiar en la prensa de la época. En enero de 1932 el gobernador civil, Enrique Martín de Villodres, del Partido Republicano Radical Socialista, en una entrevista en el diario “El Sol”, señala a Quesada como uno de los tres pueblos conflictivos  de la provincia.

En pocos meses la vida quesadeña se acelera tanto que el panorama político de 1931 en nada se parece al de 1933 y este, en nada al de 1936. Desaparece el conservador Partido Radical Republicano, se crea Unión Republicana. UGT y CNT dominan la vida local en 1931 y 32 pero ganan los conservadores en 1933 y desde 1934 los sindicatos casi no existen. Se recuperan a principios de 1936 y el Frente Popular gana las elecciones de febrero. En seis años se sucedieron cuatro alcaldes. El conocido activista anarcosindicalista, Mauro Bajatierra, dio un mitin en Quesada. Los diputados socialistas por Jaén, Peris, Lozano y Piqueras no lo pudieron dar por el boicot de la CNT. El diputado Basilio Álvarez interpela al Gobierno en las Cortes sobre la situación en Jaén y hace especial referencia a Quesada.

No todo es política. De un jovenzuelo Zabaleta, que acaba de terminar Bellas Artes, escriben en una publicación comarcal: “tiene condiciones, pero, tímido y vacilante, no se lanza a conquistar los lauros que, sin duda, el arte lo reserva.” Es en estos años cuando se inaugura el servicio telefónico y el suministro de agua potable a domicilio. En 1934 se construyó la central eléctrica del Barranco de la Canal y en julio de 1936, pocos días antes de la rebelión militar, la Gaceta publicaba la probación de un proyecto para construir 12 escuelas y viviendas para maestros en Quesada. Fueron unos años trepidantes.

Anuncio publicado en "La Esfera" en mayo de 1936
















miércoles, 22 de noviembre de 2017

Sellos municipales republicanos de Quesada

Membrete de 1934

Hace tiempo que dediqué una entrada a la modificación del escudo y del sello municipal de Quesada a mediados del siglo XIX. (1845. Modificación del escudo de Quesada) Buceando por ahí en distintas fuentes me he ido encontrando sellos y membretes de los tiempos de la II República. Es una época no lejana pero en Quesada y por distintas razones poco y mal conocida. Pocas o más bien ninguna fotografía conozco del pueblo en estos años y desde luego no creo que si existen tengan contenido político o social. De manera que lo más cercano que conozco a un recuerdo gráfico de la República en Quesada son estas imágenes. 

Como anticipo de lo que será un trabajo sobre la historia de Quesada en aquellos años, traigo aquí algunas muestras de  sellos y membretes utilizadas por la burocracia municipal, política y sindical de Quesada.

El reinado de Alfonso XIII terminó con las dictaduras de Primo de Rivera, Berenguer y Aznar. Aunque este último intentó recuperarla, la Constitución estaba suspendida. No obstante el ayuntamiento de Quesada seguíoa utilizando los sellos con el lema “Alcaldía constitucional”. Y  por supuesto, con el escudo borbónico.

Sello de 1930 con la corona real en el escudo

La proclamación de la República Española provoca  el cambio de sellos. Se mantiene el lema de “Alcaldía constitucional”, tradicional desde el siglo XIX, pero cambia el escudo que pasa a ser el oficial de la República, fácilmente distinguible por su corona mural distinta de la anterior y actual corona borbónica.




Alcaldía Constitucional de Quesada (Jaén)

Sello estampado en una cartilla militar
(la de mi abuelo concretamente)



En 1936 aparece este membrete de la alcaldía con un diseño más estilizado, sin las columnas, que se impondrá claramente en los años sucesivos. 


Membrete en documento año 1936.


El 19 de julio de 1936 la Guardia Civil abandona Quesada. Se inicia la Guerra Civil que en el pueblo, especialmente durante el verano y el invierno de ese año, no tiene carácter de tal sino de auténtica explosión revolucionaria. Durante unos meses desaparece todo rastro de autoridad gubernamental. Intentando recuperar el control, a principios de 1937 el gobierno de Largo Caballero disuelve los ayuntamientos y crea consejos municipales. Asumen las funciones de los ayuntamientos pero además las de los comités del Frente Popular, juntas de defensa, etc que habían proliferado en los meses anteriores. Cambian los sellos, que ya no son del ayuntamiento municipal sino del consejo. Los nuevos usan el escudo de diseño sencillo que antes hemos dicho.


1937 Sello del consejo municipal


1937. Alcaldía del consejo municipal

A raíz de la constitución del consejo municipal el 31 de enero de 1937, desaparece el comité del Frente Popular. Este era el sello que usó durante los meses en los que funcionó.


Comité del Frente Popular de Quesada

Por último entre los de carácter oficial, el sello del Comité Arbitral Aceitunero de la campaña 1931-32. Presidido por el alcalde y formado por dos patronos y dos obreros, se constituyó el 4 de diciembre de 1931 para resolver las incidencias y problemas que pudieran resultar de la recogida de aceituna 1931-32.  Su última reunión fue el 11 de enero de 1932.





Durante la II República los partidos políticos en Quesada no tuvieron una implantación importante. Las organizaciones fuertes y con un número de afiliados importante fueron las sindicales. Especialmente la C.N.T. que fue claramente dominante ya desde 1931, cuando tras algunos titubeos el sindicato La Verdad se afilió a la organización anarcosindicalista. 


Sindicato La Verdad, de la C.N.T. fundado en Quesada en  1931

Sindicato único de CNT de Belerda

La UGT, aunque con menos afiliados que CNT, también existía teniendo un peso en la vida local incluso superior al que le correspondería por sus efectivos. Quizás por ser en el resto de la provincia el sindicato mayoritario.


Federación de Trabajadores de la Tierra de la U.G.T.

Membrete de la FTT


Existió como se ve en este sello, un comité de enlace entre ambos sindicatos utilizado en documentos conjuntos.


Comité de enlace sindical

Igualmente era conjunta la colectividad agraria creada en 1936 y que abarcaba todo el término municipal. Este carácter mixto fue una excepción en la provincia.
 
Colectividad agrícola de Quesada.

Respecto a los partidos políticos, el único que funcionó regularmente y con alguna estructura fue Unión Repúblicana, otra pequeña rareza de Quesada pues fue un partido minoritario que existía sólo en las grandes localidades de la provincia y siempre por detrás de Izquierda Republicana que en Quesada no existía.


Comité local de Unión Republicana

Pocas referencias y vagas he encontrado sobre el PSOE. Los afiliados se identifican siempre con UGT y a la organización sindical se refieren siempre los documentos que los mencionan. Es posible no obstante que pudiera estar constituido el partido aunque no funcionara de manera autónoma. Curiosamente si he encontrado este sello correspondiente a la Agrupación Socialista de Huesa.




Si existen menciones a las Juventudes Libertarias y a las Juventudes Socialista Unificadas. Pero sellos no. Aunque curiosamente también existe uno de Huesa.



Aunque no sea sello ni membrete, como imagen de aquellos años este certificado de correos



En fin, que como casi todo el mundo sabe la República perdió la guerra. En los primeros momentos la burocracia franquista utilizó documentos republicanos resellados.


El escudo de la República con la imagen joseantoniana
y el eslogan sellado encima.

Lo mismo con el nuevo escudo franquista
y los lemas oportunos.
Pero no siempre se molestaron o pudieron “tunear” los impresos republicanos. Aunque el siguiente ejemplo no sea de Quesada (pero sí corresponde a un preso de la localidad), se puede observar como en la prisión provincial de Jaén, donde había algo de trabajo en 1939, se limitan a tachar el escudo de la República.




Y esto mismo hicieron en Quesada, el 20 de abril usando papel con membrete del "Consejo Municipal" en el que se tacha el escudo republicano. De paso alguien sacó de algún cajón el viejo sello usado en los tiempos de Alfonso XVIII y que a falta de cosa mejor se lo estampó al documento.



Y hay otra versión un poco más contundente. Arrancarle al sello de caucho la corona republicana. El caso es del juzgado de Cazorla del 14 de abril de 1939, para celebrar el aniversario. En Quesada fueron algo menos agresivos y el sello de un documento del día 25 del mismo mes está completo, con su corona mural en el escudo. Una imagen que simboliza la extirpación de la República y sus símbolos.



El sello del juzgado de Cazorla al que arrancaron la corona mural

Del día 25 de abril, el sello del juzgado municipal de
Quesada conserva íntegro el escudo republicano.

Lo que sigue ya se conoce. La exaltación política personalista de los nuevos tiempos queda reflejada en este sello de 1939.

Alcaldía de Quesada (Jaén)
FRANCO-FRANCO-FRANCO





viernes, 25 de noviembre de 2016

Quesada 1850


Quesada en el plano de Pascual Madoz


El siglo XIX doblaba la esquina de su mitad. La primera guerra carlista dejó en Quesada episodios violentos que recuerdan las historias de maquis cien años después: partidas facciosas que cruzaban el terreno perseguidas por las tropas del gobierno, caudillos rebeldes fusilados públicamente para escarmiento de las gentes... En 1843 acabó la regencia de Espartero, al año siguiente el general Narváez formaba gobierno y en 1845, por reforma de la de 1837, una constitución conservadora dio paso a la década moderada. La vuelta al poder de Espartero y la llegada al gobierno de O´Donnell y la Unión Liberal completaron los años intermedios del siglo.

Esta entrada recoge noticias de aquellos años. Son noticias dispersas, recogidas de la prensa de la época y de otras fuentes coetáneas como el Diccionario de Madoz, el plano de Coello o los censos oficiales de población.  Sería bueno, y alguien debería hacerlo,  investigar en el archivo municipal la existencia de  documentación que amplíe el conocimiento de estos años.

El 1845 se estrenaba constitución y el ayuntamiento de Quesada estrenaba escudo. Se reforma el viejo sello de origen medieval con dos torres y se sustituiye por otro de una sola (ver escudo). También por estos años se produjo la última escisión en el viejo término con el que la villa de Quesada se había separado de Úbeda en 1564. La creación en 1847 del ayuntamiento de HuesaEn 1648 se habían separado Pozo Alcón e Hinojares. En 1836 Larva se separó de Quesada para unirse a la cercana Cabra (ver término). Y finalmente, el 4 de mayo de 1847, Poyatos, Arroyo Molinos, Ceal y Tarahal constituyeron el nuevo ayuntamiento de Huesa, con capital en la primera. Según el diccionario de Madoz el nuevo pueblo suponía un quinto de la riqueza y un sexto de la población. La Dehesa del Guadiana se dividió en dos franjas paralelas y alargadas que llegaban hasta el antiguo límite con Guadix (Alicún). La más cercana al río Guadiana quedó para Huesa, la de la parte de Cabra (por donde el ferrocarril y la estación de Huesa) a Quesada. Es por eso que la Estación de Huesa está en término de Quesada.

Hubo por aquellos días otras novedades que con el tiempo adquirieron notoriedad. Por real orden de 26 de diciembre de 1846 se autorizó la celebración de una feria anual los días 25, 26 y 27 de agosto. Estas ferias se crearon en todos los pueblos y tenían un carácter comercial y ganadero. Para facilitar que los tratantes y vendedores pudieran ir de una a otra se encadenaban en el tiempo, de ahí que fueran más o menos consecutivas y que cuando acaba una empezaba otra (Quesada y Peal, p. Ej.) Estas ferias de ganado eran, junto a las fiestas religiosas, una de las pocas cosas que sucedían a lo largo del año, una de las pocas ocasiones de divertirse y por eso se organizaban bailes y acudían toda clase de feriantes y buscavidas. Con el tiempo su origen comercial desapareció y quedó sólo la cosa festiva. A esos tres días iniciales se unió el 24 (los más viejos recordarán que los viejos de su juventud le llamaban "víspera de feria") y el 28 como preparación de la "Despedida de la Virgen". 

Las noticias anteriores proceden del "Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico de España y sus posesiones de Ultramar", publicado entre 1846 y 1850 por Pascual Madoz. El tomo XIII que contiene la letra Q se publicó en 1849. En sus páginas 313 y 314 está la entrada correspondiente a Quesada. Además de una reseña histórica y la descripción del término y pueblo hay otras Informaciones curiosas: los 20.000 reales del presupuesto municipal, los 11 eclesiásticos de la localidad, las ermitas (Madre de Dios), la correspondencia que llegaba dos veces por semana, los caminos "todos en mal estado", las dos barcas que servían para cruzar el Guadiana Menor, etc.

Desde un punto de vista ecológico es interesante observar como entre las especies de caza se incluye, junto a jabalíes y cabras monteses, a los corzos, que aunque presentes en otros puntos de Andalucía (Cádiz y Málaga) aquí hoy día son inexistentes. Y no es el único dato sobre la presencia antigua de esta especie pues en el mapa topográfico 1:50.000 se cita en la Dehesa del Guadiana un Cerrillo de los Corzos. Las minutas para la confección de ese mapa se hicieron en 1877-8. Al igual que los lobos debieron desaparecer en este siglo XIX. Algún día, si me acompaña el ánimo, haré algo sobre la evolución del paisaje, la flora y la fauna de acuerdo a la toponimia.

Tomo XIII el Diccionario de Madoz


Respecto al número de habitantes, estos años son de crecimiento sostenido. En el censo electoral de 1846 se da un total de 4.604 almas.  Madoz, con datos recogidos por los mismos años, dio una cantidad similar, 4.504 almas. En el censo de 1856 son ya 5.473 habitantes. En el de 1860 llegan a 5.767. Unos cien habitantes más cada año. Aparte de la roturación de nuevas tierras (cada vez más marginales y pobres) asociada a la expansión del olivar, no existen nuevas actividades económicas de importancia que alimenten y justifiquen el crecimiento. Tampoco hay una emigración importante pues no se daba entonces por estas tierras el crecimiento industrial que en otros países y zonas concentraba a la población en las ciudades. El crecimiento será  sostenido hasta mediados del siglo XX y el resultado final será, como en el resto de Andalucía, la aparición de importantes masas de población sin tierra que será el origen de los conflictos sociales venideros.

A finales de los años treinta del siglo, la desamortización de Mendizábal dejaba en Quesada cambios que marcaron definitivamente el aspecto del centro del pueblo. Los bienes de las órdenes religiosas, "manos muertas", pasaron mediante subasta pública, a propiedad de inversores, aristócratas y comerciantes que se interesaron fundamentalmente por las tierras. El resto de los bienes eclesiásticos afectados eran conventos y otros edificios, bastantes de ellos en el centro de pueblos y ciudades. Eran de gran valor patrimonial y artístico pero económicamente, que era de lo que se trataba, improductivos. No se vendieron en su mayoría y quedaron en manos de los ayuntamientos que en unos casos les dieron algún uso alternativo, en otros los dejaron abandonados y en no pocos casos los derribaron para hacer o ampliar plazas públicas. Fue por ejemplo el caso de Granada donde, entre otras actuaciones, el antiguo convento del Carmen a orilla del Darro, fue derribado en su mitad para crear la plaza actual de igual nombre, adaptándose la parte del claustro como nuevo ayuntamiento.

En Quesada los edificios eclesiásticos que pasaron a mano del ayuntamiento fueron el convento de dominicos de San Juan y el anejo convento de monjas dominicas de Santa Catalina.  Los dos en el centro del barrio que se construyó cuando, tras la conquista de Granada y acabada la guerra desaparecieron los peligros militares. Hasta ese momento, el pueblo vivía a resguardo de las murallas del alcázar (calle del Cinto) y arrabal de la calle Adentro. El fin de la guerra suposo también que las zonas más expuestas se pudieron cultivar y explotar. La población aumentó y fue necesario ensanchar la villa. Se creó un nuevo barrio (que durante el siglo XVI llamaron de las Cuestas) de calles "amplias" y más o menos rectas. En su centro y siguiendo las costumbres urbanísticas de la época, se trazó una gran plaza cuadrada y diáfana (por supuesto sin jardines) lugar de reunión, mercado, alardes (inspecciones) militares, etc. Presidiendo esta Plaza Pública o Plaza de la Villa, la casa del cabildo, el ayuntamiento. Para comunicar el nuevo espacio con la parte vieja amurallada se hizo la calle Nueva. El “ensanche” se completó con los dos conventos mencionados y una casa, de la Tercia, en la que se recaudaba y almacenaba el impuesto. (ver evolución del casco urbano) Este era el esquema tradicional del centro de la villa y que en este siglo XIX cambió para dar forma al que conocemos hoy en día.

El plano de Francisco Coello


Para saber como era Quesada en aquellos años centrales del siglo XIX existe una joya cartográfica que poquísimos pueblos y para esa época tienen: el plano de Coello.

Francisco Coello de Portugal y Quesada fue un militar y cartógrafo, natural de Jaén, autor de un Atlas de España inconcluso pensado para que sirviera de complemento al Diccionario de Madoz. En la tercera hoja del suplemento de Andalucía incluyó Coello algunos planos de población: Motril, Utrera, Morón, Rute, Cabra, Priego… De Jaén, solo tres pueblos: Huelma, Cazorla y Quesada. Las hojas del Atlas se publicaban conforme se terminaban y por eso, aunque estos no están fechados, se pueden señalar como de los años 1850 al 52 (cuando mas hojas se publicaron) o de algún año cercano posterior.

En el plano de Coello hay curiosísimos detalles. La cárcel señalada en la torre de la alcaidía, hoy desaparecida pero que se puede ver en la conocida foto de Carriazo al final de la calle del Arco de los Santos. No existía cuando se hizo el plano el Muro que se construyó a finales de siglo para continuar la carretera hasta Tíscar. No existían las Cuatro Esquinas, la calle don Pedro que ya se llamaba así y que incluía la calle del Teatro, cerraba por ese lado el pueblo, se abrió hueco para dar paso a la carretera.  El paseo de Santa María era un paseo ajardinado sin casas y que rodeaba la parte vieja. Está también en el plano la ermita Madre de Dios y en el camino de Jódar (parte alta de la calle del Teatro) otra llamada del Santo Sepulcro.  La muralla se conserva casi completa con cubos y almenas. Como anécdota, señalar la existencia de la calle y casas de Franco. No se refería a ese general que tardaría casi cincuenta años en nacer. La expresión franco se refería a calles y zonas libres de alguna tasa o impuesto y era muy frecuente (ver diccionario RAE).

La parte más interesante del plano es la central. La de la Plaza. Como ocurrió en tantos sitios, los conventos no se vendieron y quedaron en manos del ayuntamiento. El de monjas se abandonó pronto y fue derribado reedificándose parte y quedando otra como solar hasta que cien años después se construyó allí el museo viejo. El ex-convento de dominicos se respetó. Estaba este situado en lo que hoy es el Jardín Chico, primero el claustro que avanzaba desde casi la parte donde paran hoy los coches delante del semáforo hasta entrado el jardinillo. En la esquina más cercana a la Explanada había una torre en la que se puso un reloj posteriormente trasladado al ayuntamiento cuando se derribó el edificio. A continuación del claustro y en dirección al museo viejo, la iglesia del convento que se mantuvo en uso como ayuda de parroquia  hasta primeros de los años treinta del siglo veinte. El claustro que en fotos posteriores podemos ver como era un caserón en medio de las dos plazas actuales, se dedicó, según se especifica en el plano de Coello, a escuela pública de niños y teatro. Pero ¿no fue mercado y plaza de abastos como recuerdan las generaciones que llegaron a vivir los años posteriores a la Guerra Civil? Sí, pero lo fue con posterioridad a 1850. En un primer momento no. La explicación también la da el plano de Coello.

"Vuelo americano" Fotografía aérea de 1946. Se puede observar como aun se mantiene en pie el claustro del convento (mercado y escuelas) y la iglesia del mismo

La plaza de la Villa, plaza Pública, ya no se llamaba así sino de la Constitución (se acababa de estrenar la segunda de ellas) pero seguía siendo el  lugar de mercado que fue desde su creación. En el plano de Coello aparece como un espacio cuadrado y diáfano, sin árboles, fuentes o cualquier otro mobiliario. Una humilde y tradicional plaza mayor.

En el plano de Coello observamos que donde está ahora la Explanada hay otro espacio cuadrado y ajardinado, con una fuente o similar en su centro. Se cita como "Glorieta, Antes Casa de la Tercia". La casa de la Tercia (no confundir con las eras o ejidos de la Tercia en la parte que sigue conociéndose así) había perdido su función con la desaparición de los diezmos (y las correspondientes tercias reales). Por falta de uso o mal estado se derribó plantándose en el solar un pequeño jardín. La configuración del centro del pueblo en 1850 era la inversa a la actual.  Donde hoy está el Jardín, una explanada. Donde hoy está la Explanada, un jardincillo. Detrás en la esquina con la calle Nueva había un soportal donde luego estuvo la inspección de policía municipal. Este uso posterior para policía da la pista de que seguramente el soportal tuvo también funciones concejiles para avisos, reuniones, inspección de pesos y medidas, etc.

A final de siglo la cosa había cambiado a la configuración actual, Jardín y Explanada. Se puede comprobar en el plano que en 1896 levantó el Instituto Geográfico y Estadístico. Donde en el plano de Coello estaba una plaza diáfana,  en 1896 hay un jardín con paseos laterales, cuatro parterres en las esquinas y un espacio central con una fuentecilla. Es básicamente el Jardín que conocemos hoy. En el espacio central posteriormente hubo un quiosco de música de obra y blanqueado, luego una fuente grande, fea y redonda, después la antigua farola originaria del primer quiosco , la garrota, y ahora otro quiosco con un buitre en la veleta. Donde en 1850 estaba estaba la "glorieta antes casa de la Tercia" en 1896 una plaza diáfana, la Explanada. Entre esta y el Jardín, se ve en el plano de 1896, hubo una gran fuente con escalinatas  y pilares a uno y otro lado cuyo recuerdo ha perdurado en fotografías primitivas y en alguna pintura de Zabaleta.


Detalle del plano de Quesada de 1896

El Jardín se plantó en algún momento entre 1850 y 1896. Para eso fue necesario trasladar el mercado al patio del antiguo convento. Allí se mantuvo hasta la demolición del viejo caserón a finales de los años cuarenta.

El Jardín se pensó al modo romántico de la época como un lugar de paseo (y así se llama en el plano de 1896). Lo normal es que las alamedas y paseos se levantaran en las afueras pero en Quesada se aprovechó la existencia de una plaza grande y cuadrada. Los árboles que se eligieron fueron olmos, Ulmus minor, conocidos también en Andalucía como álamos negros, especie muy usada por su sombra en las plazas de los pueblos. Los olmos llegaron a viejos sobreviviendo a los años, las podas salvajes y la epidemia de grafiosis que por aquí pasó de largo. No consiguieron sobrevivir a la urbanización moderna y enlosado del jardín creó una cubierta inhóspita que impedía  la aireación del suelo y la humedad de la lluvia y que en verano provoca en las raices tremendas temperaturas. Hoy apenas sobreviven los que se refugian en la zona mas fresca y umbría, destacando por su porte y forma el de la esquina del Marisol. El sitio donde los olmos viejos daban espesas sombras hoy lo ocupan unos socorridos y poco vistosos arces negundos,  olmos de bola (Ulmus pumila, Globosa) en la parte de las fuentes y algún que otro abeto de ocasión y magnolio fuera de lugar. 

En esta foto de la que ignoro su origen y que circula abiertamente, se puede observar el convento de dominicos en aquel momento ya plaza de abastos, con su torre del reloj. A la derecha el campanario de la iglesia. Se puede observar también la poda "king size" de los olmos del jardín.

En 1854 volvió al poder el general Espartero dando paso al llamado Bienio Progresista. Uno de sus frutos más conocido fue la segunda desamortización, impulsada por Madoz (el del diccionario) que afectó fundamentalmente a los bienes municipales. En Quesada estos se concentraban en la Dehesa del Guadiana. Ignoro el alcance que tuvo allí. En lo que es el casco urbano el impacto fue menor que en la anterior ocasión.  No obstante, por el diario ¨La Epoca" de 13 de mayo de 1856 sabemos que de los bienes de propios se subastaron dos hornos de pan y una casa en la calle Adentro. Los hornos de pan eran municipales desde siglos antes tal como se puede comprobar en las ordenanzas municipales y respecto a la casa, debe tratarse de la que cita el Catastro que era usada como mesón y de propios del concejo municipal. Además, también se subastó una casa en el "egido de las Tercias", la zona que aún sigue conociéndose como la Tercia.

La "Gramática" de Santiago Vicente

Personajes quesadeños famosos no hay muchos. En este siglo XIX estaba el general-ministro Serrano Bedoya como famoso de relumbre. Y apurando mucho Ángel Alcalá y Menezo autor de la “Novela de Tíscar” que algún relieve tuvo en la prensa nacional (ver la Novela de Tiscar). Nadie mas. Por casualidad me encontré con esta noticia publicada el 4 de junio de 1856 en el periódico madrileño "La España":  "El 18 del actual falleció, a la edad de 74 años, en su pueblo, la villa de Quesada, provincia de Jaén, el señor don Santiago Vicente García, escritor aventajado, humanista y filósofo distinguido. Su muerte ha sido una pérdida para la literatura española."

El 28 de mayo "La Esperanza" había publicado también la necrológica con grandes alabanzas y mención a sus obras publicadas. Nunca había oído hablar de este señor. Carriazo que vivió una época no lejana tampoco lo menciona. El apellido Vicente ni me suena ni lo he encontrado nunca en cosas de Quesada. Y sin embargo, este “escritor aventajado” de cuya muerte daba cuenta la prensa, era de Quesada y en Quesada murió. Por su oficio y dedicación es de imaginar que no viviera en el pueblo pero la verdad es que no he conseguido  ningún dato biográfico suyo.

He encontrado información sobre sus publicaciones e incluso conseguido alguna copia de las mismas. Al parecer  se dedicó a la enseñanza de la gramática y la filosofía teniendo cierta fama en su época e incluso después de su muerte. Algunas de sus obras fueron autorizadas para ser usadas como libros de texto en la enseñanza secundaria. Fue el caso de la "Gramática latina con cuadros sinópticos" (que se vendía "a dieciséis reales en esta corte en la librería de Sojo, calle Carretas”) o la "Gramática de la Lengua Española". También escribió "Examen crítico de la Nueva Gramática Castellana de la Real Academia Española" y "Lecciones preliminares para el estudio de las ciencias" Todas de esos años cincuenta del siglo diecinueve.  En la prensa de la época se pueden encontrar comentarios y críticas . Espero que alguien consiga (o tenga) más información sobre este desconocido paisano.

Ficha de Santiago Vicente en la Biblioteca Nacional


Pero el quesadeño famoso del siglo XIX fue el general Francisco Serrano Bedoya. Para su tiempo fue lo que Zabaleta para el nuestro. 

Serrano Bedoya (no confundir con el General Bonito, Serrano Domínguez, dictador republicano y novio de Isabel II) tuvo una activa vida política que inició junto a su protector Baldomero Espartero y que le costó dos exilios. Posteriormente, participó en la Unión Liberal de O´Donnell y fue en varias ocasiones diputado. Tomó parte en la Revolución del 68 siendo nombrado director general de la Guardia Civil del nuevo régimen. En la etapa final de la Primera República, durante la presidencia del general Serrano Domínguez, fue ministro de Guerra y Ultramar. Como tantos otros de su época y a pesar de sus orígenes progresistas, terminó moderadamente sus días como senador vitalicio de Alfonso XII. Su hermano Pedro Serrano Bedoya, también natural de Quesada, fue alcalde de Villacarrillo en varias ocasiones durante estos años mediados.

En estos años mediados de siglo, se dieron dos ocasiones en su vida que llevaron a Quesada a la prensa: la muerte de su padre y las elecciones de 1858.

El día 25 "El Clamor Público", órgano oficioso de la Unión Liberal, decía:

"El 16 del actual falleció en Quesada, provincia de Jaén, el honrado y constante liberal don Tomás Serrano, padre del general Serrano Bedoya. Este anciano, que contaba 73 años de edad, militó siempre en las filas del partido liberal, por lo cual, y por su firmeza de principios, fue objeto de las persecuciones que ha sufrido el partido en que estaba afiliado, sin que sus enemigos consiguiesen nunca entibiar su fé política, ni su carácter noble y enérgico. Nuestro partido ha tenido pues en aquella provincia una pérdida, por mas de un concepto sensible, y su familia llora un padre virtuoso.

Amigos del general Serrano Bedoya participamos del dolor de que se halla poseído al perder al autor de sus dias á los pocos de abrazarle después de una prolongada separación."

Al poco de morir su padre, en el verano de 1858 Isabel II encargó gobierno al general O´Donnell, jefe del partido al que pertenecía  Serrano. En las elecciones de ese otoño por el distrito electoral de Cazorla se presentaban el señor León González por el partido moderado y el general Serrano por la gubernamental Unión Liberal. Según el diario moderado "La España", no fueron unos comicios ni libres y ni limpios. Según cuenta el periódico el 24 de noviembre (aclarando que no referiría todo muy escandaloso que había llegado a su conocimiento en tanto no mejorasen las condiciones a que se sometía a la prensa de oposición) las elecciones en el distrito sufrieron toda clase de ilegalidades y presiones. Tanto durante la campaña electoral como en el día de la  votación. Fueron tantas las presiones de funcionarios y agentes gubernamentales que, según el diario, se llegó al extremo de que el propio candidato moderado se sintió obligado a pedir a sus seguidores que no le votaran apara ahorrarse problemas. “Solo en Quesada, de cuyo pueblo es natural el general Serrano, aceptaron el consejo cincuenta y dos electores moderados". Se quejaba La España de que fue la cosa tal que hasta el alcalde de Cazorla, Pedro Alcántara Teruel, reconoció públicamente que "había recibido la orden" de que ganase Serrano.
El general Serrano


Como estaba determinado, Serrano fue elegido por 309 votos de un total de 339, el 90% de los votos. El censo total del distrito era de 517 electores pues no existía sufragio universal sino censitario (sólo votaban los que tributaban a partir de una cantidad prefijada). De todas formas  Serrano no llegó a tomar posesión ya que  fue nombrado Capitán General de Burgos. Con posterioridad fue nuevamente elegido diputado en las Constituyentes de 1869 por Baeza y en las dos legislaturas de Amadeo I nuevamente por el distrito de Cazorla. Las últimas, las de 1872, fueron las primeras de sufragio universal masculino. Ignoro el grado de limpieza que se gastó en ellas.



En el censo de 1860, al final de los años de los que aquí se habla, Quesada tenía 5.767 habitantes de los cuales eran 2.894 varones y 2.836 hembras, 81 viudos y 235 viudas, casados 1.227, casadas 1.221, solteros 1.611 y 1.392 solteras. El analfabetismo rondaba el 85% de la población. No hay que extrañarse del caciquismo y de los pucherazos. Cincuenta años después, Ciges Aparicio se encontró un panorama parecido de injusticia, caciquismo y analfabetismo que reflejó en Villavieja.