martes, 30 de abril de 2019

JUAN ARROQUIA HERRERA


La humanidad, al soplo

de la otoñada, tiembla,

cual si temiera algo

que le acechase cerca.

 

Juan Arroquia[1]

 

 

Esta pequeña biografía de Juan Arroquia ha ido creciendo en tres etapas relacionadas con las fuentes y documentación disponibles. La primera fue una pequeña semblanza publicada en 2019 en el número 1 de la Revista Sueños de Quesada, editada por la Asociación de Amigos de Rafael Zabaleta. Posteriormente la localización en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca de su expediente de depuración político-social como funcionario de Correos permitió una segunda versión que ampliaba la información especialmente durante la etapa de la guerra civil. Al contener numerosas declaraciones, tanto del protagonista como de las personas que se citaron como testigos, las noticias son mucho más vivas y humanas. Los papeles de Salamanca dibujan el retrato de un funcionario honesto y leal en todo momento a la República, que al tiempo favoreció, y a menudo salvó la vida, a numerosas personas, muchas de ellas simpatizantes de los sublevados. Por último, en 2023 se publicó Poesías del Recuerdo, antología poética de Juan Arroquia por Maribel Arroquia y Cristina María Gómez Arroquia, hija y nieta del protagonista.[2] Contiene una introducción biográfica que aporta numerosos datos e informaciones difíciles o imposibles de obtener fuera de fuentes familiares. Tuvieron la gentileza de enviarme un ejemplar, de manera que he podido completar este trabajo, especialmente en los tiempos de su juventud y en los del exilio. Juan Arroquia nació en Jódar en una familia con raigambre local, pero muy joven llegó a Quesada, donde se casó y formó familia. Durante los años veinte y treinta fue protagonista y animador fundamental de la vida social, cultural y política del pueblo. Estableció con Quesada una profunda y estrecha relación, que mantuvo incluso durante los largos años de exilio. Por eso y aunque se haya perdido casi por completo su memoria en el pueblo, su vida y obra es imprescindible para conocer la historia quesadeña del siglo XX.

 

Juan Francisco Arroquia Herrera nació el 28 de julio de 1899. Cuando contaba apenas con dos años de edad murió su madre y poco después su padre. Estudió en el seminario de Baeza, aunque por poco tiempo. En 1918 aprobó oposiciones al cuerpo Técnico de Correos destinado a Huelma.[3] Se casó con su prima Pilar Arroquia, que falleció a los pocos meses. Este trágico desenlace le empujó a pedir traslado a Quesada, donde fue nombrado administrador de la Estafeta de Correos hacia finales de 1922. En la elección de esta plaza sin duda pesó que allí tuviera familia cercana, pues era el pueblo donde se había casado su tía Ángeles Arroquia, hermana de su fallecido padre y que estaba casado con Diego Antonio Carriazo, propietario y durante bastante tiempo juez municipal. Hijo de este matrimonio era su primo hermano Juan de Mata Carriazo Arroquia, aproximadamente de la misma edad que él y con quien mantuvo una estrecha relación el resto de su vida. Estas circunstancias permitieron a Juan integrarse rápidamente en la sociedad quesadeña.

 

 

A los pocos meses de su llegada ya formaba parte del grupo de personajes locales que fundaron  el “Colegio Moderno”, del que era, según el folleto explicativo que se publicó en agosto de 1923 y que firmaba su primo Juan de Mata, administrador y profesor de Geografía y Literatura. No tuvo mucho éxito este nuevo intento de implantar estudios de bachillerato, como no lo tuvieron los intentos anteriores capitaneados por Ángel Alcalá Menezo, pero su participación en el proyecto habla de su interés por vincularse a la vida cultural quesadeña y por ampliarla y desarrollarla. Al año siguiente, diciembre de 1924 se casó con la joven quesadeña Pilar Rodríguez Aguilera, perteneciente a una conocida familia local.

 

El desempeño de su puesto de trabajo en la oficina de Correos, así como el protagonismo en actividades de carácter cultural y social hicieron rápidamente de él un personaje local notorio. En 1926, con ocasión del VI Certamen Nacional del Ahorro de Coruña, fue premiado con 250 ptas. por el Consejo de Administración de la Caja Postal de Ahorros. El motivo del premio fue estar la estafeta de Quesada entre las oficinas que habían celebrado "fiestas de ahorro con reparto de libretas" durante 1925.[4] En 1927 creó en Quesada una sección de Los Previsores del Porvenir, entidad de ahorro que fue antecedente del Banco Popular, posteriormente la primera entidad financiera establecida en el pueblo.[5] También fue presidente del comité local de la Cruz Roja, institución para la que compuso un himno para el comité local con música del maestro Juan José Trujillo del Barco. Valentín de las Marinas, en un artículo publicado en junio de 1930 en El Pueblo Católico, dice refiriéndose a esta composición: “Sabemos que para coronar el éxito pro-Cruz Roja, la letra del himno y su música, piensan sus distinguidos autores ofrendársela a S.M. la Reina (…) nuestra caritativa Soberana”. Otras muestras de su incorporación a la vida local e incluso comarcal fue su presencia en el acto oficial de entrega al Ayuntamiento de Peal de la cámara sepulcral de Toya, tras su restauración por Cayetano Mergeina, que reunió a numerosas personalidades provinciales, locales y comarcales.[6] También su participación en las gestiones emprendidas en el verano de 1936 para conseguir la construcción por el Estado de nuevas escuelas y viviendas para maestros, lo que mereció el reconocimiento municipal en el pleno del 18 de julio, último antes de la guerra.

 

Además de estas actividades laborales, económicas y sociales, desplegó una gran actividad como escritor y poeta publicando en revistas y periódicos del momento.  publicó en varias revistas del momento: Don Lope de Sosa, Patria —órgano provincial del partido primorriverista Unión Patriótica y El Funcionario Municipal, revista fundada en Quesada por su amigo Valentín de las Marinas. También en publicaciones de Jódar como El Defensor de Jódar y el Programa de Semana Santa de Jódar de 1929. Destacable es su poema Otoño, que aparecía en la importante revista Cosmópolis  en 1929 anunciado como "versos de Juan Arroquia Herrera, ilustrados por Olivas".[7] Desde este apartado y poco comunicado rincón que era entonces Quesada, seguía al día la actualidad literaria del país. Esto se puede comprobar por un tarjetón que envió a Rafael Láinez: "Me ha quedado el recuerdo de esa tarde de Romancero a lo García Lorca".[8] Destacó igualmente como organizador de saraos teatrales montados con la excusa de la beneficencia y la caridad. Poco después del himno de la Cruz Roja, el propio Valentín de las Marinas, otra figura de relieve social y cultural de aquel momento, volvía a referirse a las actividades artísticas de Juan Arroquia: “merece destacarse el cuadro artístico formado por distinguidos jóvenes de la localidad, bien orientados y dirigidos por el «amateur» Juanito Arroquia, ofreciendo recreativas veladas con un éxito singular, máxime cuando su producto íntegro se destinaba a obras benéficas, como Cruz Roja, Gota de Leche, etc.”[9]

 


Desde un punto de vista quesadeño tiene especial importancia la publicación en mayo y junio de 1930, en la revista provincial Don Lope de Sosa,  de una “Guía sentimental" de Quesada y Tíscar.[10] Algunos meses antes se había anunciado en la propia revista como "un opúsculo que será contribución espiritual para dar a conocer las bellezas de Quesada, del Santuario de Tíscar y de las maravillas naturales que en aquellos lugares pueden ser admiradas." La primera parte de la "Guía sentimental" está dedicada al pueblo y a su casco urbano. La segunda es un itinerario imaginario que parte de Quesada y, tras un recorrido por la sierra, remata en Tíscar. Se ilustra con fotografías de Cano, Valdivieso y, por supuesto, de su primo Juan de Mata Carriazo.[11] De la primera parte, la del pueblo, transcribo estos fragmentos con menciones a la calle Nueva "asfaltada" y a la Explanada "donde alienta lo moderno". Dice así:

 

Aparece la calle Nueva, con hervores de zoco y anuncios de tráfico. Espléndidamente asfaltada, gana el corazón del pueblo -explanada y jardín- donde alienta lo moderno. (...) Apenas se salvan los arcos conventuales, y los perfiles renacentistas de la casa consistorial. Todo a la sombra de los olmos, los olmos amigos, los olmos ya viejos. Saben de las fiestas populares y lejanas, con alcandoras brillantes y cohetes bulliciosos. (...) Protegen, ahora, ese ir y venir de las veladas estivales; ese ir y venir de las parejas enceladas; ese eterno fluir y ese grave pasar de la vida pueblerina. Tiemblan, acaso, al redoble de tambores, al juego de banderas que circundan al Santo, ese viejo patrón de las clases trabajadoras.

 

 En la obra colectiva El Adelantado de Cazorla, fue el encargado de desarrollar uno de los tres capítulos dedicados a Quesada. Firma como “Juan Arroquia. Técnico de Correos” y lo titula ¡Tíscar! Está dedicado a la historia y al paisaje de Quesada y sigue la misma línea y contenido ya vistos en la “Guía sentimental”.[12] Que fuera uno de los tres seleccionados para describir al pueblo acredita, de nuevo, su protagonismo en la sociedad y cultura quesadeña.

 

Durante estos primeros años su perfil político fue bastante convencional. No se descubren todavía en él veleidades republicanas, como lo acreditan algunos testigos en su posterior expediente de depuración.[13] Quizás un claro indicio de que empezaba a alejarse del régimen monárquico, como buena parte del país, fue su propuesta de rotular varias calles con el nombre de soldados quesadeños muertos en África. La propuesta, presentada conjuntamente con Valentín de las Marinas, fue aprobada por el Ayuntamiento. Las sospechas que recaían sobre Alfonso XIII por su responsabilidad en Annual, hacían que el homenaje a las víctimas se pudiese interpretar como rechazo a su figura y gobiernos. En cualquier caso sus orígenes más bien burgueses y conservadores no fueron obstáculo para que participara activamente en el Sindicato de Correos. Los compañeros que testificaron en el expediente de depuración lo recordaban como "un elemento destacado en el sentido de tomar parte en todas las discusiones que se suscitaban". Participaba también con artículos y versos en las publicaciones sindicales.[14] De estos primeros años de actividad profesional en Quesada hizo en 1969, durante la revisión del expediente de expulsión, un emotivo resumen el que fuera administrador de Correos de Cazorla, Juan Manuel Moreno Linares:

 

Que conozco a dicho señor desde el año 1.923 en que ambos fuimos destinados a prestar nuestros servicios como Administradores en las Estafetas de Quesada y Cazorla, localidades muy próximas por cuya circunstancia establecimos una leal y sincera amistad, que con el tiempo se hizo fraterna. (...) Juan Arroquia ha sido siempre un hombre de una infinita bondad, amante del orden y de la familia, de un profundo y practicante espíritu religioso, patentizado en una profusa producción literaria, en prosa y verso, en honor de la Santísima Virgen de Tíscar, Patrona de Quesada.[15]

 

Sin embargo al proclamarse la República formó parte del grupo de jóvenes quesadeños, de carácter democrático y liberal, que apoyaron convencidamente al nuevo régimen. Inicialmente miembro del conservador pero republicano Partido Radical de Alejandro Lerroux, participó en la escisión que de su sector más centrista encabezó Diego Martínez Barrio. Por ello fue uno de los fundadores en Quesada de Unión Republicana, partido en el que también militaron otros conocidos quesadeños como Pedro Villar, su primo Ángel Carriazo, Francisco Ortiz, Carlos Sánchez, Emilio Magaña o Francisco Morata.

 

Jaén y Guerra Civil

 

Las elecciones de febrero de 1936 las ganó el Frente Popular. Unión Republicana había llegado a un entendimiento con Izquierda Republicana y a su vez ambos se habían coaligado con los socialistas. Para aceptar el acuerdo, el sector del PSOE liderado por Largo Caballero exigió que también formara parte de la candidatura el PCE y otros pequeños grupos de extrema izquierda. De esta forma surgió el Frente Popular, en el que quedaron integrados muchos republicanos centristas como Juan Arroquia. Pocas semanas después de las elecciones, siendo ministro de Comunicaciones Manuel Blasco, de Unión Republicana, Juan Arroquia fue nombrado administrador principal de Correos de Jaén.[16] Según escribió él mismo muchos años después, en 1969 durante la revisión de su expediente, recibió la noticia durante la inauguración del nuevo edificio de Correos de Jaén. El acto fue presidido por los directores generales de Correos y Telégrafos y contó con la asistencia de los diputados Peris, socialista, Acuña, mesócrata y Giner de los Ríos, de Unión Republicana. Giner será en lo sucesivo buen amigo y prescriptor de Arroquia. El periódico socialista de Jaén Democracia publicó que en el acto hablaron "el señor Arroquia, administrador de Correos de Jaén" y el resto de las autoridades presentes, concluyendo el acto con vivas a la República y "a los hombres honrados".[17]

 

Sobre este acto en Jaén  Arroquia declaró en 1969 al juez instructor que, "invitado para la inauguración de la Casa de Comunicaciones de Jaén, acudió entre los restantes compañeros de la provincia, encontrándose con la sorpresa, a la llegada del entonces Director General y Subsecretario de Comunicaciones, con la entrega de un pliego cerrado" El sobre contenía su nombramiento y al conocerlo intentó rehusar porque estaba a punto de conseguir el traslado a Madrid, que era su objetivo, y porque era uno de los jefes de negociado con menos antigüedad. El director general rebatió las excusas alegando sus muchos méritos, "Mención Honorífica especial, Cartilla Premio del VI Certamen del Ahorro y la Medalla de Plata del Cuerpo". Le recordaron, además, que había sido elegido unánimemente como delegado por Jaén en el Primer Congreso Sindical de Madrid. Y esa capacidad de unir a la plantilla era especialmente valorada dado el mal ambiente y "las disensiones entre el Personal de la Principal".[18] Todavía se preocupó antes de aceptar, dice, de "dejar a cubierto al discutido Admr. Pal. Don Luis González López, aceptando que pudiera quedar como Interventor. En el momento del banquete hasta cambió su tarjeta por la del citado compañero, para que pudiese figurar entre Autoridades de la Provincia, junto al Director y Subsecretario". Arroquia se lamentaba de no poder recurrir al testimonio de este compañero: "Lástima que haya fallecido, recientemente, el citado González López, al que arrancó (el que suscribe) posteriormente de la cárcel más de una vez, logrando salvarle la vida". La suerte fue que Juan no llegara a conocer que "el citado González" fuera quizá el único compañero que no le benefició en su expediente de posguerra.

 

A los pocos días de su nombramiento le sustituyó en la estafeta de Quesada el funcionario Enrique Prats Preval, falangista y posteriormente presidente de la gestora municipal implantada por las tropas ocupantes al final de la Guerra.[19] Arroquia dejó Quesada y se trasladó a Jaén para desempeñar su nuevo cargo, pero continuó vinculado estrechamente al pueblo por vínculos familiares y amistosos. A las pocas semanas le sorprendió allí el golpe militar y el inicio de la guerra civil. Siguieron meses trágicos y sangrientos que para Juan abrían una etapa de su vida sorprendente, a menudo heroica y por desgracia desconocida. Durante aquellos primeros meses de guerra fue nombrado presidente del Comité Provincial de Unión Republicana y vicepresidente de la Asociación de la Prensa  de Jaén.[20] La policía franquista decía años después que era "uno de los dirigentes marxistas que más frecuentaban el Gobierno Civil” como miembro del Frente Popular."[21] Calificar a Juan Arroquia de marxista solo se explica por la sordidez ideológica del franquismo, pero indudablemente fue una personalidad política de relieve en el Jaén de aquellos dramáticos meses. Participó en emisiones de radio desde la emisora de Jaén teniendo enfrente, en Radio Sevilla, al siniestro Queipo de Llano. Según cuenta FOG en sus memorias inéditas, su padre contaba cómo en cierta ocasión Queipo dijo por la radio que tenía que forrarse los botones de la guerrera con la piel de Arroquia. Aunque no queden muchas grabaciones sonoras de aquel tiempo y no se pueda documentar el comentario, cuadra perfectamente con el perfil del sanguinario general. Sin duda fue Juan, desde su buena posición política, quien facilitó a Rafael Zabaleta el carné de afiliado a Unión Republicana expedido el 22 de noviembre de 1936, documentación que le permitió viajar a Valencia desde Jaén.

 

Hasta aquí lo sabido de la vida de Juan Arroquia en Jaén durante la guerra. Pero su expediente político-social, conservado en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca y que concluyó con su expulsión como funcionario Correos, aporta mucha más información. Fue instruido en el invierno 1940-41 por el juzgado especial creado al efecto en Correos para depurar a la plantilla. La documentación incluye la revisión del caso que solicitó el interesado en 1969, a punto de alcanzar la edad de jubilación y al objeto de conseguir la correspondiente pensión. Ya en la primera lectura rápida que hice de los papeles recibidos quedé sorprendido. Contenían numerosos testimonios de funcionarios de Correos, todos elogiosos, favorables y agradecidos a su antiguo compañero. Bien está que así fuera en 1969 tras tantos años transcurridos.  Pero es sorprendente que en 1941 compañeros en activo hablen bien y defiendan a "un rojo", exiliado en Francia y que había sido alto funcionario de la República. Para colmo, Falange de Jaén y la policía franquista, también la de Jaén, emiten informes favorables. Solo cuando estos informes se alejan de los hechos y del conocimiento de la persona, el caso de la policía y guardia civil de Madrid, empiezan a ser desfavorables aunque no contienen acusaciones concretas, solo las vaguedades habituales de marxista y masón...

 

Viene a la cabeza de inmediato la figura de Melchor Rodríguez García, el llamado "ángel rojo", dirigente de la CNT que detuvo las matanzas de Paracuellos y quien, por hablar de algo cercano, evitó el asalto a la cárcel de Alcalá de Henares en diciembre de 1936, salvando de este modo la vida de los veinte presos quesadeños allí recluidos. Melchor llegó a despertar sospechas de connivencia con el enemigo entre algunos sectores frentepopulistas. ¿Ocurrió algo parecido con Arroquia? ¿Esta "afición" a salvar vidas y a favorecer a los que en su zona estaban perseguidos, "los otros", no será indicio de que en realidad fue un emboscado, un quintacolumnista? Para no darle más vueltas adelanto que la respuesta es no. Juan Arroquia Herrera fue leal a la República hasta el final. Y hay una prueba irrefutable: las penalidades del exilio. Algún otro, un supuesto republicano quesadeño, que sí actuó de forma encubierta al servicio del SIPM franquista, pudo vivir como premio en Quesada sin problema alguno. Juan Arroquia no pudo hacerlo. Cruzó la frontera en 1939 y vivió desterrado en Francia casi hasta su muerte. De esta lealtad existen otras numerosas evidencias que se irán viendo, pero es significativo el testimonio de su antecesor en el cargo de Jaén, Luis González, quien queriendo acusarlo y descalificarlo dice que Arroquia temía la derrota de la República pero que no obstante, "apostillaba sus conversaciones siempre o casi siempre con el presentimiento de qué otras naciones —preferentemente, Norteamérica—, vendrían en ayuda póstuma de las fuerzas a qué el Sr. Arroquia Herrera figuraba fatalmente adscrito." Según González cuando se le intentaba demostrar "el error que padecía, llamémosle así", reaccionaba con "la afirmación vertical de su republicanismo". La “acusación” es buena y clara.
 
Su decisión de favorecer incluso a personas de contrarias ideas políticas tenía raíces éticas. Según su compañero Emilio Pérez Esteve "en alguna ocasión mostraba en su despacho a los compañeros un gran legajo de cartas sobre las que decía que en todas ellas se le mostraba la gratitud por haber hecho un favor más o menos importante, librando a unos de la cárcel y a otros de una muerte cierta y que era el testamento que legaba a sus hijos para la buena memoria de su padre."[22] Durante los meses que vivió en Jaén, hasta finales de 1937, desarrolló una intensa actividad. Sus gestiones para proteger a personas perseguidas fueron numerosas y a menudo no exentas de riesgo. Hay que valorar que pertenecía a Unión República, un partido burgués y centrista que había caído del lado del Frente Popular casi por azares políticos. Sus miembros a menudo despertaban alguna sospecha. Cuando a las pocas horas del golpe militar el presidente Azaña encargó formar gobierno a Diego Martínez Barrio, las masas en Madrid reaccionaron al grito de ¡traición! En 1941 la propia policía franquista de Jaén informaba que Arroquia era “uno de los  (dirigentes «marxistas») que más frenaba a los exaltados”, que actuaba en favor de las “personas de orden” hasta el punto que "estos favores le generaban «grandes disgustos» por las discusiones con otros dirigentes"[23]
 
            Tras el golpe militar y el derrumbe del orden republicano, una explosión caótica de violencia revolucionaria se extendió por todos los pueblos de la provincia. Se multiplicaron las detenciones y se produjeron numerosos asesinatos. Juan Arroquia, que como se ha visto destacó por su actuación en el sindicato de Correos, se aprestó, ahora en su condición de Administrador Principal de Jaén y valiéndose de su condición de dirigente de Unión Republicana, a proteger a los funcionarios a su cargo, tanto en la capital como en los pueblos, que se vieron en problemas. A muchos administradores de estafetas locales los trasladó a Jaén, sacándolos de los pueblos cuando allí corrían peligro. Las declaraciones de sus compañeros son concluyentes: "Protegió con toda valentía a todos los compañeros, fueran de la ideología que fueran" (Emilio Pérez); "observó a los pocos días de la llegada del declarante a Jaén que la mayor parte de los compañeros de la principal habían sido trasladados de las Estafetas de la provincia, debido a que siendo de significación derechista, eran perseguidos en los pueblos por los elementos marxistas y el Sr. Arroquia tenía por norma proteger a todos los compañeros que se encontraban en este caso" (José Alcaraz Nieto); "No solo no persiguió ni molestó siquiera a ningún funcionario considerado como desafecto, sino que contribuyó por el contrario de manera eficaz a hacer más llevadera la situación a cuantos compañeros de la expresada provincia precisaban ayuda" (Alfredo García Jauret).[24] Además de proteger a compañeros trasladándolos a Jaén, facilitó salvoconductos como hizo con el administrador de Martos. En otros casos y ante alguna detención inevitable, acompañó al compañero detenido hasta la cárcel provincial para evitar paseos y acciones incontroladas.[25] También intervino en defensa de los familiares de compañeros como ocurrió con el padre del administrador de la estafeta de Arjona. Su hijo, Juan Muñoz-Cobo, dijo al juez instructor en 1969: "Tengo que declarar por tanto que D. JUAN ARROQUIA HERRERA salvó la vida de mi padre." Para dar más fuerza al testimonio añade que "por lo que pueda suponer mi testimonio a favor del Sr. ARROQUIA HERRERA, lo expongo en mi calidad de Militante con Medalla de la Vieja Guardia de Falange, consideración de excombatiente de la Cruzada, ex-Subjefe Provincial del Movimiento de Jaén y ex-Procurador en Cortes por dicha Provincia."
 

Las acciones "protectoras" de Arroquia no se limitaron a los compañeros y familias. Antonio Pipo, también de Correos, declaró que "el que informa recuerda perfectamente que a diario se presentaban en su despacho infinidad de personas de derechas de la Capital y pueblos de la provincia en demanda de protección, la cual les otorgaba, recordando entre ellos a algunos sacerdotes, como el párroco de San Isidoro de Úbeda, Sr. Ramos, el cual albergó en su domicilio particular durante algún tiempo".[26] Tampoco proceden los testimonios solo de sus compañeros de Correos. En los expedientes de los juicios sumarísimos a los que sometieron a numerosos vencidos tras la derrota de 1939 y que está digitalizando el Instituto de Estudios Giennenses, también figura Juan Arroquia. No lo hace como procesado pues vivía exiliado en Francia, lo hace casi siempre por haber intervenido en favor de alguien. Valgan un par de ejemplos:

 

Cuando el médico de Villanueva del Arzobispo Manuel Arenas fue detenido en Jaén, los dirigentes locales de Izquierda Republicana enviaron una carta a Juan Arroquia solicitando su intervención. Lo cuenta así el propio detenido: "el Sr. Linares (IR de Villanueva) entregó a mi hermano una carta para un tal Sr. Arroquia, Presidente del Comité Provincial de Unión Republicana recomendándome, con tal feliz éxito que inmediatamente me sacaron de la cárcel, mandándome en calidad de desterrado para ejercer mi profesión de Médico, al pueblo de Begíjar" [27] Por otro lado el presidente del comité local de Unión Republicana de Peal, Castor Alcalá del Real, fue detenido en su pueblo el 26 de julio de 1936 por los milicianos locales. Junto al resto de los detenidos de Peal el día 4 de agosto se le condujo a la catedral de Jaén, habilitada como prisión. Conocida por Arroquia la circunstancia, intervino para conseguir su liberación. El resto de presos de Peal, junto a los de Cazorla y otros pueblos, fueron conducidos en tren a la cárcel de Alcalá de Henares, donde no llegaron, pues fueron asesinados al paso del convoy por las cercanías de Vallecas el día 12.[28] Castor sobrevivió a la guerra.

 

No solo actuaba por propia iniciativa. Su primo Ángel Carriazo, también de Unión Republicana y que fue procesado por participar como oficial en el EPR, se aprovechaba de su influencia. Según uno de los testigos de su proceso “debido a que tenía un pariente que era Jefe Provincial de dicho Partido se valía del mismo para hacer cuantos favores podía a perseguidos de derechas.”[29]

 

Todos los compañeros que convivieron con él testificaron a favor. Incluso Falange de Jaén informó favorablemente. Conforme los informes eran más lejanos y firmados por personas que no habían tenido relación personal con él, empeoraba el tono y se recurría a las tópicas acusaciones aplicables a cualquier "rojo". Resultan trágicamente cómicas las siguientes: “Aun cuando no ha podido comprobarse, parece ser que el mismo pertenecía a una secta masónica”; “siguió su campaña con más intensidad a favor del marxismo jactándose constantemente con el triunfo de los mismos”; "perteneció al FP no conociéndose su participación en hechos delictivos. Considerado de mala conducta debido a su ideal rojo"; “hizo mucha propaganda marxista” (...) “está considerado como elemento «Mazón» (sic) y desafecto a nuestra Santa Causa”; “cúmpleme manifestarle que dicho informado es de pésimos antecedentes, siendo un gran propagandista de izquierdas antes del GMN y llegado este, su actuación fue desastrosa. (...) Es individuo peligroso, masón indeseable y contrario en todo al GMN”.[30]

 

El juez especial encargado de la depuración citó a declarar a Juan Arroquia, publicando al efecto un edicto en el Boletín Oficial de la Provincia de Jaén  de 7 de julio de 1941. Se cerró la instrucción el 7 de octubre "no habiéndose podido pasar pliego de cargos al encartado por encontrarse en ignorado paradero (el exilio)". El resultado fue "la sanción máxima de SEPARACIÓN DEFINITIVA DEL SERVICIO.” En 1969, tras de  treinta años viviendo en Francia, solicitó la revisión y su readmisión en el cuerpo de Correos "a efectos de jubilación, pues el que suscribe cumple los 70 años el día 28 del próximo mes de Julio" Esta vez los testimonios, casi súplicas, de sus antiguos compañeros fueron atendidos y el Consejo de Ministros, a propuesta del ministro de la Gobernación, aprobó su readmisión el 6 de junio de 1969."[31]

 

Dirección general de Correos y huida a Francia.

 

Antes de salir de Jaén fue nombrado vocal de la Junta Delegada de Protección, Incautación y Salvamento del Tesoro Artístico de Jaén[32] Pocos meses después, en plena mudanza del Gobierno desde Valencia a Barcelona y a propuesta del ministro de Comunicaciones, su amigo y correligionario Giner de los Ríos, fue nombrado director general de Correos.[33] Lo cuenta así en su pliego de descargo de 1969: "Requerido por el Ministro, tuvo (el declarante) que presentarse, al día siguiente en Barcelona, por fallecimiento del anterior Director y haber sido nombrado para sustituirle, a lo que renunció formalmente, pero el nombramiento ya estaba en la Gaceta y sólo pudo recabar una Carta en blanco, para salir al paso de las intromisiones sindicales, no obstante advertirle que los compañeros, ya en las Ejecutivas de la UGT y la CNT habían coincidido en la proposición del Admr. Pral. de Jaén, reconociendo su independencia y rectitud." La toma de posesión  se efectuó en "la Sala de batalla de la Principal de Barcelona, para dejar sentado, ante el personal, la oposición a toda injerencia de los Sindicatos en la vida corporativa, donde no admitía manifestación política alguna, si bien abriendo las puertas de la Dirección a todas la sugerencias en beneficio de los Servicios" (...) "de como ganara la confianza de todo el mundo, son exponente los periódicos profesionales de la época, apoyándole sinceramente" [34] Su paso por la Dirección general de Correos quedó señalado por la creación de la “tarjeta postal de campaña”, medio gratuito utilizado por los soldados del Ejército Popular de la República para comunicarse con sus familias.

 

A finales de diciembre de 1938 fue nombrado Presidente de Honor de Solidaridad Postal Internacional, organismo dedicado  "a recabar ayuda para los funcionarios represaliados o muertos y ayudar a sus familias."[35] Pero por entonces el final de la República estaba próximo. Como tanta gente que había luchado por la república, es su caso más aún por haber sido alto funcionario, tuvo que cruzar la frontera francesa el 5 de febrero de 1939, lo que hizo con su esposa e hijas y siguiendo al Gobierno que había celebrado su último consejo de ministros en Figueras el día 1.[36] No fue una opción, pues quien lo había sustituido al frente de la Administración Principal de Jaén, Juan Antonio Sánchez Valladar, fue fusilado en Jaén el  15-12-1939. De su salida de España habla en su pliego de descargo: "Cuando tuvo (el declarante) que pasar a Francia, con el pavoroso problema de la subsistencia, después de la afectación forzosa a las Compañías de Trabajo, logró el contacto con todos los compañeros, que no habían podido salir hacia otros países, ni regresar a España (...) Se logró reunir a las familias dislocadas y que encontrasen trabajo, mientras resolvían el problema de la vuelta definitiva, falleciendo, por los sufrimientos, una parte de ellos"[37] Dice también que "en la salida de Barcelona" perdió su archivo por lo que no podía aportar documentos acreditativos de su actuación en la Guerra. Como hemos visto antes, las pruebas las aportaron sus propios compañeros. Lo que no dice en estos documentos presentados para la revisión de su expediente de expulsión es que, como tantos exiliados, la familia pasó por el campo de concentración de Argelés, de triste memoria. De allí salieron gracias a la concesión del organismo de correos francés, P.T.T., de una casa compartida con otras dos familias españolas exiliadas en el pueblo de Rochebelle.

 

A los pocos meses comenzó la guerra mundial. En junio de 1940 los alemanes ocuparon Francia. La vida para los republicanos españoles se complicó extraordinariamente. Para ponerlas a salvo su esposa e hijas regresaron a Quesada, a casa de los abuelos. El viaje fue penoso, teniendo que pasar por la cárcel, incluidas las niñas, al cruzar la frontera. Bien acogidas por la familia directa, algún problema debieron encontrar en Quesada, que su hija Maribel no explica en la introducción biográfica de su antología poética, pero que deja entrever cerrando el capítulo quesadeño con un lacónico “…y aquí acabo”. En la Francia de Vichy Juan Francisco fue denunciado a las autoridades y pasó por campos trabajo franceses y posteriormente de concentración alemanes. De esta etapa se conserva una carta que escribió a su primo Juan de Mata. Su fecha es el 3 de julio de 1942 y no aparece lugar de remite. Está escrita en un tono familiar, cariñoso pero aséptico, pues tenía que pasar la censura militar alemana y después la franquista. Tras los saludos y comentarios familiares se refiere a la muerte de un conocido común, Fermín Vergara, meses antes en Carcassone", un militar republicano que había sido colaborador de la revista Don Lope de Sosa antes de la Guerra.[38]

 

Tras la liberación fue acogido, por intercesión de amigos franceses, en la abadía de Prime-Combe para recuperarse de su lamentable estado, “con cuarenta y pocos años, 30 kilos de peso, el pelo blanco y quebrantado de espíritu”.[39] Una vez restablecido y normalizada la situación continuó ayudando a sus compañeros de Correos expatriados. Con el apoyo de los sindicatos franceses negoció con el Ministerio de Comunicaciones francés la contratación de funcionarios españoles exiliados. El 24 junio de 1945, en Toulouse, fue nombrado presidente del llamado Bloque Postal, organización que tenía como finalidad la ayuda a los funcionarios de Correos represaliados por los franquistas. Tras aceptar el cargo, se dirigió a la asamblea recordando a los compañeros que habían quedado en el camino: "que como Presidencia de honor (del Bloque Postal) figuren todos nuestros compañeros víctimas del fascismo, muertos en los campos de batalla, cárceles o exilio (...) Y que sus nombres deben figurar a la cabeza del primer escalafón que rehaga la República (...) para perpetuar eternamente su memoria" [40] En 1947 su familia regresó de Quesada y se reunió con él. En Francia Juan Arroquia se dedicó profesionalmente a la enseñanza del español. En su declaración de 1969 resume su currículo profesional en Francia: "Con la Delegación del Rector de la Sorbona, pudo (el declarante) ser nombrado Profesor del Instituto Henri IV y posteriormente ser autorizado para la enseñanza en la Institución privada que representaban varios Colegios: FIDES, Dieterlen, Instituto Lamartine etc., prosiguiendo la obra de españolismo, que ha llevado a nuestra patria tantísimas familias de alumnos y dado lugar a que la Editorial Casterman belga, con grandes Sucursales, le pidiese la elaboración de un Método rápido para aprender el español, en aquel País, Francia y Suiza, habiéndose vendido ya Diez y seis ediciones del mismo, con los discos Supradidac correspondientes."[41]

 

Su actividad radiofónica fue destacable; la desarrolló desde 1951 en la ORTF, aquí conocida como Radio París. Trabajó a las órdenes directas de André Camp, director de las emisiones en español. Sus charlas trataban de temas costumbristas y culturales españoles aunque no estaban exentas de un fondo político. En 1959 se unió a la celebración del XX aniversario de la muerte de Machado cuando se celebraron sonados y comprometidos homenajes en Colliure y Segovia, leyéndose en la emisora "unos versos suyos escritos «hace años» al visitar su tumba en Colliure."[42]  En alguna de estas charlas, como la de Viernes Santo de 1959, participó la locutora estrella de Radio París y voz referente en las audiciones semiclandestinas de las noches españolas, Adelita del Campo. En 1961, según le cuenta por carta a su primo Juan de Mata Carriazo, pasó a la plantilla de ORTF: “Aprobado el nuevo Estatuto de la Radio, me han admitido ya, en principio, como funcionario permanente, esperando la confirmación de un momento a otro. Me supondrá un sueldo estimable y la consiguiente garantía, pues me reconocen los diez años de servicios”[43] Se jubiló por edad en esta institución en septiembre de 1964. Con la coquetería de viejo que se siente joven, presume de salud al contárselo a su primo Juan de Mata: “No creeréis que no estuve en la cama un solo día desde que salí de nuestro país, pese a las terribles pruebas atravesadas”[44]

 

La frecuente correspondencia que durante estos años mantiene Arroquia con su primo Juan de Mata Carriazo y que conserva la Universidad de Sevilla es de carácter íntimo y familiar. Los comentarios políticos se evitan o mejor, las pocas veces que se hacen adquieren la forma críptica de un juego de sobreentendidos. Pero no puede evitar que de cuando en cuando aflore la pena del exilio, el sentimiento de pérdida y ausencia: “el aire pirenaico, cargado como siempre para mí, de ansiedades y esperanzas”, escribe desde Biarritz en 1967; las reticencias de algunos: “hemos tenido algunas sorpresas como las primeras noticias directas de (algunos) familiares” (1957); en algún caso el miedo de algún amigo por que se le relacione con el "rojo exiliado", tal como le comenta con sorna a su primo en 1960: “P.D. Olvidaba deciros mi satisfacción porque el buen (Juanito V.) descanse. Su «prudencia» le ha llevado hasta aconsejar a más de un amigo que no me viera al paso por esta. Claro es que ninguno le ha escuchado, gracias a Dios”

 

Especialmente relevante fu su relación de estrecha amistad con Diego Martínez Barrio, fundador de Unión Republicana, presidente de las Cortes y de la República en el exilio. Murió en enero de 1960, precisamente durante una comida con Juan Francisco y su esposa Pilar.[45] De la muerte de Martínez Barrio es la referencia política más relevante que hay en la correspondencia con su primo Juan de Mata Carriazo: “El año nos trajo la dolorosa sorpresa de ver partir al amigo que más queríamos y que fue para mí como un hermano mayor. Me lo ha probado, hasta en el legado de cuanto constituye su relicario íntimo, de un valor extraordinario para restablecer la verdad de los hechos y que cuente la experiencia vivida. Ya tendremos ocasión de hablar de ello, incluso de que me ayudéis a prestar ese gran servicio al mañana”[46] Obsérvese que los dos saben de lo que están hablando sin que para nada figure el nombre del difunto. Está hablando Arroquia del archivo personal de Martínez Barrio que años después los herederos de Arroquia depositaron en el Archivo Histórico Nacional.[47] Su hija Maribel cuenta las peripecias que pasó la familia para conservar este archivo personal.

 

En Francia y en la medida que lo permitieron las circunstancias, Juan Arroquia conservó su relación con Quesada. Ya en el viaje a Paris de Rafael Zabaleta, en 1949, los dos amigos mantuvieron un contacto continuo. En el diario de viaje que llevaba Zabaleta son frecuentes las anotaciones de “como con Arroquia” o  “ceno con Arroquia”.  Fueron numerosos los quesadeños que mantuvieron relación con él en París, desde Cesáreo Rodríguez Aguilera a Mateo Madridejos. Muy significativa fue la vista de Carlos Sánchez y su familia, a los que sirvió de guía en París durante su vista a finales de los años cincuenta. Carlos Sánchez fue miembro de Unión Republicana en Quesada y amigo de Juan Francisco, amistad que mantuvieron incluso tras tantos años de separación forzosa.[48] En sus charlas en Radio París y en el programa "Correo del Oyente" a menudo se refería a temas quesadeños, a Zabaleta, a Tíscar... A veces, y como buen quesadeño, se quejaba de la apatía imperante en el pueblo. En 1959, cuando Juan de Mata Carriazo ingresó en la Academia de la Historia, al acto no acudió nadie de Quesada y Juan se lamenta por carta: “me extraña que siendo Quesada el pueblo de adopción no haya tenido representante. Claro que la atonía del ambiente aquel tiene como aletargadas a las gentes, por cuya piel resbala hasta cuanto les afecta directamente. El 8 de septiembre se me ocurrió comentar la fiesta del Santuario y el homenaje a H. de Caviedes y el conjunto del pueblo. Y salvo Cesáreo Rodríguez, que me envió unas líneas de Barcelona, nadie se ha dado por aludido, si bien me han llegado impresiones de que les emocionara un poco”

 

En junio de 1961 el presidente del Consejo de Ministros de la República Española en el exilio, general Emilio Herrera, lo nombró miembro de la maestranza de la Orden de la Lealtad a la República. Su vuelta a España fue paulatina. La familia vivía en Madrid mientras él continuaba trabajando en París haciendo escapadas para reunirse con la familia, para descansar o administrar las olivas que había heredado en Jódar. Su vida en estos años fue investigada por la policía franquista según informe remitido por la D.G.S. al juez instructor en 1969: "En contestación al escrito de 17 de abril pasado, se participa que el arriba citado, con domicilio en la calle (...) durante el periodo que permanece en esta Capital, observa buena conducta en todos los aspectos. Actualmente se encuentra en Paris, donde trabaja como profesor de español en el Instituto Dieterlent. En el domicilio citado anteriormente vive su esposa y cuatro hijas solteras y a él acude el informado durante las vacaciones y siempre que se lo permite su trabajo. Durante su permanente en esta Capital se dedica solamente a su familia no teniéndose conocimiento que haga propaganda política contraria al Régimen."[49]

 

El juez instructor propuso la readmisión en el Cuerpo Técnico de Correos haciendo constar que su jubilación forzosa era inminente. Y ese era el objetivo de Arroquia, conseguir la jubilación para poder retirarse en su país. Estaba satisfecho de haberlo conseguido y de la ayuda prestada por sus compañeros: “la jubilación que me acordaron fácil y hasta rápidamente por la excelente colaboración de mis compañeros, acreditándome los servicios prestados”[50]

 

He escrito antes "quesadeño" y es que así, de adopción, debía sentirse él. En la intimidad familiar de las cartas a su primo en 1959 le cuenta como en su programa se ha referido a una exposición de Zabaleta en Madrid  y a los pocos días al "Salón de Mayo, que Cesáreo Rodríguez dirige en Barcelona". A la vista de estas novedades exclama: "Ya veis que el pueblo está «en vedette de la actualidad»”. Para ambos primos "el pueblo" era Quesada.[51] Juan Arroquia Herrera murió en Madrid el 25 de abril de 1971. En febrero de 1941, en los más crudo de la posguerra (ese mes se fusiló a 15 quesadeños en la cárcel de Jaén) el funcionario de Correos Antonio Pipó Aragón tuvo el valor de pronunciarse a favor de un "marxista", y declarar al juez instructor que el que había sido compañero y luego jefe "era un buen amigo, buena persona y buen funcionario." A esto habría en que añadir que fue un buen republicano que pagó con años de exilio su lealtad a la Republica y que trató con humanidad incluso a sus contrarios, debiéndole unos cuantos incluso la vida.  Y por supuesto fue un buen quesadeño. De adopción, pero aguantando con ventaja la comparación con otros de nacimiento.

 

 


 

ANEXO

Relación de personas que fueron favorecidas y ayudadas (en bastantes ocasiones salvando la vida) por Juan Arroquia Herrera.

 

 

Rafael Villergas Zuloaga, inspector provincial de Trabajo de Jaén.

Andrés Garrido Tornero, administrador de Correos de Jimena.

Juan Arroquia Torres, administrador de Correos de Jódar.

Antonio Gutiérrez Rodríguez, administrador de Correos de Mancha Real.

Antonio Martínez Malo, administrador de Correos de Torreperogil.

Juan Manuel Moreno Linares, administrador de Correos de Cazorla.

Eusebio Santiago Sola, administrador de Correos de Martos.

Juan Vicente Mesa Revilla, funcionario de la Admón. Principal de Correos de Jaén.

Antonio Castellanos Vallejos, administrador de Correos de Porcuna.

Francisco Perales Padilla, funcionario de la Admón. Principal de Correos de Jaén.

Juan Muñoz-Cobo y Fresco, administrador de Correos de Arjona.

Luis Muñoz-Cobo Jiménez, Arjonilla, padre Juan Muñoz-Cobo

José Barraca, administrador de Correos de Torres.

Andrés Garrido, administrador de Correos de Jimena.

Andrés Garrido, padre del administrador de Jimena y administrador de las fincas del Marques de Viana.

Sr. Sánchez Conejero, administrador de Correos de Marmolejo.

Tomás Sancho Artola, administrador de Correos de Jódar desde 1937.

José María Ledesma Ramos.

Luis González López, exadministrador Principal de Correos de Jaén.

Sr. Ramos, párroco de San Isidoro de Úbeda.

José Labrador, sacerdote de Huelma.

Cástor Alcalá del Real, Peal de Becerro, Unión Republicana.

Ángel Alcalá Cruz, comerciante de Jaén.

Rafael Zabaleta Fuentes, Quesada.

Manuel Arenas Moreno, médico de Villanueva del Arzobispo.

Lorenzo Polaino Ortega, Cazorla.

Rodrigo Madrid, canónigo de Córdoba.

José Ortiz, canónigo de Córdoba.

Alfredo García Jauret, funcionario técnico de Correos.

Antonio Castellanos, jubilado de Correos.

Administrador de Correos de Lopera.

Cartero de Cabra de Santo Cristo.

 

Esta relación no es exhaustiva. Se cita sólo a los que aparecen en la documentación consultada. Por las referencias de los testigos el número debe ser mucho mayor, aunque o no dejaron rastro en documento alguno o lo hicieron en documentación no consultada.

 

 

 

 



[1] Otoño, Revista Cosmópolis, Madrid 1929.

[2] Poesías del Recuerdo. Maribel Arroquia Rodríguez y Cristina María Gómez Arroquia. Ed. ImagenTa. Tarifa 2023.

[3] 1918-5-14 La Correspondencia de España. 14 de mayo de 1918.

[4] El Orzán. Diario independiente 23-2-1926.

[5] Boletín oficial de Los Previsores del Porvenir. Abril de1927.

[6] Patria. 1 de septiembre de 1927.

[7] Heraldo de Madrid, 9-11-1929.

[8] Fondo Rafael Láinez-Alcalá del Instituto de Estudios Giennenses. La tarjeta no tiene fecha pero es anterior a 1931 pues en el escudo de Correos del membrete figura la corona monárquica.

[9] Quesada. Religión, Ciencia, Arte. Valentín de las Marinas,  El Adelantado de Cazorla, 1935

[10] En Don Lope de Sosa, revista provincial dirigida por Alfredo Cazabán. Reproducción digital en Biblioteca Virtual de Andalucía.

[11] Una de ellas, la conocidísima del Arco de los Santos con la vieja torre de la Alcaidía de fondo y que se popularizó en la segunda edición de Pedro Hidalgo o el Castillo de Tíscar, donde aparece atribuida a "Marín".

[12] El Adelantado de Cazorla, cap. 24,  pp. 279-288.

[13] Uno de sus compañeros, Emilio Pérez Esteve, testificó en su expediente de depuración, seguramente exagerando para beneficiar a Juan ante el juez instructor franquista, que "En un principio conoció al Sr. Arroquia Herrera como acérrimo derechista, Había cursado estudios eclesiásticos en un Seminario (...) y defendía los ideales de la disciplina y de todo aquello que podía considerarse como interés de las derechas" CDMH_INCORPORADOS_EXP0491 Doc.37.

[14] Ibid.

[15] Ibid. doc. 60. En estos testimonios se acentúa o destaca todo lo que pueda ser próximo a la Iglesia y al conservadurismo pues están hechos para impresionar a un juez instructor franquista.

[16] Gaceta de Madrid 25 de abril de 1936.

[17] Democracia, 8-5-1936.

[18] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491. doc. 55.

[19] Enrique Prats fue también uno de los primeros que "avalaron" a Rafael Zabaleta durante su detención de diciembre de 1939.

[20] La Asociación de la Prensa de Jaén 1911-2011”, Manuel López Pérez

[21] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491, doc. 15. Informe del comisario jefe de investigación y vigilancia de Jaén.

[22] Ibid. doc.37

[23] Ibid. doc. 15. El informe concluye que “aun tratándose de hombre de izquierdas, era muy moderado y enemigo de la violencia y atropellos”.

[24] Ibid.

[25] Ibid. doc. 65. Detención del anciano funcionario Francisco Perales.

[26] Ibid. doc. 37.

[27] Expediente l_141_6061. digitalizado por el IEG. Diputación Provincial.

[28] Expediente l_97_3929. digitalizado por el IEG. Diputación Provincial.

[29] Expediente l_309 12563. digitalizado por el IEG. Diputación Provincial.

[30] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491. doc. 28, 33 y 34. Informes, respectivamente de Guardia Civil de Jaén y Madrid y Jefatura Superior de Policía de Madrid.

[31] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491, docs. 67 y 71.

[32] Gaceta de la República de 12 de junio de 1937.

[33] Gaceta de la República de 28 de diciembre de 1937.

[34] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491, doc. 55.

[35] Ibid. docs. 7 y 8.

[36] Ibid. doc. 5.

[37] Ibid. doc. 55.

[38] Fondo Carriazo. Caja 010 doc. 296.

[39] Poesías del Recuerdo. Op. cit.

[40] El exilio postal de 1939” Juan Carlos Bordes Muñoz. En Migraciones & Exilios 3-2002, pp. 97-116.

[41] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491, doc. 55

[42] Fondo Carriazo. Caja 010. doc. 276

[43] Ibid. doc. 226.

[44] Ibid. doc. 233.

[45] Su hija Maribel en Poesías del Recuerdo aporta información sobre la estrecha amistad y colaboración de Juan Francisco y Diego Martínez Barrio.

[46] Ibid. doc. 252. Carta fechada en París el 29 de enero de 1960.

[47] ES.28079.AHN/4.2.8. En la descripción del archivo, la ficha del AHN dice sobre su origen: "Es depositado desde 1981 por los descendientes de Juan Arroquia, a quien Diego Martínez se lo había entregado en 1957".

[48] Este viaje y la relación de su padre con Arroquia son el tema de un escrito inédito de recuerdos de Carlos Sánchez, hijo. En él se cuentan algunas anécdotas que revelan el cariño que se profesaban y el talante afectivo y familiar de Arroquia.

[49] Ibid. 264.

[50] Fondo Carriazo. Caja 010. doc. 239.

[51] CDMH_INCORPORADOS_EXP0491, doc. 273.


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