viernes, 19 de abril de 2019

Juan de Mata Vílchez Sánchez en el recuerdo

Juan de Mata Vilchez en la fiesta del Santo en los años cincuenta


Este artículo se publicó en la "Revista de Información y Cultura- Feria y Fiestas 2018" de Quesada. Nace de la confluencia de los recuerdos de infancia de Luis Garzón, de ahí que esté escrito en primera persona, y de mis primeras investigaciones sobre la República en Quesada.

En mayo de 2018 y una vez que Luis localizó su tumba en el cementerio de Peal -estaba olvidada, sin ningún tipo de identificación- colocamos sobre ella una placa de cerámica obra de Consuelo Hurtado.



Mis primeros recuerdos de infancia se remontan a mediados de los años cincuenta del pasado siglo en el cortijo de Los Propios, donde yo vivía. Centenares de trabajadores de Hornos de Peal, Peal de Becerro y Quesada se ocupaban entonces de las faenas agrícolas y ganaderas.

Recuerdo a un tractorista natural de Quesada, de algo más de 50 años de edad entonces, moreno y pequeño de estatura, que me tenía gran afecto. Me gustaba hablar con él en las cocheras de los tractores, muy próximas a mi casa, o en la fragua donde el herrero y el mecánico forjaban y reparaban las piezas necesarias para los aperos de labranza; siempre que llegaba al cortijo de regreso del pueblo, donde iba a “holgar” cada quince días, se acercaba a mí de forma aparentemente distraída para que yo metiera mi mano infantil en el bolsillo de su pelliza, donde siempre había algún caramelo. Se llamaba Juan de Mata, “Matilla” para mis padres, seguramente por su pequeña estatura.

En sus conversaciones conmigo, y pese a mi corta edad, me hablaba de lo mucho que había que trabajar para salir adelante y me aconsejaba vehementemente: “Luiche, estudia, pero no olvides nunca lo que en el cortijo estás viendo y viviendo”.

En las conversaciones cotidianas que escuchaba a los adultos a menudo se chismorreaba sobre las vidas privadas de los obreros que trabajaban en Los Propios, sobre su historia y sus familias. Siempre me llamó la atención que nadie comentaba nada sobre Juan de Mata, apenas que convivía en Quesada con una mujer que no era la suya. La figura de Juan de Mata estaba rodeada de una extraña sensación de misterio.

Juan de Mata murió trabajando, en un accidente de tractor cerca de Peal, el 19 de agosto de 1959. Allí fue enterrado. Durante los años siguientes, cuando acudía con mi familia al cementerio de Peal para recordar a mis abuelos y adecentar su sepultura, yo no olvidaba reservar algunas flores para la modesta tumba en tierra de Juan de Mata y limpiar su fotografía adherida a la sencilla cruz de hierro. Mis padres miraban atentos y emocionados el gesto, que no les sorprendía porque conocían bien mi cariño hacia él.

A finales de 2017, conversando en Quesada con Vicente Ortiz García, interesado como yo en la historia del pueblo, le comenté ese recuerdo; él me dijo entonces que, entre la documentación que estudiaba, figuraba un tal Juan de Mata Vílchez Sánchez que había tenido una relevante actuación en Quesada durante la República y la Guerra Civil que acabó con ella. Su información despertó inmediatamente mi interés y me propuse confirmar si se trataba de la misma persona que yo conocí hacía tanto tiempo en Los Propios. En el registro civil de Peal conseguí el acta de defunción de mi amigo y efectivamente, era él.

 Comprendí entonces de dónde procedía el silencio que rodeaba la figura del buen Juan de Mata. Había sido un importante miembro de la C.N.T. local, miembro del  Consejo Obrero durante la Guerra Civil y preso en la cárcel de Logroño.

Juan de Mata Vílchez Sánchez, nació en la calle de La Carrasca el 23 de septiembre de 1902. Su padre, Domingo, profesión “del campo”, y su madre Bienvenida, “dedicada a las ocupaciones propias de su sexo”. Es difícil saber algo más de él en sus primeros años. La gente de su condición apenas deja más huella y rastro en el mundo que el trozo de tierra donde yace. Juan de Mata tenía instrucción; no sabemos donde la adquirió, si en  la escuela o por otro medio, pero la tenía. Su firma no está dibujada como suelen hacerlo las de las personas que apenas saben juntar letras; es automática, propia de quien no tiene que “pensar” los trazos, de quien tiene costumbre de escribir. Y de leer. No era esto frecuente entonces. Su padre, como el ochenta por ciento de los quesadeños de entonces, no sabía leer ni escribir.

Juan de Mata heredó la profesión del padre, “del campo”. Llegado su tiempo, se casó con Ana María el día 20 de abril de 1929. Proclamada la República en 1931, se afilió a la C.N.T., de la que llegó a ser secretario local.  Quesada, junto a Peal, fue uno de los principales núcleos anarcosindicalistas de la provincia.

Resultando de la sentencia que lo condena 20 años por auxilio a la rebelión.


Toda la información disponible sobre él durante la Guerra Civil procede del procedimiento sumarísimo de urgencia 41.698 que por el delito de rebelión militar se le siguió en 1939 tras el triunfo franquista. (1)

El proceso nace de una primera denuncia que le acusa de incautar “como presidente de la Junta Administrativa” productos existentes en la finca El Salón por valor de más de doscientas mil pesetas. Y es que Juan de Mata fue el administrador de las fincas incautadas y de sus productos. Primero como presidente de la “Junta Administrativa” y desde primeros de octubre de 1936 como tesorero del “Consejo Obrero” que dirigía la “Colectividad Agrícola” en la que se habían integrado las tierras incautadas. (2)

Ante el juez militar reconoció que por este concepto había manejado “grandes cantidades de dinero que seguramente han sobrepasado los dos millones de pesetas”, cuantía que no podía precisar por no haber presenciado la liquidación de la colectividad. En la sentencia se daba por probado que había manejado varios millones de pesetas y que todas las noches se hacía cargo de la recaudación de los comercios que habían sido intervenidos. Además,  como administrador y tesorero, se hizo cargo de “las alhajas de la Virgen de Tíscar” y otros objetos de culto procedentes de las iglesias.

No se le acusó de apropiarse de bienes algunos ni de causar daño personal en aquellos difíciles momentos. Ninguno de los testigos ni de los informantes de su proceso insinúa siquiera que se quedara con algo de lo mucho que administró o que hiciera algún daño a alguien. Su proceso fue exclusivamente político, de los muchos que tras la guerra civil se llevaron a cabo basándose en informes como los que sobre Juan de Mata presentó en 1939 la alcaldía de Quesada: “Juan de Mata Vílchez Sánchez está considerado como muy peligroso, dirigente activísimo de la C.N.T. y de la F.A.I., escopetero, incautador de fincas y de las alhajas de la Virgen de Tíscar, activo sembrador de odios contra las clases consideradas como de derechas, a las que perseguía sañudamente”.

Las alhajas de Virgen se entregaron en Valencia, sede de la administración republicana, “por el conducto reglamentario” y se recuperaron en 1939. Esa es la explicación de por qué, habiendo desaparecido la imagen antigua, las alhajas antiguas sí se conservan. (3)

Fue detenido tras la ocupación de Quesada por las tropas franquistas y permaneció encarcelado en el pueblo hasta su traslado a la prisión provincial de Jaén a principios de 1940. El 20 de mayo de 1940 fue condenado por el delito de “auxilio a la rebelión militar” a veinte años de reclusión temporal, por lo que se le internó en la prisión de Logroño, donde permaneció hasta el 19 de julio de 1943. En esa fecha fue puesto en libertad condicional vigilada, fijando su residencia en Quesada. Mantuvo la condicional hasta que fue indultado el 29 de noviembre de 1951.

En marzo de 2018, con la inestimable ayuda del Ayuntamiento de Peal, localicé de nuevo su modesta tumba, hoy casi desaparecida entre nuevas sepulturas y ya sin identificación alguna. Comprobé que el lugar de su enterramiento figura a nombre de Francisca Plaza González, una persona entonces desconocida. Con la colaboración del  registro civil de Quesada, donde recibí todo tipo de facilidades, con innumerables entrevistas a personas de avanzada edad que pudieran facilitarme alguna pista y finalmente con la definitiva ayuda de los descendientes de su segunda mujer, he conseguido reconstruir el final de su vida.

Durante la prisión de Juan de Mata su mujer lo abandonó para  convivir con otro hombre. No hay que juzgar con criterios actuales estos hechos ni a unas mujeres que quedaban peor que viudas, estigmatizadas por ser mujeres de rojos y a merced de la miseria y del hambre.

Tras su regreso de la cárcel de Logroño, Juan de Mata conoció a Francisca. Efectivamente, esa a cuyo nombre está la tumba de Peal. Había nacido en Lacra en 1905 y fallecido en 1984 en Quesada. Francisca era viuda de guerra y tenía un hijo y una hija de su primer matrimonio, Ramón y Prudencia Molina Plaza.

Tras diversas vicisitudes pude hablar con varios nietos de Francisca Plaza González, que amablemente me facilitaron algunas fotografías y que compartieron conmigo los recuerdos que les había transmitido su madre.

Al quedar viuda, Francisca y sus hijos quedaron en la más completa indigencia. Le había quedado una pollina que tuvo que vender para sobrevivir, con la mala fortuna  de que los billetes de la República emitidos con posterioridad a 1936 dejaron de tener valor legal y sin compensación alguna fueron anulados. Francisca se había quedado sin pollina y sin dinero. Es de imaginar su dramática situación en aquellos trágicos años. Pasó “mucha necesidad” y tuvo graves dificultades para sacar sola a sus hijos; se buscaba el sustento espigando y segando hierba, aunque según recuerdan los nietos haber oído contar, los guardas le solían quitar los sacos que llevaba para su casa.

Juan de Mata y Francisca


Tras la vuelta de Juan de Mata en 1943, en algún momento decidieron Francisca y él vivir juntos. Dos personas solas, un expresidiario en libertad condicional abandonado por su mujer y una viuda de guerra que luchaba sola por sus dos criaturas. Compartían la soledad y la pena propia de dos vidas truncadas, destrozadas por la guerra.

Sus nietos, hijos de Prudencia, siempre oyeron comentar en su casa que Juan de Mata “ayudó en todo” a Francisca y que trató a sus hijos como si fueran de él. Y efectivamente, como hijo suyo recomendó a Ramón para un puesto de trabajo en Los Propios.

Tras aquella unión la vida de ambos mejoró. Juan de Mata facilitaba a Francisca y a sus hijos todo lo necesario dentro de sus modestas posibilidades. Francisca le dio a Juan de Mata la familia que el destino le había quitado. Fueron dos vidas humildes que se apoyaron mutuamente en aquella trágica posguerra. Entendí entonces el motivo de los comentarios que yo escuchaba siendo un niño: Juan de Mata convivía con una mujer que no era la suya.

Nunca se pudieron casar. Por aquello de defender “la familia”, el franquismo había abolido la ley de divorcio de la República. Cuando el divorcio se volvió a legalizar en 1981, Juan de Mata llevaba mucho tiempo enterrado.

Según me indicaron otros informantes consultados, al morir Juan de Mata en aquel dramático accidente laboral de 1959, los dueños del cortijo de Los Propios intentaron que Francisca percibiera la indemnización correspondiente, pero no lo consiguieron al no ser ella legalmente su esposa. La muerte de Juan de Mata volvió a dejar a Francisca en precario. Por suerte, sus hijos ya habían crecido.

La muerte de Juan de Mata en el verano de 1959 fue la primera que yo sentí en mi vida. Lo acompañaban en el tractor aquel día otros dos trabajadores, uno de los cuales también murió. Llevaban a Los Propios una carga de yeso desde la cantera de Pozolobo y volcaron en una curva de los Cerros del Atalayón, a la salida de Peal. Los cadáveres se velaron en una casa particular que alguien ofreció. Todos los trabajadores de Los Propios fueron, andando hasta Peal, a su entierro.

Hoy considero que Juan de Mata Vílchez Sánchez, pequeño de estatura pero grande en honradez y convicciones éticas y políticas, se compartan o no, merece nuestro recuerdo y nuestro homenaje. No olvidemos tampoco a su compañera, Francisca Plaza González, por mujer aún más olvidada. Ambos representan a ese grupo mayoritario de la población que no suele figurar en los libros de historia, pero que la escribe a diario con su trabajo, su esfuerzo y su sufrimiento.

Por eso y para eso, aunque esté escrito en primera persona porque nace del reencuentro con un recuerdo personal de infancia, hemos escrito juntos este artículo Vicente y yo. Y así lo firmamos.    
Luis Jesús Garzón Cobo y Vicente Ortiz García.

(1) Digitalizado por el Instituto de Estudios Giennenses. Memoria Historica de la Provincia de Jaén, a quien pertenece la imagen que se repoduce.

(2) Puede consultarse en la Revista Municipal de Información y Cultura correspondiente a 2014 el artículo que publiqué sobre la reforma agraria de la Segunda República).

(3) Con posterioridad hemos sabido que todas las alhajas y objetos de valor de la Virgen fueron depositadas en una habitación cerrada con llave de la Casa del Pueblo. No fueron llevadas a Valencia sino a Jaén, en enero de 1938. Fueron custodiadas en el almacén al efecto que la Junta Delegada del Tesoro Artístico habilitó en la catedral. En 1939 fueron recuperadas en su totalidad según certificaron el secretario y tesorero de la Cofradía en el proceso sumarísimo contra Emilio Pérez Martos, tesorero de la Junta Administrativa de la que era presidente Juan de Mata.
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Tumba de Juan de Mata en el cementerio de Peal


sábado, 12 de enero de 2019

La electricidad en Quesada y el Barranco de La Canal

Placa en la fachada de la "casa de máquinas"



Hoy en día se da por sentado que determinados suministros, como la electricidad, son seguros y continuos. Cuando se interrumpen originan importantes problemas domésticos y económicos. Pero hasta no hace demasiado tiempo esto no era así, en Quesada especialmente. Por ejemplo, el suministro de agua era bastante irregular, sobre todo en verano, y por eso en las casa había depósitos de agua para garantizar el consumo más básico. La electricidad  tampoco era algo constante que nunca fallara pues los apagones eran frecuentes. Incluso la televisión era irregular, de manera que cualquier nube, cualquier “chispa” en el repetidor, dejaba al pueblo sin imagen a veces durante días.

El suministro de agua siempre fue competencia municipal desde tiempos remotos. Las inversiones que en cada época tuvo que afrontar el Ayuntamiento han sido seguramente las más importantes que se han realizado en el pueblo. Por el contrario el suministro de electricidad siempre ha estado a cargo de empresas privadas y solo el alumbrado público ha sido responsabilidad  municipal. La del agua es una interesante historia con sus luces y sombras, sus escándalos y sus fuentes desaparecidas pero esta entrada se refiere a "la luz".

La electricidad empezó a difundirse en España en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX. En un principio se usó solo para iluminación, como sustituto del petróleo de los faroles y el aceite de los candiles. Eran tiempos oscuros, en los que se vivía al ritmo del sol y cuando este desaparecía casi lo hacía también la vida, que se refugiaba en la penumbra de velas, candiles y lumbres.

En la segunda mitad del siglo XIX la iluminación de las calles, cuando existía, era escasa y mala. La vida nocturna mínima y la inseguridad grande. En 1884 había en Quesada por todo alumbrado 35 faroles de petróleo. Eran pocos y funcionaban en un horario muy reducido según había establecido en el pleno municipal de uno de junio:  El alumbrado deberá estar luciendo al punto de anochecer, o sea, al toque de la oración, permaneciendo vivo hasta las doce de cada noche, exceptuando aquellas en que haya luna clara y por las horas que esta dure, a fin de que no falte luz natural o artificial hasta (la) referida hora de las doce, de modo que, si la luna sale al anochecer, se encenderá por el resto que medie desde la desaparición de su reflejo hasta la terminación del alumbrado, y si saliese con posterioridad se encenderá aquel desde el anochecer.” [1] Eran los serenos con “capote ruso y gorra” quienes encendían y apagaban los faroles.

Desde las doce de la noche no había ningún tipo de alumbrado salvo que hubiera luna. Solo se salía de la casa de uno en caso de vicio o por extrema necesidad. Cuando los tiempos eran malos los peligros nocturnos aumentaban y así, en 1890, el Ayuntamiento decidió añadir otros 8 faroles a la luz de las calles y  crear dos nuevas plazas de sereno. La causa de este aumento era el “estado aflictivo en que se encontraba el vecindario debido a la escasez de trabajos por las grandes sequías […], dando esto lugar a que se cometan algunos abusos en la población que muy bien pudieran aumentarse si no se tomaran medidas para evitarlos”.[2]

Estas oscuridades se vería aliviada por un reciente invento, la luz eléctrica, que llegó a Quesada a la vez que el siglo XX. Pro alguno de los faroles antiguos siguieron usándose bastante tiempo. García Carriazo, en sus memorias, refiriéndose a la segunda década del siglo dice que en el centro del jardín, en el Huevo, había un "un alto poste de hierro del que colgaba una gran farola de cristal que encendían desde el suelo, izándola después, operación que presenciábamos los críos con curiosidad."[3]

En 1900 la electricidad todavía no estaba disponible,[4] pero ya se había solicitado al Ayuntamiento autorización para “tender los cables, colocar transformadores en la vía pública y emplazar postes en los caminos vecinales y terrenos de propios” para distribuir la energía eléctrica producida mediante un salto de agua. [5]

El servicio de suministro eléctrico se inauguró, según cuenta García Carriazo en sus Memorias, el día primero de 1901: "El matrimonio de mis padres (…) tuvo lugar la ultima  noche del siglo pasado, iniciando su nuevo estado al primer día del XX, oyendo que ese día se inauguró la luz eléctrica que producía la fabrica de Béjar, que celebrara todo el pueblo, por el avance que ello suponía." [6]

Efectivamente, la primera central eléctrica de Quesada se instaló en Béjar aprovechando las aguas de los arroyos de Béjar y de la Cerrada Villena. La “fábrica de la luz” fue construida por la compañía “Electra Industrial Española”.[7] Esta casa tenía su sede social en Bilbao y operaba en la zona de Martos y Jaén, donde siguió haciéndolo bastantes años.
 
En esta vista del rincón de Béjar, de Zabaleta, se pueden ver los postes de la línea que llevaba a Quesada la electricidad de la "fabrica de la luz"



En Quesada y tras construir la central de Béjar, Electra Industrial duró poco. En 1905 la fábrica de la luz pertenecía a Antonio Bello Ayala[8]. En 1909 hay una nueva referencia con otra titularidad. El vecino de Quesada  Ildefonso Bedoya de la Torre y Emilio Ruiz Cañabate, de Madrid, constituyeron una sociedad regular colectiva al objeto de explotar la “Fábrica de electricidad de Nuestra Señora de Tíscar”. Bedoya aportaba al capital “la concesión gubernativa “para derivar 60 litros segundo del arroyo de Béjar y  40 litros segundo del de Villena”. Se valoraba esta concesión en 2.000 ptas. Por su parte, Cañabate  aportó a la sociedad 110.000 ptas en metálico. Los grandes capitales que precisaba la nueva industria no estarían muy a la mano en Quesada, de manera que es el inversor forastero quien aporta el capital y seguramente la técnica.[9]


El salto de agua de Béjar tenía 85 m. de desnivel. Sendos canales traían el agua desde los dos arroyos hasta una cámara de carga común donde se hacía caer hasta la turbina. El edificio industrial está hoy completamente hundida. Se mantiene, aunque bastante ruinosa, la casa que servía de vivienda a los trabajadores, el “cortijo de la Feda”. En un óleo de Zabaleta con una  vista de este rincón desde el que fue su cortijo, se aprecian claramente los postes de la línea de transporte de la electricidad. La vieja central de Béjar estuvo muchos años en funcionamiento, hasta después de la guerra civil. Recientemente  parece que se ha intentado, o al menos estudiado,  una nueva vida para ella. En 2005 la Diputación la incluyó en un estudio sobre minicentrales hidráulicas de posible recuperación dentro del programa Agenda 21.[10]

En estos primeros pasos de la energía eléctrica no solo el capital inversor era forastero, también el personal técnico. Hablando García Carriazo de los personajes célebres del pueblo a principios del siglo XX cita a "D. José el Alemán, por su nacionalidad, con bigote prusiano y su eterna cachimba en la boca, que era el técnico de la Fábrica de la Luz,”[11] Posteriormente habrá otros alemanes relacionados con la electricidad como se verá.

"La Energía Eléctrica" Mayo de 1909

Empresarialmente, al inicio de los años veinte existe en los anuarios y registros de compañías eléctricas referencia a dos sociedades en Quesada. Una la ya conocida “Bedoya, Ruiz Cañabate y cía”, con domicilio social en Quesada y que en 1920 tenía un capital social de 150.000 ptas, 38.000 ptas más que en 1909. Era su gerente Antonio Rodríguez Conde. Su objeto “Fábrica de electricidad”.[12] La otra se denominaba “Fábrica de Electricidad Nuestra Señora de Tíscar” con domicilio social en Madrid y constituida en 1917, con un capital de 45.000 ptas. Tenía como objeto el “suministro de fluido al pueblo de Quesada (Jaén)”.[13] Diez años después, en 1931, todavía se siguen relacionando ambas en el Anuario de Andalucía 1932.[14] Esta duplicidad, quizás pudiera explicarse por el desdoblamiento societario de la producción y la comercialización pero es fácil que se deba a un simple error de los anuarios que las citan.

Porque en 1922 existía una sola sociedad eléctrica, "Nuestra Señora de Tíscar", que además era de nueva creación y celebraba su primera junta de accionistas en Quesada el 9 de marzo de 1922. Sus accionistas Lázaro Segura, Antonio Rodríguez, Francisco Sanjuán, Estaban de la Riva, y Emilio Ruiz Cañabate. Los dos últimos no asisten por residir en Madrid. Ruiz Cañabate, que participaba en el negocio desde 1909, saldrá de la sociedad el verano siguiente y esta quedará en manos en manos quesadeñas. [15]

En sus primeras juntas[16] se hicieron nombramientos de personal y se fijaron las obligaciones de cada trabajador. Así, el maquinista encargado de la fábrica tenía obligación de residir en Béjar en "la casa próxima a la fábrica". El instalador efectuaba las reparaciones necesarias en la red en el pueblo y en la línea entre este y la fábrica. El guarda tenía como misión vigilar la línea para lo que debía "subir y bajar por el trazado" todos los días "aunque no ocurra nada anormal".

El suministro eléctrico estaba destinado prioritariamente al alumbrado público y a la iluminación de algunas habitaciones en las casas de las familias que se lo pudieran permitir. Los electrodomésticos no existían y los usos industriales apenas apuntaban. En aquel verano de 1922 Bienvenido Fernández solicitó suministro para el motor eléctrico de su almazara en la calle Franco. Se le concedió, pero con la condición de que en caso de sequía, cuando no pudiera garantizarse el alumbrado público, a la fábrica de aceite no se le suministraría corriente por la noche. 

En 1930 el accionariado y el nombre de la sociedad se mantenían según el acta de la reunión celebrada el 15 de octubre. Pero en 1931, ignoro el motivo, había cambiado el nombre aunque mantiene la composición social. Ahora se denominaba la empresa "Sanjuan y cía. Eléctrica Nuestra Señora de Tíscar". Es con este nombre con el que, desde mediados de 1931, las actas de los plenos municipales recogen el pago de facturas.

Los primeros años de la República son de claroscuro en la cosa eléctrica. Iba evolucionando y creciendo pero lo hacía muy lentamente a causa de las limitaciones de producción del ya viejo salto de Béjar. De una parte aumentaba el consumo industrial. No solo con la instalación de motores eléctricos en las almazaras sino con nuevos usos industriales. En octubre de 1931 Antonio Aivar Pérez envió  un escrito al Ayuntamiento solicitando permiso para establecer un taller de carpintería en la calle de Espinillos 6. Se destacaba en la solicitud que la nueva carpintería estaría dotada de una “máquina combinada movida a electricidad”. Pero de otra continuaban las penurias en la iluminación pública. Las mejoras se daban paso a paso. El 12 de agosto de 1931, a propuesta del teniente de alcalde, se acordó instalar una luz en la calle del Bache. En octubre se aprobaba poner dos luces en el interior del edificio de la Cárcel. Se puede decir que más que paso a paso se avanza bombilla a bombilla.

Sobre lo comentado antes de los alemanes. En el pleno de 15 de noviembre de 1931 se dio cuenta de la instancia presentada por Felipe Rothemund Vogel para que se le aprobasen las tarifas del alumbrado público de Belerda. Pocos años después, cuando en el libro de 1935 “El Adelantado e Cazorla” se hace una relación de las fábricas de luz comarcales, se cita “la que ilumina Huesa y otros pueblos, del Sr. Rodhemunt."[17] Es evidentemente que se trata de la misma persona con el apellido mal escrito en alguna de las citas. Es un suministrador  distinto a la fábrica de Béjar. ¿Con qué salto de agua suministraba a Huesa y Belerda? ¿Alguno pequeña central hoy desaparecida y borrada de la memoria en el río de Tíscar, Arroyomolinos o Ceal…? ¿Alguna de las dos fábricas de electricidad que había en Hinojares? En la memoria aprobada po la Junta General de FEDA, en abril de 1936, se explica que el año anterior se había comprado la "Electra de Sotana", con su salto de agua y línea de transporte a Huesa. 

Con posterioridad a la primera publicación de esta entrada se ha puesto en contacto conmigo el hijo de Antonio García Navarrete. Antonio nació en el molino que hay inmediatamente antes de la central de la Canal. Me informa su hijo que, según su padre, había otra central electrica donde se juntan los ríos de la Canal y el de Tíscar cuando baja de Belerda. Me dice que le llamaban “la fábrica del alemán” pero que su nombre real era Sotana. En las fotos aéreas de la zona se puede ver en la loma que separa ambos arroyos, ya casi en su unión y al final e un largo canal que arranca aguas arriba del río de Belerda, un gran depósito cuadrado que es sin duda la cámara de carga de Sotana, la fábrica de luz del alemán, Felipe Rothemund Vogel.

Antonio, según otra fuente familiar,  trabajó con “el alemán”, que al parecer iba armado con pistola y al que se le hizo, a su marcha, una despedida en Belerda durante la cual no fue especialmente amable con los que habían sido sus convecinos.[18]

Pero al mismo tiempo que acababa el primer bienio republicano y se acercaban las elecciones, aquellas en que por primera vez votaron las mujeres, la historia de la electricidad en Quesada estaba a punto de cambiar de forma radical. Eran tiempos de cambios rápidos.

Sello de 1939


Fuerzas Económicas de Andalucía S.A. FEDA. Inversores catalanes, ingenieros madrileños.

La Gaceta de Madrid de seis de noviembre de 1933 publicó una resolución de la Dirección General de Obras Hidráulicas aprobando una concesión de aprovechamiento de aguas del río de la Canal, término de Quesada, para la producción de energía eléctrica. La solicitud con el proyecto correspondiente se había presentado el 5 de enero de 1933 por los ingenieros de Madrid  Carlos Peláez Pérez de Gamoneda y Julio Hernández García. Se concedía por setenta y cinco años y autorizaba la derivación de hasta 750 litros. El desnivel del salto, según proyecto, alcanzaba 164,29 metros desde la coronación de la presa o cámara de carga. Las obras debían estar concluidas antes de dos años a contar desde la publicación en la Gaceta.[19]

Suponía esta nueva central una revolución que situaba a otro nivel la producción de electricidad en la comarca. Los números pulverizaban a los de Béjar. Siete veces más caudal y el doble de metros de caída. La inversión económica necesaria, que superaba las 500.000 ptas de la época, resultaba abrumadora para los estándares comarcanos. No había color.

Empresarialmente también hubo un cambio en consonancia. El primero de agosto de 1933 nacía una nueva sociedad denominada Fuerzas Económicas de Andalucía S.A. La FEDA. El artículo primero de sus estatutos dice que conforme a las disposiciones legales "se transforma en Sociedad anónima y bajo la denominación de Fuerzas Económicas de Andalucía, en anagrama FEDA S.A., la que se denominó Sanjuán y Compañía Sociedad Limitada". [20] La nueva sociedad anónima asume, desde el día primero de agosto, todos los activos, obligaciones y derechos de la antigua sociedad limitada. Esto incluía el salto de Béjar, la red de distribución en Quesada , los contratos existentes a la fecha y el personal, que se mantiene en sus puestos. El día 19 celebró su reunión constituyente el consejo de administración. Uno de sus primeros acuerdos fue alquilar un local en Quesada donde fijar la sede social de la compañía. El local elegido, en el nº 22 de la plaza de la República, estaba en los bajos de la Fonda la Moderna, regentada por Dª Ramona Ceballos Baras. Hasta hace pocos años ha permanecido allí la empresa, continuada luego por Sevillana.[21]

En la nueva sociedad solo permanecía uno de los cuatro socios anteriores, los herederos de Esteban de la Riva. El grueso del capital quedaba en manos de dos familias catalanas y de los ingenieros madrileños titulares de la concesión administrativa. Estos aportaban además el conocimiento técnico y el trabajo sobre el terreno. Carlos Peláez fue nombrado consejero delegado y Julio Hernández ingeniero auxiliar y encargado de dirigir los trabajos de construcción del Barranco de la Canal.

El capital necesario lo aportaron dos familias catalanas, Guixá y Fontana. La primera encabezada por el notario de Quesada Narciso Guixá Almeda, inclito y muy peculiar personaje de la vida quesadeña en los años treinta. Junto a él varios de sus hermanos. La segunda, encabezada por Alberto Fontana Almeda, también acompañado por familiares. Fue un importante industrial catalán del sector químico hasta su muerte en Barcelona en 1963.[22]

Además de los anteriores formaba parte del accionariado con participación menor otro catalán, Jaime Bosch Ventura,[23] que actuaba como secretario del consejo de administración. De Quesada, además de los herederos del la Riva, solo entró en la sociedad Mateo Naverrete, tenedor de 40 acciones.

En porcentajes de participación la familia Guixá poseía, aproximadamente, el 30% del capital, Fontana el 25% y los ingenieros otro 30%. La parte quesadeña  apenas un 10%. FEDA fue cosa de ingenieros madrileños e inversores catalanes. Las dos familias catalanas compartían segundo apellido, Almeda, y es posible que tuvieran parentesco. Su vínculo con Quesada y con el Barranco de la Canal parece evidente que era el notario que  quizás por eso fue nombrado presidente del consejo de administración.

La composición social de FEDA se vio alterada desde un principio por sucesivas ampliaciones de capital. Como resultado aumentó su participación la famila Fontana, perdió peso relativo Guixá, que acabó dimitiendo y entraron nuevos inversores "forasteros". La presencia quesadeña quedó en algo poco mas que testimonial. Mateo Navarrete, vocal del primer consejo, dimitió acompañando a Guixá. Como resultado las juntas de accionistas pasaron a celebrarse en Madrid[24] adonde se llevó la sede social, aunque la operativa permaneció siempre en Quesada, junto al negocio.

Cuando FEDA se hizo cargo en 1933, la antigua fábrica de la luz de Béjar fue remozada y puesta a punto.[25] Siguió produciendo en solitario hasta finales de 1934 cuando entró en servicio La Canal  multiplicando la oferta de energía. Desde aquel momento el crecimiento de FEDA fue muy rápido. En un par de años controló el negocio eléctrico de la comarca, desbordando incluso sus límites. El balance del ejercicio 1935 se cerró con un volumen de 1.655.690,49 ptas. Contaba con 135 km de líneas de transporte de alta tensión y suministraba energía a Quesada, Huesa, La Iruela, Chilluévar, Solera, Bélmez, Cabra de Santo Cristo y ya en Granada, Villanueva de las Torres y Dehesas de Guadix. En el invierno de 1936 se iniciaron las obras para la red de distribución de Cazorla y se compraron acciones de la compañía local. La facturación del mes de enero de 1934 alcanzó 5.785,95 ptas llegando en el mismo mes de 1936 a 26.298,94 ptas.



Edificio de la maquinaria. B. de La Canal

   
El Barranco de la Canal había multiplicado la energía disponible que ya no podía ser consumida solo por el alumbrado público y el uso doméstico. El mayor crecimiento lo protagonizó el consumo industrial de las fábricas de aceite. En muchas de las cuales se instalaron motores eléctricos mejorando su rendimiento y capacidad de molturación. Se puede comprobar en la facturación mensual de la compañía la importancia de este consumo. Durante los meses de campaña aceitunera  triplica la de los meses de verano, cuando estas no funcionan y hay un consumo exclusivamente doméstico. La empresa fue muy consciente de la importancia del consumo industrial. La construcción de la línea de transporte Quesada-La Almedina tenía como objetivo, además del suministro urbano a Cazorla y la Iruela,  llevar la electricidad a las grandes fincas olivareras de la zona. Se esperaba un uso creciente de la electricidad y así, en la memoria de 1935, se dice que "estamos trabajando para desarrollar el empleo de aparatos eléctricos de uso doméstico". Una frase sin duda incluida para impresionar a los accionistas pues pocos aparatos había entonces en Quesada fuera de las radios.

En las primeras sesiones del consejo de administración, en 1933, se tomaron dos acuerdos interesantes. A propuesta del presidente Guixá se acordó ampliar el suministro eléctrico a zonas de los alrededores del pueblo como la Bóveda, Heredamiento y Bocanegra. Quizás por eso en la finca que construyó Guixá en Bocanegra, la "Cerrá del Notario" hoy desaparecida, había una viejísima instalación eléctrica que alcanzaba no solo a la vivienda sino a una cueva adjunta que, se decía, el notario había habilitado como biblioteca ¡Curioso personaje este! El otro acuerdo tomado fue ofrecer una tarifa reducida especial para los abonados “a lámparas de 15 watios” El precio se fijaba en 2 ptas mensuales por bombilla, tarifa plana. Un mes de bombilla costaba lo que medio jornal que en realidad era mucho porque la mayoría de los meses los jornales trabajados eran pocos. Por otra parte hay que imaginar la luminosidad de esas bombillas de 15 vatios...



Interior y maquinaria. B. de La Canal

Además de estas dos asuntos menores, una de las primeras acciones de la nueva empresa eléctrica fue negociar un acuerdo de suministro con el Ayuntamiento que se firmó a principios de 1934. Incluía un total de 220 puntos de luz, bastantes más que los 35 faroles de 1884. El Ayuntamiento debía decidir las  nuevas ubicaciones para que la eléctrica los instalase pero fue una primavera políticamente muy complicada en Quesada, el fin de los ayuntamientos socialistas y el inicio de una etapa conservadora republicana.[26] No estaban las cabezas para bombillas y el Ayuntamiento no facilitaba la relación de lámparas a instalar, de manera que FEDA remitió escrito “reclamando que el ayuntamiento señale el emplazamiento de las nuevas luces contratadas” El nuevo Ayuntamiento había pedido revisar el contrato firmado y FEDA, o Guixá, habían reaccionado de forma desabrida, de manera que el pleno municipal aprobó rechazar “el tono agresivo de la comunicación porque la necesidad de estudiar el contrato que ha manifestado el ayuntamiento no justifica la posición de violencia adoptada por la sociedad.” Y añade que “el delegado de alumbrado público hará la propuesta de emplazamiento con tiempo suficiente para cumplir la fecha convenida.” [27]

El gasto que suponía el alumbrado público era importante. Como ejemplo, en el primer trimestre de 1934 se pagó 1.507,50 ptas por "suministro de fluido para alumbrado público y dependencias municipales" y 112,90 ptas por reposición de bombillas fundidas. La guerra civil alteró los pagos y así en diciembre de 1939 seguían pendientes los recibos de 1935 y primer semestre de 1936. [28]

La creación de la FEDA y sobre todo su parte más visible, la construcción de la central de La Canal, tuvo un importante impacto en la comarca y generó gran expectación. En la ya citada obra “El Adelantamiento de Cazorla” se menciona como una novedad de importancia y en el capítulo dedicado a Huesa su redactor, el maestro y abogado Jesús Muñoz Roldán, dice con cierto entusiasmo: "Votamos con que la fiebre de empresa cunda en lo sucesivo con la aparición de la entidad de fluido eléctrico "Fuerzas Económicas de Andalucía", que puede suministrar en condiciones favorables la energía". Por su parte Valentín de las Marinas añade con no menor entusiasmo: “En su aspecto industrial, podemos ofrecer, como muestra, el magnífico Salto de la Canal, hoy en pleno dinamismo, esparciendo energía eléctrica por una amplia zona de la provincia, y hasta de Granada.” Finalmente Juan Sanjuán, al hacer un análisis económico de Quesada remata diciendo que “también recientemente se ha construido una potente fábrica de energía eléctrica, que innegablemente tiene que influir en el desarrollo y ampliación de las industrias.”[29]

Al poco de crearse FEDA y construirse la Canal llegó la Guerra que, como en tantas cosas, supuso un atraso de décadas en la cosa de la iluminación. En diciembre de 1939 unos de los concejales pedía que “se compre con urgencia bombillas para el alumbrado público por la carencia casi absoluta de alumbrado” Habíamos vuelto al siglo XIX.

FEDA fue incautada "por elementos anarquistas" en 1936.[30] La incautación según la memoria aprobada en la junta de mayo de 1940, tuvo pocos "efectos graves (...) por el buen comportamiento de la inmensa mayoría de nuestro personal"[31] No obstante, pocos días después de que las tropas franquistas ocuparan Quesada, el 24 de abril de 1939, los directivos de la empresa confeccionaron y firmaron un documento de depuración de todo el personal de la empresa. Por él se puede fijar la plantilla por aquellos años en casi 50 personas, repartidos por toda la comarca. Buena parte de ellos no fueron movilizados por ser "insustituibles" en un sector considerado estratégico. Y efectivamente, la depuración fue favorable para la mayoría de los trabajadores. Sin duda serlo de la mayor empresa de la zona, en un entorno rural empobrecido y a menudo hambriento, les hacía disfrutar de condiciones que podrían considerarse privilegiadas. Serían poco dados a las aventuras revolucionarias.

FEDA siguió funcionando hasta que fue absorbida por Sevillana a finales de los años sesenta pero eso es otro cuento que desborda la presente entrada.



El Barranco de la Canal

Con la publicación de la concesión administrativa el 6 de noviembre de 1933 empezaba la vida de la central hidroeléctrica del Barranco de la Canal. Pocos días después, el 12 de noviembre, el consejo de administración aprobaba las primeras  obras a realizar, que eran una “pista o camino de acceso para el transporte de materiales y maquinara” y “empezar las explanaciones para el canal y casa de máquinas”. Las obras duraron todo el año 1934 y la central entró en producción a primeros de 1935.

En el llamado “Vuelo americano” la primera fotografía aérea de España que hicieron los aliados (por si tal que hubiera sido necesaria una invasión) en 1945 y 1946, no existían las actuales repoblaciones de pinos y son visibles todos los elementos de la instalación.

"Vuelo americano" B. de La Canal


La central se construyó aprovechando las aguas y pendiente del río o arroyo de la Canal, que nace a los pies del Cabañas a casi 2.000 m. de altura y que se une a los arroyos de Tíscar y Turrilla en Arroyomolinos para alcanzar en Ceal al Guadiana Menor. Es un barranco muy profundo y de difícil acceso en el que no hay caminos ni carriles. La pista que construyó FEDA en 1934 arranca en la casa forestal del Realejo. Está en buen estado en su tramo inicial pero cuando se adentra en el barranco se pierde por la maleza y las barranqueras. Perdidas y abandonadas están también las veredas. La que arranca de Belerda y la que remonta desde Arroyomolinos. En la citada fotografía aérea se aprecia claramente dicho camino e incluso las veredas.

Cámara de carga, depósito de agua. 

Se mantienen todavía en pie y reconocibles casi todos los elementos de la central. El canal toma el agua un poco por debajo de la carretera de Tiscar a Pozo Alcón, en la cota 750 aproximadamente. Tras unos 1.600 metros alcanza la cámara de carga, un enorme depósito a cielo abierto en el que se almacenaba el agua para que en su caída ejerciera siempre la misma presión y fuerza. En invierno el caudal permitía la producción constante de energía pero en los años escasos y casi todos los veranos el caudal mermaba mucho y buena parte del día se cortaba la luz. Había que llenar la cámara y sólo se podía producir en las pocas horas en que se desembalsaba.

El canal se ha usado, o se usa, como toma de agua para Huesa, Ceal, Collejares, etc y se conserva aunque cerrado por una cubierta moderna de cemento. La cámara también se conserva casi intacta pero seca, con sus compuertas y llaves de paso.

El tubo metálico para la caída del agua sobrevive, ya sin uso, oxidado y escondido entre los muchos pinos que han crecido en la zona.  Se conservan también, por encima de la “casa de máquinas”, en una zona soleada fuera de la umbría, las viviendas de los trabajadores. Desde allí, por una empinadísima vereda perdida y abarrancada, se baja hasta lo profundo del barranco, la citada “casa de máquinas”. Esta es la verdadera central, el corazón de la fábrica de luz. Es un edificio muy años treinta con cubierta a dos aguas. En el extremo por donde entra el agua hay una especie de torreón a mayor altura que la otra nave. Grandes ventanales con palillería aprovechan la escasa luz del auténtico agujero en el que está enclavado el edificio. No hay puertas, los cristales están rotos y parte de la techumbre comienza a hundirse.

La maquinaria, vieja y bastante oxidada sigue allí aunque despojada del cobre al parecer tan valioso. Hay aisladores por las paredes y algún elemento extraño (para los que no sabemos del negocio) como una especie de hoya metálica rematada con seis aisladores en cuya placa pone “interruptor de aceite”. Con el trabajo que hoy día cuesta llegar hasta allí resulta sorprendente ver máquinas tan pesadas. El camino perdido tuvo que permitir el paso si no de camiones al menos de carros. Porque parece complicado que este material se pudiera bajar a lomo de caballería.

Fuera, en la fachada principal, encima del hueco de lo que sería el gran portón de entrada y bajo un ventanuco circular, se conserva en perfecto estado una placa con bordes de cerámica azul oscuro y que con letras de igual material y color, sobre fondo claro dice: “FEDA  S.A. 1934”.

La extraña luz de los restos del B. de La Canal


Poca cosa nos parece hoy este espectro. Es difícil imaginar que en su día fue un importantísimo hito para la comarca. Cuesta trabajo entender que en los años cuarenta se organizaban excursiones, en camión por supuesto, desde todos los pueblos de la provincia para asombrarse ante esta muestra del progreso del siglo XX.

La “casa de máquinas”, sin puertas ni casi ventanas, dentro los restos de maquinaria, está en lo más cerrado del barranco, en una tremenda umbría. La luz, especialmente en invierno, es tenue y muy fría. Es un lugar opresivo y fantasmagórico, el decorado perfecto de una película de terror.

Dos veces he estado por estos lugares. La primera cuando en compañía de Luis Garzón remontamos el río desde Arroyomolinos por una vereda de la que solo queda el recuerdo.  Un camino muy complicado y difícil de andar pero a la vez interesante por los viejos molinos harineros que se encuentran al paso. Tras un buen rato de marcha y cuando piensas que estás llegando a ninguna parte, en la espesura de la umbría y de repente, aparece el fantasma de la central hidroeléctrica.

La segunda ocasión entré por el Realejo hasta la cámara de carga y el canal. Como iba solo no me atreví a bajar hasta las ruinas abandonadas en lo mas cerrado de la hondonada. No bajé por miedo, no por otra razón. Porque las películas de terror siempre empiezan con un listo que, solo y tontamente, se mete en la boca del lobo ¡Y está aquello como para salir corriendo!







[1] Luis Garzón Cobo.   “Quesada en el siglo XIX”.    Entrada en su blog personal:                                            http://historiasconminuscula.blogspot.com/
[2] Ibidem
[3]Memorias inéditas” de J.J. García Carriazo. Capítulo I.
[4] El “ANUARIO DE ELECTRICIDAD PARA 1900” incluye a Quesada entre las poblaciones de la provincia de Jaén “que carecen de central eléctrica” “Anuario…” Reproducción digital B.N.E. pág. 188
[5] J.L. Chicharro Chamorro. “Quesada en tiempos de Zabaleta” Boletín Instituto de Estudios Giennenses nº204. Firmaba la solicitud presentada al pleno de 18 de enero, el ingeniero de Jaén José Luis Gómez Navarro
[6]Memorias inéditas” de J.J. García Carriazo. Capítulo V.
[7] “Anuario de electricidad para 1902”. Reproducción digital B.N.E. pág. 514
[8] “Anuario de electricidad para 1902”. Reproducción digital B.N.E. pág. 400
[9] "La Energía Eléctrica" nº12, junio de 1909. La mención a litros por segundo es literal. Parece excesivo.
[11]Memorias inéditas” de J.J. García Carriazo. Capítulo II.
[12] “Anuario Garciceballos 1921-22” pág. 532
[13] Ibidem pág. 972
[14] “Anuario regional de la Industria… de Andalucía y Norte Español de África 1932” pág. 91 Biblioteca Digital Hispánica.
[15] Actas de la sociedad eléctrica "Nuestra Señora de Tíscar". Fondo Histórico de la Fundación Endesa.
[16] Las actas están redactadas y suscritas por el administrador de la sociedad, Vicente Pérez Herreros.
[17] “El Adelantado de Cazorla” 1935. Pág. 258
[18] Información facilitada por José Luis García Franco a Luis Garzón en abril de 2018.
[19]Gaceta de Madrid” 6-11-1933, número 310 pág. 894
[20] Junta General de Accionistas de 31-3-1935. Fondo Histórico. Fundación Endesa.
[21] La información relacionada con las primeras sesiones del C.A. de Feda, proceden de la obra “Endesa en su historia” publicado por la Fundación Endesa
[22] ABC de 25 de mayo de 1963, pág. 76
[23] Tras la guerra, siendo vecino de Piera, Barcelona,  sufrió proceso por el Tribunal de Responsabilidades Políticas BOE de 2 de febrero de 1941. En 1949 publicó una obra de teatro titulada “El llop de la masía”.
[24] La Junta Extraordinaria de 1935 se celebró en el despacho del ingeniero Peláez, en la avenida Eduardo Dato de Madrid, actual Gran Vía. Fondo Histórico. Fundación Endesa.
[25] Se aprobaron “trabajos e captación de aguas del Río de Béjar, mejora de la protección de la Central poniendo resitencias en los pararrayos, instalar un interruptor automático y arreglar el regulador de la turbina, además de revisar y reparar las líneas de transporte de fluido y telefónica” “Endesa en su historia” Fundación Endesa
[26] Véase “Quesada Republicana. Primera parte. La Segunda República en Quesada”
[27] A.M.Q. Plenos de 26 de julio y 16 de agosto de 1934.
[28] A.M.Q. Pleno de 12 de diciembre de 1939
[29] “El Adelantado de Cazorla” 1935. Capítulos 22,23 y 29.
[30] Al poco tiempo el control de la empresa fue entregado a los trabajadores de la misma dirigidos por Dámaso Rico. PARES "Causa General pieza 11 de Jaén 18107254"
[31] Junta General de Accionistas de 31-5-1940. Fondo Histórico. Fundación Endesa.